jueves, 25 de febrero de 2010

Nuevo Still de The Runaways

"Se necesita un monton de pelotas, sin juego de palabras, para posar de pie asi"

Se añade a la lista de fans impresionado por ver a Kellan Lutz semi desnudo en su nuevo anuncio de ropa interior para Calvin Klein; a Nikki Reed su compañera de reparto en Crepusculo.

"Creo que se ve fantastico" nos dijo Reed la otra noche en la vision de Hollywood en 3.D de burberry Prorsum Show desde London Fashion Week. "En realidad estoy muy orgullosa de el"

Siguio contandonos...


"Se necesita un monton de pelotas, sin juego de palabras, para posar de pie asi" dijo Reed "Yo no tendria el coraje de enfrentarme desnuda asi"

A menos que, añadio con una sonrisa "Si me pareciera a Eva Mendes"

Reed, sin embarlo, no era tan locuaz sobre "Amanecer", "Lo estamos haciendo, yo lo se", dijo"Es que esta sucediendo. En cuanto a una fecha exacta, no lo sé"

Preguntando sobre si se va a realizar dos peliculas, bromeo "Yo se la respuesta a eso"

No es de sorprender, pero Reed se nego a dar detalles.

Fuente ^^

Por si se te olvido (Lo cual no creo xD) la imagen de Kellan (muucha baba) en ropa interior aqui te dejo una imagen para que.. lo recuerdes!! jaja xD


¿Robert y Kristen en el Show de Lizzy Pattinson?

Muchos afirman a través de Twitter haberlos visto allí, a ambos claro, pero ¿y las fotos? ¿donde estan? Bien sabemos que a través del internet se puede decir cualquier cosa y muchos lo podrían creer, pero nosotros (los que tenemos Blogs o los que leemos noticias) necesitamos más que un mensajiiito a través de Twitter para pensar que eso es verdad ¿O no?

Acá les dejo una supuesta fotillo de Robert anoche!! Pero en particular hasta que no vea una de ellos juntos... ¡NO LO CREO! ¿Ustedes si?

Casi platónico. Cap5: Cualquier similitud con la realidad...


Disclaimer: La historia original de Twilight, lamentablemente, pertenece a la señora Meyer. Ella es la creativa y, obviamente, la que tiene todos los millones. LadyC solamente es una chica con un poco de imaginación que usa todo esto sin ganar ni siquiera para una latita de gaseosa. La trama, los personajes que puedan no conocer y las dosis de locura son completamente de su Autoría. Y nosotras, Sky&Claire, nos encargamos tan solo de publicarla. =)

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CUALQUIER SIMILITUD CON LA REALIDAD

(Edward's POV)

Sabía que aquéllo que estaba haciendo no estaba dentro de los parámetros normales de nuestra amistad; pero, por primera vez, no me importaba pensar en lo que estaba haciendo. Había sido un impulso, un simple beso entre mejores amigos, una muestra de cariño insignificante, con el fin de ayudar a Bella. Sin embargo, la realidad me golpeó con crudeza. Los labios de la muchacha a quien consideraba mi mejor amiga moviéndose suavemente contra los míos; su cintura aprisionada entre mis brazos; sus dedos hundidos en mi cabello. Todo era demasiado agradable; más de lo que debería, de hecho.

Me separé de Bella, quizás con más brusquedad de la que hubiese deseado.

—Creo que puedo retractarme de mis palabras —comentó la jocosa voz de Catherine, que me parecía lejana.

A pesar de que teníamos público, no podía despegar mis ojos de Bella. De su rostro confuso, de sus labios rojos, de sus mejillas sonrosadas.

—Creo…yo creo… que voy a ir al baño —balbuceó Bella, de forma entrecortada—. Permiso.

—Te acompaño —se ofreció Alice rápidamente.

Cuando me volví para mirarla, el rostro de mi hermana era una perfecta mezcla de estupefacción y alegría.

Entonces, Bella comenzó a caminar torpemente entre la gente, con la pequeña Alice pisándole los talones. Catherine me dirigió una sonrisa de lado, antes de que una pareja la abordara para conversar. Con destreza, me escabullí y caminé hasta la mesa, dejándome caer en la silla que antes había ocupado. Solté un pesado suspiro y alcé mi rostro, encontrándome con los curiosos ojos de Jasper.

—Hey, Edward, ¿estás bien? —inquirió.

—No —sentencié secamente.

Todo aquello no estaba nada bien.

(Bella's POV)

Estaba caminando entre la gente, pero sentía que mis pies no tocaban el suelo. Parecía encontrarme en otra dimensión, en un mundo completamente paralelo. ¿Qué demonios acababa de pasar? ¿Edward me había…? ¡Dios, hasta pensarlo me resultaba completamente absurdo!

Obligando a mis pies a andar más rápido, me metí dentro del tocador y comencé a mojarme levemente el rostro, teniendo cuidado de no arruinar el maquillaje. Pocos segundos después, Alice apareció por la puerta del baño y me dirigió una mirada precavida. Yo, simplemente, cerré el grifo de agua y me apoyé contra la pared de aquel blanco reluciente. Entonces, dejé escapar un pesado suspiro mientras cerraba los ojos. Hasta respirar, en aquel momento, me resultaba algo muy complicado.

—¿Estás…bien? —preguntó cuidadosamente Alice, acercándose a mí.

Negué con la cabeza.

—¿Qué…qué acaba de pasar? —pregunté, en un susurro.

Quizás estaba loca. Quizás había sido producto de mi interminable imaginación. Quizás…

—Edward te besó —respondió ella, temiendo mi reacción, aunque con una tenue sonrisa surcando su rostro.

Negué con la cabeza nuevamente.

—Fue un truco —apunté, con la mirada perdida—. Era para ayudarme. Tú conoces a tu hermano, siempre me ha ayudado, siempre —comenté rápidamente, en un balbuceo confuso.

Asintió, con algo de desilusión en su mirada.

—¿No te molesta si me voy a casa? —pregunté, a media voz—. No me siento muy bien.

Negó lentamente con la cabeza.

—Vamos, ven —pidió, pasándome un brazo por la cintura, de forma cariñosa.

Comencé a caminar a su lado, aún con la calidez de los suaves labios de Edward sobre los míos. Había tocado el cielo con las manos y ahora estaba cayendo lentamente.

Sólo esperaba que el impacto no fuera demasiado fuerte.

(Edward's POV)

Le conté a Jasper lo que había sucedido y él tan sólo me escuchó, sorprendiéndose un poco más a medida que el corto relato avanzaba. Sin embargo, antes de que pudiera terminar, Alice y Bella hicieron aparición en escena. Ésta última evitaba mi mirada y parecía algo perdida.

—Edward, ¿puedes llevar a Bella a casa? —preguntó Alice suavemente—. Creo que Catherine, después de lo que pasó, no dudará que sois una pareja estable.

Asentí suavemente, no sin cierta vergüenza, mientras me ponía de pie. Bella comenzó a caminar adelante y yo la seguí, de forma cautelosa. Los dos nos metimos en el ascensor, en completo silencio. Ella comenzó a acomodarse el cabello de forma ida frente al amplio espejo, con una mueca pensativa plasmada en su rostro. Entonces, súbitamente, se volvió hacia mí.

—Gracias —dijo, con voz suave, mientras una sonrisa no muy convincente aparecía en sus labios.

—¿Por qué? —inquirí.

—Por ayudarme… con lo de Catherine y eso… —balbuceó, rehuyendo a mis ojos.

Pasé una mano por mi cabello, levemente incómodo.

—Con respecto a eso, yo…

—Edward, no te preocupes —me cortó rápidamente Bella, poniendo las manos en mis hombros—. Sé que lo hiciste para ayudarme.

Las puertas del ascensor se abrieron, y yo me quedé un poco rezagado cuando ella comenzó a caminar rápidamente, a duras penas, con aquellos tacones altos.

En silencio, ambos nos subimos al Volvo yempecé a conducir, oyendo sólo de fondo la emisora de radio que estaba sintonizada. Pronto llegamos al edificio donde vivía Bella, iluminado por las suaves luces de la calle. Mi amiga me miró antes de salir del auto, con una mueca que se me antojó inescrutable.

—¿Estás segura de que…? —pregunté vacilante—. ¿Realmente todo está bien?

Ella asintió y, con una sonrisa extraña, se inclinó hacia mí.

—De verdad, Edward —me abrazó de forma rígida, casi mecánica—. Estoy bien, gracias.

Después de darme un rápido beso en la mejilla, bajó del coche y escapó hacia su apartamento.

¿Realmente estaba bien?

Suspiré.

Quizás sólo era yo el que no se estaba sintiendo nada bien.

Tardé unos segundos en volver a poner mi vehículo en marcha para dirigirme a mi apartamento, presuroso. Abrí la ventana para que el viento, soplando con intensidad debido a la velocidad, me despejara un poco la cabeza. Llegué y, después de aparcar correctamente, me bajé de mi automóvil y comencé a caminar hacia mi edificio, con las manos en los bolsillos.

