miércoles, 3 de febrero de 2010

Tinsel Korey con camisa Anti-Vampiros

En la página de blackpack podemos ver a Tinsel Korey con una camiseta muy peculiar. One Less Nemesis está ofreciendo un descuento de 5 US Dólar si mencionan a la página de Black Pack. ¿Qué opinas de la camiseta?

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En la camiseta se ve un ataud, una mano prendiendo fuego y la frase "Un Vampiro menos". Muy a dock para la chica lobo, ¿No creen?

fuente: CM

Nuevo maquillaje twiligth

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Maquillaje de la saga con un toque de romanticismo, para estas fechas de San Valentín, si deseas comprar alguno de estos sets de maquillaje, puedes visitar la tienda en línea, Twilight Beauty.com.

Soundtrack de Valentine's Day

"Valentine`s Day" la nueva película de Taylor Lautner, da a conocer el soundtrack de su película, que contiene artistas como Taylor Swift, Amy Winehouse, Joss Stone, Maroon 5 y más.

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Puedes disfrutar de todas las canciones gracias a People aquí.

Gana un almuerzo!"!!

Volturi Ventures (alias Twilight Moms eventos en Nueva York), esta invitando a los fans a participar en una subasta para ganar un almuerzo con Chaske Spencer (Sam).

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De acuerdo con la fuente, tres personas tendran la oportunidad de ganar un almuerzo en grupo con el actor en Nueva York, esto con motivo del evento para la salida de Eclipse. Todo lo ganado en la subasta será a la caridad, para United Global Shift, más datos se darán a conocer en el sitio de VolturiVentures, para que esten atentos a la subasta.

Fuente: CM

martes, 2 de febrero de 2010

All You Need is Love


Baby-sitter

Era un domingo como cualquier otro, un domingo para descansar y relajarse, es lo que se repetía Bella una vez tras otra mientras cambiaba furiosamente de canal cada tres segundos. Había pasado una mala noche, y la mañana no había ido mucho mejor. Se sentía desorientada por todo lo que había ocurrido la noche anterior, quizás lo más difícil de explicar era que realmente no había pasado nada. Lo mismo todo fuese frustración sexual, la cual como nunca había sufrido, no podía saber si se trataba exactamente de eso. Bella era una de esas personas que quería ponerle nombre y apellido a los estados de ánimo y a las emociones, y esta vez se sentía incapaz. Sabía que se sentía atraída por Edward, que le gustaba pasar tiempo con él y que no se cansaba de su compañía, pero estaba segura de que no estaba enamorada. No podía haberse enamorado en unos días, no respondía a su forma de ser. Sin embargo notaba que se comportaba como si realmente lo estuviese. Deseaba que llegase el lunes, y pudiese ir a hablar con Jasper, siempre la ayudaba mucho fuese cual fuese el tema del que tratase su charla. Pensó en ir a ver a sus vecinos, pero no sabía cómo actuar delante de Edward, tendría que existir un manual para esas cosas, habría menos comederos de cabeza. La mañana trascurrió lenta y aburrida, Bella se había acostumbrado a un nivel de diversión desorbitado durante los últimos días.

Estaba cocinando pasta tranquilamente, cuando su timbre sonó e inmediatamente empezaron a temblarle las piernas. “Edward.” Pensó simplemente, y con el delantal lleno de manchas de tomate fue a abrir apresuradamente la puerta. Pero no era él.

—¡¡Bells!! —gritó un muy eufórico Emmett, espachurrando a Bella en un abrazo y después entrando como si fuese su propia casa.

—Hola Emm, ¿pasa algo? —quiso saber ella. El enorme chico sonrió y se descolgó la mochila que llevaba, de la que después de buscar durante un pequeño momento, sacó un papel arrugado que enseñó a Bella.

—¿Has sido tú la creadora de esto?

Bella examinó lo que traía, y cayó en la cuenta de que era el cartel que ella misma había hecho para promocionar el local de su amigo. Sonrió satisfecha, aquella era la reacción que esperaba.

—Emmett, ¿conoces a alguien más que haga carteles publicitarios? —el aludido soltó una carcajada.

—¡¡Es perfecto, Bella!! De verdad, me encanta, ¡es justo el estilo de Funclub! El caso es que iba andando por la calle, camino al pub para revisar unos detalles, y me encontré a un grupo de chavales mirando algo en la pared. Eran unos cuantos y vestían a la moda, muy modernos. Ya sabes lo curioso que soy, no pude evitar acercarme y cotillear un poquito. Me di cuenta de que estaban diciendo cosas como “qué bien, espero que pongan de verdad ese tipo de música”, “tenemos que ir” y eso. Cuando vi el nombre de mi discoteca en el cartel casi me parto de risa allí. Todos me miraron con caras de susto, lo de siempre, y entonces yo les aseguré que sería el mejor lugar indie de Nueva York. Se quedaron asombrados y les conté que era el dueño, que iba camino de allí y tal. Se entusiasmaron y me preguntaron que si me podían acompañar, para saber ubicarlo, y pensé que sería una buena forma de publicitarme, por lo que incluso les enseñé un poco las instalaciones, y para que se quedaran más tranquilos les traje la lista de CDs que tenemos. Bella tendrías que haber visto sus caras, ¡fue alucinante! Se fueron prometiendo que irían a la inauguración con todos los amigos que pudieran, que serían muchos, y que me fijase en sus caras, que iban a ser clientes habituales —Emmett estaba rojo de la emoción, y se balanceaba nerviosamente, era obvio que aquello le había afectado mucho.

—Emm, es maravilloso, de verdad. Estoy segura de que será todo un éxito, es justo lo que nos hacía falta, que la gente empezase a hablar del sitio. Con suerte esos chicos harán lo que te prometieron y distribuirán por Internet lo que saben. ¡Estaremos hasta arriba!

Los dos amigos se abrazaron de nuevo, y Emmett decidió quedarse a comer, le gustaba demasiado la comida de Bella como para pensárselo dos veces.

—Bueno, hermanita, ¿qué tal va la convivencia con el modelo Cullen? —quiso saber mientras metía un dedo en la salsa, consiguiendo quemarse.

Bella le metió la mano bajo el chorro de agua del grifo, disimulando su nerviosismo ante aquella pregunta. Amaba a Emmett, pero sabía que era incapaz de mantener la boca cerrada, si le comentaba algo Edward acabaría enterándose, y era lo último que le apetecía.

—Genial, además Seth es maravilloso, espero poder pasar más tiempo con él —sonrió Bella, cambiando el rumbo de la conversación, algo que se le daba demasiado bien.

—Oh, el pequeño enano, es inteligentísimo, ¿verdad? Es una pena que haya tenido que pasar por toda esa mierda, no lo merece —Emmett se había puesto serio, no soportaba que tratasen mal a las personas que quería, era muy protector. De pronto, su bonita cara se le iluminó, y dio un puñetazo en la mesa—. ¡¡YA LO TENGO!! Hace un día espléndido, ¡con sol y calor! ¿Por qué no nos vamos todos a Central Park? Podríamos llevar una pelota, y nos lo pasaríamos genial.

A Bella le pareció una buena idea, aunque eso significase que tendría que enfrentarse a Edward. Emmett telefoneó a Rosalie, y ella hizo lo mismo con Alice y Jasper, que aceptaron encantados. Decidieron llevarse la comida, por lo que metió los espaguetis en un tupper y mientras Bella cocinaba algo más, Emmett fue a ver a su hermano y sobrino. Había metido una tarta en el horno, de las que se hacían rápidamente, por lo que se fue a ponerse unos vaqueros y una sudadera cualquiera, indumentaria esencial para pasar el día en un parque. Cuando se calzaba las zapatillas deportivas entraron los hermanos Cullen, acompañados de un emocionado Seth, que llevaba una pelota de fútbol bajo el brazo.

—Hola Bella —saludó cordialmente Edward, y esta notó que estaba levemente avergonzado.

—Buenos días a los dos —sonrió ella—. Emmett, saca el bizcocho del horno por favor, no vaya a quemarse.

Recogieron entre todos, y se encaminaron hacia Central Park, que estaba a unos cuantos pasos de su casa. Una vez allí se tendieron en el lugar habitual, donde la hierba estaba fresca pero no mojada, el imponente sol de ese día la había secado justo a tiempo. Al poco rato llegaron los demás, muy felices de poder pasar el día juntos, al aire libre. Bella se recostó en el grueso tronco de un árbol y se dispuso a repartir la comida en unos platos de plástico que había llevado Rosalie. Era muy cómico el estar comiendo espaguetis en medio de Central Park, la gente los miraba constantemente, y ellos se reían como niños.

—Estoy llena —comentó Alice, estirándose. Bella la notaba nerviosa, pero no sabía el porqué, así que le arqueó una ceja. Su amiga retiró la mirada, y se puso a cortar con los dedos briznas de césped—. Veréis, tengo una noticia que daros. Estamos trabajando este mes en un número temático, trata sobre las mujeres que no necesitan a los hombres para tener una vida de ensueño. Ya sabéis, buen trabajo, independencia económica, una existencia feliz…

—¡Eso es genial! Seguro que os sale perfecto —ijo Rose, dándole una palmadita en el hombro a su amiga.

—Sí, es maravilloso… —Alice no miraba a la cara ni a Rosalie ni a Bella, y a esta empezó a darle mala espina—. Bueno el caso es que los de mi trabajo me sugirieron que por qué no sacaros a vosotras como modelos, tenéis todo eso y además sois muy…

—¡Ni hablar! —gritó Bella, enfurecida—. No pienso salir en Vogue, Alice. Tienes miles de millones de modelos a tu disposición y te diriges a mí. Mira, Rosalie puede salir y no hacer el ridículo, ¿pero yo? Venga ya… —realmente le disgustaba la idea de que la gente la comparase con una modelo de verdad. Se sentía muy por debajo.

—Bella, ¡eres preciosa! ¿Cuándo diablos te vas a enterar? Imagina las puertas que te abriría salir en mi revista, vamos por favor, hazlo por mí —Alice puso su cara de cordero degollado, aquella con la que conseguía casi todo lo que se proponía.

—Alice, yo estoy de acuerdo, no me importa para nada —Rosalie parecía entusiasmada con la idea, siempre había querido ser modelo, pero no soportaba que la tratasen como un trozo de carne sin cerebro—. Vamos Bells, ¡será muy divertido! Estas oportunidades no se presentan todos los días.

Bella bufó.

—Pues por eso, yo no la necesito, ni la quiero. Habrá cientos de mujeres que se morirán por estar en mi lugar, coge a una de esas.

