lunes, 25 de abril de 2011

Entre el Amor y la Guerra



Sumario:

Ella se encontró con el futuro de su clan en sus manos. Siendo una niña apenas, tuvo que comportarse como mujer y ganarse el respeto de los hombres poderosos, en un mundo donde la mujer era moneda de cambio. Pero tenía unas cuantas cosas bajo la manga para conseguirlo.

Él sabía su obligación pero entre ejecutarla y aceptarla había un gran espacio. Y en ese espacio se clavo ella. Una mujer que no era más que una niña y que además en sí se comportaba como niño. Con toda su vida complicada cometió errores que le llevaron a perder mucho.

Solo una cosa simple y sencilla podrá devolverle todo lo que quiere él en su vida.

Una cosa sencilla y simple llamada amor.

¿Serán suficientes sus intentos?


Nota de la autora: este fic contiene escenas explicitas de violencia, sexo y lenguaje que podría herir la sensibilidad de las personas, se recomienda discreción y una mente abierta.

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Epilogo


Nueva York, 1650


Marie Isabel Cullen pov


-vamos hija, ese muchacho es perfecto, es guapo, rico, de familia respetable, no veo por qué no quieres aceptar su cortejo- me reprendió mi madre entrando al desván.


Después que dejara a Roberto de pie y con la palabra en la boca, cansada de sus desplantes y aires de todo poderoso.


-es un presumido, como las demás lo persiguen cree que me va a apantallar con su sonrisa de lado y sus ojos verdes y su cabello rubio su, su… ay mama si me gusta pero… no sé, no parece ser de los hombre que se dan a una sola mujer. Nada mas míralo en las fiestas, siempre está rodeado de mujeres… parecen moscas alrededor de la miel... oye ¿Quién es ella? Se parece mucho a mi- dije sacando un cuadro con el retrato a lápiz de una mujer.


-no sé, déjame ver- dijo mi madre, saco el dibujo y leyó la inscripción detrás- es Isabella Swan, Isabella Cullen, la abuela de mi abuela. ¿Qué más hay en esa caja? ¿De dónde la sacaste?- pregunto.


-vino entre las cosa que trajo mi abuelita de la casa de Toscana- dije


-bueno aquí hay un pergamino, déjame leértelo- dijo mientras desenrollaba un papel.


Leyó en voz clara y alta.


“Isabella Marie Swan, hija de Charlie Swan y René Swan. Se caso con Edward Cullen a los 16…” leyó y a cada palabra que decía yo me asombraba más. Esa mujer hizo cosas que ninguna mujer su época o la mía habría pensado siquiera. Esa mujer fue increíble. Ahí estaba su historia completa.


-lo ves mama, no soy la primera de la familia en montar caballo, manejar el arco y el sable como hombre así que deja de pegar el grito en el cielo cada que lo hago- dije segura -además la tía Alice es toda una leyenda en el oeste- agregue.


-bueno tu tía Alice está loca y no te gustará como termina la historia de Isabella, deja sigo leyendo-


“Murió joven, a los 45 años, durante la invasión al país, pero los que la conocen mejor dicen que en sí murió de amor. Su esposo fue asesinado en batalla mientras lideraba el grupo de resistencia, murió a los 47 años, dejando a su esposa Bella Cullen, como todos la conocían, llorando por días.


Cuando ella supo que los barcos del enemigo estaban atracando en la costa de Toscana, lidero junto con su cuñado Emmet Cullen y su otro cuñado Jasper Hale la resistencia que su esposo dejara. No solo los llevo a la batalla sino que dejo al enemigo con nada en las manos, siendo la primera mujer en tomar las armas y llevar a su gente al triunfo.


Pero no todo fue felicidad. Pues durante la última y más grande lucha, ella a la cabeza de su grupo de jinetes recibió un corte en un costado. Si bien la herida no era mortal, se negó recibir ayuda hasta que todo rastro de invasores fuera eliminado de las Tierras Italianas. La espera en atenderse le provoco una infección severa que la tuvo en cama hasta que murió. Algunos dicen que no espero por querer derrotar al enemigo, creen que fue por alcanzar al amor de su vida. Los enterraron juntos en los jardines de la que fuera su casa en Toscana, pues de todas las casas que llegaron a tener esa era la favorita de ella.


En todas las tierras altas y bajas de Vulterra se supo su hazaña y hasta los últimos días de su clan fue vitoreada, bendecida, amada y venerada por cada habitante de ese país. Así como su esposo. Una leyenda antigua cuenta que en el aniversario de su boda se ven dos amantes caminando por la playa tomados de la mano y se pierden dentro del mar”


-vaya esa sí que es una historia- dije llorando.


-sí, lo es, mi abuela me contaba sus hazañas cuando era pequeña, creo que las olvide la crecer, pero tiene razón, fue la historia de amor más hermosa y trágica que jamás pudo haber, mi abuela decía que se amaban tanto que sus almas se fueron juntas y que fue tan grande su amor que seguramente renacieron solo para encontrarse de nuevo y amarse de nuevo porque una vida no les fue suficiente-


-¿sabes mama? tienes razón, no hay motivo para que no acepte los cortejos de Roberto, después de todo se parece al esposo de ella, mira este dibujo- dije mientras le pasaba otro cuadro.


-tienes razón, es muy parecido- dijo mama sonriendo.


-además si ella pudo llegar tan lejos siendo una niña, arriesgar todo por su familia, su clan y su amor, porque yo no podría arriesgarme un poco por el hombre… que amo…- dije apenas.


-Marie ¿estás enamorada de Roberto?-


-desde los 16, pero era tan inmaduro que preferí rechazar sus constantes intentos, pero ahora que ambos tenemos un poco mas de edad quizá le ponga un poco de interés en otro sentido, no sé mama, me arriesgare y espero que no me rompa el corazón-


-no te preocupes, si lo haces estoy segura que Jacob le parte la cara- dijo mama riendo.


-¿a quién le partiré la cara? ¿Y por qué?- pregunto mi hermano entrando en ese momento.


-A Roberto- dije


-¿Qué te hizo el imbécil de mi mejor amigo?- pregunto sin entender.


-nada aun, le romperás la cara cuando me rompa el corazón- dije abrazándolo.


-mejor aun hermanita, te enseñare a pelear como hombre y mientras yo lo sostengo tu le das- dijo despeinándome como cuando tenía 5 años y me jalaba el pelo hasta hacerme enfadar - aunque no creo que eso pase, el pobre esta que se cae de amor por ti y mira que te has hecho del rogar hermanita- dijo.


-¿y qué esperabas? Soy una Swan en el fondo- dije riendo mientras sostenía el retrato de esa gran mujer.


Desde ahora mi ejemplo a seguir.

Fin




De la Autora:

Al final de cada historia, lo único que importa es el amor. Y el de Bella y Edward fue tan grande que no se limito a una vida, Marie y Roberto fueron tan felices juntos y se amaron tanto que al igual que sus antepasados sus almas se fueron juntas. Y quien puede saber, tal vez tú seas Bella en esta vida y la persona a tu lado sea tu Edward.


Recuerda que la vida no se mide por las horas que respiramos, se mide por los momentos que nos roban el aliento…


Así que vive, ama, ríe...

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listo chicas, se ha terminado : ( con todo la pena se ha terminado....


pero ahora tengo una interrogante.....


¿que otro fic pongo en este espacio?




Tengo un fic mas de Sarha Cullen, pero quiero ponerlo cuando termine el que esta en carterlera ahora, nadie mas se ha ofrecido para dejarme subir sus fics, Nino Black esta de vacaciones y no tiene historias disponibles donde esta... les pregunto:


1.- ¿Dejo el espacio vacio hasta encontrar un nuevo fic?

2.- ¿Pongo otro de los mios (para no perder la costumbre) mientras consigo mas autoras?
3.- ¿Alguna de ustedes tiene un fic para subir aki? unico requisito: Terminado, tiene que estar terminado.


Avisenme en sus comentarios que hacemos. Besososososos y gracias por el apoyo a este fic, debo decir que aunque suene mal, fue uno de mis favoritos, aunque... todos lo son jajajajaja ; )
con Amor Alejandra Rivas ; )

domingo, 24 de abril de 2011

Entre dos tierras



Sumary:
Melisa llego a la vida de Edward, como un aire fresco, peleo por ella contra su propia naturaleza, la hizo su esposa, lucharon juntos defendiendo lo más amado para ambos, su hija. Pero tras 200 años… ¿se le acabo el amor? ¿Puede un ser eterno, cansarse de la eternidad?


Bella estaba destinada a morir… y murió. La vida como la conoció cambio por completo dándole una perspectiva completamente diferente de lo que la existencia significaba. Se convirtió en el destino de un hombre y la familia de este pero… ¿será capaz de convertirse en el proceso en la otra?


Edward estaba destinado a ella… solo que no espero al destino. Se aferro a una mujer que le hizo feliz pero… ahora que ella aparece… ¿Será tarde? ¿Será capaz de dejar atrás todo por una mujer?


Cuando lo único que Bella tiene es a los Cullen como familia, ¿será suficiente el amor que siente por ellos para salvarlos? ¿Para salvarse? ¿Para ser feliz?


Cuando el amor inmortal llegue a Edward bajo el nombre de Bella ¿perdonaría lo que ella dejo morir en pos de salvar a todos los demás?





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Capitulo 2.- El rescate


Alice pov


La encontramos, tumbada junto a un árbol, no se movía, pero podíamos escuchar el latido de su corazón, fuerte aun. Avise a Edward, mientras Carlisle se acercaba con precaución. No lograba ver nada con Jacob en Fase y Renessme tras de mí. Los lobos habían llegado minutos antes que Melisa, Esme, Rosalie y Emmet.