Estaba completamente abrumado.

Apenas llegué, ni siquiera me molesté en cambiarme. Tan sólo me quité la chaqueta, me aflojé la corbata, me desabroché los últimos botones de la camisa y me dejé caer sobre el sofá de la sala. No sabía por cuánto tiempo me había quedado mirando el techo, pero, en algún momento de la noche, debí de quedarme profundamente dormido. Sólo me quitó de mi sueño un golpeteo que parecía lejano. Poco a poco fue haciéndose más claro, seguido de repetidos timbrazos. Intenté aclarar mi cabeza y, mientras abría los ojos, comprendí que el sonido provenía de la puerta de mi apartamento. Con cuidado me puse de pie y, después de tambalearme peligrosamente y recuperar mi estabilidad, apoyándome en la pared, abrí la puerta. Me sorprendí notablemente cuando me encontré con el rostro de Jasper, quién parecía igual o más sorprendido que yo.

—¿Jasper? ¿Qué haces aquí? —pregunté, de forma adormilada.

Con una mueca divertida, alzó los libros que traía entre sus manos.

Me golpeé la frente con la palma de la mano. ¡El trabajo de Biología Celular! ¿Cómo lo había olvidado?

Jasper me dirigió una rápida ojeada.

—¿Estás bien? —preguntó, confundido—. ¿Hay algo de lo que quieras hablar? —inquirió luego, de forma suspicaz.

Dejé escapar un suspiro. ¿Por qué siempre debía ser tan perceptivo?

—Pasa —gruñí, mientras él reía suavemente.

Después de dejar todos sus libros sobre la mesa, Jasper me explicó la suerte que había tenido que el portero lo reconociera y lo dejara entrar. Luego se sentó en el sofá y me analizó detenidamente con la mirada. Pasé una mano por mi cabello, seguramente más desordenado de lo normal, mientras me acomodaba a su lado.

—Te ves mal, hermano —comentó.

—Muchas gracias —respondí secamente, con claro sarcasmo, mientras dejaba caer mi cabeza sobre el respaldo del sofá.

—¿Tan mal te dejó lo de ayer?

—Más de lo que te imaginas.

Aquello lo respondí siquiera sin pensar y, segundos después, caí en la cuenta de lo que había dicho, mientras de fondo oía la risita de mi amigo. Maldije entre dientes. ¡Condenado Jasper! ¿Tenía siempre que saberlo todo?

Nos quedamos en silencio. Mi amigo se quedó observándome, a la espera de que alguna palabra saliera de mis labios apretados —que no fueran maldiciones hacia su persona, claro—. Suspiré un par de veces y me dispuse a contarle el motivo del beso, cosa que no había conseguido la noche anterior, cuando Alice y Bella habían interrumpido. En el momento en que acabé con la pequeña, pero no por eso menos importante, parte del relato, Jasper me observó, pensativo.

—Entonces… ¿qué es lo que te preocupa? —preguntó, aunque algo en su rostro me dijo que en realidad no era un total misterio para él—. Si dices que lo hiciste para ayudar…

—Sí, pero Jasper… —balbuceé rápidamente, clavando mis ojos en la blanca pared ubicada frente al sofá—. Yo… quiero decir… no lo sentí como algo… fingido.

Aunque no lo estaba mirando, estaba seguro de que Jasper me observaba cautelosamente.

—¿Quieres decir que… sentiste algo? —preguntó mi amigo.

—No quería dejarla ir —balbuceé, perdido en mis pensamientos—. No se si sentí algo, pero me noté diferente…

Un nuevo silencio volvió a envolvernos.

—¿Sientes que… pasa algo con ella?

La pregunta de Jasper fue sorpresiva, pero rápidamente me encontré negando con la cabeza.

—Quizás estabas confundido —probó Jasper, con voz tranquila—. Siempre tuviste frente a tus ojos lo que buscabas, pero no pudiste verlo.

Lo estudié en silencio, con una mirada interrogante.

—¿Hasta cuándo duró tu relación con Tanya? —preguntó.

Lo miré, con el ceño fruncido. ¿A dónde quería llegar?

Tanya Denali, una compañera de la preparatoria, había sido mi… novia por unos cuantos meses. Sin embargo, lo nuestro no funcionó. Nunca conseguía estar atado a una chica por más de unas semanas, hasta que llegó Tanya. Lo intenté con ella, pero nunca pudimos, realmente, sacar algo bueno de nuestra relación. Entonces, fue en aquel momento en el que me di cuenta que no era un problema de las chicas. Todo aquéllo era un problema propio.

Pero… ¿qué era lo que Jasper intentaba probar?

—Tú no nos dijiste que no estabas interesado en las mujeres hasta que… Bella comenzó a salir con Tyler —apuntó mi amigo casualmente.

Fruncí el ceño.

—¿Y…?

Lo escuché reír, mientras negaba suavemente con la cabeza.

—¿No te das cuenta, Edward? No era un problema de las chicas —explicó, aún con una sonrisa—. No te interesaban las chicas con las que salías, te interesaba ella. Sólo ella. Estaba esperando a que te dieras cuenta por ti mismo.

Automáticamente, negué con la cabeza, de forma suave. Aquéllo no podía ser. Ella era Bella, mi Bella. Ella era mi mejor amiga, mi pequeña, esa que siempre había estado en el momento justo, toda mi vida. Ella no podía ser más que eso. Yo lo tenía muy claro.

¿Realmente lo tenía tan claro?

Suspiré.

—¿Necesitas que te diga lo evidente? —preguntó la suave voz de Jasper, aún con aquel aire cauteloso.

—No, gracias —murmuré.

Quizás, todo estaba bastante claro.

Aunque no de la forma que yo había creído


miércoles, 24 de febrero de 2010

LLC. Capitulo 20: Encontrando un Arbol

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ENCONTRANDO UN ARBOL

Había estado ansioso casi todo el día. Estar separado de Bella, después de haber confesado nuestro amor, era casi insoportable. Todo lo que quería era estar en casa, abrazándola.

Estaría mintiendo si no dijera que una pequeña parte de mí también quería asegurarse de que era verdad. No quería nada más que Bella me quisiera como yo la quería a ella. Pero esa persistente voz en mi cabeza me decía una y otra vez que cómo alguien tan perfecto podía quererme. Sabía que era mi miedo haciendo que dudara de ella. Pero como Alice me había dicho, Bella no tenía nada que ver con la chica que me había hecho daño.

Sabía que necesitaba dejar atrás el pasado, especialmente si quería un futuro con Bella. Pero ¿cómo olvidas algo tan doloroso? ¿Cómo eliminas los cambios que provocó en tu vida, en tus creencias?

Quizás Alice había tenido razón... quizás todo lo que había que hacer era dejar de tener miedo y abrirte a la persona correcta. Esa persona era Bella. Ella nunca me haría daño. Me había dicho que no lo haría y cada parte de mí sabía que estaba diciendo la verdad.

Esos pensamientos eran importantes, pero también lo era el examen que tenía delante de mí. Tuve que usar todo mi control para concentrarme en el examen. Intenté no hacerlo muy rápido, pero aún así fui el primero en acabar. Me hice repasarlo dos veces. Lo último que necesitaba era arruinar mi examen final. Carlisle lo usaría como excusa para hacerse cargo de mi carrera.

Dejé el examen y me fui rápidamente. En el camino de vuelta a casa, mis pensamientos volvieron a Carlisle otra vez. Mi padre me quería y quería que fuese feliz, pero también creía que sabía cual era la mejor manera de conseguir eso. Quería que fuera médico como él. Yo sólo quería tocar música. Sabía que necesitaba hablar con él sobre esas cosas, pero quería esperar hasta después de Navidad.

Cuando finalmente llegué a mi calle, respiré de alivio. Estaría viendo a Bella en unos segundos. Aparqué el coche y abrí la puerta. Escuché la puerta principal abrirse y levanté la mirada para ver a Bella corriendo hacia mí.

"¡Edward!" gritó mientras caía en mis brazos, abrazándome fuertemente.

Incliné la cabeza y hundí la cara en su cuello. "Gracias por la cálida bienvenida."

"Te he echado de menos."

"Yo también te he echado de menos," dije, levantando la cabeza y besándola suavemente. "Te quiero, Bella."

Sonrió y sus ojos marrones brillaron de alegría. "Te quiero, Edward."

"¡Bella!" la llamó Alice desde el porche. "¡Vuelve aquí! ¡Todavía no hemos acabado!"

Bella se rió por lo bajo mientras agarraba mi camiseta y se apretaba más contra mí. "El Duendecillo de las Vacaciones es una malvada que te obliga a trabajar. Sólo necesita un látigo para completar el conjunto."

Una risa se me escapó mientras íbamos a la casa. Alice me dirigió una expresión de desconcierto. Estoy seguro de que se estaba muriendo por saber de que me estaba riendo, pero negué con la cabeza. No pondría a Bella en peligro de compras. Era la forma favorita de venganza de Alice.