Los chicos mientras tanto veían divertidos la escena, todos conocían demasiado bien a Bella como para haber previsto su reacción.

—Bella, creo que te subestimas demasiado —comentó únicamente Edward. Ella lo miró asombrada, no se esperaba que interviniese en la conversación. Más bien, no quería que lo hiciese.

—Eso hermanita, estas muy buena, ¿por qué aprovecharlo? —rió Emmett, mientras su novia le pegaba en el brazo.

—Bells, no te lo pediría si no fuese de vital importancia —dijo una llorosa Alice—. Ya me he comprometido con que la idea se llevará a cabo para el siguiente número. Por favor, inténtalo al menos, sólo será una entrevista y unas cuantas fotografías profesionales.

Bella suspiró, harta. Desde que comenzó la discusión sabía perfectamente que Alice se iba a salir con la suya.

—Alice entiéndeme, es la Vogue... —gimoteó nerviosa, consiguiendo que todos se rieran de su expresión.

—Bella, vas a estar perfecta —sentenció Alice—. Tengo pensado ya el vestuario, fliparéis chicos, fliparéis —repitió, soñadora. Edward, Emmett y Jasper se echaron una rápida mirada, compartiendo el mismo pensamiento: comprarse la revista cuando Bella y Rosalie saliesen en ella.

El tema cambió, para alivio de Bella, ya tendría tiempo de preocuparse de aquello. Se fijó en que Seth cada vez estaba más cómodo, y que fue a jugar sin pensárselo con sus tíos Emmett y Jasper, a los que más tarde se le unieron Rose y Alice.

Bella sacó el libro que se estaba leyendo por aquel entonces de su bolso, y se dispuso a concentrarse, cuando vio que Edward, tumbado sobre una manta a unos metros de ella, tenía en sus manos el mismo ejemplar. El chico notó su mirada, levantó la vista y cuando cayó en lo mismo que Bella se rió tímidamente.

—Es bueno —dijo, encogiéndose de hombros.

—Lo sé, a mí también me encanta Cortázar —le respondió, enviándole una sonrisa. Le había dejado sin aliento que tuviesen los mismos gustos literarios, no solía pasarle a menudo. Para ella la lectura era una forma de vida, no había cosa más deliciosa que tener un libro entre las manos y disfrutarlo. Solo podría superarlo quizás que fuese Edward el que estuviese entre ellas, pero eso no lo iba a reconocer públicamente. El chico se levantó, y se dirigió hasta donde estaba, sentándose justo a su lado.

—Estaba aburrido solo —se excusó. Bella sonrió, mientras dirigía su vista a la página por la que iba. Era muy agradable pasar la tarde así, con un buen libro y la compañía de Edward. Pero su tranquilidad duró poco.

—¡Eh, los del Club de la Lectura, moved el culo y venir a jugar! —gritó Alice, desde la otra punta, mientras chutaba el balón con toda su fuerza hacia ellos. La pelota rodó cerca de donde estaban, y Edward dirigió una mirada divertida a Bella, que asintió, y juntos se levantaron para unirse al resto.

Bella, como no podía andar fue designada portera, aunque era realmente mala. Le metieron al menos diez goles, pero agradeció que nadie llevase la cuenta, se estaban divirtiendo demasiado como para fijarse en marcadores. Vio como Seth se acercaba a ella, corriendo todo lo rápido que podía y riéndose como un loco. Cuando estuvo a unos metros de distancia tiró fuerte, y aunque esta vez sí que podría haberla interceptado, dejó que entrase dentro del territorio que protegía, consiguiendo que todos aupasen al pequeño.

Con el que había que tener más cuidado era con Emmett, que parecía no entender que Bella pesaba como mínimo cuarenta kilos menos que él. Chutaba con toda la fuerza que podía, y ella aterrorizada se limitaba a agacharse. Todos reían y disfrutaban, estaba siendo el fin de semana más perfecto de la historia.

Cuando empezó a oscurecer y a hacer más frío decidieron dejarlo, aunque a regañadientes. Las parejas se despidieron de Bella, Seth y Edward, ya que tenían que salir por otra zona para coger los coches.

—Vamos Seth, mañana nos tenemos que levantar temprano para ir a la guardería —le riñó Edward, al ver que se negaba a levantarse del césped. Terminó cogiéndolo en brazos a la fuerza, porque no aparentaba tener interés en moverse.

—¡Yo no quiero ir a ese sitio! ¡Yo quiero quedarme en caaasa! —lloriqueaba, mientras se dirigían a su hogar.

—Cariño, no te puedo dejar solo —explicaba cansinamente Edward, le había dicho eso ya muchas veces.

Bella, que estaba presenciándolo todo desde un poco más atrás, tenía una idea, pero no sabía si era adecuada, no quería poner al hombre en un compromiso.

—Edward… —dijo al final, poco convencida, mientras se metían en el ascensor y veía como Seth no cesaba sus protestas. El chico volvió la cabeza y le dirigió una mirada interrogante—. Yo no tengo que ir al trabajo, me lo puedes dejar en casa… Si queréis los dos, claro.

—¡¡Sí!! ¡¡Yo quiero!! —exclamó rápidamente Seth.

—Bella, no sabes en lo que te estás metiendo —comentó él, rodando los ojos —. Precisamente mañana tengo mucho trabajo, y no volveré hasta después de comer por lo menos. No quiero que tengas la carga de un niño durante un día entero, y menos con tu tobillo torcido.

—Edward, Seth no da ningún problema —rió ella—. Además, tengo la ayuda de George, que estará encantado de verte de nuevo, pequeñín —añadió, revoloteándole el pelo—. Déjamelo mañana por la mañana cuando te vayas, y tráelo dormido, no es necesario que se despierte tan temprano.

Habían llegado ya a su planta y Edward seguía sin estar convencido, no quería aprovecharse de la buena voluntad de Bella.

—Vamos papá! Me aburro mucho allí, los niños son idiotas. Prefiero estar con Bella, es más interesante —volvió a quejarse Seth. Edward suspiró, no sabía por qué tenía que hacerle caso a todo lo que le dijesen.

—Está bien Seth, pero ni se te ocurra darle la lata a Bella, ya sabes que no puede moverse bien —el pequeño saltó en los brazos de su padre, emocionado. La chica rió, aquella imagen era demasiado tierna.

—Seth, esta noche voy a ponerme a pensar las cosas que podremos hacer. Estoy segura de que no nos vamos a aburrir ni un segundo —le susurró Bella, acercándose a su cara. Le depositó un beso en la frente, mientras le acariciaba su suave pelo—. Hasta mañana cariño, descansa mucho, mañana será un día duro —después miró a Edward y se acercó tímidamente a su mejilla, la cual besó también mientras susurraba—: Buenas noches Edward.

Se dio la vuelta y entró en su piso. Aquello la superaba, pero no iba a dejar de pasar tiempo con él por el hecho de las sensaciones que le provocaba. No eran desagradables como para querer alejarse, simplemente le dolía que fuese ella la única que las sintiese. Con el ánimo algo decaído se duchó y se puso el pijama, metiéndose en la cama inmediatamente, sin cenar. Necesitaba repostar energías.

El despertador sonó lo que a ella le pareció demasiado temprano, no recordaba que tenía que quedarse con Seth, por lo que cuando sonó el timbre, saltó de la cama, corriendo despavorida.

—Lo ssssiento, olvidé por qué me tenía que levantar temprano —gimió, abriendo la puerta rápidamente. Un sonriente Edward Cullen la recibió, con Seth en sus brazos, profundamente dormido.

—Buenos días —susurró, intentando no hacer ruido. Bella le hizo señas para que entrase, y lo guió hasta una de las habitaciones para invitados. Retiró las sábanas y Edward tumbó cuidadosamente al pequeño, que ni se inmutó. Después de taparlo bien, salieron de la habitación, cerrando la puerta silenciosamente.

—Muchas gracias por hacer esto, de verdad —Edward parecía incómodo—. Me siento como si me aprovechase de ti.

—Edward, fui yo quien lo propuso, así que no te preocupes. Además, presiento que se lo pasará mejor conmigo que en cualquier guardería —añadió, entre risas.

—Yo no lo presiento, lo creo —rió él, apoyado en el quicio de la puerta principal—. Aún así, esto es muy importante para mí. Es la primera vez que lo dejo con alguien, y aunque dudo que haya alguna persona mejor que tú para esta tarea, estoy nervioso. Es mi primer hijo, supongo que con el segundo o el tercero ya no me pasará.- Comentó, bromeando.

—El primero es siempre el que peor lo pasa —sentenció Bella—. Ahora en serio, a mí lo que me asusta es que no se sienta cómodo, o le moleste algo de lo que haga.

Estaba preocupada por eso, pero la sonrisa de Edward la relajó mágicamente.

—Dudo que pase eso, le encanta estar contigo, lo veo en sus ojos cuando te mira. Pero si ocurre cualquier cosa, siempre puedes llamarme, lo sabes ¿no?

—Lo último que querría es molestarte —susurró—. Además, se supone que hago esto para ayudarte —Bella miró su reloj, eran las ocho y cuarto de la mañana—. Edward, me parece que vas a llegar tarde.

—Eh… Sí, es verdad—. Murmuró distraídamente y pulsó el botón del ascensor—. De verdad, llámame con lo que sea —de pronto, soltó un grito ahogado, como si se acabase de acordar de algo importante y se llevó las manos a los bolsillos. Del derecho sacó unas llaves, que depositó en las temblorosas manos de Bella—. Son las de mi casa, por si necesitas algo. Como si fuese tuya —añadió, mientras le guiñaba un ojo y entraba en el ascensor, que ya había llegado—. Hasta luego Bella.

Una vez las puertas se cerraron, la chica entró en su hogar, y se dirigió hasta el cuarto donde estaba Seth. No quería que se despertase y se asustara al verse solo, por lo que se tumbó a su lado, intentando conciliar el sueño de nuevo. Notó como un par de bracitos la rodeaba y sonriente, cerró los ojos, pudiendo así descansar unas horas más.

Cuando despertó estaba sola, cosa que le extrañó. Se levantó, agarró sus muletas y fue buscando a Seth por las habitaciones. Se lo encontró en el salón, sentado en el sofá con una manta por encima y riendo con un capítulo de Bob Esponja.

—Buenos días pequeño —saludó, besándolo— ¿Por qué no me has despertado?

—Estabas muy bonita durmiendo Bella, no quería molestarte —respondió, con una de sus pequeñas sonrisas a la vez que se sonrojaba.