Jasper trataba de mantener a la chica calmada, aunque no se veía muy agitada, no daba muestras de dolor, lo cual era raro, ya que era insoportable. Una visión me pasó por la cabeza, Edward me miro sorprendido, miro a la chica y de nuevo a mí.


Disimulo mejor que yo.


Estaba cubierta de sangre seca, su ropa era sencilla, una blusa que fue verde en algún momento, un suéter café de botones, o al menos lo que quedaba de él, unos jeans gastados, nada ajustados, mejor dicho le quedaban grandes, al menos una talla y ni que decir de la chica en sí, cabello café opaco en ondas o al menos esa forma había tenido alguna vez.


Los huesos se le marcaban en la cara, aunque mientras el veneno surtía efecto esta se iba rellenando de manera normal, a como debió ser en algún momento, aun tenia ojeras profundas y las uñas un poco moradas.


-quizá una indigente, o adicta, por la ropa y las marcas en los brazos– dijo Esme.


-no es fea- Emmet como siempre con sus tonterías mientras Rosalie lo golpeaba.


-¿porqué no la mataron?- pregunto Jasper.


-¿huelen eso?- pregunto Rosalie.


Todos nos acercamos un poco más a la chica.


-no es adicta, estaba enferma de algo, muy avanzado por lo que detecto, estas son marcas de catéteres y canalizaciones - dijo Carlisle tomando su bazo y descubriendo un poco el área del pecho.


Le hizo un corte para poder oler su sangre, la que aún le quedaba. La probó ligeramente no sin hacer un esfuerzo para detenerse. Sin importar cuantos años de práctica tuviera… la tentación siempre estaría ahí.


- coctel experimental, esta chica probablemente estaba destinada a morir, quizá el sabor de las drogas fue lo que alejo a los vampiros- termino por explicar -¿puedes leer algo en su mente?- le pregunto a mi hermano quién se acerco un poco más, tratando de escuchar.


-no entiendo mucho, no… no dice nada, está en blanco. No, espera, hay algo… no, solo fue un algo al azar, no piensa. Ni siquiera se queja ¿cómo puede ser eso? - pregunto mirando a Carlisle.


-quizá el veneno en conjunto con todo lo que traía al momento de ser mordida la tiene paralizada o no siente dolor, no sé, nunca había visto algo así, mira como poco a poco las ojeras desaparecen, el veneno está acabando con lo que sea que tenía - finalizo.


Todos miramos a la chica durante un tiempo, los cambios eran rápidos, su cara estaba cambiando, se llenaba poco a poco, Emmet tenía razón, era hermosa. Labios llenos rojos, cejas definidas, rostro de corazón, si definitivamente podía ser, mi visión podría hacerse realidad.


Que complicación. Mi hermano enamorado, de ella. Edward me miro de nuevo arrugando el ceño. “Metiche”. Me miro peor.


-bien creo que debemos llevarla a casa, no sabemos desde cuando esta aquí, según Sam, paso al menos de 25 a 32 horas desde que persiguieron a los vampiros, será mejor tenerla en casa, ahí podremos vigilar mejor su transformación y tratar de contenerla cuando despierte – apunto Carlisle.


-Emmet, eres el más fuerte, ¿puedes llevarla todo el trayecto?- pregunto Esme.


-claro, yo me encargo- respondió acercándose más a ella.


La tomo en brazos. De la nada la chica abrió los ojos incorporándose sobre los brazos de Emmet, mirando a todos y cada uno.


-¡¡¡Haz que se detenga, por favor, que alguien la detenga!!!- grite con fuerza mientras veía como todos se retorcían padeciendo el mismo dolor que yo.


Edward se agarraba la cabeza como queriendo quitársela, podía escuchar todos nuestros gritos mentales además de sentir su porción de dolor.


-¡¡Melisa!! - pidió Carlisle.


Calma, en un segundo regreso la calma. Melisa nos había envuelto en su escudo. La chica sin más cerró los ojos y se perdió de nuevo, desvaneciéndose.


-¡¡¡¿qué demonios fue eso?!!!- grito Rosalie mientras nos poníamos de pie.


-no sé, pero aun debemos moverla- dijo papa.


-yo no la toco, lo siento, otro de esos no lo aguanto- dijo Emmet, caminado hacia atrás.


Ya que durante el instante de interminable dolor la había soltado.


-y lo hago- dijo Edward.


-¡¡¡no!!!- grito Melisa


-solo asegúrate que tu escudo no tenga fugas- dijo tocándola primero del brazo, la tomo en brazos y corrió con todos siguiéndolo.


-papa, nosotros iremos a la reserva para informar y calmar a los demás- escuche decir a Vanessa quien corría junto a Jacob en fase.


En si era más un pretexto para perderse en el bosque con su esposo.


-Vanessa…. Agh- fue la respuesta de Edward cuando registro mi visión.


-la pondremos en el estudio, Esme ayúdame, Melisa puedes apoyarnos, solo hasta que se despierte, después si deseas seguir con tus planes, nadie te detendrá- pidió y ordeno Carlisle.


El patriarca había hablado y su palabra seria respetada por todos, Edward incluido.


-gracias Carlisle- respondió Melisa.


Camino con ellos hacia el estudio, debía protegerlos en caso de que la diabólica chica abriera los ojos, otra vez. Decidí quedarme cerca por si lograba ver más sobre ella y Edward. Eso no podía pasar, Melisa era su esposa, algo no estaba en su lugar.


Dios ¿cómo podría salir bien todo esto?


-cálmate amor, pasara lo que tenga que pasar- dijo Jasper junto a mí.


Me abrazo y calmo mis ansias.


- ¿me quieres contar que viste?- pregunto.


-no, aun no lo entiendo del todo, prefiero no comentarlo hasta saber que es- le respondí al tiempo que lo besaba.


-si tratas de distraerme, vas bien- me contesto.


-¡¡¡por favor pueden dejar eso para otro momento!!!- grito Edward desde el estudio – tengo dolor de cabeza- agrego.


Mientras se escuchaban las risas de los demás pensé que era ingenioso el comentario de mi hermano ¿dolor de cabeza? vaya.


-Alice puedo hablarte un momento- pregunto Melisa desde la puerta.


-seguro, vamos al bosque- conteste imaginando que quería privacidad.


-dime si has visto algo sobre Edward y yo –


-¿a qué te refieres con eso?-


-bueno quiero saber si a mi regreso estaremos juntos, si me seguirá amando-


-Melisa, no te he visto regresar, solo te vi partir- respondí- aun aquí no soy capaz de ver tu regreso, no digo que no suceda, es solo que aun no has encontrado las respuestas que buscas y tus decisiones no son seguras – agregue.


-si es cierto, gracia Alice, sé que mi partida te hace daño, pero es algo que necesito... –


-ya escuchaste a Carlisle, nadie te detendrá, pero te pido esperes hasta que la controlemos, sospecho que esa chica dará más problemas de lo que imaginamos, aunque aun no veo el cuadro completo, sé que hay algo que se me pasa por alto- finalice.


-bien, regresemos, no quiero que me necesiten y no esté para ayudar- dijo corriendo en direcciona a la casa.


-Esme, ve a descansar, Rosalie y yo nos quedamos- dije al entrar al estudio.


Ahora equipado con una mesa de titanio y correas del mismo material, sería inútil si la chica quería soltarse pero al menos el sonido nos alertaría. Nos sentamos a platicar de nuestras impresiones sobre la nueva.


Emmet y Jasper nos relevaron 5 horas después. Me fui a acostar, no dormiría, nunca lo hacía, pero necesita un momento a solas para organizar mis ideas y tratar de encontrar una razón a mis visiones.


Podía escuchar a cada miembro de mi familia moverse por la casa, con los años, habíamos a prendido a distinguir los pasos de cada uno, Carlisle se movía con calma, seguridad y paciencia que sus cientos de años le daban, Esme se movía lento y casi maternalmente si eso se podía hacer, Rosalie daba pasos rápidos y corto con sus siempre zapatillas de tacón descomunales.


Melisa lo hacía más suavemente, con algo más de gracia que cuando era humana, al menos ya no se tropezaba con el aire, Jasper lo hacía al tipo marcial. Emmet era un osos zapateando, cero delicadeza, Edward lo hacía levemente, apenas rozaba el suelo, era un talento natural por ser tan rápido, aun a paso humanamente normal era quien menos ruido hacia después de mi, todos decía que me deslizaba casi sin tocar el suelo, como si flotara por encima. Nessie arrastraba los pies y Jacob, bueno Jacob era como una serie de tambores cuando andaba en 4 patas, aunque pensándolo bien, no importaba en cuantas patas estuviera, se escuchaba igual.


Vestidos, playeras, jeans, de todo, necesitaría de todo, debía ser como de mi talla, aunque cada hora que pasaba se veía mejor que al principio, por fortuna tenia ropa para regalar, la que traía se la habíamos quitado horas atrás, dejándole uno conjunto de deporte sin zapatos.


Un sonido metálico me saco de mis pensamientos, escuche a todos correr hacia el estudio mientras hacía lo mismo, al llegar por un momento todo fue confusión, la chica estaba parada sobre la mesa, en posición de ataque aunque diferente, tenía la mirada fija en el techo, vi llegar junto conmigo, a todos los hombres de mi familia, pero no veía ni a Rosalie ni a Esme quienes se suponen relevaron a los chicos.


Melisa estaba del otro lado con una mirada desconcertada.


Escuche como Emmet Gruñía….


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buenos días niñas, aki les dejo el Kpi de hoy, felices vacaciones para quienes

las tenemos un abrzo, saludo y beso, Con Amor Alejandra Rivas ; )

recuerden comenar, Votar y en general disfrutar.

viernes, 22 de abril de 2011

Curando un corazón

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Capítulo 13: Sábado de lo más entretenido



Estábamos a mediados de marzo, ese año hacía bastante frío para San Francisco. No podía creer cómo había pasado el tiempo; en menos de un mes mi pequeña cumpliría un año. Ya se tenía en pie, agarrándose a todos los lados, y con la ayuda de Edward o mía ya daba pequeños pasitos... pero su cerebro iba más rápido que sus piernas, y la mayoría de las veces se quedaba sentada en el suelo.