"¿Cómo te ha ido el examen, hermanito?" preguntó Alice, sonriendo por como estaba agarrando a Bella.

"Creo que lo he hecho bastante bien. El profesor no cubrió tanto material como dijo que haría. Sólo me queda un examen y habré acabado con este semestre." Eché un vistazo al salón, admirando el trabajo de Alice y Bella. "Está muy alegre, Alice."

"¡Sólo espera hasta que tengamos el árbol!" dijo Alice animadamente, frotándose las manos. "La verdad es que creo que puede que supere a Esme este año."

"Hablando de ella..." miré fijamente a Alice, dejándola saber de lo que estaba hablando en caso de que nuestra madre estuviera en casa.

"Ha ido a Port Angeles a pasa el día. Algo sobre un acto importante," dijo Alice.

"¿Deberíamos usar esta oportunidad para recoger su regalo?" pregunté.

Alice se puso los dedos en la frente y cerró los ojos. Los abrió y me sonrió. "Prevengo que lo haremos mientras conseguimos el árbol."

"Por supuesto." Me reí por lo bajo. "Eres la Gran Ali."

"¿Le importaría a alguien incluirme en la conversación?" Bella estaba sonriendo mientras nos miraba.

Resistí el impulso de cubrir su preciosa cara con besos. Aunque los dos lo disfrutaríamos, también sabía que la haría pasar vergüenza delante de Alice. En vez de eso sonreí.

"Cuando era pequeño. Alice intentó convencerme de que podía ver el futuro. Incluso hizo un cartel para su puerta, llamándose a sí misma la Gran Ali. Tenía una mesita montada, con bola de cristal y todo. Aunque el turbante morado era demasiado."

"Yo no hago nada a medias, hermanito." Alice me dio en el pecho con un dedo. "Tú, de todo el mundo, deberías saberlo."

"Lo sé," me reí por lo bajo, empujándole la mano.

"Bueno, Gran Ali," dijo Bella. "Dime mi futuro."

Alice cogió la mano de Bella y trazó las líneas de su palma. "Veo un gran amor en tu futuro. Te veo siendo muy feliz y con mucho éxito. Veo una gran familia con dos niños, una gran casa, un Volvo y un Porshe Cayenne. Oh, y dos cuñadas, ¡que te forzarán a comprar hasta que te caigas!"

"Eso es tremendamente específico," Bella se rió, recuperando su mano. "¿Y cuándo voy a encontrar a este gran amor?"

"Ya lo has hecho," dijo Alice con un guiño. Se fue bailando a la cocina sin esperar la respuesta de Bella.

Bella se quedó de pie a mi lado tan inmóvil como una estatua. Le di un momento, preguntándome lo que estaría pasándole por la cabeza. ¿No pensaba que nuestro amor era grande? ¿No quería una familia en su futuro?

"Bella, ¿estás bien?" pregunté.

Asintió lentamente. La acompañé hasta el sofá y la senté.

"No puede ver el futuro de verdad, ya sabes."

"Lo sé," susurró Bella, mirándose fijamente las manos. "Pero sería bueno si pudiera... y tuviera razón."

Mi corazón se hinchó por las posibilidades de su declaración. Pero antes de que pudiera decirle lo que yo pensaba, la puerta principal se abrió de repente. Emmett y Jasper entraron discutiendo, arrastrando a Rosalie.

"Te estoy diciendo que en la vida real nunca pudo pasar de esa manera," insistió Jasper. Su cara estaba roja y me pregunté cuanto tiempo llevaban con eso.

"¿Cómo lo sabes?" discutió Emmett. "¿Estabas allí durante la Guerra Civil?"

"No, pero he leído todo lo que hay sobre eso," se defendió Jasper. "El submarino que llamaron 'David' no fue construido como un submarino normal. La palabra 'torpedo' tenía un significado muy impreciso en aquella época. El submarino se usaba sobre todo para embestir barcos. No tiene nada que ver con los de 'La Caza del Octubre Rojo'."

"¿Podéis parar?" suplicó Rosalie. Se dejó caer en uno de los sofás y se cubrió la cara con las manos. "Habéis estado discutiendo desde la mitad de la película. ¡Han sido unas tres horas!"

"Lo siento, Rose," dijo Emmett. Se sentó a su lado y con delicadeza le quitó las manos de la cara. La abrazó y la besó en la mejilla. "Supongo que se nos ha ido de las manos."

"Perdón," Jasper suspiró, sentándose a mi lado en el sofá. "Da la casualidad de que La Guerra Civil es una pasión mía."

"Ya lo he visto," comentó Bella mientras le sonreía a Jasper. Él le devolvió la sonrisa.

"¡Jazzy!" gritó Alice mientras venía corriendo y saltaba encima de él. "¡Hoy te he echado de menos!" Le rodeó con sus pequeños brazos y le besó a fondo.

Casi era suficiente para que me sonrojara, pero lo había visto suficientes veces para superarlo. Al parecer, Bella no era inmune. Sus mejillas estaban rojas mientras miraba fijamente el techo. Hice todo lo que pude para no reírme mientras la abrazaba, intentando consolarla.

"Alice, la casa está genial," dijo Rosalie mientras contemplaba la habitación.

Alice se separó de Jazz y sonrió. "¡Todavía queda mucho que hacer! ¡Pero primero! Tenemos que recoger el regalo de Esme y comprar un árbol. ¡Deberíamos irnos ya!"

"Cojamos mi Jeep y podremos ir todos juntos. El árbol también cabrá perfectamente en la parte de arriba," dijo Emmett.

Bella y Alice se fueron corriendo hasta el armario de los abrigos y sacaron sus chaquetas. Todos salimos fuera y nos dirigimos al Jeep de Emmett. Era una monstruosidad, pero era perfecto para conducir por carreteras no pavimentadas. Emmett nos había llevado a Jasper y a mí unas cuantas de veces.

Esperé pacientemente a que Bella se subiera en la parte de atrás. Sonreí al darme cuenta que las ruedas casi le llegaban a la cintura. Mis reflexiones fueron interrumpidas cuando Bella empezó a caerse hacia atrás.

Sin ser consciente de lo que hacía, extendí los brazos para sujetarla y que no se cayera al suelo. La levanté para que se montara sin problemas en el jeep. Entonces fue cuando me di cuenta de que acababa de tener mis manos en el culo de Bella.

Casi me ahogué y tosí, intentando no ponerme rojo. Mi madre siempre me había enseñado a ser respetuoso y había ciertos sitios en los que simplemente no ponías las manos. ¿Qué iba a pensar Bella?

La estruendosa risa de Emmett sonó justo detrás de mí, haciendo que me encogiera. ¿Lo había visto? Pensé que lo mejor era actuar como si nada hubiera pasado por si no lo había visto.

Me dio una fuerte palmada en la espalda y dijo "¡Súbete en el jeep, Eddie!"

"¿Qué le ha pasado a mi mes sin ese apodo?" pregunté.

Emmett se inclinó más cerca de mí y susurró, "Acabas de tener las manos en el culo de mi hermano pequeña. Puedo llamarte como quiera."

Tragué saliva y le miré, esperando que no fuera a humillarme.

Se rió otra vez. "¡Súbete ya, Edward!"

Mis nervios se habían disparado. ¿Había pensado Emmett que eso era ir muy lejos? ¿Iba a decirle algo a Bella? Era mi amigo, y sabía que era tonto estar preocupado por que me fuera a dar una paliza... Pero también era su hermano mayor. ¿Por qué Bella no podía tener un hermano un poco menos capaz de darme una paliza?

Bella se inclinó hacia mí. "¿Qué estaba diciéndote Emmett? Estás un poco verde."

"No mucho," me encogí de hombros.

Ya había pasado suficiente vergüenza, sin admitirle a Bella mi miedo hacia Emmett. Ella siguió mirándome fijamente. El brillo de sus ojos me hizo sentir como si supiera lo que había pasado y lo que estaba pensando.

Bella se inclinó y puso sus labios al lado de mi oído. "Te vio ayudarme, ¿verdad?"

Sólo pude asentir.

"No te preocupes. No me ha importado."

Se sentó otra vez y sólo pude mirarla. Una vez más, me había dejado sin habla al decir algo completamente inesperado. Me sonrió y volvió su atención a Alice. Me encontré a mi mismo deseado que pudiera leer su mente. Le hubiera preguntado lo que estaba pensando, pero estábamos rodeados de cotillas.

"¿Y cuál es el regalo que estamos recogiendo para tu madre?" preguntó Bella.

Había estado tan perdido en mis pensamientos que no me había dado cuenta de que me estaba mirando otra vez. Sonreí, pasando una mano por su sedoso pelo de color chocolate. "Alice y yo nos decidimos por un cuadro."

"¡A Esme le encantará!" dijo Bella alegremente.