—No es molestia cariño, era para pasar más tiempo juntos. Por cierto, ¿qué te parecería desayunar gofres?- Nada más decir esto el niño chilló y palmoteó sus diminutas manitas.- Pues, ¡manos a la obra!

Cocinaron entre risas y comentarios, contentos de estar el uno con el otro. El desayuno quedó servido en poco tiempo, por lo que comieron rápidamente, ambos eran demasiado golosos.

—Seth, ¿te gusta dibujar? —preguntó ella mientras terminaban de recoger.

—¡Me encanta! Aunque es mi papi el que pinta bien, yo me salgo un poco todavía —Bella rió, sabía que a Edward le gustaba el arte en general.

—El que pinta bien de verdad es Jasper, el novio de tu tía Alice. Tiene la casa llena de todos sus dibujos, incluso yo tengo algunos. Pero bueno, lo que te iba a proponer era que pintásemos, pero no como siempre, con lápices colores y eso, es demasiado aburrido —había conseguido que Seth la mirase con expectación; contenta se dirigió a su despacho, de donde sacó un rollo de papel enorme, especial para hacer pancartas. No sabía por qué lo tenía, pero daba gracias por ello, ahora le iba a ser de utilidad. Después alcanzó la caja de temperas y se dirigió a la pequeña terraza que tenía, que estaba acristalada para impedir el paso del frío. Con la ayuda del pequeño, retiró todo lo que había por medio, para conseguir que el papel cubriese toda la superficie posible. Después, se remangó las mangas de la sudadera del pijama indicándole a Seth que hiciese lo mismo y se sentó en el suelo.

—Mira lo que hago, Seth —le dijo mientras metía un dedo en el tarro de la tempera morada y lo restregaba por una esquina del papel. El niño la miró asombrado y acto seguido empezó a reírse escandalosamente.

—¡Qué guay! ¡Podemos mancharnos! —exclamó, en estado de éxtasis. Se tiró junto a Bella y empezó a llenarse las manos, demasiado eufórico como para poder hablar.

—Seth, ¿por qué no pintamos lo que se ve desde aquí? —propuso, mientras señalaba con la cabeza la vista, compuesta por enormes edificios, iluminados por el sol naciente. Era muy cliché pintar los rascacielos de Nueva York, pero aun así le apetecía. Trabajaron concienzudamente, mientras tatareaban las canciones que iban sonando desde el equipo de música, que había encendido Bella después de que Seth se lo pidiese. Cuando consideraron que habían acabado, se alejaron un poco, como si fuese una verdadera obra de arte y se sonrieron entre sí.

—Bella, ¡ha quedado chulísimo! —gritó Seth, que estaba muy cómico, con pintura en cada centímetro de su blanca piel. Mirándolo Bella notó el enorme parecido que guardaba con Edward, aunque no fuese biológicamente suyo. Se levantó apresuradamente y corrió a por su cámara réflex digital, quería hacer fotos a aquella estampa. Tomó varias de Seth, mientras reía o posaba junto al dibujo y después puso el disparador automático, para salir con él en algunas. Como la pintura había salido realmente enorme decidieron cortarla por la mitad, y quedarse cada uno con una parte. Colgaron la de Bella en el despacho de esta, que le dio un aire muy familiar, se notaba que estaba hecha por un niño aunque hubiese quedado muy artística.

—Bella, ahora vamos a poner la mía en mi cuarto, por fa —pidió Seth, tirando de la ropa de la chica. Esta sonrió y cogió las llaves que le había dado esa misma mañana Edward.

—Vale Seth, pero lo pegamos y nos vamos, ¿de acuerdo? No me gusta estar aquí sin que lo sepa tu padre —comentó ella, mientras andaban por la desierta casa. Todo estaba tal y como lo recordaba de su anterior visita, incluso el incesable olor de Edward, que parecía no querer desaparecer.

—Este es mi cuarto —anunció el pequeño, entrando en una habitación muy colorida, llena de juguetes—. Mi padre insiste en comprármelos, aunque son para críos —dijo, al ver que Bella los estaba mirando. Esta se rió, y juntos fueron a un trozo de pared desnuda, en la que pusieron la obra de arte.

—¡Guau! —susurró Seth—. Es genial, gracias Bella —y le abrazó las piernas fuertemente, al rato se apartó y le cogió la mano—. Ven, quiero enseñarte algo.

Bella lo siguió a través del largo pasillo, hasta llegar a una elegante puerta, distinta a las demás. Parecía más pesada.

—Entra, vamos —le apremió, mientras se metía en aquel lugar. Bella entró tímidamente, y se quedó con la boca abierta. Allí estaba el piano de Edward, tal y como lo recordaba. Seth le soltó la mano y fue a sentarse en la banqueta. Levantó la tapa de las teclas y sonrió a Bella, que estaba teniendo un flashback. Aquella situación la había vivido con Edward innumerables veces.

—Siéntate conmigo —pidió Seth, mientras estiraba sus pequeños dedos—. No se tocar bien, pero papá me enseña algunas cosas cuando tiene tiempo —parecía entusiasmado, tenía la misma cara que su padre cuando estaba delante de aquel instrumento. Bella le hizo caso y las manos del niño empezaron a golpear suavemente las teclas, que dejaban escapar el principio de la melodía de Noche de Paz, equivocándose varias veces, pero sin embargo parecía no importarle—. Ya no me sé más —dijo al rato, mientras se reía—. Cuando sea algo más mayor iré a clases, lo estoy deseando.

Bella tenía las lágrimas saltadas y un nudo en la garganta, no podía evitar acordarse del pequeño y adorable Edward.

—Bella, ¿por qué lloras? —susurró Seth, apretándose contra ella, en un abrazo.

—Me recuerdas demasiado a tu padre cuando tenía tu edad más o menos, ¿sabes? —le contestó esta, acariciándole la espalda. Notó como el niño se tensaba—. Es como tenerlo aquí delante otra vez, con sus ojitos verdes felices y siempre callado —rió suavemente—. Era encantador, igual que tú. Parecéis la misma persona, es asombroso. Pero tú eres más guapo, en eso estoy segura —comentó y una risita nerviosa salió de los labios de Seth—. Anda, volvamos a casa, creo que te hace falta una ducha, ¡tienes manchas de pintura hasta en las orejas!

Cogidos de la mano, y con ropa limpia de Seth volvieron a la casa de Bella, dirigiéndose directamente al cuarto de baño. La chica llenó la bañera de agua caliente y ayudó al pequeño a desvestirse. Se estaban riendo comentando un episodio de The Simpson cuando Bella vio aquello, quedándose muda. Seth tenía unas horribles marcas de cigarrillo en la espalda, formando la frase: “Soy malo”. Quiso gritar, llorar y buscar a los culpables de tanto sufrimiento, pero se limitó a disimular, no le apetecía que él se diese cuenta de que le había afectado. Siguió sonriendo, pero aquella imagen no se le iba de la cabeza. Pensó en lo que sentiría Edward viendo esas cicatrices día a día, en el dolor que le tendría que causar y sintió nauseas. Haciendo de tripas corazón, consiguió bañar a Seth, el cual estaba muy entretenido jugando con el agua y parecía no darse cuenta del estado anímico de Bella. Cuando su cuerpo empezó a arrugarse, lo sacó con sumo cuidado, envolviéndolo en una gran toalla y lo acunó como si fuese un bebé, provocando que el niño se riese de nuevo. Lo ayudó a vestirse, y muertos de hambre fueron a hacer la comida. Bella hizo pollo al horno con patatas, esperando que Seth no pusiese ningún pero, sabía que los niños solían ser muy quisquillosos con la comida.

—No te preocupes, a mí me gusta todo —le respondió él, después de haberle preguntado si le gustaba.

Mientras se hacía la comida Seth se puso a jugar con George, ya no le tenía ningún miedo. Le tiraba la pelota y el animal la cogía enseguida, lo que provocaba los aplausos del niño. Cuando el timbre sonó, el hurón corrió a meterse debajo de uno de los sofás, asustado.

—¡Ya voy! —gritó Bella, corriendo a la pata coja y haciendo que Seth se riese—. ¡No te rías de mí, enano! —le dijo, divertida, mientras abría la puerta. Últimamente se pasaba más tiempo en esta que en el interior de su casa—. ¡Edward! ¿Qué haces aquí tan temprano?

El joven rió, y entró en la casa sujetando a Bella por la cintura, para que le fuese más cómodo el andar.

—Una gran bienvenida, si quieres me voy, vamos —comentó, consiguiendo que ella pusiese los ojos en blanco—. ¿Dónde está mi pequeño?

—¡¡Papi!! —gritó el aludido, corriendo a tirarse en los brazos de su padre—. Te he echado de menos, pero me lo he pasado increíblemente bien, Bella me hace reír hasta llorar. ¡Hemos hecho tantas cosas! —estaba entusiasmado, moviéndose de un lado para otro, sujetado por los fuertes brazos de Edward, que sonreía contento de que fuese feliz.

—Ya me contarás, cariño. He podido escaparme del trabajo, tenía papeleo y eso lo puedo hacer en casa —le explicó a Bella—. No quería que te pasaras todo el día metida aquí, pensé que podrías tener alguna cita, o planes.

—¿Yo? No, no… —contestó ella, distraídamente, abriendo el horno. Edward parecía aliviado, pero de pronto cayó en algo—. ¡Mierda! Claro que sí, ¡tenía una cita! —exclamó, y vio como los ojos del muchacho parecieron desilusionarse—. Iba a ir a ver a Jasper, a la consulta, ya sabes. Suelo ir de vez en cuando, un poco de consejos mentales no vienen nunca mal —contó rápidamente, para que no pensase nada raro. No quería que creyese que tenía una cita con alguien, o algo así. Después de escucharla, Edward sonrió tímidamente, él no era nadie para interponerse entre Bella y su vida, pero no le alegraba la idea de que se estuviese viendo con algún chico—. Bueno, ya que estás aquí te quedarás a comer —sentenció ella, con voz firme, mientras sacaba la bandeja y la ponía en la encimera. No tenía el equilibrio suficiente como para llevarla hasta la mesa, cojeando. Edward cayó en la cuenta, y soltando las cosas que llevaba, la cogió para depositarla en la mesa del salón, después apartó una silla para que Bella se sentase, y junto con Seth, se dirigió de nuevo a la cocina, para coger los platos, cubiertos y vasos.