Erá sábado, y tanto Edward como yo teníamos guardia. Llegamos juntos al hospital, como era costumbre en los últimos meses, y nos despedimos con un pequeño beso, prometiéndome que vendría dentro de un rato a verme.


Después de firmar el cambio de turno, me dirigí a la salita, dónde ya estaban Rosalie, Alice y Jasper.


-Hola chicos- saludé en general.


-¿Qué tal Bella?- me preguntó amablemente Jasper, mientras Alice me tendía un café.


-Bien... espero que tengamos un sábado tranquilo- suspiré, mientras me acomodaba en la mesa y abría uno de los historiales.


-¿Dónde está Seth?- preguntó de pronto Rosalie.


-Me parece que no tiene guardia hoy- pensé confusa en voz alta.


A eso de media hora, Seth y Leslie aparecieron por la puerta, cargados con comida china como para un ejército.


-Hola- saludó Seth, demasiado alegre.


-¿Pero tu no librabas hoy?- seguía confusa o no me enteraba de nada, una de dos.


-Espero que no hayáis cenado- interrogó Leslie con una sonrisa misteriosa.


-¿Y ésto?, ¿qué celebramos?, que yo recuerde, tu cumpleaños fue en enero- interrogó Jasper curioso.


Ya os enteraréis...¿está Edward de guardia?- me preguntó Seth.


-Si, y Emmet también- aclaré, mientras escuchaba el bufido de Rosalie.


-¿Podrías avisarles?- me preguntó Leslie, mientras sacaba la comida y la dejaba encima de la mesa.


Asentí mientras los llamaba al busca. Al de veinte minutos ambos aparecieron por la puerta.


-¿Celebramos algo?- interrogó Emmet, relamiéndose los labios al ver la mesa.


Seth aspiró fuertemente, para tomar la palabra.


-Bien... queríamos que estuvierais todos – empezó a decir mientras rodeaba a Leslie por los hombros- para anunciaros que el próximo 27 de mayo Leslie y yo nos casamos- terminó por decir.


Las chicas pegamos un bote, completamente emocionadas y abrazando a Leslie, mientras que los chicos palmeaban a Seth en el hombro. Una vez los felicitamos, nos sentamos a disfrutar de la improvisada cena.


-¿Y Mandy, Ángela y el resto lo saben?- pregunté.


-No, a ellos les tocará la comida mañana... así que os agradeceríamos que al cambiar el turno no se os escape nada- nos pidió Seth a todos, pero mirando a Emmet.


-Eh...me ofendes- dijo en falso reproche -soy de lo más discreto- dijo muy serio.


-Seguro...- bufó Rosalie rodando los ojos, mientras el resto nos reíamos por lo bajini, mientras Edward y Jasper le miraban arqueando una ceja.


-¿Y dónde será?- preguntó Alice.


-En la Iglesia de St. Andrews, a las doce y media del mediodía; la comida en los jardines del hotel Intercontinental San Francisco - nos contaba Leslie.


-Y por supuesto, os esperamos a todos- nos dijo Seth siguiéndonos con la mirada.


Todos asentimos encantados; las chicas nos apartamos un poco de los chicos, para que Leslie nos contara cómo iban los preparativos. En ésto, oímos a Emmet gritar exaltado.


-¡¿Cómo que despedida de solteros conjunta?- preguntó horrorizado.


-Si ellos lo quieren así, ¿qué problema hay?- preguntó Edward rodando los ojos.


-Eso no es ni despedida de soltero ni nada...- protestó cual niño pequeño.


-Ya... pero resulta que NO es tu despedida de soltero... es la de ellos- intervino Rosalie, recalcando las palabras.


-No será lo mismo- siguió bufando cabreado.


Edward y Jasper se reían, mientras que la cara de Seth era un poema.


-¿Acaso os descontroláis tanto... o queréis que nos nos enteremos de ciertas cosas?- siguió picando Rosalie, con una sonrisita malvada.


-No sé de que me hablas Hale- respondió molesto.


-Si te refieres a que en la despedida de soltero de Jasper terminaste en una fuente cantando rancheras... tranquilo, estamos al corriente; dudo mucho que nos escandalicemos- contestó ésta, con una sonrisa triunfante.


No pudimos hacer otra cosa más que estallar en carcajadas; jamás había visto a Emmet tan colorado, les dirigió una mirada asesina a Edward y Jasper.


-Traidores- siseó entre dientes, mientras estos dos no hacían más que doblarse de la risa.
Las risas siguieron durante un buen rato, aceptando Emmet, a regañadientes, la despedida de soltero conjunta. Leslie y Seth se marcharon, y una vez recogimos todo lo de la cena, acompañé a Edward a cirugía, y el resto volvió a sus quehaceres.


-Nunca me habías contado esa historia, habría dado lo que fuera por haberlo vivido en directo- le dije riéndome. Edward hizo un mohín, mientras me contaba.


-No te lo aconsejo... tuve que llevarlo a casa, secarle y ponerle el pijama... ni Megan en sus peores días protesta tanto- añadió divertido. No me podía imaginar la imagen de Emmet, tan grande y masculino, quejándose cómo un niño pequeño.


Mi busca pitó.


-¿Quirófano?- me preguntó rodeándome la cintura.


-Nop, debo subir a dilatación, epidural, aclaré mientras me colgaba de nuevo el busca en mis pantalones -te veo luego- le dije, dándole un casto beso en los labios, que el correspondió.
-Hasta luego cariño- se despidió mientras se metía en el ascensor.


Volví a mi servicio, y cogiendo el informe que había llegado desde maternidad, me dirigí al ascensor de nuevo.


Al llegar a la habitación de la paciente, me presenté a la joven pareja.


-Soy la doctora Swan, la anestesista; verá cómo enseguida se encontrará mucho mejor...- hice una pausa para leer el nombre de la paciente -señora Kilmory- terminé de decir, mientras me ponía los guantes.


-Llámame Marion, por favor... el es mi marido Connor- me dijo la pobre chica entre jadeos.
-Bien Marion, no te preocupes... ahora necesito que te sientes al borde de la cama- le indiqué, mientras su marido y yo la ayudábamos a posicionarse.


Preparé el catéter, mientras que su marido la tomaba de la mano, regalándole una sonrisa de ánimo.


-¿Me dolerá?- preguntó asustada.


-No, pero es una sensación desagradable, no te voy a engañar... pero todo habrá valido la pena cuándo lo tengas en tus brazos, hablo con conocimiento de causa- la animé con una sonrisa.
-¿Cuántos años tiene?- me preguntó.


Inicié la búsqueda del espacio epidural con la aguja, que no tardé en encontrar, entre la tercera y cuarta vértebra lumbar; iba hablándole para que se relajara y distrajera.


-Cumple un añito en tres semanas; se llama Megan- le expliqué con una sonrisa, mientras que deslizaba el catéter y sacaba la aguja -ya está dentro- le informé mientras le ponía un esparadrapo para sujetarlo- listo- anuncié mientras se tumbaba de nuevo, ayudada por su marido.


-¿Es el primero?- interrogué mientras conectaba el tubo a la bomba difusora y marcaba las cantidades a suministrar.


-Los primeros y últimos, dos chicos- me aclaró, haciendo una mueca por la contracción que le vino.


-¿Gemelos?; enhorabuena- les felicité con una sonrisa; en ese momento entraba Sally, una de las matronas.


-¿Qué tal Bella?- me saludó amablemente, era una mujer de unos cincuenta años, muy simpática y agradable.


-Todo bien... ya debería empezar a hacer efecto- le informé y me volví a la paciente -bien Marion, con esta pequeña ruleta puedes regular la cantidad si las contracciones son muy seguidas e intensas- le expliqué enseñándole el manejo -es cómo regular un gotero- terminé por decir.


-Pero con un límite- añadió Sally con una sonrisa.


Marion me miró, mientras seguía explicándole -obviamente tiene un tope, establecido por nosotros; debes sentir un poco para poder empujar-.


-Sino más de una se volvería loca dándole a la ruleta- terminó por decir Sally, mientras miraba el monitor -vas bien... pero debes dilatar un poco más para poder empezar a empujar, volveré en media hora- nos dijo despidiéndose.


Me quedé unos minutos con ellos, para ver si la anestesia empezaba a hacer efecto. Mientras le tomaba la tensión, vi que su cara se relajaba considerablemente.
-¿A qué notas mejoría?- le pregunté con una sonrisa.


-Es la gloria- contestó ella, relajándose y acodándose en la cama. Asentí, mientras iba controlando el difusor, vi que todo estaba bien, y recogí para marcharme.


-Bien Marion, espero que todo vaya bien, ¿cómo se van a llamar?- pregunté curiosa. Ella miró a su marido con un sonrisa, y él me contestó.



-Connor y Evan- exclamó contento... y mirando a su mujer con cariño.


Observé sus manos unidas y cómo el la animaba y le daba ánimos. Lo reconozco, me daba un popo de envidia, ojalá alguien, aunque no hubiera sido mi pareja, hubiera estado a mi lado la noche que nació mi niña.


Me despedí de ellos, a mitad de camino hacia el ascensor mi busca volvió a pitar.
-Vaya... otra epidural- musité volteándome y volviendo a dilatación.


No pude regresar a mi servicio hasta tres horas después; el reloj ya marcaba las cuatro y cuarto de la madrugada.


-¿Dónde te habías metido?- me preguntó Rosalie. Me dejé caer en una silla, escondiendo mi cara entre los brazos.


-En dilatación... creo que he puesto unas cinco epidurales- balbuceé cansada.