"¿Cómo lo sabes? Todavía no lo has visto." pregunté.

"Porque es Esme y le encantan los cuadros," Bella se encogió de hombros.

"Eso es lo que yo dije," gritó Alice, dándome una palmada en el hombro. "Bueno, Bella, ¿has acabado tus compras de Navidad?"

"La verdad es que no he empezado," admitió Bella.

"¡BELLA!" gritaron Alice y Rosalie.

"¡Bella Swan! ¡Estamos a 22 de diciembre! ¿Cómo es que todavía no has empezado?" dijo Alice escandalosamente, con las manos en las caderas.

"Odio comprar," contestó Bella, sus mejillas poniéndose rojas.

"Vamos a ir mañana, jovencita," ordenó Alice. "No nos iremos hasta que tengas regalos para todo el mundo de tu lista."

"Bien," Bella se rió. "¡Es una lista muy corta!"

"¿Cuántas personas tienen en tu lista?" preguntó Alice.

Bella se mordió el labio y arrugó la nariz. "Nueve."

"¡Nueve!" gritó Alice. "¡Y ya está!"

"Alice," dije entre dientes. Yo sabía porque Bella sólo tenía nueve personas. ¡No podía creer que mi hermana no lo supiera! ¡Siempre parecía saberlo todo!"

Bella se tiró de la camiseta. "Sólo nueve. No conozco a tanta gente."

Alice le dio un fuerte abrazo a Bella. "Lo siento. Eso ha sido muy insensible por mi parte. Sólo es que me había imaginado que alguien tan dulce y divertido como tú tendría muchísimos amigos. ¿Me perdonas?"

Bella asintió lentamente.

"¿Me dejarías por favor que te lleve a comprar y que te ayude a encontrar tus regalos?" preguntó Alice con una amistosa sonrisa. ¡Estaba impresionado! Alice nunca pedía permiso para arrastrar a alguien de compras.

Bella sonrió alegremente y besó a Alice en la mejilla. "Es tu deber como mi amiga ayudarme, ¿verdad?"

"¡Por supuesto!" Alice se rió por lo bajo. "¿Y quiénes son esos nueve? Quiero ir pensando en ideas."

"Bueno, estáis tú y Jasper, Emmett y Rosalie, Esme y Carlisle, Angela y su novio Ben, y Edward," contestó Bella, contando con los dedos.

Alice gritó y abrazó a Bella otra vez. "¡Vamos a pasárnoslo tan bien mañana!"

Tan pronto como Alice la soltó, cogí a Bella entre mis brazos. Me incliné y le susurré al oído, "Alice no tenía mala intención. Ella sólo... se emociona demasiado a veces. ¿Estás bien?"

Asintió con la cabeza, pero yo podía sentir la tensión en sus hombros mientras la abrazaba. Decidí intentar hacerla reír.

"Es muy valiente por tu parte aceptar hacer las compras de Navidad con Alice. Es peor en las fiestas."

Bella se rió por lo bajo y su pequeño cuerpo tembló contra el mío.

Sentí que Bella se merecía una sorpresita por aguantar a mi hermana. "Te daré uno de tus regalos antes."

Se giró para mirarme, sus ojos muy abiertos, y se acercó para que nadie nos oyera. "¡Muy bien, Tutor-boy! Primero de todo, ¿qué has querido decir con uno de mis regalos? ¿Cuántos hay? ¿Y porqué tienes regalos para mí? Segundo, ¿qué me has comprado que necesites darme sólo porque voy a ir de compras con Alice?"

Sonreí a su expresión de frustración. ¡Estaba adorable! Sabía que tendría que convencerla, pero quería que tuviera este regalo. La besé en la punta de la nariz y su respiración cambió, dejándome saber que tenía su atención.

"He dicho uno de tus regalos porque te he comprado varias cosas. No te voy a decir el número exacto. Tengo regalos para ti porque quiero dártelos. Y tendrás que esperar para averiguar qué será tu primer regalo."

"¡De ninguna manera!" dijo Bella entre dientes, cruzando los brazos.

Me incliné y rocé mis labios con los suyos. "Por favor, Bella. Por favor, déjame hacer esto para ti. Después de todo es Navidad."

"Yo... no sé..." susurró Bella.

La besé suavemente y me separé. Sus ojos estaban cerrados y su cara relajada. Sonreí, seguro de que ganaría a su miedo por las sorpresas.

"Por favor, Bella."

"Sólo esta vez, pero no lo conviertas en una costumbre," dijo Bella mientras abría los ojos y me miraba con furia.

Sonreí torcidamente y la besé en la frente. Suspiró y se apoyó contra mí, abrazándome fuertemente. ¡Estaba muy emocionado porque hubiera cedido tan fácilmente!

Apoyé mi cabeza en la suya y la rodeé con mis brazos. Quedaba perfectamente contra mí. Todo sobre Bella era perfecto. Respiré hondo, oliendo su champú de fresa. Cerré los ojos y dejé que mi mente se distanciara, imaginándome su reacción con los regalos. Estaba seguro de que me equivocaría completamente, pero esperaba que le gustasen.

De alguna manera, me las arreglé para quedarme dormido mientras la abrazaba. Lo siguiente de lo que fui consciente fue de mi hermana riéndose y tirándome suavemente del pelo.

"¡Despertad, dormilones!" dijo Alice soltando risitas. "¡Tenemos un árbol que comprar!"

Estiré la espalda sobre el asiento mientras Bella se incorporaba, frotándose los ojos. "¿Y el regalo de Esme?" pregunté.

"Te he dejado dormir mientras hacíamos eso," dijo Alice. "De todos modos ya lo has visto."

"¿Dónde están los otros?" preguntó Bella.

"No quería que os tuvierais que despertar con todos ellos riéndose," contestó Alice.

"¡Gracias, Alice!" dijo Bella, abrazándola fuertemente. "Me habría quedado permanentemente roja."

"Lo sé," Alice se rió por lo bajo. "¡Ahora págamelo ayudándome a escoger el árbol perfecto!"

"¡De acuerdo!" Bella soltó una risita. Me cogió de la mano y nos bajamos del jeep.

"¡Hey, mirad!" dijo Emmett desde el otro lado del aparcamiento. "¡La Bella Durmiente y la Bestia se han levantado!"

Bella se sonrojó furiosamente y escondió la cara contra mí. Hubo un fuerte sonido de un golpe. Levanté la mirada y vi a Rosalie mirando a Emmett con furia mientras él se frotaba la parte de atrás de la cabeza.

"Creo que Rosalie te considera familia, Bella. Acaba de pegar a Emmett por meterse contigo," susurré.

Bella me miró con una expresión tan triste y esperanzadora que hizo que me doliera el corazón por ella. "¿Lo crees?"

Me di cuenta de que esta preciosa mujer había estado sola, con sólo Emmett, durante demasiado tiempo. Estaba teniendo problemas aceptando tanta gente a la vez en su frágil corazón.

"¡Hey, Rose!" la llamé.

"¿Qué estás haciendo?" dijo Bella entre dientes.

"¿Confías en mí?" pregunté, cogiendo su cara entre mis manos.

Asintió. "Completamente."

"Entonces ten paciencia."

"¿Qué pasa, Edward?" preguntó Rosalie mientras se acercaba. Sonrió a Bella y le dio un abrazo con un solo brazo. Justo lo que esperaba.

"Sólo me estaba preguntando por qué has pegado a Emmett," dije.

Rose sonrió y abrazó a Bella más fuerte. "Porque estaba riéndose de mi amiga Bella." Rose miró a Bella a la cara y continuó. "Puede que sea tu hermano, pero tú eres mi amiga, y no aguantaré a nadie que te moleste." Me miró y me guiñó el ojo. "Y eso también va por Edward. Déjame saber si cruza la línea contigo, incluso por un segundo."

Bella asintió y sonrió. Rosalie la besó en la frente y se fue andando hacia Emmett y nuestros amigos.

Cogí a Bella y me la acerqué, queriendo que sintiera mi amor en nuestro abrazo. "¿Lo ves ahora?" pregunté. "¿Entiendes lo extraordinaria que eres? Todos ansiamos tu compañía, Bella. Eres preciosa en mente, cuerpo y espíritu. Todos vemos eso."

Me abrazó más fuerte, sollozando un poco contra mi camiseta. "Gracias, Edward. Me siento mucho mejor."

"¡Perfecto!" me reí por lo bajo. "Esa era la intención. Ahora, mujer más preciosa que es mi muy preciosa novia, vamos a escoger un árbol."

"¡Buen movimiento, Tutor-boy!" Bella se separó de mí, sonriendo alegremente. "Eso ha sido dos veces en una frase."

"Decía la verdad anoche cuando te dije que me las arreglaría para meterlo en tantas conversaciones como sea posible," dije, cogiéndole la mano. Levanté nuestras manos entrelazadas y besé la suya.

"¡Los árboles están allí!" cantó Alice, botando mientras cogía la mano de Jazz.