—Vaya, juntos podríamos formar un catering —bromeó Bella, cuando se sentaron con ella. Edward puso su sonrisa torcida, y Seth lo imitó. Fue tan gracioso que Bella casi se cae de su asiento de la risa—. ¡Sois tal para cual, de verdad! —gimió, con los ojos llorosos. Comieron bromeando, como si fuesen una familia de verdad. Este pensamiento apareció por la mente de Bella, e hizo que su corazón diese un salto, quería a aquellas personas demasiado. Miró embelesada a sus dos ángeles, que estaban hablando entre ellos, riendo despreocupadamente. Sintió ganas de llorar, aquello era perfecto, algo con lo había sido bendecida.

—¡Y entonces Bella dijo que mejor pintar con las manos! —vociferaba Seth, mientras se llenaba la boca con comida—. Ya verás lo que hicimos papi, es perfecto. Lo cortamos por la mitad, para que los dos tuviésemos un trozo y así nos pudiésemos acordar cuando fuésemos mayores. Bella dice que hasta cuando esté en una residencia de ancianos seguirá teniéndolo en su habitación. ¿Te lo puedes creer? Bella siendo anciana —decía mientras se reía, abrazándose la barriga con los brazos. Edward reía también, pero por lo bajo, mirando cálidamente a la chica.

—Veo que os lo habéis pasado muy bien. ¿Me invitaréis la próxima vez, o sois un grupo cerrado? —quiso saber, jugando con el tenedor. Bella se puso roja, él estaba invitado a todo.

—Edward, no hace falta invitación para que pases la tarde con nosotros. Sólo que tengas tiempo y ganas de aguantarnos —comentó ella, sonriéndole.

Cuando terminaron de comer, Bella y Edward recogieron, dejando a Seth con la televisión, ya que estaba su programa preferido.

—No hace falta que me ayudes, puedo yo sola de verdad, ve a descansar, habrás trabajado duro hoy —Bella no quería que Edward fuese a su casa para limpiar, lo que deseaba era que se lo pasara bien, no que recogiese.

—Bella, no digas tonterías. Donde quiero estar es aquí —le susurró, agachándose para quedar a su altura. Bella no quería tanta tensión sexual de nuevo, únicamente conseguía alterarla y quitarle el sueño, por lo que se dio la vuelta, concentrándose en los platos que estaba metiendo en el lavavajillas.

—¿Pasa algo, Bella? —preguntó Edward, apoyado en la encimera. Era la postura más sexy que Bella había visto en su vida—.Te has apartado tan deprisa de mí que me ha dado la impresión de que te he incomodado.

—N-no… Sólo que no m-me lo esperaba —murmuró esta, secándose las manos con un trapo de cocina, sin dirigirle la mirada.

—Si te molesta algo de lo que haga, por favor dímelo —le volvió a susurrar, acercándose más a ella—. Dímelo, Bella.

—Edward, jamás me molestaría nada que saliese de ti —Bella lo estaba mirando a los ojos, lo cual era una mala idea si tenía en cuenta el poder de estos sobre ella.

—Es bueno saberlo… —cada vez estaban más cerca, y la tensión era palpable en el ambiente. Bella no podía creer su suerte, le había pasado lo mismo dos días seguidos. ¿Cómo sería cuando llevasen un mes siendo vecinos? ¿Y un año? ¿Se acercaría tanto a ella todos los días de su vida? Si fuese así tendrían que ingresarla en un psiquiátrico, tal vez Jasper le recomendase alguno eficaz.

Sin embargo esta vez, sus narices no se rozaron, Edward se limitó a hundir su cabeza en el cuello de Bella, mientras la abrazaba tiernamente.

—Muchas gracias Bella, mi Bella… —le susurraba una y otra vez. Ella quería saber por qué, pero estaba inmovilizada, cada célula de su cuerpo le pedía que lo apretase más aun contra ella, que acariciase su definida espalda, o su delicioso cabello del color del bronce. Unos pasos sonaron por el pasillo, y Edward se apartó demasiado rápido. Tenía las mejillas sonrojadas y los ojos húmedos.

—Eh, ¿qué pasa? —preguntó Seth, que había entrado saltando—. Estáis muy rojos, ¿os ha picado un bicho en la cara?

Edward y Bella se miraron, comprobando que era obvio que había ocurrido algo entre los dos.

—No ocurre nada Seth, todo está bien —Edward se acercó a él y lo cogió, como de costumbre—. Me parece que deberíamos volver a casa, ¿no crees bichito?

—Yo no quiero irme sin mi Bella… —lloriqueó Seth, extendiendo los brazos a esta, que se acercó rápidamente y le acarició las mejillas.

—Cariño, tengo cosas que hacer esta tarde, ¡pero mañana puedes volver si quieres! —al niño se le iluminó la cara, y miró a su padre, con un gesto de súplica—. Vamos Eddie, deja que disfrutemos los que estamos de vacaciones —rió ella, intentando volver a la normalidad. Él le lanzó una mirada con una mezcla de enfado y diversión.

—Está bien, mañana podéis jugar juntos también niños —bromeó, andando hacia la puerta con Seth haciendo gestos de victoria entre sus brazos.- Pero no quiero despertarte tan temprano Bella, no es justo.

—Edward, eso no es una escusa —le reprendió, rodando los ojos—. Tienes unas llaves de mi casa, y sabes dónde está el cuarto que he preparado para Seth.

—Bella, no voy a entrar a las ocho de la mañana en tu casa, sin permiso —dijo tajantemente Edward.

—¡Pero si te lo estoy dando ahora mismo! —rió de nuevo ella—. No me importa para nada despertarme, pero si eso es un impedimento para que me dejes a tu hijo, no veo otra solución.

Edward suspiró, y se dio la vuelta, dirigiéndose a su casa. Bella fue hasta el ascensor y lo llamó, iba a ir directamente a la consulta de Jasper, tenía las muletas, la cartera en el bolsillo y las llaves de su casa, no necesitaba entrar para nada más por lo que cerró la puerta.

—Buenas noches Edward, Seth.

—Buenas noches Bella —contestaron a coro los dos, despidiéndose con una mano.

Había varios taxis cerca de la entrada de su casa, por lo que no tuvo que esperar. Se metió en uno de ellos y le indicó al conductor la dirección. Sumida en sus pensamientos, no se dio cuenta de que había llegado, la consulta no estaba a más de diez minutos de su apartamento. Pagó al taxista, dándole una propina generosa y entró en el glamuroso edificio, que se encontraba en la mismísima Quinta Avenida. Una vez frente al piso que ocupaba la consulta, llamó al timbre y le abrieron inmediatamente.

—Buenas tardes, Kate —saludó Bella con una sonrisa. Kate era la secretaria de Jasper desde hacía años. Bella sabía que se sentía atraída por este, pero que afortunadamente hasta el momento entendía lo enamorado que estaba de Alice. Jamás se había interpuesto en su relación, aunque Bella veía que cada vez estaba más enamorada de él. Sabía que aquello podría terminar mal, pero no había ningún indicio de problemas. Era guapa, no tenía nada que envidiar a nadie, podría conseguir al hombre que quisiese, pero el problema es que este ya estaba pillado por alguien que se le había adelantado.

—Buenos días, Bella, ahora mismo aviso al Doctor Hale de que estás aquí —sonrió, y se colgó inmediatamente del teléfono—. Señor Hale, está aquí Isabella Swan. De acuerdo, ahora mismo se lo digo —colgó y se dirigió a Bella—. Puedes entrar cuando quieras.

Suspiró y se encaminó hacia la puerta que sabía que la llevaría hasta su salvación mental: Jasper Hale.

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Chicas Dios!! perdonenme por tardarme si ya lo se merezco una muerte cruel XD...pero es que se me paso que hoy ers martes...en que planeta vivo? no lo se jajaj asi que disculpenme XD disfutenlo...talvez si le dejan muchos comentarios a Laura podamos subir otro capi antes..besos

lunes, 1 de febrero de 2010

Ash como modelo




Nenas, nenes y neniiitos! acá les dejo unas fotos de Ashley posando como modelo ^^

LNMGracias!

Poster de SkateLand

Sabiias queee?

Kristen piensa que la escena en la que aparece "Desnuda" en The runaways le pareció simplemente "Desagradable".

¿Por qué coloco desnuda entre comillas? Es muy fácil: Stewart dio algunos detalles más acerca del rodaje. Como que por ejemplo no estuvo desnuda en ningún momento. Sino que estaba ataviada con algunas piezas de ropa interior del mismo color de su piel. Para que así en pantalla ni se notaran.

Gracias a ObjetivoFamoso.

Nuestro osito haciendo Snowboarding




Hooolaaa... Como estan nenas? Disculpenme la falta de atención he andado en tres mil cosas diferentes y miles de trabajos por doquier (quienes esten en la Universidad me entenderan totalmente)

La primera notiiii que les traigo es esta... Vemos a ese Oso que tooooodas amamos divirtiendose en la nieve ¿Verdad que se ve mooonisiiimo? Affs... Amo la uuultima foto ♥ jajajaja!!

sábado, 30 de enero de 2010

Nuevo video de "Preguntale a Rob"

En una serie de videos, los fans tuvieron la oportunidad de preguntarle a Rob Pattinson sobre su película Remember Me. El primer video estaba relacionado con tu personaje, Tyler. En este segundo video le preguntan acerca de su relacion laboral con Pierce Brosnan. Gracias a Remember Me Facebook por el video.



A continuación la traduccion del video:

¿Como fue trabajar con un actor tan experimentado como Pierce Brosnan?

Es sorprendente porque en el guión, él es...Charles como padre es....una persona que no le importa, indiferente, pero Pierce le puso un poco de compasión, hace que Charles sea un poco mas compresivo.

Fuente: CM

Leonardo DiCaprio habla de RPatzz

Gracias a Pattinson Life, tenemos una entrevista a Leonardo DiCaprio con All Access en el que el actor nombra a Robert Pattinson.



A continuación, la traduccion del fragmento de la entrevista.

¿Hay algun otro joven actuar que miras y se encuentra en la misma posición que tu estabas cuando terminaste de hacer Titanic?

Si, hay muchos actores...Zac Efron.

Robert Pattinson tal vez.
Si, RPatzz...

¡Te sabes el apodo!
Si, muchos de estos actores que tienen esta inmensa atencion sobre ellos de los paparazzi y de los medios, pero la verdad es que no tengo nada para decirles, ellos saben que al final del dia somos afortunados de ser actores y toda esa superficialidad será olvidada...y ellos lo saben....no voy a actuar como un filosofo con ellos.