-Bueno... hoy hay cambio de luna, ya sabes lo que significa- me explicó divertida.


-¿Por aquí todo bien?- le pregunté sirviéndome café.


-Sin agobios... aunque no hemos parado. Han subido a una chica de cirugía, y esperamos a un paciente de cardiología- me informó, tendiéndome los informes.


-La chica nada grave, una apendicectomía, la ha operado Edward; y Emmet está operando también- me terminó de contar.


Al de un rato, subieron al señor que había operado Emmet. Miré el informe, le habían implantado un By-pass de urgencia, por un episodio agudo de angina de pecho.


-No entiendo nada de lo que pone aquí- refunfuñé, achicando los ojos. Rosalie miró por encima de mi hombro.


-Es la letra de Mallory, es ilegible- protestó rodando los ojos.


Iba a responder, pero en ese momento entraron Emmet... y la aludida.


-Hola chicas- saludó Lauren.


-Hola, ¿qué tal todo?- pregunté. Pude darme cuenta de qué Rose se había dado la vuelta y no les había saludado.


-Bien; todo ha ido según lo previsto- me explicaba Emmet, mientras Lauren le miraba cómo si adorara a un dios.


-Lo único... ¿podrías decirme que pone aquí?- me giré hacia Lauren, señalándole un espacio con varios borrones.


-La medicación que toma el paciente habitualmente... a ver -cogió el historial- sintrón- dijo resuelta.


-Pues no parece que ponga eso- se metió Rosalie, con voz desagradable.
-Pues así es- dijo ella altiva.


-Disculpe usted, enfermera jefe Mallory- se la devolvió en burla.


Emmet y yo nos miramos mientras ellas se fulminaban con la mirada, y decidí aligerar el ambiente.


-¿Queréis un café?-

ofrecí.


-Yo no puedo, debo regresar al control de cirugía, gracias por el ofrecimiento- dijo ella, que salió sin decir nada más.


Nos sentamos los tres, mientras Emmet se ponía un café.


-¿No te cae bien Lauren?- le interrogó éste a Rosalie, con una sonrisa inocente.


-Es una altanera y una borde- le contestó sin levantar la vista de los papeles.


-Igual que cierta persona a veces...- canturreó mientras daba otro sorbo. Rose levantó la vista, arrugando la frente.


-¿Me estás llamando borde?-.


-Huuummm... borde no es la palabra... yo diría que estás un poquito.. ¿celosa?- concluyó mirándola fijamente.


Rosalie soltó una carcajada nerviosa.


-No estoy celosa de nadie ni por nadie- respondió desafiante.


-Yo no diría eso- contraatacó Emmet, divertido por su cabreo.


-Yo no estoy celosa... sólo opino que Lauren y tú no pegáis mucho- dijo ella apartando la mirada.


-Y según tu... ¿con quién haría buena pareja?- le preguntó Emmet levantándose y acercándose a ella.


Rosalie no contestó, se quedó callada, mientras el sonreía satisfecho.


-¿Sabes que un silencio vale más que mil palabras?; Bella, te veré después- se despidió y salió por la puerta.


Me quedé mirando a Rose, que estaba levemente acalorada y sonrojada. Tomé mis informes, para ir a controlar a los nuevos pacientes de reanimación. Antes de salir, me giré hacia ella.


-Rosalie... por un una vez le doy la razón a Emmet, estás celosa, y mucho- le dije.
Ella suspiró, para después hablar.


-¿Y sabes lo peor? - me quedé en silencio, esperando su repuesta -soy una egoísta... egoísta porque en cuánto ha dejado de perseguirme y de hacerme caso me he dado cuenta de muchas cosas- explicó en voz baja, mirando a la nada.


-Entonces actúa, y recupera a tu chico- le aconsejé con una sonrisa, mientras salía por la puerta y le guiñaba un ojo, en señal de ánimo.


Revisé al paciente de Emmet, que no había despertado, y después a la paciente que había operado Edward. Alice estaba con ella.


-Está despertando- me indicó. Me incliné hacia ella.


-Hola Lisa, soy la doctora Swan; ¿cómo te sientes?- le pregunté revisando sus constantes
-Bi...bien, un poco perdida- respondió suavemente.


-Es normal después de una anestesia general, tranquila- le sonreí mientras la hablaba -¿te duele la herida?- le pregunté, apartando la sábana.


-Un poco, casi no puedo ni moverme- respondió de nuevo, intentando incorporarse un poco.


-Es normal, te tirarán los puntos unos días- oí cómo una voz que conocía muy bien explicaba. Me giré para encontrarme con Edward, que se acercaba a la cama. Se puso a mi lado mientras cuidadosamente le quitaba el pequeño vendaje, para revisarle los puntos. De mientras empecé a firmar la solicitud para trasladarla a planta.


-Bien Lisa, te vamos a bajar a planta. Solo una condición- le expliqué, volviéndome hacia ella. Ella me escuchó con atención.


-Debes orinar en un periodo de seis a ocho horas, para eliminar la anestesia; si no puedes habrá que sondarte- le terminé de explicar, a la vez que Edward se posicionaba detrás mío.


La muchacha asintió, mientras Alice entraba con los celadores para llevarla a su habitación. Una vez que salieron me giré hacia Edward, que me miraba divertido.


-¿Qué te hace tanta gracia?- le pregunté con curiosidad. Se formó una sonrisa en su cara, mientras que me rodeaba la cintura.


-Me gusta ver cómo te desenvuelves con los pacientes. Te pones muy seria, pero a la vez los tranquilizas- me explicó con una graciosa mueca.


-Gracias por el piropo doctor Cullen- siseé divertida; miré un poco a mi alrededor, y viendo que no había nadie por allí, apoyé mi mejilla en su pecho, a la vez que le rodeaba la cintura.


-¿Cansada?- me preguntó tiernamente, mientras me besaba la frente y me mecía suavemente. Asentí levemente, mientras me acurrucaba entre sus brazos.


-He puesto unas cinco epidurales, casi me secuestran en maternidad- le conté, mientras el reía suavemente -¿y tú?-.


-La apendicectomía de Lisa, y he suturando un par de cortes bastante profundos en urgencias- me contó. Le miré extrañada.


-¿Qué?- me aburría y bajé a ver a mi padre, y me enredó para ayudarle- me explicó inocentemente.


-Ajá- asentí lentamente; se me cerraban los ojos. Edward se separó de mi, mirándome.
-Ven anda; vamos a tomarnos un café, en verdad lo necesitas- me ofreció mientras me tomaba de la mano.


Dejé aviso de que salía unos minutos del servicio, y subimos a cirugía. Me senté en el sofá de la sala de guardia, mientras el preparaba los cafés.


-Ya sólo nos quedan dos horas y algo para irnos- me dijo mientras se sentaba a mi lado y me daba la taza.


Me quité los zuecos y subí mis piernas al sillón, aprovechando que estábamos solos. Rodeó mi cintura de nuevo, mientras yo apoyaba la cara en su hombro.


-¿Te quedas en casa a dormir, verdad?; Megan está en casa de Jake y Leah- le pregunté haciendo un puchero. El apoyó su mejilla en mi cabeza, mientras me contestaba.


-¿Quieres que me quede?- preguntó inocentemente.


-Claro que sí, tonto... siempre quiero que te quedes- le reprendí en broma. Me apretó aún mas hacia su cuerpo, mientras ambos cerramos los ojos, disfrutando de nuestra compañía. Hubiera dado lo que fuera por quedarme así lo que quedaba de la noche... pero mi busca sonó por por enésima vez aquella noche. No me moví, mientras volvía a pitar.


Lo cogí lentamente, abriendo un ojo.


-¿Otra vez maternidad?- preguntó mi novio. Asentí soltando un suspiro, mientras me estiraba y me ponía de pie. Su busca pitó también, lo miró y se levantó conmigo.


-Urgencias, debo bajar para evaluar- me explicó. Le di un pequeño beso en la mejilla, mientras nos despedíamos.


-Te paso a recoger por reanimación-.


-De acuerdo, hasta luego cielo- me despedí mientras daba la ascensor.


-Hasta luego preciosa-.


Volví a encontrarme con Sally, que iba de un lado para otro, corriendo como las locas. Después de terminar con la paciente y rellenar los informes, me dirigía a mi servicio, donde Rose y Alice ya recogían sus cosas, y yo hice lo mismo.


-Me ha dicho Edward que te diga que al final ha tenido que entrar en quirófano- me dijo Alice.


-Vaya... entonces me quedaré a esperarle- suspiré cansada.


-¿Quieres que te deje en casa?; Jasper está con él. No creo que tarden mucho más, les dejaremos un aviso en el busca. Medité las palabras de Alice; estaba tan agotada que asentí.


Después de que Alice me dejara en casa, me metí en la cama. No tardé en caer rendida de cansancio.


No sé qué hora sería, cuándo sentí hundirse el colchón a mi lado. Sentí que me daban un pequeño beso en mi frente, mientras que unas piernas se enredaban con las mías.
-Duerme mi amor- me susurró al oído. Me acomodé en su pecho mientras me rodeaba con sus brazos, cayendo ambos en la inconsciencia de nuevo.


El domingo pasó sin grandes sobresaltos. Comimos en casa de Jake y Leah, y después nos fuimos a dar un paseo con Megan por el centro. A pesar de ser domingo, las tiendas de esa zona no cerraban, y había mucho ambiente por la zona.


-¿Sabes que vamos a tener nueva tanda de residentes en cirugía?- me contó mientras empujaba la sillita de la niña, mientras yo disfrutaba de mi gofre con nata.


-Algo he escuchado... enhorabuena jefe- respondí mirándole. El rió suavemente, mientras que llevaba una de sus manos hacia mi cadera, acariciándola suavemente.


-No seré un ogro, no te preocupes por eso... pero si un poco serio- confesó.