Bella y yo nos reímos mientras corríamos hasta ellos.

Alice nos forzó a todos a ir por cada pasillo, a veces dos veces, para encontrar el árbol perfecto para el salón. Bella fue la que encontró el árbol que se ganó las alabanzas de Alice. Emmett, Jasper, y yo nos peleamos con el pino de 3 metros para llevarlo hasta el jeep y asegurarlo al techo. Las chicas aplaudieron y silbaron por nosotros cuando finalmente aseguramos la última cuerda. Nos subimos al jeep y nos dirigimos a casa.

Mi padre aparcó en la calle justo delante de nosotros. Nos ayudó a bajar el árbol y a meterlo en la casa mientras las chicas gritaban que nos moviéramos a la izquierda o la derecha para que no estropeáramos el árbol. Finalmente lo conseguimos poner en el pie y en la esquina que Alice quería. Fuimos recibidos con otra ronda de aplausos por nuestro duro trabajo.

También me encontré con una Bella muy entusiasmada cuando saltó en mis brazos y me besó dulcemente. La apreté más fuerte contra mí, olvidando que todos los demás existían. Sólo estábamos Bella y su amor por mí. Una vez más estaba sorprendido por que se sintiera así por mí, y muy agradecido por tenerla en mi vida.

"¡Hey!" gritó Emmett. Bella y yo saltamos. "Puede que no me importé que estéis saliendo, pero no quiero ver a mi hermana pequeña enrollándose delante de mí."

Bella sonrió a Emmett malignamente. "No seas mojigato, hermano oso." Se giró hacia mí y agarró el cuello de mi camisa, poniéndome otra vez contra sus labios. Levemente oí a Jasper silbando y a Alice y Rosalie riendo, pero estaba más concentrado en los maravillosos y suaves labios presionados contra los míos.

¡No Son Pareja... al menos publica!

Gossip Cop ha pasado horas intentando verificar la noticia de Robert y Kristen. Al principio nos dijeron que la entrevista era una farsa.
A continuación, contactamos con muchas, muchas personas, incluido el autor de la explosiva entrevista en la cual R-Pattz decía: ESTOY con K-Stew.

A diferencia de muchos sitios que cogieron la entrevista sin verificar, incluyendo Hollyscoop (Robert Pattinson confirma que está saliendo con Kristen Stewart) y HollywoodLife (Kristen, al final tu novio admite que son pareja), Gossip Cop ha verificado con un reportero (más de una vez en las últimas horas) lo que fue dicho y lo que no fue dicho el Domingo.

El reportero le dijo a Gossip Cop que Pattinson no dijo: 'somos una pareja' agregando que no iban a deletrearlo con gran detalle. Lo que el reportero le preguntó después de la cena fue lo siguiente: ¿Es esto una aparición pública juntos? A lo que Pattinson respondío: 'Estamos juntos'.


Cuando Gossip Cop le insistió sobre si la repuesta de Pattinson significaba que eran pareja, el periodista dijio: 'Esta es mi hipótesis de lo que él dijo'. Así que Robert nunca dijo que fueran pareja, mientras que The Sun publicaba que Robert había admitido que lo eran. Pero ese no es el caso.

Esto no quiere decir, sin embargo, que Robert y Kristen sean o no pareja. Pero la afirmación de que Robert lo dijo en la cena simplemente no es cierta. Como Gossip Cop ha mantenido desde el principio, les toca a los actores decidir lo que quieren revelar y en qué momento...

Mil y un Gracias a ANDREA que me pasó la página por ChatBox hace... 7 minuuutos xD jajajajaja!!! Y yo que estaba emocionadiiisiima con la idea ='(

Billy Juega Pokkkeeerrr ^^


Gracias a nuestros amigos addictedtotwilight tenemos las siguientes imágenes de Billy Burke participando en un torneo de poker llamado World Poker Tour Invitational.

Por si olvidaron o no reconocen a este señor es quien interpreta al padre de Bella en nuestra Saga preferiiida ♥

¡Comic de Meyer!


La biografía de Stephenie Meyer en cómic se ha vendido tan bien que ahora están presentando la nueva versión de tapa dura de la historia de Meyer, con una nueva portada, y nuevos contenidos. Aquí os dejamos la portada y la traducción de la noticia.

Vampiros, hombres lobo y, por supuesto, las personas que los aman han sido muy buenos para la escritora Stephenie Meyer. La escritora, creadora de la saga Crepúsculo, quien ha tenido una gran venta de las novelas de vampiros, ha logrado la más rara de las hazañas de los autores modernos: se ha convertido en una celebridad.

La biografía cómica de Meyer resonó con los fans de los libros de Crepúsculo y de las películas. Bluewater, de hecho, dice que se agotaron varias de las ediciones del cómic, convirtiéndose en uno de los más exitosos de la compañía en ventas. Por eso, en esta edición llamada "Twilight Unbound: The Stephenie Meyer Story", se lanzará una nueva versión de tapa dura.

Esta nueva versión incluye actualizaciones sobre el éxito de Luna Nueva, la película más reciente, y un vistazo a los planes futuros de Meyer para Edward y Bella. El libro también se rellena con extras, por lo que es una compra obligada para fans de Cepúsculo.

El cómic está programado para ser lanzadoo en Mayo.

Casi platónico. Cap4. Es solo Ficción

Disclaimer: La historia original de Twilight, lamentablemente, pertenece a la señora Meyer. Ella es la creativa y, obviamente, la que tiene todos los millones. LadyC solamente es una chica con un poco de imaginación que usa todo esto sin ganar ni siquiera para una latita de gaseosa. La trama, los personajes que puedan no conocer y las dosis de locura son completamente de su Autoría. Y nosotras, Sky&Claire, nos encargamos tan solo de publicarla. =)

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ES SOLO FICCION
(Bella's POV)

Cuando llegué a mi apartamento, pensé que estaba vacío, ya que la sala de estar se encontraba completamente a oscuras. Sin embargo, me acerqué al ver luces en una de las habitaciones. Alice estaba dentro de ella, acomodada sobre su cama, leyendo lo que parecía ser una revista de moda; a su lado reposaban una pequeña libreta y un bolígrafo. Cuando me escuchó, alzó la vista y me dirigió una sonrisa.

—¿Cómo fue todo con el moscardón? —preguntó inocentemente.

—El principio fue terrible —aseguré, con un suspiro—. Afortunadamente, Edward llegó al rescate.

Una sonrisa pícara surcó su rostro, que luego cambió por una mueca pensativa.

—Ya me lo parecía —apuntó, llevando un dedo a su barbilla—. No recuerdo haberme caído por las escaleras en las últimas horas —aseguró de forma traviesa.

Reí de forma tímida.

—Fue lo único que se me ocurrió —comenté.

Ambas nos dirigimos a la cocina y preparé dos tazas de café, mientras Alice se sentaba en uno de los taburetes de la barra. Le dejé su taza enfrente y tomé asiento yo también. Entonces, después de unos minutos de silencio, recordé las últimas palabras de Edward.

—¿Alice, qué planes tienes para mañana? —pregunté, casi de forma amenazante.

Ella sonrió inocentemente, batiendo las pestañas.

—Escupe —musité, mirándola con los ojos entrecerrados.

—Iremos a una fiesta que organizan los gerentes de Armani —explicó rápidamente, como quien no quiere la cosa—. La realidad es que están buscando personal, y yo les dije que tenía alguien para presentarles… —. Me quedé mirándola sin comprender—. Les dije que mi amiga Isabella sería una excelente dependienta.

—¿¡Eh!? —exclamé, con la taza de café balaceándose peligrosamente entre mis manos—. ¿Que tú dijiste qué?

—Sí, Bella, tú puedes ser una excelente dependienta —aseguró rápidamente, sin permitirme el derecho a réplica—. Aprendes rápido, eres cordial y, sobretodo, vives con una loca obsesionada por la moda —se señaló a sí misma, con una sonrisa—. Además, lo que más les importa es la responsabilidad y seriedad en el trabajo, y sabes que tú tienes mucho de ello.

La siguiente media hora escuché a Alice enumerar los beneficios de trabajar en un lugar tan prestigioso, entre los que se destacaban el abundante salario, las escasas horas de trabajo y la interacción con reconocidos personajes mediáticos. Sabía que Alice odiaba el trabajo que tenía actualmente y, aunque tenía claro que todos aquellos beneficios a mí no me importaban, realmente apreciaba el esfuerzo que mi mejor amiga estaba haciendo. Probablemente, si Jessica se enteraba que Alice me estaba otorgando aquella posibilidad a mí en vez de a ella, querría matarme.

—De acuerdo, ¿y dónde será la fiesta? —pregunté, resignada, con una suave sonrisa.

Alice bajó de su taburete para colgarse de mi cuello.

—¡Gracias! —chilló animadamente—. Es en un hotel del centro —explicó—. ¡Conocerás a Cath! Es una mujer tan agradable y divertida y tenemos tantas cosas en común —me siguió contando, hablando a toda velocidad.