Kristen Stewart :Veterana del Festival Sundance

Kristen no está en la escena de los salones de regalo. Para ella, es sobre las películas.

A continuación les traemos la traducción:

E: Sé que hay un par de veteranos, aquí esta noche, con los que estabas hablando más temprano y suena como que no vas a ir a los salones de regalos. ¿No es tu aspecto favorito de Sundance?

Kristen: Eso es verdaderamente de miedo, hay muchas personas, es caliente y a veces yo soy realmente claustrofóbica.

E: ¿Cuál ha sido un cambio para ti en los últimos años? Tú dijiste que has estado aquí cuatro veces y obviamente tu fama ha cambiado en el transcurso de esos años. Es una experiencia diferente este año, tu estuviste aquí el año anterior y pero para ese momento ya eras conocida por Crepúsculo. ¿Pero han sido los dos últimos años, diferentes a los primeros años?

Kristen: Si, no puedo caminar por la calle, caminar por la calle principal es como que: todos vean, vean lo que está pasando. Tengo que conducir a todas partes. Voy a empezar a llorar.

E: No llores aquí, eso es para la película.

Kristen: Pero no hay diferencia.

Fuente: MTV

Kristen Stewart disfruta espiar

La estrella de la película “Welcome to the Rileys” hace lo mejor por escuchar la reacciones de las personas a su nueva película.

A continuación les traemos la traducción:

E: Te escuché hablando, más temprano, de cómo disfrutabas escuchar las reacciones de otras persona a tu película. ¿Has escuchado muchas reacciones y para que las escuchas?

Kristen: Bueno yo fui a la premier y sé que suena, no sé cómo decirte, pero parece que a la gente de verdad le gusto, realmente les afecto, por falta de una mejor palabra, las personas estaban emocionales y eso es como, para mí que realmente vi la película, es difícil no ser critica cuando estás viendo tus películas y cuando vi esta película y la he visto dos veces; yo me adentro mucho, mucho en esto; así que hicimos esta entrevista y alguien me pregunto qué fue lo que tome de esa experiencia. Yo no puedo ni empezar a responder. No sé lo que dije pero lo que quería decir es que no estoy en una posición en la que puedo tomar algo de ella entonces, ni siquiera puedo ir allí, no puedo empezar a hablar sobre ella porque no la conoces como yo, tu sabes lo que quiero decir, se siente muy real para mí ni siquiera parece una película.

Clip de Skateland, la nueva película de Ashley Greene

Skateland, la nueva película de Ashley Greene debutó esta semana en Sundance. Directo del festival y gracias a Lion Lamb Love, tenemos un clip de la película.


Fuente: CM

Videos de Robert Pattinson promocionando Remember Me

Gracias a Youtube les traemos una entrevista de 2 partes de Robert promocionando Remember Me





Welcome to the Rileys podría ser distribuida

De CM les traemos la noticia del Twitter oficial de la película donde aparece Kristen Stewart donde al parecer andan en discusiones para su distribución.

"Estamos ahora en discusiones de distribución"

Taylor en la nueva campaña de LG: Star Ambassador

Gracias a Taylor Lautner Source tenemos la noticia de que nuestro hombre lobo favorito sera la nueva cara de la campaña publicitaria de LG titulada: Star Ambassador. La promocion puede ser leida en el cartel que aqui les presentamos, y es dedicada a España!!!! Aqui les dejo el video, los carteles promocionales, ademas de algunas capturas del video. Si deseas ver mas capturas da clic aqui



Fuente: CM

Rob dice que su papel de Remember Me es "simplemente diferente"

De MTV News les traemos el siguiente artículo de Robert Pattinson:

En marzo, Robert Pattinson estará llegando a la pantalla grande en drama romántico de "Remember Me". Pattinson sale de la sombra de su personaje de Twilight, Edward Cullen para interpretar a Tyler, un estudiante problema que lidia con una familia en tragedia cuando se enamora de una joven, Ally, interpretada por Emilie de Ravin.

Robert Pattinson in "Remember Me"

En un nuevo video que se posteó en el Facebook de la película, Pattinson discute su decisión de tomar el papel del rebelde adolescente de Nueva York. "Inicialmente, me acuerdo leyendo el guión y pensando...um.. me gustó el diálogo y el material" dijo. "Era simplemente diferente"

Pattinson, que más tarde tomará su papel como Edward en "Eclipse", agrega que Tyler tiene un cierto factor sobre él , que no ha visto en otros papeles masculinos en las películas actuales. "Parece que de muchas maneras los personajes principales en otras películas, cuando hay un chico joven que es el líder,siempre parece un navío, siempre tiene que ser tan ingenuo y ridículamente inocente para que la audiencia pueda sentir con él la historia" explicó. "Tyler no se siente así. Él era un personaje muy específico."

En una plática reciente con MTV News, Emilie de Ravin habló sobre su conexión instantánea con Pattinson. "Volé a Nueva York para hacer la prueba con Rob y nosotros inmediatamente nos juntamos y tuvimos una gran química, lo cual no es una cosa fácil de tener" dijo ella. "Obviamente estás actuando, pero tu quieres tener esa conexión con ese alguien. Nosotros la tuvimos".

En Warrior se aprende a competir, a hacerse hombre y a amar

Gracias a Hollywood Today les traemos el siguiente articulo

24q060gEl amor por el juego lo llevo a su camino de auto realización
Warrior es la llegada de un equipo muy competitivo de Lacrosse de una escuela. La película fue producida por Family Pictures LLC Production y fue dirigida por Michael F. Sears. Los productores ejecutivos fueron Mark Spizzirri, Martin Dugard, James Yount y James Patterson. La película la cual será para los cines o directamente para DVD tiene como protagonistas a Kellan Lutz, Ashley Greene, Gabrielle Anwar, Adam Beach, William Mapother y Aaron Hill.

Warrior se centra alrededor del jugador de Lacrosse, Conor Sullivan (Kellan Lutz) quien tiene su mundo cambia y es forzado a mudarse a una nueva escuela donde la competencia es severa y la rivalidad también. Cuando el padre de Conor, es asesinado después de que la familia se muda, Conor encuentra apoyo emocional en la relación con la hija de ser entrenador Brooklyn (Ashley Greene). La presión parece ser muy intensa y Conor comienza un camino de autodestrucción. El arriesga todo lo que ama incluyendo a Brooklyn y su posición en el equipo de Lacrosse. Conor es forzado a ir a entrenar a un campamento Nativo Americano, bajo la tutela de un viejo amigo de su padre y combatiente Sargento Mayor Duke Wayne (Adam Beach). Esta experiencia le abre los ojos a Conor hacia el verdadero significado de la perseverancia, competencia deportiva, convertirse en un hombre y amar…

viernes, 29 de enero de 2010

All You Need is Love


Buenas noches

Bella se levantó aturdida. Se sentía muy cansada, y los ojos le escocían, seguramente por haber llorado antes de dormir. Miró alrededor y se dio cuenta de que seguía en el cuarto de Edward, aunque se encontraba sola. Alterada, hundió su cara en una almohada y chilló con todas sus ganas. Se dio cuenta de que alguien la había tapado con las sábanas hasta el cuello, para que no quedase visible su cuerpo, y sonrió al darse cuenta lo caballero que podía ser Edward. Se estiró, sintiéndose enormemente feliz, y decidió levantarse y abrir las ventanas, ya que parecía que hacía un bonito día soleado. Cojeando, logró cumplir su misión, y cuando iba a volver a la cama, notó como la puerta de la habitación se abría, dejando al descubierto a un sonriente Edward, que traía una bandeja con el desayuno en las manos. Abrió la boca al ver el casi desnudo cuerpo de Bella y giró la cabeza rápidamente, con las mejillas sonrojadas. Dejó la bandeja a los pies de la cama y fue hasta su armario, de donde sacó una camiseta la cual entregó a Bella, sin mirarla.

—Gracias Edward… —murmuró esta, avergonzada mientras se la ponía rápidamente—. No hacía falta que te molestases, lo digo por el desayuno.

Edward sonrió, mirándola de nuevo.

—Me apetecía preparártelo, además, tu ya habías cocinado para nosotros, ahora me tocaba a mí. Y dime, ¿has dormido bien?

Bella asintió, mientras se sentaba en la cama, poniendo la espalda en la pared e indicándole a Edward que se sentase a su lado. El chico le hizo caso, y le puso la bandeja sobre las piernas. Había de todo, tostadas, fruta, cereales, zumo, huevos, chocolate caliente y café.

—No pretenderás que me coma todo esto, ¿verdad? —Bella no había visto nunca un desayuno tan abundante, y eso que se había criado con Emmett, que comía como dos personas juntas. Edward rió suavemente.

—La verdad es que esperaba que me dejases compartirlo contigo. Pero si prefieres estar un rato a solas lo entiendo —dijo encogiéndose de hombros.

—No digas tonterías anda, es genial que pasemos el tiempo juntos. Ahora me doy cuenta de lo que te he echado de menos —contestó Bella cariñosamente, mientras le acercaba la comida para que cogiese—. Y dime, ¿no has recibido golpes esta noche? Suelo ser una estupenda pateadora cuando duermo.

—No, todo ha estado en orden, no estoy magullado. Pero he de reconocer que es interesante dormir contigo —Bella levantó una ceja, mientras él soltaba risitas—. Bella, hablas cuando estás dormida, no sé si lo sabías.

La joven lo miró horrorizada, Claro que era consciente de que hablaba en sueños, se había metido en muchos problemas por ello. No se acordaba de haber soñado nada aquella noche, pero aún así, rezó porque no hubiese hecho algún comentario sobre él.

—Sí, lo sé. Es por lo que no tengo secretos con nadie ya que basta que la persona implicada me vea dormir para que se entere. Una vez Emmett le compró un collar precioso a Rosalie, como regalo de aniversario. Me pidió opinión y que no le dijese nada, era una sorpresa. Aquella noche dormí con Rose y Alice, y murmuré algo como “Emmett, creo que es perfecto, Rose se va a morir cuando lo vea.” Ellas me escucharon y se emocionaron pensando que le iba a entregar un anillo de compromiso. Sin embargo, Rose empezó a pensarlo y acabó convencida de que no se veía preparada, y no supo cómo afrontarlo, no quería estar a solas con Emmett para intentar evitarlo. Se lió una buena cuando todo quedó aclarado… Desde entonces, no suelen contarme nada, o si lo hacen, procuran que duerma en mi propia casa —Bella suspiró, mientras Edward se reía animadamente. Estaba tan guapo, con su pijama adherido a cada centímetro de su tonificada piel, el pelo desordenado y las mejillas coloreadas que perdió la noción de lo que estaba diciendo. A los segundos recobró el sentido, y sacudió la cabeza—. Dime que no conté nada comprometedor.