-¿Sufriste mucho durante tu residencia?- le pregunté curiosa, nunca me lo había contado.


-Al principio si, los primeros años de la residencia de cirugía son muy duros... pero es una manera de enseñarnos a soportar la presión- me explicaba amablemente.


-¿Quién fue tu adjunto?- seguí preguntándole.


-El doctor Stuart, el antiguo jefe de servicio- arrugué le ceño, no le ponía cara- se jubiló unos meses antes de que llegaras- me aclaró.


Asentí en afirmación, mientras echaba una mirada a Megan.
-Se ha dormido- suspiré mientras la tapaba con su mantita.


-Mejor regresemos, enseguida querrá cenar- dijo Edward, a lo que yo asentí.


Después de regresar a casa, Megan se despertó lo justo para darle la cena y volverse a dormir.
Después de que nosotros cenáramos algo ligero, nos sentamos un rato a ver la tele. A eso de las once y media de la noche, Edward se levantó, poniéndose su chaqueta.


-Es muy tarde... y no me queda ropa limpia- exclamó divertido. Hice un gracioso mohín, aprisionándole entre mis brazos.


-No quiero que te vayas- musité apenada. El me miró con cariño, mientras me devolvía el abrazo.


-Voy a echarte de menos, y Megan también-.


-Y yo a vosotras... te prometo que mañana me quedaré- me tranquilizó divertido.


-Podrías venirte aquí con nosotras- propuse con timidez, aún con mi cara enterrada en su pecho.
Pude sentir cómo se tensaba un poco, y le miré. Su cara y sus ojos verdes eran una mezcla de sentimientos encontrados.


-Bella... no sé si...- empezó a tartamudear confuso. Reí amargamente para mis adentros... qué tonta había sido.


-Lo siento Edward... no quería que te sintieras incómodo... pero cuándo estás aquí... todo está bien y en su sitio- le confesé mientras luchaba por qué las lágrimas no hicieran acto de presencia.


-No me siento incómodo Bella- me respondió suavemente, soltándose con delicadeza me mi abrazo.


Me di la vuelta, confundida y algo decepcionada. Entonces caí en la cuenta. Llevábamos ya algunos meses de relación, y nunca me había dicho "Te amo" con palabras, aunque sus acciones y expresiones delataran lo contrario.


¿Y si el aún no se sentía preparado?...¿y si nunca llegaría a amarme como amaba a Sophie... cómo yo lo amaba?.


Si, lo amaba con cada fibra de mi cuerpo, ya lo admitía. Mis lágrimas empezaron a salir a mares, mientras me volvía hacia él.


-Qué tonta he sido... ¿cómo voy a esperar que aceptes... sin ni siquiera amarme?- balbuceé presa de una ola de rabia contenida y tristeza a la vez. Me miró abriendo la boca, queriendo decir algo, pero no le salía. Su silencio me dolió.


-No pido que me ames cómo la amabas a ella, sé que un imposible- musité, triste y derrotada -sólo esperaba poder compartir un poco de ese amor tan grande- dije muy bajito -y que hubiera un hueco para Megan y para mi-.


-Bella, cariño no...- decidí cortarle, no quería sufrir más... y tampoco quería que el sufriera.
-Es mejor que te vayas Edward, todo ha quedado muy claro- me despedí dándome la vuelta y marchándome a mi habitación. Oí la puerta cerrarse, y me derrumbé.


Me senté en la cama, con una pena inmensa y el alma partida en dos. Esa habitación, testigo tantas noches de nuestros sentimientos, ahora me acompañaba en mi pena y desamor.



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Capítulo 14: Caras nuevas


EDWARD PVO


Me tiré en la cama de mi frío y solitario apartamento, todavía sin creerme lo que había pasado... y maldiciéndome a mi mismo en silencio.



Sabía que Bella tenía razón, mis actitudes tanto con ella como con Megan demostraban amor... ¿por qué no era capaz de decírselo a las claras?.


Me partió el alma cuándo dijo "solo esperaba compartir un poco de ese amor tan grande y que hubiera un hueco para Megan y para mi"... ¿sería verdad que no he dejado del todo atrás mi pasado...?... ¿ y si nunca lo superaba?.


Estos meses en los que Bella y yo hemos estado juntos... han sido maravillosos. El recuerdo de Sophie casi se había quedado en el olvido.


Y digo casi porque una parte de mi corazón jamás la olvidaría, eso era un hecho... pero poco a poco Bella y Megan se metieron en él... y Bella, apenas sin esperar nada a cambio, me había dado todo.


Me había ofrecido amistad, complicidad, confianza, paciencia, pasión... y amor. Y una niña maravillosa, que quería cómo si fuera mía. La llamé a su casa, al móvil, incluso al busca... y nada, todo en vano.


No pegué ojo aquella noche, mirando el reloj una y otra vez y dando vueltas en la cama, deseando que llegara el día siguiente para poder hablar con ella. Al llegar al hospital lo primero que hice fui ir directo a su servicio, para poder verla. Allí me dijo Rosalie que Bella había llamado, cambiando el turno para toda esta semana con Mandy.


-¿Ha sucedido algo Edward?- me preguntó Rose preocupada.


-No, tranquila no te preocupes- miré mi reloj, y me volví a dirigir a ella -tengo reunión con los nuevos residentes, pasaré más tarde- me despedí para irme a cambiar.


Al llegar a la salita, me encontré con Emmet, Mark, otro de los cirujanos, y el doctor Gills, nuestro jefe de servicio y padre de Mark. Me disculpé por la tardanza, y el doctor Gills empezó su discurso.


-Soy el doctor Albert Gills, y quiero darles la bienvenida al North-Union y al servicio de cirugía general. Quiero presentarles al doctor Emmet Cullen, cirujano especialista en cardiología- les dijo, señalando a mi hermano, el cual permanecía con los brazos cruzados sobre su pecho y mirando a los tres cirujanos residentes con una ceja alzada- y los doctores Mark Gills y Edward Cullen, especialistas en cirugía general. Ellos les guiarán en sus primeros años cómo residentes... y aunque yo sea su supervisor, obedecerán sus órdenes cómo si fueran mías- les explicó con voz clara y firme. Una vez les explicó el funcionamiento del servicio, y las innumerables guardias que harían, nuestro jefe se retiró.


Los tres nos quedamos mirando a los tres chicos, mientras mi hermano tomaba el mando del asunto.


-Bien... parece ser que nos vamos a ver durante mucho tiempo... hay más cirujanos en el hospital, y a nosotros nos ha tocado enseñaros- empezó su discurso.


-Los tres esperamos esfuerzo y dedicación...- siguió Mark.


-Y que los buscas estén disponibles las veinticuatro horas del día... si todo eso se cumple, nos llevaremos bien- terminé el discurso.


-Las rondas de primera hora de la mañana las haréis conmigo... será la parte más teórica; si sois listos... y seguro que los sois.. os sabréis los historiales de los pacientes mejor que vuestros apellidos- dijo Mark, mientras yo hacía una mueca por no reírme.


-Así se empieza... según se vaya viendo vuestro progreso, empezareis a entrar en quirófano, con cualquiera de los tres- terminó Mark el discurso.


-¿Alguna pregunta?- cuestioné poniéndome serio.


Uno de los chicos carraspeó... hice un gesto con mi cabeza, instándole a preguntar.


-¿Son parientes?; llevan todos los mismos apellidos- preguntó confuso. Rodé mis ojos, mientras Emmet negaba con la cabeza y se acercaba a él.


-Todavía no es tiempo de preguntas personales, doctor...- dejó sin acabar la frase, esperando su respuesta.


-Anthony... Anthony Milles- susurró tembloroso. Era bastante más bajo que Emmet, delgado y con el pelo moreno muy corto.


Se volvió al que estaba en medio, alto, rubio y con el pelo recogido en una coleta. Tenía una pinta de rebelde increíble.



-James Cam- dijo fijamente, mirando a mi hermano a los ojos con una pequeña mueca... malo.
Pero Emmet pasó de largo, y miró al tercero, con una ceja alzada.


-Garret Sellerman- respondió escuetamente. Era alto y moreno también, éste por lo menos, al igual que Milles, tenían pinta de ser más tranquilos.


-Bien señores... hora de la ronda, síganme- les ordenó Mark, cogiendo los historiales y saliendo de allí.


Antes de que desaparecieran por la puerta, Emmet se dirigió al grupo.


-Cam... con leche y sin azúcar- le dijo mi hermano escuetamente. Éste iba a protestar, pero mi hermano tomó la palabra de nuevo.


-¿No me has oído?- preguntó resuelto. El chico simplemente asintió, para después salir.


Me quedé mirando a Emmet con una mueca en la cara.


-¿No crees que te has pasado un poco?- interrogué mientras miraba un historial.


-Nop... yo me pasé el primer año de criado con Silver... y ese chico no me gusta... no me da buena espina- dijo pensativo.


-Bueno... es el primer día, las apariencias engañan- le contesté.


-Veremos cómo va todo... por cierto... ¿por qué has llegado tarde?- preguntó curioso.


Tomé aire, explicándole lo ocurrido la noche anterior. Él me escuchaba atentamente, sin interrumpirme. Cuándo terminé, movió la cabeza, negando en silencio.


-¿Qué?- le pregunté, me estaba poniendo de los nervios.


-Hermano... me parece que la has cagado pero bien... te lo dije antes de empezar a salir con ella... deja que la vida siga, y entierra el pasado de una buena vez- me reprendió.


-Ojalá fuera tan fácil... pero tengo miedo... miedo de volver a ilusionarme y que de repente, pase algo y te ponga tu vida patas arriba- le expliqué un poco enfadado.


-Edward... a mi no me engañas; sé que la amas... tu comportamiento de estos últimos meses es... no sé explicarlo... no te veía así desde hace mucho tiempo... y eso es porque la amas- concluyó de contarme.