Parpadeé, aturdida, pero ella no pareció notarlo.

—Mañana te arreglaré. ¡Tengo un vestido hermoso para ti!

Una emocionada Alice dejó la cocina para dirigirse, con alegría, a su habitación. Suspiré, preparándome mentalmente para la sesión de tortura que tendría al día siguiente. Tuve suerte que estaba demasiado cansada como para pensar en ello y, apenas mi cabeza tocó la almohada, el sueño comenzó a apoderarse de mí, hasta que me quedé completamente dormida.

El sábado disfruté de la posibilidad de poder despertarme tarde, sin ningún tipo de incidente trágico de por medio. Pasé todo el día en el apartamento, adelantando trabajos para la universidad, ya que presentía que el evento de Alice me dejaría sin ganas de nada. Cuando el reloj del salón dio las siete de la tarde, había acabado con casi todo mi trabajo. Sólo me quedaba recoger algunos textos de la biblioteca ubicada en la zona más céntrica, para utilizarlos el lunes, pero tenía todo el domingo para hacerlo. Tan sólo segundos después de haber dejado mi trabajo a un lado, la pequeña Cullen me arrastró dentro del baño. Salí envuelta en una toalla y la siguiente hora tuve que dedicarla a arreglarme de la mano de mi diminuta y demoníaca amiga. De su amplio guardarropa tomó un vestido azul eléctrico que, según sus propias palabras, había comprado especialmente para mí. Como siempre, el ojo crítico de Alice acertó, porque la prenda parecía hecha a medida para mi cuerpo.

Cuando acabamos con la vestimenta, mi amiga me pasó unos peligrosos zapatos plateados, con un taco que me daba miedo de sólo mirarlo. A regañadientes, después de haber habido una pelea de por medio, me los calcé con cuidado. Me puse de pie y caminé un pequeño tramo, sabiendo que temería por mi vida toda la noche.

Una vez que Alice me hubo arreglado el cabello, comenzó a maquillarme. Estaba acabando de aplicarme sombra azul sobre los párpados, cuando escuchamos el portero eléctrico. Mi amiga me dejó el brillo labial para que me lo pasara, mientras desaparecía por la puerta de mi habitación, llena de energía. Me coloqué el brillo sobre los labios, con cuidado, poniéndome antes de pie frente al espejo. Me eché una mirada rápida, para evaluar como estaba.

—Estás hermosa, pequeña.

Mi corazón dio un vuelco involuntario cuando escuché la voz de terciopelo de Edward. Me volví para verlo de pie en la puerta. Mis ojos se abrieron con clara sorpresa cuando lo vi enfundado en un traje negro, con camisa blanca y corbata azul. De forma inconciente, el pensamiento de Mike vestido elegantemente vino a mí y la comparación lo dejó, claramente, fuera de juego. Después de todo, Edward era cien veces más compatible con aquella prenda y aquel estilo.

Le sonreí tímidamente, mientras me acercaba a él, teniendo cuidado de no matarme.

Con delicadeza pasó su brazo por mi cintura y ambos salimos de la habitación.

Cuando llegamos al sala de estar, Alice y Jasper se encontraban acomodados en el sillón, bastante cerca el uno del otro y hablando en melosos susurros. Carraspeé suavemente, intentando no mirar a Edward. La pareja se separó rápidamente y ambos nos dirigieron una cálida sonrisa.

—¡Os veis tan bien juntos! —exclamó Alice soñadoramente. Se quedó mirando a Edward—. Me alegro que hayas aceptado la corbata que te envié —le dijo con alegría.

Rodé los ojos. Debí suponer que alguna coincidencia de ese tipo debía ser producto de la soñadora cabecita de Alice Cullen.

Salimos los cuatro del apartamento, caminando tranquilamente. Edward y yo nos subimos en su Volvo, mientras Alice y Jasper se dirigían al automóvil de éste último. El viaje transcurrió en silencio, mientras Edward sólo se dedicaba a seguir a Jasper por las bulliciosas calles de Washington. Poco tiempo después, llegamos al centro de la ciudad y nos detuvimos frente a un lujoso hotel, ubicado en una de las calles principales. La gente que ingresaba en él se encontraba vestida de gala y todos parecían modelos de televisión. Entre los tres hermosos jóvenes que venían conmigo, me sentí algo fuera de lugar. Suspiré cuando Edward abrió la puerta de mi lado y tragué pesadamente antes de bajar.

Nos acercamos a un hombre enfundado en un traje, de pie en la puerta del lugar. Con una sonrisa deslumbrante, Alice se acercó a él dando elegantes pasitos. El hombre sacudió la cabeza, antes de volver a mirar a mi amiga.

—¿Nombre? —preguntó.

—Alice Cullen y prometido e Isabella Swan y prometido —habló rápidamente.

Abrí los ojos con sorpresa y miré a Edward, de pie a mi lado, que parecía tan sorprendido como yo. Apenas nos permitieron la entrada, ingresamos en un lujoso vestíbulo, decorado con elegancia. Me acerqué a Alice lo más rápido que mis zapatos me permitían caminar, y la miré amenazadoramente.

—¿Cómo que prometidos? —pregunté, en un extraño balbuceo, que perdió todo tipo de efecto intimidante—. ¿Qué has hecho, Alice Cullen?

Ella se encogió de hombros.

—Debéis fingir que sois prometidos, al igual que Jasper y yo hemos estado haciendo desde que comencé a trabajar —comentó, con total despreocupación—. Te recuerdo que la seriedad es la característica más requerida en una cadena tan prestigiosa —prosiguió, mientras esperábamos el ascensor—. ¿Qué mejor que un prometido para acentuar tu compromiso con las cosas y la gente?

La fulminé con la mirada.

Estaba completamente segura de que toda aquella historia no tenía nada que ver con el trabajo ni la seriedad que yo podía tener. Simplemente, debía de ser otro de sus tantos planes de unirme con su hermano de alguna forma que fuera más allá de la amistad. ¡Vamos, si ni siquiera tenía una buena excusa!

Jasper y Edward se acercaron a nosotras, y yo sólo atiné a mirar al último, con terror.

—Acaba de contármelo —comentó, señalando con el pulgar al novio de su hermana—. No te preocupes, todo saldrá bien —aseguró, con una cálida sonrisa.

Luego enredó su brazo alrededor de mi cintura, de forma despreocupada, como usualmente lo hacía. Alice simplemente me guiñó un ojo, antes de salir del ascensor.

¿Y yo había dicho que sería una noche difícil?

Corrección: aquélla sería una noche imposible.

(Edward's POV)

Entramos en un amplio salón decorado con diferentes matices de crema y dorado. Apreté mi mano un poco más contra la cintura de Bella, ya que parecía extremadamente nerviosa. De hecho, yo también estaba un poco sorprendido y alterado, sobre todo luego de que Jasper me comentara el maquiavélico plan de mi hermana; mas intentaba mostrarme impasible. Después de todo, yo sabía que era el único que lograba tranquilizar a Bella.

Inconcientemente, me encontré sonriendo como idiota.

Un hombre enfundado en un traje nos guió hasta una mesa redonda para ocho personas. Allí ya se encontraba otra pareja joven, hablando en susurros y dirigiéndose miradas dulces. Alice, Jasper, Bella y yo nos acomodamos frente a la reluciente vajilla de plata y nos quedamos observando las cosas que sucedían a nuestro alrededor.

Pronto el lugar siguió llenándose de gente, vestida elegante y llamativamente. Pasamos una media hora allí sentados, escuchando de fondo la charla que Alice mantenía con la joven sentada en nuestra mesa, la cual se había presentado con el nombre de Leah. Estábamos bebiendo el champagne que uno de los mozos había llevado a la mesa, cuando las fuertes luces que iluminaban el lugar se volvieron más tenues y un gran reflector enfocó el pequeño escenario ubicado al fondo del salón. Una mujer, luciendo un largo vestido color oro, salió por uno de los laterales y se ubicó en el medio, donde un micrófono solitario la esperaba.

—Bienvenidos a un nuevo evento de Armani —habló con voz profunda y cordial. Su mirada se quedó en nuestra mesa por unos cuantos segundos—. Gracias a todos por venir —hizo una pequeña pausa—. Espero que disfruten de la noche.

Con aquellas palabras, se perdió por el costado del escenario. Todos respondieron con un cordial aplauso, al que nos unimos por respeto. Después, una suave música comenzó a llenar el lugar, incitando a las parejas a ponerse de pie. Alice arrastró a Jasper fuera de la mesa. Yo simplemente miré a Bella y le tendí la mano, con una suave sonrisa plasmada en mi rostro.

—¿Bailamos?

—Edward, ¿realmente quieres terminar sin un pie? —preguntó, en un susurro, claramente incómoda.