—Sólo dijiste que no necesitabas mas vestidos, parecía que tenías una conversación con Alice. Después murmuraste algo sobre que querías un poni azul, y que te ibas a caer si lo montabas —no sabía si debía comentar lo que había dicho sobre él, pero presentía que Bella se avergonzaría a un nivel demasiado alto. Sin embargo lo estaba mirando con ojos inquisidores, como si fuese consciente de que había más. Suspiró y eligió las mejores palabras—. Y por último, le dijiste a Rosalie que creías que yo era sexy y que olía bien. Pero no te avergüences por favor —añadió al ver como la chica bajaba la cabeza y se tapaba las manos con la cara rápidamente—. Mira, para que estemos en paz, te puedo decir también que me pareces sexy y que hueles bien.

Ella lo miró como si estuviese diciendo que se acababa de desatar la Tercera Guerra Mundial. “¿Ha dicho lo que creo que he oído? ¿Tanta pena le doy que se inventa esas cosas para que me sienta mejor?”

—Mira Edward, no hace falta que intentes subirme el ánimo, no lo necesito. Y siento mucho haber dicho esas cosas, no sé lo que debiste de pensar… —la cara de Bella no podía estar más roja, había hecho el ridículo de una forma estrepitosa. Seguramente se habría reído de ella cuando escuchó todo eso.

—Bella, no intento subirte el ánimo. Te lo he dicho de corazón, eres una mujer maravillosa, muy guapa y que huele bien, te lo aseguro —se rió, acariciando el cabello de la chica—. Y cuando dijiste esas cosas de mí, pues no sentí nada, estoy tan acostumbrado —bromeó, señalando con las manos su cuerpo y poniendo una cara seductora que resultó muy cómica. Bella rodó los ojos, y él se rió con más fuerza—. Era broma tonta, realmente, al principio me quedé de piedra porque no me lo esperaba, y después, simplemente no me creí que pensases eso de mí.

Bella le miró atentamente, buscando algún atisbo que le indicara que estaba mintiendo, pero no lo encontró. O decía la verdad, o era muy bueno en esto.

—Edward, ¿cómo que no te lo creíste? —no podía entenderlo, él era el hombre más guapo que había visto en toda su vida. Pensó en decírselo, pero posiblemente sonase un poco exagerado, aunque fuese la cruel realidad. Además, no soportaría la vergüenza—. Creo que no te has mirado en el espejo —fue lo único que pudo decir.

—Tengo la misma impresión acerca de ti —contestó, guiñándole un ojo.

De pronto, la puerta de la habitación volvió a abrirse dejando a la vista a un pequeño Seth en pijama, abrazando un peluche con una de sus pequeñas manitas y frotándose los ojos con la otra.

—Bella, ¿por qué estás en la cama de mi papi? —preguntó, acercándose. Edward alargó los brazos y él corrió hacia ellos, saltando encima de la cama. Bella no sabía que responder, por lo que miró a Edward, el cual estaba tranquilo.

—Seth, Bella ayer no podía dormir, como te pasa a ti a veces. Entonces pensé que lo mismo también le tranquilizaría si se acostaba aquí y así fue, ha dormido toda la noche sin despertarse, como tú. ¡Quizás la cama tenga poderes y no lo sepamos! —explicó Edward, besando al pequeño. Este se rió, y se movió hasta quedar en medio de los dos—. Dime Seth, ¿tienes hambre? Hoy tienes permiso para desayunar en la cama con nosotros.

El niño sonrió entusiasmado y empezó a comer, sumido en sus pensamientos, como hacía constantemente.

Cuando terminaron recogieron e hicieron la cama. Bella quería ir a su casa a darse una ducha, además de que quería hablar con sus amigas acerca de lo ocurrido la noche anterior, por lo que se despidió, dando las gracias por todo.

Edward y Seth, que se habían levantado bromistas insistieron en acompañarla hasta su casa para que no le ocurriese nada por el camino, como si viviese a varias manzanas.

Nada más irse los dos, Bella se dirigió al cuarto de baño para darse su tan merecida ducha. Intentó poner en orden sus pensamientos debajo del caliente chorro de agua, pero fue inútil. Pensó que si su vida sentimental seguía tan complicada, tendría que pedir cita para su psicólogo favorito, Jasper. Por raro que pareciese, Bella iba a la consulta de este muy a menudo. Cada vez que tenía una preocupación iba y se desahogaba con él. Habían construido a lo largo de los años una relación muy sólida, más profunda de lo que los otros se podían imaginar. Sabía que si le contaba que estaba empezando a sentir cosas por Edward se lo callaría, y jamás comentaría nada, hasta que Bella decidiese hacerlo público. Se dio cuenta de que verdaderamente necesitaba hablar con alguien antes de que se volviese loca, por lo que le mandó un mensaje a Alice.

Alice, código rojo. Nos vemos en una hora en el sitio de siempre. Bella.

Después cambió el nombre de su amiga por el de Rosalie y se lo mandó a esta. Mientras elegía la ropa llamó al trabajo de Jasper, donde obviamente no había nadie, por lo que dejó un mensaje en el contestador.

—Kate, soy Bella Swan. Llamaba para que avisases al señor Hale de que esta semana iré a consulta, ya sabes, el lunes a la hora de siempre. Si hay algún problema, llámame.

Se vistió todo lo rápido que pudo y salió de su casa, dispuesta a coger un taxi. Por fortuna, había uno estacionado cerca de su edificio, por lo que no tardó en llegar al café donde había quedado con sus amigas, un lugar pintoresco, pero precioso. Dentro reinaba un ambiente íntimo sobrecogedor, siempre estaba oscuro, pero se podía ver sin problema gracias a las miles de lucecitas, parecidas a las de los árboles de navidad, dispuestas por todas las paredes y a las velas que había en las pequeñas mesitas de té. Se sentó en uno de los cómodos sillones que rodeaban a estas, y esperó a sus amigas, que no tardaron en llegar.

—Bella, ¿a qué viene tanta prisa? —preguntó Rosalie, a modo de saludo. Llevaba un atuendo deportivo y el bonito cabello recogido en una cola alta—. Tenía pensado ir al gimnasio y no me ha dado tiempo cambiarme- se excusó.

—Rose, estarías guapa hasta con ropa de mendigo, así que no te preocupes por venir en chándal —rió Alice—. Pero no cambiemos de tema, Bells ¿qué es lo que ha pasado?

Mientras esta buscaba palabras con las que relatarles a sus amigas los acontecimientos, una camarera se acercó a ellas para anotar sus pedidos.

—Tres capuccinos por favor —sonrió Bella, y cuando la chica se fue, inspiró y comenzó su historia—. Veréis, anoche le dije a Mike que necesitaba tiempo —las caras de Rose y Alice cambiaron inmediatamente de la intriga a la sorpresa, para acabar representando la confusión.

—Pero, ¿por qué? ¿Qué es lo que pasó? —quiso saber una muy perspicaz Alice.

Bella dudó, no sabía que era mejor, si contarles el motivo real por el que habían discutido, o solo ceñirse en datos más superficiales. Acabó dándose cuenta de que sus amigas acabarían descubriéndola, se darían cuenta de que había piezas que no encajaban y le exigirían la verdad. Muerta de vergüenza se dispuso a ser sincera.

—Todo pasó muy rápido. Me acompañó a casa, no sin antes tener un roce con Edward por una tontería, ahí me di cuenta que no le caía especialmente bien. Bueno, ahí no, fue en tu casa Rose, Edward me había dado un beso en la frente y Mike que estaba atrás pensó otra cosa, pero eso no tiene importancia ahora. Total, que entramos en casa y… ya sabéis, nos pusimos cariñosos —sus amigas asintieron, sin la menor idea de por dónde irían los tiros—. Pues cuando estábamos en el momento cumbre, yo… Joder, es complicado decir esto —murmuró mirando su taza de café—. Resulta que se me escapó el nombre de tu hermano mellizo, Alice.

Unos chillidos tremendamente agudos salieron de la garganta de esta y de la de Rosalie, estaba claro que no se esperaban para nada eso.

—¡¡BELLA!! ¡Eso es tremendamente fuerte! —Rosalie estaba intentando contener una carcajada, todo aquello le parecía demasiado inverosímil—. ¿Qué pasó después?

Bella relató su discusión, y por raro que pareciese ninguna de las dos la interrumpió, estaban ansiosas por conocer el resto de la historia.

—Vaaaya —murmuró Alice, con los ojos vidriosos, mirando las luces, absorta en sus pensamientos por unos segundos para acto seguido sonreír abiertamente—. Bells, eso sólo puede significar una cosa, ¡te gusta mucho mi hermano!

Rosalie soltó un bufido.

—Alice, ¿y a quién no le va a gustar? Pero esto va más allá, Bella nunca se ha sentido atraída de esa forma por nadie…

—Bueno, dejad de cavilar y ayudadme. Necesito saber qué va a pasar con mi vida a partir de ahora. ¿Qué hago? Mike trabaja conmigo y va a ser muy incómodo… Además, estoy pensando el pedirle perdón y volver con él —añadió susurrando. Sus amigas le pegaron respectivamente un pequeño coscorrón.

—¿¿Estás loca?? ¿¿Después de las incoherencias que dijo?? —gritaron a la vez.

Rosalie carraspeó y prosiguió hablando

—Bella, dime por lo que más quieras que no ves mejor partido a Mike que a Edward.

La aludida puso los ojos en blanco.

—Rose, ¡ya sé que son incomparables! Pero esa no es la cuestión, la cosa es que con Mike sé que puedo tener una relación, que quizás no será la más perfecta del mundo, pero está ahí, existe. Con Edward no tengo nada, sólo somos amigos, jamás querrá algo más que eso. No puedo ir por la vida junto a vosotras, que tenéis todo resuelto, con hombres maravillosos que os hacen sonreír a cada segundo, sin nadie a mi lado. No, no puedo, me afectaría demasiado. Sé que la cosa con Mike no va a ir más allá de lo que ya teníamos, porque sinceramente, no quiero compartir mi vida con él por el momento, pero al menos me quiere y me respeta —sentenció Bella, y vio como sus amigas la miraban apenadas.