Agaché la mirada... pero lo admitía, Emmet tenía razón.


-¿Crees que se puede vivir así, sin atreverte a dar un paso por miedo a lo que pueda pasar?; Edward, mira... yo no sé si las cosas saldrán bien entre Bella y tú... pero si todo iba bien... ¿por qué pensar en algo que puede que nunca pase?; si viviéramos así de aterrados, no viviríamos tranquilos... y nos perderíamos muchas cosas- me dijo. Al ver mi silencio, negó con la cabeza mientras salía por la vuelta, pero antes de salir se volteó.


-Habla con ella... incluso tómate un tiempo si lo necesitas... pero ten cuidado, quizá al final sea demasiado tarde- me dijo antes de salir por la puerta.


Medité las palabras de mi hermano. Debía hablar con ella y aclarar este lío... y si ella quería un tiempo, se lo daría... pero no podía perderla, no lo resistiría otra vez.


Esa mañana estuve distraído, pensando en una manera de arreglar las cosas con Bella. Antes de cambiarme, fui a ver si Bella había llegado. Normalmente era muy puntual... y efectivamente, allí estaba. Me acerqué con cautela, no sabía que reacción iba a tener.


-Hola- le saludé con una pequeña sonrisa. Ella levantó la cabeza. Tenía mala cara, y sus ojos rojos delataban que había llorado.


-¿Qué quieres Edward?- me preguntó con voz cansada.


-Bella, tenemos que hablar- le dije tensándome, intuía que no me lo iba a poner fácil.


-¿Para qué?; ya me lo dejaste bien claro ayer- me contestó mirándome fijamente.


-Bella... yo... lo siento, lo siento mucho de verdad... no quería que te sintieras mal y no...- pero ella me interrumpió.


-La culpa es mía Edward... pero he llegado a una conclusión, y es que no puedo- dijo ella, intentando que la voz no se le quebrase.


-¿Qué no puedes?, Bella no...- supliqué desesperado, sabía lo que me iba decir.


-No puedo competir con ella, nunca fue mi intención... es mi culpa por hacerme tontas ilusiones... creí que podías llegar a amarme- suspiró con pena.


-Bella... y lo hago, de veras... no quiero perderte, por favor- supliqué de nuevo.


Ella negó con la cabeza, mientras me miraba con cariño.


-Edward... no quiero que me lo digas por lo que pasó ayer... quiero que salga de ti, de aquí- me dijo, poniendo la mano encima de mi corazón – pero creo que necesitamos un tiempo separados, debes poner en orden muchas cosas, y yo también- musitó ya con lágrimas en los ojos.


Agaché la mirada, abatido y con un dolor en el pecho que nunca había sentido. Ella me miraba con cariño, mientras me seguía diciendo.


-Debes hacerlo... y si de verdad me amas, yo seguiré aquí... esperándote y amándote. Y aunque me dolía en el alma, asentí con pena. Si ella quería un tiempo, con todo el dolor de mi corazón, se lo daría.


-Lo siento mucho Bella, todo lo que ha pasado- me intenté disculpar; ella me calló con un dedo, poniéndolo sobre mis labios.


-Edward, no más disculpas- terminó de decir, para abrazarme con cariño. Desesperadamente la apreté contra mi, escondiendo mis lágrimas en su cuello. Una vez ella rompió el abrazo, me disponía a salir, cuándo su voz me hizo girarme de nuevo.


-Sólo una cosa más- me dijo con una triste sonrisa.


-Dime- la animé a decirme.


-No tardes mucho, por favor- me suplicó llorando de nuevo. No fui capaz de decirle nada, las palabras no salían de mi boca. Me dirigí a cambiarme, para marcharme de nuevo a la soledad de mi apartamento.


Estaba hundida, y con una depresión de caballo a mis espaldas. Sabía que ambos sufríamos... pero necesitábamos tiempo, sobre todo Edward. Desde aquella conversación que tuvimos, sólo le veía en el hospital, y no mucho tiempo. Una vez la gente se enteró de nuestra "ruptura", Jasper intentaba no mandarme a ningún quirófano con él mientras no fuese necesario; en los turnos de guardia apenas coincidíamos... pero siempre que nos cruzábamos me saludaba y me preguntaba por Megan. Hasta ella parecía echar de menos a Edward... o puede que fueran imaginaciones mías.


El contacto con Esme y Carlisle también se redujo bastante. Lo sentí en el alma, sabía que adoraban a la niña... pero era una situación incómoda, para ellos y para mi. Emmet seguía igual que siempre... pero no me presionaba, nos entendía a ambos.


Pero aunque mi interior estaba roto y destrozado, ante los demás intentaba poner buena cara y disimular... y más hoy, que era un día muy importante para mi.


Hoy era siete de abril... y mi niña cumplía un añito. No había organizado nada, tan sólo estaríamos Jake, Leah y yo con la peque... aunque en mi servicio me dieron un montón de regalos para ella. Esme me había llamado por la mañana, para feclicitarla... y preguntarme cómo estaba yo, la verdad es que era muy amable y buena. Carlisle me subió su regalo antes de marcharme.


No vi a Edward en toda la mañana, supuse que tendría turno de tarde o de noche. Llegué a casa cargada de paquetes, y allí estaba mi niña, que torpemente caminó hasta mi.


-Hola cariño, muchas felicidades- le susurré bajito, dándole besitos por toda la cara. Ella me sonrió, e intentó pronunciar algo, pero no le salía nada coherente.


-Hola hermanita- me saludó Jake, dándome un beso en la mejilla. Leah estaba trasteando por la cocina, de modo que dejé a la niña con Jake para ir a ayudarla.


Una vez nos sentamos los tres a la mesa, puesta que Megan ya había comido, mi hermano empezó a hablar.


-¿Cómo estás Bells?- me interrogó, mirándome fijamente a los ojos. Jake era una de las personas que mejor me conocía... y a el no lo podía engañar. Lo confieso, no sé mentir muy bien.


-Bueno... he tenido épocas mejores- susurré, bajando la mirada al plato.


-¿Cómo le va a Edward?- me preguntó mi cuñada. Me encogí de hombros, mientras le contestaba.


-Lo poco que sé, bien... no le veo mucho, la verdad-.


Algo debieron ver en mi mirada, porque no volvieron a sacar el tema, cosa que agradecí.


-Bien... Leah y yo también estamos de celebración- exclamó mi hermano, cambiando de tema y tomando a Leah de la mano.


Les miré expectante, esperando a que hablaran.


-¿Y bien?- pregunté, mirándolos.



-Bueno... vas a ser tía- me dijo Jake con una sonrisa, la misma que tenía Leah en su cara.


-¡Oh, dios mío!, felicidades- dije emocionada y alegre mientras me levantaba y daba un gran abrazo a los dos. Por fin su sueño se cumplía.


Una vez me recuperé de la noticia, disparé mi arsenal médico.


-¿De cuánto estás?, ¿ya te has hecho los análisis del primer trimestre?- pregunté.


-Pues... verás Bella, no estoy embarazada- respondió Leah tan tranquila.


-¿C...cómo?- pregunté confusa.


-Verás... -Jake se rascó la parte de atrás de la cabeza- hace unos meses, justo antes de navidades... iniciamos los trámites de adopción- me contó.


-¿De verdad?... ¿y por qué no me dijisteis nada?; ¿te ha dicho el médico que tienes algún problema?- pregunté a Leah, preocupada y sorprendida a la vez.


-No Bells... el doctor Simmons nos aseguró que no tenemos problemas... pero la adopción era algo en lo que llevábamos pensando mucho tiempo- me explicó mi cuñada.


-Y decidimos tantear algunas agencias de adopción... decidimos no decir nada, hasta pasar las entrevistas y los requisitos que te exigen- me explicó jake mientras comíamos... yo tenía demasiada hambre, iba ya por el tercer plato de ensalada.


-Y hace diez días, nos dieron el aprobado... en tres meses nos vamos a buscarlo... bueno, a buscarla- me explicó Leah emocionada.
-¿Es una niña?- pregunté con una sonrisa.


Ellos asintieron, mientras Leah me tendía una foto. Una preciosa niña de aproximadamente tres meses de edad, gordita, con el pelo color marrón oscuro y con los ojos rasgados descansaba en brazos de alguien, pero no se le veía la cara en la foto.


-Se llama Mailin, y es vietnamita- me explicó Jake, mirando la foto con una sonrisa.


-Es preciosa... muchas felicidades a ambos- por lo menos alguien era feliz... y Megan tendría una primita para jugar.


Después de contarme cómo sería su viaje, y de que la niña estaba sana y más cosas, nos dispusimos a saborear la pequeña tarta de cumpleaños. Jake encendió una velita, e intentamos que Megan la apagara sola... pero al final necesitó un poco de ayuda.


En esos momentos me acordé mucho de Edward, en cómo le habría gustado estar aquí.
Le dimos un pequeño trozo de tarta a Megan, pero prefirió irse a jugar con sus nuevos regalos. Sonreía mientras la miraba y me metía un trozo enorme de pastel a la boca.


-Bells... ¿desde cuándo te gusta el pastel de chocolate y galleta?... no eres muy de chocolate- dijo Jake mirándome extrañado. Me quedé extrañada, mirando la tarta... y lo más curioso, me apetecía otro trozo.


-Compramos tarta de chocolate por Megan... no sabía que te habían cambiado los gustos- dijo Leah.


Sonreí, intentado poner buena cara.


-Bu... bueno... tendré hambre, hoy no he desayunado- dije resuelta.


Mi hermano y mi cuñada se marcharon bien entrada la tarde. Estaba intentando cazar a Megan para meterla en la bañera, cuándo sonó el timbre de la puerta. Me quedé impactada, observando a Edward en la puerta. Estaba guapísimo, como siempre.


-Hola Bella- me saludó con una sonrisa de nervios.