—Vamos, yo te llevaré y me aseguraré de conservar ambos pies —la tranquilizé, con un guiño, y una suave sonrisa apareció en su rostro, haciéndome sentir mejor—. Vamos.

Tomé su mano suavemente y ambos nos pusimos de pie. Buscamos un lugar en la amplia pista, más bien apartado del centro. Allí se encontraba un poco más oscuro, ya que las luces apuntaban al medio, por lo que supuse que Bella estaría más cómoda. Dirigiéndole una sonrisa para que se tranquilizara, enredé mis brazos en su cintura, mientras ella apoyaba tímidamente sus manos en mi cuello. La acerqué un poco más a mí y sonreí contra su cuello. Realmente me gustaba tener a Bella cerca. Con ella, las cosas siempre habían sido diferentes. Me sentía cómodo, tranquilo; sentía que podía ser yo mismo, sin importar cuándo ni dónde. Con ella, simplemente era yo.

—Lamento interrumpirlos, parejita —comentó la inconfundible voz de Alice, no sin cierto pícaro retintín.

Alcé la cabeza con cuidado y me encontré no sólo con mi hermana, sino también con aquella alta mujer que había hablado en un principio. Su vista pasó de mí a Bella y luego volvió a mirar a Alice.

—Os presento a Catherine Von Brown, gerenta general de la sucursal de Armani en Washington —habló Alice solemnemente—. Catherine, ellos son Bella Swan, la muchacha de la que te hablé, y Edward, su prometido y mi hermano.

La mujer sonrió, paseando su vista entre nosotros.

—Un gusto —habló, con su voz profunda—. Hacéis una muy bonita pareja.

(Bella's POV)

Inevitablemente, mi corazón comenzó a latir con algo más de fuerza cuando la tal Catherine alegó que quedábamos bien juntos. El brazo de Edward atravesó mi cintura y su mano reposó en uno de mis costados, atrayéndome contra su cuerpo. Sonreí tenuemente, aunque estaba segura de que mis nervios podían sentirse a kilómetros de distancia.

—¿Hace cuánto que estáis juntos? —preguntó Catherine, con una sonrisa cordial.

—Nos conocemos desde muy pequeños —comentó Edward naturalmente—, pero salimos desde hace dos años.

Gran mentiroso; pero se lo agradecía, porque yo era patéticamente mala en ello.

—¿Y ya tenéis planeada la boda? —preguntó, con cierta emoción, nuestra acompañante.

Miré a Alice, con el horror pintado en cada una de mis facciones.

—Oh, no, aún no —comentó despreocupadamente la pequeña Cullen. Eso de mentir bien debía de ser algo genético—. Están en esas épocas… ya sabes… no están un segundo en paz —comentó pícaramente, guiñándole un ojo a Catherine.

Ella simplemente rió entre dientes, de forma elegante.

—Yo no los veo muy… fogosos —comentó, levemente escéptica, con una sonrisa aún en su rostro—. ¿Es mi impresión o no se han tocado en toda la noche?

Aquel comentario, tan propio de Alice, me dio una idea de por qué mi pequeña amiga decía que ella y Catherine tenían tantas cosas en común.

Inevitablemente, me sonrojé y miré tímidamente a Edward.

Lo vi con aquella sonrisa ladina tan propia de él, y sus ojos se volvieron hacia los míos. Entonces, realmente me asusté. Su mirada esmeralda tenían aquel brillo, ese destello que yo conocía demasiado bien. Cuando la mirada de Edward tenía aquel matiz peligroso, nada bueno podía pasar.

Entonces, sentí que su agarre en mi cintura se afianzaba, inclinándome hacia delante. Su rostro quedó más cerca y, después de dirigirme otra sonrisita ladina, posó sus labios sobre los míos, en un beso dulce y fiero que me sacudió el estómago violentamente. Mi corazón comenzó a latir de forma descomunal, mientras, por instinto, pasaba mis brazos alrededor del cuello de Edward y hundía mis dedos en su cabello de bronce.

Entonces, desconecté mi cabeza.

Estaba besando a Edward, por primera y quizás última vez.

¿Qué más daba?

Casi platónico. Cap3. Citas Cruzadas

Disclaimer: La historia original de Twilight, lamentablemente, pertenece a la señora Meyer. Ella es la creativa y, obviamente, la que tiene todos los millones. LadyC solamente es una chica con un poco de imaginación que usa todo esto sin ganar ni siquiera para una latita de gaseosa. La trama, los personajes que puedan no conocer y las dosis de locura son completamente de su Autoría. Y nosotras, Sky&Claire, nos encargamos tan solo de publicarla. =)

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CITAS CRUZADAS

(Bella's POV)

Después de ver como Edward se metía dentro de su automóvil, entré rápidamente en el edificio y me subí al ascensor. Cuando llegué al apartamento, abrí las puertas para encontrarme con Alice y Angela, dormidas en el sofá. Me reí suavemente y, tratando de hacer el menor ruido posible, comencé a caminar hacia mi habitación. Ya tendría tiempo para contarles mi historia y aumentar sus instintos homicidas hacia Mike. Cuando llegué a mi cuarto, dejé mi bolso en la cama y rebusqué mi móvil en él. A pesar de ser la una de la mañana, volví a insistir con las llamadas. Tuve que esperar unos cuantos segundos y, justo antes de que cortara, una voz adormilada me atendió des del otro lado.

¿Sí? —preguntó una voz susurrante.

—¿Mike? ¿Estás bien? —repliqué, confusa.

Sí, sí, Bella… —musitó rápidamente, en un tono de voz aún bajo—. Perdón por lo del cine, es que tuve un… compromiso, y no pude ir.

Fruncí el ceño.

—¿Y así tan tranquilo me lo dices? —pregunté, confundida y, por qué no decirlo, algo indignada.

Te juro que te recompensaré —me aseguró, con voz apresurada—. Te lo juro. Hablaremos mañana, ¿de acuerdo?

Finalmente nos despedimos y corté la comunicación, aún con un amargo sabor en la boca. Intentando despreocuparme del asunto, me quité la ropa y me puse mi pijama. Después, me tiré sobre la cama y, cubriéndome con las mantas, intenté liberarme de todo pensamiento abrumador. Acomodé la cabeza en la almohada y sentí como mis músculos se relajaban hasta encontrar el ansiado sueño.

(Edward's POV)

La semana se había presentado más ajetreada de lo que esperaba, sobre todo porque el receso de invierno se estaba acercando y, con ello, nuestros exámenes parciales. Suspiré, mientras dejaba las cosas en mi auto y me apoyaba contra la puerta trasera; cansado, pero feliz de que por fin fuera viernes. El frío viento agitó mis cabellos y me obligó a cerrar los ojos por unos segundos. Cuando volví a abrirlos, divisé a Bella caminando en mi dirección. El pesado de Mike venía hablando con ella.

—Entonces… ¿vendrás? —preguntó el novio de mi amiga, tomándola por la cintura.

Bella rodó los ojos.

—Mike, te he dicho que sí una diez veces —replicó.

—Pero sigues enfadada —insistió él.

Tuve que hacer un buen esfuerzo por no reírme.

—Mike, no me hagas enfadar de verdad —pidió Bella, de forma cortante—. Nos vemos por la noche.

Mike sonrió incómodamente y la besó en los labios, de forma fugaz.

—De acuerdo, mi amor —se despidió, con aquel calificativo que se me antojaba bastante falso cada vez que lo pronunciaba—. Nos vemos.

Después de dirigirme una pomposa mirada, se retiró. Quizás, si yo hubiese sido algo más infantil, le hubiese sacado la lengua y hecho alguna morisqueta mientras se alejaba; mas, recordando que tenía diecinueve años, me conformé con alzar los ojos al cielo. Bella, que se encontraba frente a mí, se metió rápidamente dentro del automóvil. Di la vuelta y me subí frente al volante, con mi compañera lista para partir.

—¿Así que tienes planes para esta noche? —pregunté, mientras nos dirigíamos al centro, donde debía dejarla frente a su lugar de trabajo.

—Sí, Mike quiere recompensarme por su… olvido de la otra noche —comentó, con una extraña mueca—. Quiere salir a cenar a un restaurante costoso y no sé qué más…

Reí de forma suave.

—Me parece bien —apunté, dirigiéndole una rápida mirada—. Es bueno que de vez en cuando saque un par de dólares de su bolsillo para complacer a su bella dama.

Fue el turno de ella de carcajearse, mientras me golpeaba el hombro de forma juguetona.

—¿Y tú? —inquirió, mientras doblábamos una esquina—. ¿Tienes planes para esta noche?

Me encogí de hombros suavemente.

—Saldré con Charles —comenté—. Iremos a comer algo…

Bella asintió silenciosamente desde su asiento.

Había conocido a Charles algunos meses atrás en un curso de medicina. Si bien no teníamos ninguna relación, a pesar de que a él le interesaban los hombres, ambos disfrutábamos salir de vez en cuando. Cualquier persona que nos viera por la calle pensaría que éramos un par de buenos amigos, ya que él también era alguien bastante prudente y serio en lo que a su vida personal respectaba. Su compañía me resultaba agradable, por encima de todas las cosas, por lo que me gustaba pasar tiempo con él.