—Cariño, nosotras simplemente hemos encontrado antes a ese alguien, es pura suerte. Eso no significa que a ti no te vaya a pasar. Quizás Rose y yo seamos de las pocas que se enamoran solo una vez, y que dura para toda la vida, pero no es lo corriente. La gente suele equivocarse en el amor, probar con cosas nuevas hasta que encuentran lo que buscan. Jamás estarás sola porque no lo permitiremos, como tampoco permitiremos que desaproveches la oportunidad de estar con Edward simplemente porque te da miedo el rechazo. Además, has de saber que mi hermano es demasiado caballeroso para eso, posiblemente se casaría contigo aunque él no quisiese, únicamente para ver que eres feliz —se rió Alice, bromeando—. Si hay alguien que jamás, repito, jamás te haría daño, sin duda es Edward Cullen.

El Doctor sexy —añadió Rose, mientras asentía con la cabeza—. De verdad, sé que no viene al caso, pero tiene que estar tremendo con toda la indumentaria. Ojalá tenga un hijo pronto, necesito un pediatra.

Las tres amigas se rieron, conocían demasiado bien a Rosalie como para extrañarse por ese tipo de comentario. Su amor y pasión por Emmett estaban a un límite jamás sobrepasado por algún humano que Bella conociese, pero eso no le impedía que disfrutase de lo que sus ojos le regalaban.

—Bella, no puedes volver con Mike, por favor —lloriqueó Alice—. Imagínate qué pasaría si acabaras con Edward, ¡seríamos todos familia! Cuñadas Bella, piénsalo.

—Alice, te veo todos los días, si tengo que considerar a alguien familia, dejando al lado a mis padres, sería a vosotros. No necesito casarme con tu hermano para eso —dijo, poniendo los ojos en blanco de nuevo.

—¡¡Bieeeeen!! ¡Rose, hemos conseguido que hable de boda! —chilló una demasiado emocionada Alice, mientras las otras reían.

—Sí, ¿por qué no hablar de boda? Mira, ayer me pidió compromiso —comentó Bella, haciéndose la nerviosa, mientras les enseñaba a sus amigas su mano izquierda, desnuda de cualquier anillo—. Es enorme, ¿verdad? Alice, espero que empieces a preparar la fiesta, ¡nos queda muy poco tiempo!

Rosalie reía, mientras Alice la miraba con cara de enfadada, según ella, no se podía bromear con esas cosas. Siguieron hablando animadamente, intentando convencer a Bella para que pasase página y conspirando acerca de la mejor forma con la que acercarse a Edward. Pasó el tiempo demasiado rápido, como siempre que estaban juntas. Alice insistió para que la acompañasen de tiendas, ya que según ella necesitaba renovar el contenido de su armario.

A Bella no solía gustarle ir de compras, pero aquella vez se lo pasó demasiado bien, tambaleándose de tienda en tienda, como si estuvie borracha. Incluso aceptó a comprarse un bonito vestido, para la inauguración del local de Emmett, que sería en unas semanas.

—Sólo espero que pueda andar sin muletas para entonces —suspiró, mientras mostraba a sus amigas como le quedaba aquella prenda.

—Siempre puedes pedirle una revisión a tu médico de confianza, ¿no? —sugirió Rosalie, y todas volvieron a reírse a carcajadas—. Bella, te queda precioso, sin duda es El Vestido.

También pasaron por tiendas de ropa infantil, llenando cientos de bolsas con regalos para Seth.

—Espero que le guste todo, realmente quiero hacerme amiga suya —comentó Alice, mientras caminaban hacia un puesto de perritos calientes, con las barrigas sonándoles. Comieron tranquilamente, sin hablar demasiado, las tres estaban tan cansadas que ni les importó sentarse en un banco que parecía sucio. Al acabar, se dirigieron dificultosamente a sus coches, que quedaron llenos de las pesadas compras.

Alice llevó a Bella hasta su casa, según ella era innecesario que cogiese un taxi pudiendo ella transportarla a donde quisiese.

—Además, ¡quiero ver a mi sobrinito! —sonrió, contenta. Ambas metieron las adquisiciones de Bella y los regalos para Seth en el ascensor, y subieron a la planta de esta. Después de colgar la ropa para que no se arrugase excesivamente, se encaminaron a la casa de Edward cargadas hasta arriba, realmente se habían pasado comprando cosas para el pequeño. Llamaron al timbre y esperaron pacientemente a que abriese alguien, pero como nada sucedía Alice llamó de nuevo, esta vez dándole varias veces.

—¡¡Un segundo, ahora mismo abro!! —gritó Edward desde dentro.

Eddie, soy yo, Alice, vengo cargada de cosas para tu hijo, así que ábreme rápido por favor —vociferó nerviosa su hermana, Bella la conocía bien y sabía que odiaba esperar. Supuso que él también había recordado esto, porque la puerta se abrió de pronto, mostrando a un Edward semidesnudo, con una toalla por la cintura y el cuerpo, y el pelo mojado. Bella abrió la boca, jamás había visto algo tan bello.

—Alice, no vuelvas a llamarme eso —le reprochó, mirando enojado a su hermana—. Estaba duchándome y Seth vino a decirme que estaban llamando. Le tengo prohibido que abra la puerta por lo que tuve qu… —se quedó callado cuando descubrió que Bella estaba allí, intentando pasar desapercibida mirando hacia las escaleras con la cara escarlata. Se dio cuenta de su desnudez y se sonrojó notablemente también, le daba igual que Alice le viese así, pero Bella era otra historia—... Ahora mismo vuelvo, voy a cambiarme. Pasad y poneros cómodas —murmuró, avergonzado y corrió hacia dentro, en dirección a su cuarto.

—Bien, esto empieza a ser emocionante —comentó Alice, con una sonrisa maliciosa—. Vamos Bells, necesito soltar todo esto.

Entraron en la bonita casa, y depositaron las bolsas en el suelo del salón.

—Seth, ¿estás por ahí? Soy tía Alice —gritó, mirando en todas direcciones—. Oh, vamos, ¡si hasta te he traído regalos! —al decir esto la cabecita del niño apareció por la puerta, con una mirada cauta y una pequeña sonrisa—. Vamos cariño, que ni Bella ni yo mordemos.

Al fin consiguieron que se acercara lentamente hasta ellas, sentándose en uno de los sofás. Alice corrió a su lado, desplomándose en el suelo con una encantadora sonrisa. Fue cogiendo una a una las bolsas, entregándoselas para que viese su contenido. Parecía entretenido y feliz, nadie le había regalado nunca nada, sólo Edward.

—¡Y ahora el turno de los regalos de Bella! —Alice le indicó que fuese hasta su amiga. Seth se levantó encantado, le gustaba mucho Bella y que le hubiese comprado cosas significaba mucho para él. La chica le sonrió y abrió sus brazos para abrazarlo, cosa que a él no le molestó.

—Como has visto, Alice es la encargada de comprar ropa, por lo que yo he tenido que buscar otra cosa que te guste. Espero haber acertado —le susurró al oído, haciéndole cosquillas. El pequeño cogió los paquetes que quedaban y empezó a abrirlos, ansioso. Se quedó con la boca abierta cuando vio que todo eran películas y cuentos, sus dos pasatiempos favoritos. Bella y Alice se sonrieron, satisfechas por su reacción, cuando justo en ese momento Seth empezó a llorar escandalosamente. Bella se horrorizó, y corrió a abrazarlo de nuevo—. Cariño, pensé que te gustaría, mañana mismo podemos ir a descambiarlo todo si quieres, pero no llores por favor, vas a ponerme triste —Seth la miró, con sus ojos surcados de lágrimas y el corazón encogido. Bella jamás se había sentido tan desgraciada, odiaba ver a aquella cosa tan diminuta llorar con tanto sentimiento—. Cuéntame que ocurre por favor —pidió, empezando a llorar ella también.

—Es sólo que… Que yo no me merezco nada de esto. Soy malo —susurró él, mirando al suelo. Bella le dirigió una rápida mirada a Alice, que estaba paralizada, sin saber qué hacer o decir. Suspiró y apretó a Seth contra su pecho.

—Seth, déjame que te diga una cosa, tanto como para mí, como para los demás, eres el niño más simpático y bueno que conocemos. ¿No te has dado cuenta de que cuando estas triste todos los que están a tu alrededor también se ponen así? Si fueses malo de verdad nos daría igual como te sintieses, pero no es el caso. Has visto como he llorado sólo porque tú lo hacías, o como tu tía Alice se ha quedado sin palabras cuando te has puesto así, ¡y ella jamás se calla! —poco a poco, estaba consiguiendo que se calmase, al menos ya no lloraba, se dedicaba a hipar—. Y tu padre, tu padre te ama Seth, sólo consigues que se sienta terriblemente mal cuando te sientes desgraciado. ¿Acaso a ti te gustaría que él llorase? —negó con la cabeza, y levantó la vista, dejando al descubierto sus preciosos ojos verdes, ahora enrojecidos—. Pues entonces, intenta ser un poquito feliz, nadie aquí quiere hacerte daño, jamás lo permitiríamos, ¿entiendes? Y créeme que cuando seas malo, es decir, cuando hagas una travesura propia de tu edad, nos encargaremos de castigarte, por ejemplo, yendo de compras con Alice, o teniendo que aguantar un día entero a Emmett. De verdad que no hay peores castigos que esos —añadió, rodando los ojos y consiguiendo que el niño se riera. Le secó las lágrimas y besó sus mejillas sonrojadas, depositándolo en el suelo—. Ahora elige una película y la pondremos, estoy segura de que a tu padre no le importará.

—Por supuesto que no —sonrió el aludido, entrando en la habitación ya vestido con unos simples pantalones vaqueros desgastados y un jersey rojo—. Veo que ya estáis malcriando al pobre, os ha faltado tiempo, ¿verdad?

Alice se levantó de donde estaba corriendo y fue a abrazar a su hermano y así evitar que se diese cuenta de que su hijo había estado llorando, no le apetecía volver a verlo triste.

—Hermanito, ¡no me cansaré de verte cada día nunca! —suspiró, agarrada al cuello de Edward, el cual reía animadamente.

—Ni yo mi pequeña Alice, te he echado demasiado de menos. ¿Qué tal si me acompañas a hacer palomitas mientras Bella y Seth eligen qué ver? —sugirió, agarrando a su hermana por la cintura, que asintió rápidamente, contenta de que su plan hubiese salido bien y de estar con su mellizo. Juntos se alejaron, dejando a los otros dos hablando animadamente de las películas. La tarde pasó deprisa, y Alice finalmente se despidió, alegando que había sido el sábado más perfecto de su vida, cosa a la que Bella no le echó mucho caso ya que decía lo mismo cada día.