-Hola, pasa por favor- le invité amablemente, apartándome de la puerta. Observé que traía un paquete envuelto en la mano.


-Supongo que vienes a felicitar a la cumpleañera- le dije con una sonrisa. El asintió, mientras le invitaba a pasar hacia el salón.


Se quedó embobado mirando a la niña; ésta, nada más verle, echó a andar hacia los brazos que le tendía. La levantó y la cogió.


-Feliz cumpleaños mi niña- oí que la decía muy muy bajito... pero yo lo oí... y no pude evitar que las lágrimas inundaran mis ojos. En un esfuerzo porque Edward no las viese, me dirigía la cocina con la excusa de prepararle un café y darle un pedazo de tarta. Una vez lo llevé al salón, me los encontré en el suelo, jugando cómo lo hacían antes y desenvolviendo la muñeca que le había

comprado Edward. Una mezcla de peña y añoranza me invadió, recordando los meses anteriores.


Edward levantó los ojos, y al ver la bandeja que llevaba en la mano se levantó para ayudarme.


-Gracias- dijo mientras tomaba la bandeja, nuestras manos se rozaron, y esa corriente volvió a aparecer, cómo cuándo estábamos juntos.


Ambos nos sentamos en el sofá, nos mirábamos con disimulo, hasta que él tomó la palabra.
-¿Cómo estás?- me preguntó.


-Bueno... bien- mentí descaradamente, pero sé que la sonrisa que le dediqué era más bien una mueca de pena.


-Ya... ¿cómo te va por el hospital?... hace mucho que no coincidimos en los quirófanos- me dijo suavemente.


Me encogí de hombros, para contestarle.


-Supongo que Jasper y Tyler lo han programado así- le dije, intentando aparentar indiferencia.


-Ya... bueno, supongo que en alguna guardia coincidiremos- respondió. Asentí levemente, mientras le preguntaba.


-¿Y tú, como estás?-.


-No te voy a engañar, no muy bien que digamos... os echo de menos... mucho- dijo, mirándome fijamente, y con la pena y el dolor escrito en sus ojos.


Suspiré, ¿cómo decirle que lo necesitaba con urgencia, que lo añoraba día tras día... que lo amaba más que a nada en el mundo...?; ¿pero el me amaba?.


-Bella... - dijo mientras dejaba la taza y se acercaba peligrosamente a mi. Mi respiración se agitó, necesitaba sentirle cerca de mí... y no pude evitar rozar mis labios con los suyos.


Todo daba vueltas a mi alrededor, sabía que ésto no estaba bien... pero no podía evitarlo. Echaba de menos sus besos y sus caricias... y me descontrolé. Mis manos viajaron a su pelo, y enredé mis dedos en el. Sus manos acariciaban mi cara con delicadeza, pero a la vez con necesidad, como reconociéndome y asegurándose de que era yo... pero una vocecilla nos hizo separarnos.


-Pa...pá- Edward yo nos volvimos apresuradamente. Megan estaba de pie a nuestro lado, con las manos apoyadas en las rodillas de Edward. Ambos nos quedamos sin aliento, mirando a la pequeña. Giré mi vista hacia Edward, que estaba mudo de la impresión.


-Yo... lo siento... es pequeña y todavía no distingue- no sabía que más decir o hacer.


-No pasa nada Bella... lo comprendo- dijo con una pequeña mueca de pena -debo irme, se ha hecho tarde- me dijo con una pequeña sonrisa. Dio un beso a la niña, y lo acompañé hasta la puerta.


-Gracias por venir, y por el regalo- le agradecí -y siento lo qué ha pasado... no...- me intenté disculpar.


-Bella... no me ha molestado... es más, me ha gustado... y sabes qué, si quieres, yo...- dejó la frase inconclusa, pero sabía a lo que se refería.


Asentí, mientras le daba un beso en la mejilla, observé que el cerró los ojos, disfrutando de nuestro pequeño e inocente contacto.


-¿Mañana vas de turno de mañana?- me preguntó una vez me separé de él.


-Sí... tengo un by-pass con tu hermano- le expliqué, como en los viejos tiempos.


-¿Podré invitarte a desayunar?- se ofreció tímidamente.


Asentí con una gran sonrisa, me dio una de vuelta y se metió en el ascensor. Lentamente cerré la puerta de casa, mientras miraba a mi pequeña, ajena a todo lo que había provocado.


Después de bañarla y acostarla, me senté un rato al ver la tele. Al de un rato, caí en la cuenta de lo del chocolate... y un escalofrío sacudió mi columna. Me acerqué a la cocina, y rápidamente busqué un calendario. Una vez lo tuve en mis manos, mi mente no hacía más que echar cuentas... las repetí como unas cinco veces... y todas con el mismo resultado.


Ningún síntoma, más que el hambre y las emociones... igual que la primera vez.


-Dios... ¿dónde está mi periodo?- pensé en voz alta, mientras el calendario se caía de mis manos.

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hola chicas, aki les dejo los dos capis de esta semana, lamento la demora. ya saben como anda mi dia. com amor Alejandra Rivas ; )

miércoles, 20 de abril de 2011

Entre el Amor y la Guerra

Sumario:
Ella se encontró con el futuro de su clan en sus manos. Siendo una niña apenas, tuvo que comportarse como mujer y ganarse el respeto de los hombres poderosos, en un mundo donde la mujer era moneda de cambio. Pero tenía unas cuantas cosas bajo la manga para conseguirlo.


Él sabía su obligación pero entre ejecutarla y aceptarla había un gran espacio. Y en ese espacio se clavo ella. Una mujer que no era más que una niña y que además en sí se comportaba como niño. Con toda su vida complicada cometió errores que le llevaron a perder mucho.


Solo una cosa simple y sencilla podrá devolverle todo lo que quiere él en su vida.


Una cosa sencilla y simple llamada amor.


¿Serán suficientes sus intentos?


Nota de la autora: este fic contiene escenas explicitas de violencia, sexo y lenguaje que podría herir la sensibilidad de las personas, se recomienda discreción y una mente abierta.





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Capitulo 18.- Dame una razón


Bella pov


-¿y ahora que quieres hacer?- pregunto Jake en cuanto desembarcamos en Londres.


-no sé… solo sé que necesitaba salir de ahí, creo que podemos seguir navegando, ir a Paris… no ya estuve ahí con él. Italia. Prepara todo nos vamos a Italia- dije mientras me subía de nuevo.


-bien pero debo comprar suministros, Italia está del otro lado y será un viaje mucho más lento y largo, si quieres te dejo en alguna casa de moda mientras compro todo. No te quedes encerrada- dijo sonriendo.


-No. Me quedo aquí, solo asegúrate de no tardar- pedí.


Baje a mi camarote de siempre. Ya no era lo mismo viajar en barco después de haber compartido la experiencia con Edward. Recordar cómo me hizo suya mientras la tormenta sacudía el barco, o como me tomo contra la puerta mientras las olas se golpeaban contra la cubierta era algo que me quitaba el sueño y la calma.


Algunas horas después sentí el barco moverse. Estábamos en camino.


-Bella nos detendremos en España para recargar, ¿quieres algo?- pregunto dos semanas después de empezar el segundo viaje.


-no, estoy bien, no espera… si necesito algo pero iré yo a comprarlo, consígueme un carruaje y alguno de los hombres para que me acompañe- pedí.


-te acompaño yo, solo déjame conseguir el transporte y encargar las provisiones al capitán- dijo.
Salió y me pude cambiar de ropa.


Tres horas después con todo lo necesario para mi periodo, que gracias a Dios había llegado confirmándome que mi humillación no tendría consecuencias lamentables, regrese al barco. Y seguimos el viaje.


Por fin llegamos a Italia. Tras siete semanas de viaje desde Londres y casi diez desde que dejara Eorlingan. Con la invalidación de mi matrimonio hecha o al menos en proceso. Esperaba que mi papa ya tuviera todo en regla.


-vamos Bella, rente una hacienda en las afueras de la ciudad, te dará privacidad y tiene una cabaña cerca para que me quede. La casa no tiene servidumbre, así que se quedara con nosotros la hija de la cocinera del barco y varios de los guardias. Estarás bien- dijo mientras descargaban todo a un carruaje y otro esperaba por mí.


-bien. Entonces vayamos, quiero dormir hasta navidad- dije.


-tu cumpleaños es en una semana ¿Qué haremos?-


-nada, en mi cumpleaños siempre pasan cosas raras, no me interesa celebrar o festejar nada. No hay nada que festejar, solo soy un año más vieja, un año más infeliz- dije antes de mirar por la ventana e ignorarlo el resto del camino.


Llegamos al lugar tres horas después. Me baje y fui directo a donde supuse estaban las habitaciones, recorrí la parte de arriba de la hacienda. Era grande y hermosa, no preste atención a la parte de abajo, encontré tres habitaciones grandes, hasta que encontré una enorme. Tenía la cama enorme con dosel y cortina en verde hierba. La ventana del tamaño de la pared bañaba de luz toda la estancia, pintada de las paredes en amarillo suave con detalles en verde y rosa, era como estar en un jardín un día soleado, la brisa que entraba era magnifica.


Una habitación comunicada por una puerta pequeña tenía una tina de porcelana gruesa en azul suave. Sobre esa tina había una especie de cubo grande el cual se llenaba por medio de unos tubos que llevaban agua. El dispositivo se activaba por medio de cuerdas. Un retrete escondido tras unos muros delgados y que no llegaban hasta el techo complementaba la habitación. Tenía un mecanismo parecido al de la tina, pero el cubo era más pequeño y en el fondo tenía un tapón que evitaba que el agua saliera a menos que se tirara de él. Toda la estancia estaba pintada en azul de diferentes tonos. Como el mar.


Junto a esta habitación pequeña, estaba una más grande, con un espejo que cubría toda la pared, frente a él estaba una especie de armario enorme y a un costado cajones de diferentes tamaños. Un diván sin respaldo pero con brazos en amarillo remataba el mobiliario. Lámparas en un costado y una ventana de la mitad de la pared hacía el techo con cortinas en rosa suave. Toda la habitación estaba pintada en color rosa y amarillo alternado, pero muy lindo.


Después de recorrerla completa decidí quedarme en esa. Pedí que subieran mi equipaje y me dedique a acomodar todo. No fue hasta que anocheció cuando vi la terraza, mi ventana enorme se abría a una terraza que tenía por lo menos media habitación de amplia. Con unos muebles de jardín en tonos pasteles, rosa, azul, amarillo y un diván en verde hoja. Las sombrillas cerradas ahora parecían de un estampado floral. Salí con una vela, pero el viento la apago. Decidí que la luz de la luna era suficiente.


Por costumbre más que otra cosa, use uno de los conjuntos infernales que tanto le gustaban a mi esposo, mi ex esposo ahora. Su favorito. El negro de encaje bordado sin más adorno que mi cuerpo. Sin envolverme en nada salí. El viento era cálido, fuerte pero soportable. Deje mis puertas abiertas y me acosté en el diván de afuera, a extrañar lo que ya no tenía.


- no deberías usar eso para estar afuera, algún sirviente podría verte- dijo una voz detrás de mí.


Me senté sin saber si estaba soñando o era real. Era él. El hombre de mis sueños y de mis

tormentos y enfados y… todo lo demás. Lo busque con la mirada pero no lo vi.


¿Era mi imaginación? ¿Mi mente estaba confundida? ¿Estaba loca?


-¿no me escuchaste…? ven adentro, no quiero que te enfermes de nuevo- escuche de nuevo.


Era mujer pero no era tonta. Tome la daga y entre a mi habitación, la vela que dejara antes encendida ya no lo estaba. Camine hasta la puerta y entonces lo vi. Solo la sombra de alguien. Me tense. Levante el arma lista para atacar cuando me tomo de las manos quitándomela antes de entender que estaba pasando.


-te juro que después que me escuches te dejare matarme si lo deseas…- dijo cerca de mi rostro.


-Edward… ¿Qué haces aquí? No tienes derecho, ya no somos nada, sal de mi habitación o Jake te sacara a golpes- dije alejándome tanto como pude, me envolví con la sabana de la cama.


-Jake, ¿tu Jake? No está. Salió con la cocinera… parece que te dejo en mi compañía- dijo, encendió una vela y estaba sonriendo.


Casi me deshago de felicidad.


-aun así no tienes derecho, ya no somos…-


-¿esposos? de hecho Bella, sí lo somos, ya que tu documento no es válido sin mi firma… y no he firmado, así que oficialmente seguimos casados. Y como tu esposo te pido que me escuches, tengo mucho que explicarte en cuanto a lo que paso con esa mujer… y pedirte perdón como corresponde… yo te amo Bella, no me dejes hasta escucharme- dijo acercándose un poco.


Si la sorpresa inicial de saber que no estaba libre no me fue suficiente, saber que él quería explicarme cosas y que yo lo perdonara si me tumbo.


¿Cómo podría perdonar él lo que yo hice?


-Bella ¿estás bien? -dijo cuando me sujeto entre sus brazos.


-no, no quiero que me explique nada y no necesitas que te perdone nada, no creo poder hacerlo, pero no es ese el motivo por el decidí separarme de ti, no es por lo que tú hiciste. Fue por lo que yo hice. No puedo seguir enfadada contigo y ofendida por tus acciones si yo misma me porte de peor manera- dije sin mirarlo y separándome tan rápido como pude.


-¿Qué hiciste Bella?- pregunto sin tocarme.


De pie a mi espalda.


-yo… yo… no puedo hacer esto, por favor déjame sola- pedí


-no… esto debe arreglarse, debemos poner una solución a nuestra situación. Dime la verdad y deja que sea yo quien juzgue si eres o no digna de ser mi esposa, después escúchame y decide si yo soy digno de ser tu esposo. Si al final aun quieres tu libertad yo… firmare lo que quieras- dijo susurrando apenas.


-no quiero que sepas, ya es bastante con la culpa y el asco que me tengo para dejar que también tú lo tengas hacia mí -


-cariño no puede ser tan malo, no puede ser peor de lo que yo hice… ¿Es eso? ¿Te acostaste con…? ¡¡¡No!!! ¡¡¡Tu no Bella!!! ¡¡¡Dime que no es eso!!!- pidió tomándome entre sus manos por los hombros y apretándome hasta hacerme daño.


Su rostro era de miedo más que de enfado.


-no me hagas decirlo en voz alta, solo firma y vete- pedí llorando.


-no me has respondido… ¿qué significa eso?- pregunto a su vez.


-¡¡¡que deje que me tocaran, que pusieran sus asquerosas manos sobre mi mientras intentaba ponerlos en contra… que su manos me recorrieron y me tocaron y me probaron y que habría preferido morir antes que dejar que hicieran algo más pero estaban pensando en matarte, en torturarte hasta que murieras y no podía permitirlo… que me deje tomar y cuando entraste al castillo estaba dispuesta a hacerlo de nuevo con tal de poder matarlos!!!- dije sin espacio, punto, coma o respirar siquiera.


Me soltó por completo, alejándose lo suficiente. Apenas logre dejarme caer en la cama.


-¿Quién? ¿Quién de los dos…?... ¡¡¡contéstame carajo!!!- grito cuando después de unos minutos no dije nada.


-el hijo- dije apenas.


Me miro completa y sin decir nada más salió de la habitación dando un portazo. Me quede estática, intentando entender que lo había perdido para siempre.


Esto era lo que sabía que pasaría, ahora me odiaba. Y tenía razón, no era más que una ramera y sería tratada como tal. No era más digna de ser su esposa, no era digna de estar frente a él. No era…


-¡¡¡maldita sea Bella!!! ¡¡¡¿Por qué?!!! ¡¡¡¿Por qué te dejaste?!!! - entro como huracán.


Tiro todo a su paso mientras gritaba, cuando se canso me miro antes de arrodillándose ante mí.


-Yo habría preferido morir a que pasaras por eso ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué no me dejaste morir?...-


-porque… yo no habría sobrevivido sin ti, al menos estarías vivo… lejos pero vivo- respondí.


-no Bella, yo no vivo sin ti, yo no sé dónde está el mundo sin ti… yo… te amo. Y no me importa lo que tú creas sobre la dignidad o la falta de ella. Todo lo que pasaste en ese lugar lo hiciste para salvarme, no tengo nada que perdonar y no hay manera de que sienta por ti otra cosa que no sea amor-


-pero yo…-


-tu nada, tu eres la mujer que quiero a mi lado… si logras perdonarme algún día- dijo abrazándome fuertemente.


Y me deje porque eso era lo único que necesitaba saber. O algo así. Su asunto aun no estaba arreglado. Era mi turno de saber. Necesitaba saber.


-¿Por qué seguiste con ella después de casarnos?- pregunte aun entre sus brazos.


-porque no te amaba en ese momento y no pensé que alguna vez lo haría- dijo sin soltarme.


-¿Por qué no la dejas cuando las cosas entre nosotros empezaron a mejorar?- pregunte de nuevo
-no sé Bella, sentía algo por ella y dejarla me costaba trabajo, pero después… cuando regrese y te encontré enferma sentí que moriría si algo te pasaba y después… con el viaje, la ropa infernal, el tiempo que pasamos juntos… me di cuenta que te amaba y la deje- respondió.


-esa noche en la cabaña ¿estuviste con ella mientras yo dormía?- pregunte.


Y esperaba que su respuesta fuera no y que solo se tratara de una mentira más de esa mujer.


-si- respondió sin mirarme y me solté de inmediato.


Y mi furia se desato. Me olvide de todo lo que yo hice y me concentre en lo que él hizo.


-¡¡¡¿Cómo pudiste?!!! ¡¡¡¿Cómo después de hacerlo conmigo?!!! ¡¡¡¿No te fui suficiente?!!! ¡¡¡¿No te complací?!!! ¡¡¡¿No era suficientemente buena para ti?!!! ¡¡¡Responde!!!- dije mientras con cada pregunta lo empujaba un poco más.


-no se trata de eso… Bella en ese tiempo sentía algo por ella y cuando llego me dio tristeza verla así y bueno una cosa llevo a otra, no lo planee de esa manera, tienes que creerme, me equivoque, fui un imbécil y te lastime de la peor manera pero te amo, los meses sin ti, cuando te capturaron, cuando te fuiste, todo ha sido una tortura… cuando tu padre me dijo que te habías ido yo… perdóname- suplico abrazado a mí.


De rodillas y llorando.


Me quede ahí, recordando las palabras de Jake el último día que estuve en la cabaña, las palabras de Edward cuando le confesé lo ocurrido. Analizando por un momento más que dejándome llevar por mis sentimientos.


-solo si tú perdonas lo que yo hice- dije por fin después de un rato en silencio.


-no tengo nada que perdonarte… no hay nada que hayas hecho que me ofenda, me duele terriblemente que hayas tenido que pasar por eso y será una cosa más por la que deberás perdonarme, nunca debí dejarte ir, nunca debí verla después de casado, todo esto, todo y cada cosa que ha pasado ha sido mi culpa, la única que debe perdonar aquí eres tu…-


-entonces yo te perdono y lo olvido- dije.


Me seguía doliendo y sabía que pasaría mucho tiempo antes que esa herida sanará en mí, pero sabía también que no estar con él me dolería mil veces más, además tan inocente ya no era, también tenía en mi conciencia los días en la isla, pero ya había perdido mucho.


No lo perdería a él también.

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listo chicas, el kpi de hoy, y con todo el dolor del mundo les informo

que no quedan mucho para el final....

con amor Alejandra Rivas ; )