—Bella, ¿quieres quedarte a cenar? —preguntó nervioso Edward, después de que Alice desapareciese por la puerta principal.

—Claro, me encantaría. Pero tengo una idea, ¿por qué no venís a mi casa? Hemos pasado la tarde aquí, me lo debéis —comentó guiñando un ojo. Era muy divertido tener como vecinos a Edward y a Seth, podía estar con ellos siempre que quisiese, sólo tenía que andar un pequeño pasillo y llamar al timbre. Pensó que era la mujer más afortunada del mundo, por tener a dos ángeles como esos a unos metros de ella.

Abrió la puerta de su casa y dejó que pasasen primero ellos, cosa que hizo rechistar a Edward, siempre tan galán. Este se enamoró inmediatamente de aquel lugar. “Es tan Bella…Nada ostentoso, simplemente cosas bonitas y sencillas.” Pensó distraídamente, viendo cada detalle decorativo. Bella les enseñó el resto de la casa, y se quedó boquiabierto al ver la fotografía en la que él salía con ella el día de la pintura al aire libre.

—No sabía de la existencia de esto —comentó divertido, señalándola con la cabeza. Seth se fijó en ella y rió, le hacía mucha gracia pensar que su padre en algún momento de su vida había sido un niño, como él.

—Me la envió Esme, me gusta teneros a todos cerca, en mi pasillo —Bella se sonrojó, y Edward se dio cuenta justo en ese momento que todo lo que le había dicho hasta ahora era cierto, que para ella él siempre había sido uno más, aunque estuviese lejos. Su corazón se le expandió, ocupando todo su pecho y haciéndolo enormemente feliz. Sonrió con todas sus ganas y siguió a la chica, que quería enseñarles su pequeño espacio de trabajo. Miró asombrado el equipamiento del lugar, aquello tenía que haberle salido por una fortuna, aunque claro está, su trabajo debía de estar muy bien pagado.

—Bella este sitio es fantástico. Me encantan todos estos anuncios antiguos, me sorprendió cuando Alice te trajo uno de París, no entendí porque te emocionantes tanto, pero ahora veo cuál es tu debilidad. Si lo hubiese sabido, te habría comprado uno en Londres —añadió, mirando alrededor de la habitación. Bella le dirigió una sonrisa, y los guió a la cocina, donde se puso manos a la obra en un abrir y cerrar de ojos.

—¿Qué os parece una lasaña? —sugirió, era una de sus especialidades y quería ganarse la admiración de ambos.

—La lasaña es perfecta —Edward se encaminó hasta donde estaba ella—. Déjame ayudarte, por favor.

Bella repartió el trabajo entre los tres, dejando las cosas más sencillas para Seth, que estaba muy emocionado por el hecho de que le dejaban participar en algo para mayores. Terminaron rápido, debido a que eran seis manos que trabajaban con destreza. Pusieron la mesa allí mismo, en la cocina, ya que era muy agradable estar en ella debido al calor que desprendía el horno. Era finales de Noviembre y en Nueva York hacía bastante frío.

—Bella, está buenísima. Cocinas genial, papá también sabe, pero casi nunca tiene tiempo —contó Seth, con sus pequeñas piernecitas colgando de la alta silla.

—No te preocupes cariño, aunque yo tampoco suelo tener mucho tiempo, me encanta cocinar, por lo que cada vez que lo haga te prometo que os traeré un poquito —sonrió Bella, que acababa de terminar su plato. Se levantó y buscó una mouse de limón que había hecho hace poco—. A ver si os gusta, es algo experimental, así que tened cuidado —rió al ver como aquellas preciosas caras la miraban, con la preocupación pintada en ellas—. ¡Es broma, es broma! Siempre me ha salido muy bien este postre, no creo que tengáis ningún problema al digerirlo.

Indecisos se miraron entre ellos, y hundieron la cuchara en su respectivo recipiente, preparados para degustarlo.

—Te has superado —suspiró Edward, cuando ya hubo ingerido una pequeña porción, relamiéndose los labios—. Acabas de ganar un punto Bella, uno muy importante.

Bella se rió, gracias a Emmett ya sabía que se podía ganar el corazón de un hombre cocinando. Pasaron el resto de la velada contando historias divertidas del pasado, haciendo que a Seth le costase cada vez menos soltar sus sonoras carcajadas, pero a las doce de la madrugada se le empezaron a cerrar los ojos, por lo que Edward lo cogió en brazos, dirigiéndole una mirada apenada a Bella.

—Creo que será mejor que volvamos a casa antes de que se duerma profundamente y sea imposible el ponerle el pijama —suspiró, realmente no deseaba marcharse, pero quería hacer las cosas bien.

—La próxima vez podéis venir con él directamente, eso facilitaría las cosas —rió Bella—. A menos que os dé vergüenza caminar desde vuestra casa a la mía con la ropa de dormir.

—Correremos el riesgo —sonrió Edward, andando hacia la puerta—. Buenas noches, Bella. Gracias por todo, ha sido una cena maravillosa —se acercó y le dio un leve beso en la mejilla, haciendo que tomase un delicioso color rosado.

—Buenas noches Edward, yo también me lo he pasado muy bien. Ten cuidado al cruzar la calle —susurró entre risitas, y se quedó mirando como el joven llegaba hasta su puerta y la cruzaba, despidiéndose con la mano. Lo imitó e ingresó en su vivienda, recostándose durante unos segundos en la puerta. Estaba feliz por haber compartido tanto tiempo con él, no sabía cómo había podido vivir toda su vida sin ese tipo de felicidad. Se fue cojeando hasta su habitación, se puso el pijama, que esta vez consistía en pantalones largos y una camiseta de mangas cortas con el emblema de la Universidad en la que había estudiado, la de Columbia, que le quedaba demasiado grande. Estaba acurrucada entre las suaves sábanas, echando de menos la presencia de Edward cuando de su móvil empezó a salir la canción que había asignado para los mensajes de texto recibidos. Alzó la mano para alcanzarlo y rió al leer el contenido.

Bella, te escribo para que sepas que hemos llegado ya a casa, hemos tardado poco, lo sé, pero es que el tráfico estaba tranquilo. Gracias de nuevo por la cena y por tu compañía. Que descanses. Intenta no hablar en sueños, guárdatelo todo para cuando vuelvas a dormir conmigo. Edward.

Nerviosa lo releyó varias veces, incapaz de entender que Edward le hubiese insinuado que quería volver a dormir con ella. Se removió en la cama, incapaz de conciliar el sueño, no después de aquello. Se sobresaltó cuando escuchó que sonaba el timbre. “¿Quién podrá ser? Oh Dios mío no, no... Que no sea Mike, por favor” Rezó, mientras corría hasta la puerta. Aspiró fuertemente antes de abrir, cogiendo fuerzas, y cuando finalmente decidió hacerlo, dio gracias al cielo, ya que no era Mike, sino de nuevo Edward. Estaba sonrojado, y llevaba su pijama puesto, que consistía en un pantalón de algodón negro, algo ancho, y una camiseta de mangas cortas gris, que se ceñía a su torso de Dios Griego.

—Edward, hace siglos que no sé nada de ti, ¿cómo te ha ido la vida desde entonces? —Bella intentó bromear y el chico le sonrió, feliz de que no pareciera molesta por ser tan pesado.

—Espero no cansarte, parece como si te acosara —rió de nuevo, nerviosamente—. Pero es que he caído en la cuenta de que aún tengo esto —alzó su mano, donde tenía las llaves de Mike—. Se me había olvidado dártelas y cuando las he visto, me dio miedo que pensaras que me las había quedado queriendo. De verdad que no las recordaba.

Bella lo miró, sonriente.

—Edward, no he pensado nada de eso, ¡ni siquiera me acordaba de ellas! —dijo, siendo totalmente sincera—. Creo que la mejor idea es que te las quedes, así si pierdo las mías sabré que al menos podré dormir en mi cama esa noche —Edward volvió a sonrojarse, Bella no recordaba haberlo visto tan tímido, aunque quizás tuviese del mismo tono que cuando se dio cuenta de que estaba medio desnudo delante de ella.

—¿No te importa que tenga las llaves de tu casa? —susurró, pasándose la mano por el cabello y haciendo que Bella sonriese.

—Para nada, es más, puedes utilizarlas cada vez que quieras. No hace falta ni que llames al timbre, siempre serás bienvenido —notó como los ojos de Edward empezaron a brillar, aunque no entendía muy bien el porqué.

—Gracias… —volvió a susurrar, no sabía por qué no hablaba en un tono más elevado, aquellos murmullos la estaban volviendo loca, lo hacían irremediablemente sexy. Vio como Edward se aproximaba a ella, acortando poco a poco la distancia que existía entre ambos. La tensión era palpable, y a Bella le temblaban las rodillas, tenía al mismísimo protagonista de sus sueños más inconfesables a escasos milímetros. Sus narices rozaron, y no se atrevieron a mirarse a los ojos, sabiendo que caerían en brazos del otro en cuestión de segundos si lo hacían. Pegó su cuerpo al de ella, dejándola con la espalda pegada a la puerta y notando tanto sus latidos frenéticos, como los de él, que iban a la misma velocidad. La mente de Bella trabajaba a un ritmo vertiginoso, no sabía que estaba ocurriendo entre ellos, pero el erotismo cada vez era mayor, y ni siquiera se habían besado, ni acariciado el uno al otro, ni nada. Jamás se había sentido así de confusa, no era posible que él despertase todo ese deseo en ella, era algo de locos, si unas semanas atrás le hubiesen dicho que todo esto sucedería, posiblemente se habría echado a reír. No supo cuanto tiempo estuvieron así, con el cuerpo de él pegado al suyo, sintiendo su masculinidad y escuchando el descompasado sonido de su respiración, que pasó a convertirse para ella en el sonido más maravilloso del mundo, después de su armónica risa y su aterciopelada voz. Demasiado pronto bajo su criterio, Edward retrocedió inseguro, parecía que no entendía ni sus propios actos, ni las consecuencias de estos en la salud psíquica de la chica.

—Buenas noches, Bella —dijo con una voz casi inaudible, y se dio la vuelta, dejando a esta perpleja. Necesitaba aclarar sus ideas y sentimientos, por lo que volvió de nuevo a su lecho, consciente de que esa noche dormiría poco. Y así fue.

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Chicas chicas disfruten el capi esta de lo mas Yeah!!! Dios...yo estaria igual que bella con un Edward al lado jajajaja XD....besos