—¿A dónde iréis?—preguntó mi amiga, mirando por la ventana.

—No estoy muy seguro —comenté, riendo suavemente—. Me dijo algo de una exposición de arte que su hermano ha venido a presentar a la ciudad.

Pronto llegamos al trabajo de Bella y la dejé en la puerta, viendo que lucía algo ausente y desorientada cuando nos despedimos. Supuse que todo lo de Mike debía de tenerla bastante abrumada.

Aquel tipo era un verdadero idiota.

(Bella's POV)

Toda la tarde el tema de Edward y su amiguito Charles había estado dándome vueltas en la cabeza. Siempre que tenía alguna salida, yo era la primera a quien Edward se lo comentaba. Sin embargo, hacía tiempo que no lo veía salir con nadie y su reciente anuncio me había tomado por sorpresa. Después de todo, aunque lo negara, mi corazón albergaba vanas esperanzas acerca de nosotros.

—¿Señorita? ¿Señorita, me oye?

Sacudí levemente la cabeza para encontrarme con una mujer que debía de tener más de setenta años. Sus ojos celestes, detrás de unas gafas de grueso marco oscuro, me miraban con preocupación.

—Disculpe, señora, ya le cobro —aseguré rápidamente, mientras tomaba el billete que había dejado sobre la barra.

—¿Está segura de que está bien, señorita? —preguntó cortésmente.

Asentí, con mi mejor sonrisa forzada.

—Sí, no se preocupe.

Entre distracciones y mi habitual torpeza, incrementada por mi estado ausente, mi turno de la tarde pasó de forma lenta. Cuando vi que el reloj marcaba mi hora de salida, rápidamente me quité el uniforme del local, tomé mi bolso y me encaminé hacia la salida. Estuve algunos minutos para conseguir un taxi que me llevara hasta mi apartamento, donde, al llegar, pude acomodarme tranquilamente. Mientras bostezaba, mi vista se fijó en el reloj que pendía sobre la pared, el cual me indicó que en una hora Mike estaría en la puerta de casa.

Me levanté con cansancio, dispuesta a arreglarme de una buena vez.

Mike me había dicho que quería que fuera una cena inolvidable. Me había pedido que me vistiera bien elegante y, la verdad, temí bastante por lo que podía llegar a tener oculto bajo la manga. Gracias a Dios, Alice me había prestado uno de sus vestidos de fiesta, ya que, por su trabajo en tan prestigiosa casa de modas, para ella abundaban los eventos importantes. Después de ducharme, busqué el vestido, el cual mi amiga había dejado dentro de mi armario. Cuando lo hallé, lo tendí sobre la cama. Me lo probé rápidamente, dándome cuenta de que el mismo me quedaba uno o dos dedos por arriba de la rodilla. Eso, seguramente, se debía a la baja estatura de mi amiga. El vestido en cuestión era de seda rosada cubierta con encaje negro, bastante fino y sobrio. Realmente, en otra situación, le hubiese buscado los mil y un defectos, pero, en aquel momento, ni siquiera tenía ganas de aquello. De hecho, si hubiese sido por mí, el plan perfecto para el viernes por la noche hubiese sido un gran pote de helado y alguna buena película clásica.

Escuché el timbre y suspiré.

Mi noche estaba muy lejos de aquel plan.

Me arreglé un poco el cabello con un broche rosado bastante fino, propiedad de Alice, y tomé mi bolso y mi abrigo oscuro. Afortunadamente, esta vez llevaba unos tacos bajos, por lo que no tenía que preocuparme en ganarme un viaje al suelo al primer descuido. Bajé por el ascensor y, cuando salí al recibidor, un sonriente Mike estaba esperándome en la puerta. Me sorprendió —y, por qué no decirlo, me causó bastante gracia— el hecho de verlo enfundado en un traje negro.

Otro detalle que me llamó bastante la atención fue que, después de besarme fugazmente, Mike corrió a abrirme la puerta de su auto. ¿Trataba de impresionarme? Vamos, aquél no era un comportamiento que se viera en él todos los días.

Después del viaje, en el que Mike no dejó de parlotear, llegamos a un restaurante, en el centro de la ciudad, que parecía bastante lujoso. En la entrada, tomaron nuestros abrigos y un hombre enfundado en un traje oscuro nos guió hasta una mesa, cerca de un enorme ventanal decorado con cortinas claras y elegantes.

Suspiré.

Aquélla sería una larga noche.

(Edward's POV)

—¿Edward? ¿Me estás escuchando?

Sacudí mi cabeza cuando escuché la voz de mi acompañante.

—No, perdón, Chuck, estaba en mi mundo —repliqué rápidamente, andando algunos pasos—. ¿Qué me decías?

Hizo un gesto con una mano, restándole importancia.

—Nada, no importa —comentó—. Estás muy distraído.

Suspiré. Hubiese discutido, pero sabía que tenía razón. Generalmente, Charles y yo disfrutábamos de salidas poco comunes, que mucha gente no lograba apreciar. En esos momentos, nos encontrábamos en un museo de arte de la ciudad, admirando algunas obras del mismísimo hermano de Charles. Mi compañero me había comentado más de una vez que su hermano mayor era un eximio artista, y estaba seguro de que debía de ser así. Sin embargo, no podía corroborar aquello, porque estaba tan perdido en mis pensamientos que no había observado con detenimiento ni una sola obra. Por primera vez en nuestras ocasionales salidas, no me sentía cómodo de estar allí.

—¿Estás bien? —preguntó Charles, mirándome con el ceño fruncido, mientras caminaba a mi lado.

Suspiré.

—Sólo estoy un poco cansado —respondí. Después de todo, sólo era una mentira a medias.

—¿Quieres que dejemos la cena para otro día? —preguntó cordialmente.

Asentí.

—Creo que será lo mejor.

Después de atravesar algunos pasillos, los dos salimos del museo y, una vez acabamos con una corta charla, nos despedimos. Vi como Charles se alejaba en su Mercedes oscuro mientras buscaba las llaves de mi automóvil. Me acomodé en mi Volvo y dejé que mi cabeza descansara hacia atrás. Me hice sonar el cuello y, cuando mis ojos quedaron fijos en el asiento del copiloto, encontré mi teléfono móvil, el cual había dejado olvidado dentro del vehículo. Con cuidado lo abrí y me topé con el fondo de pantalla al que ya estaba más que acostumbrado: era una foto de Bella y mía de las vacaciones del año anterior, en Forks, nuestra antigua ciudad de residencia. Sonreí inconscientemente y me pregunté qué demonios estaría haciendo con Mike.

Con curiosidad, tecleé su número, dispuesto a averiguarlo.

(Bella's POV)

Estaba mortalmente aburrida y, encima de todo, había dormido poco.

Mike no dejaba de parlotear y yo no podía dejar de apreciar los pliegues del mantel como si fueran lo más interesante de todo el mundo. En aquel momento, cuando estaba considerando posible la muerte por aburrimiento, ese timbre estruendoso y agudo que ya conocía me sacó de la niebla en la que me encontraba perdida. Tomé mi bolso, ante la atenta mirada de Mike, y revisé la pantalla del mi teléfono móvil.

¡Gracias a Dios! ¿Había dicho ya que Edward Cullen era mi superman personal, siempre oportuno para salvarme en el momento justo?

Me puse de pie y me alejé para poder hablar.

—¡Edward! ¡Qué bien que llamas! —exclamé, en voz baja, para que Mike no me oyera. Me puse de espaldas a él, mientras me alejaba hacia la puerta.

Escuché la melodiosa risa de mi amigo a través de la línea.

¿Tan terrible está todo por allá? —preguntó, claramente divertido.

—Terrible, incluso, me suena bastante agradable en estos momentos —respondí, echándole una rápida mirada a Mike, quien seguía comiendo en la mesa. Edward rió suavemente—. ¿Y tú? ¿Cómo va todo? —inquirí, no sin cierta incomodidad.

Estoy volviendo a casa —comentó, con un extraño tono—. No estaba de… humor para la salida. Estoy algo cansado.

—Oh —gran comentario. La verdad es que me habían sorprendido las palabras de Edward.

¿Crees que necesitarás que pase a rescatarte por ahí, pequeña? —inquirió, con aquel tono confidente que sólo usaba conmigo.

Fruncí el ceño, confundida.

—¿Pero no acabas de decir que…?

Nunca estoy cansado para salvar a mi mejor amiga —cortó, de forma conciliadora—. ¿Dónde estás?

Intenté recordar el nombre del lugar donde nos hallábamos. El menú que reposaba sobre una de las mesas cercanas, afortunadamente, me sirvió de ayuda.

Le recoin —pronuncié rápidamente, con un acento horrible—. ¿Sabes donde queda?

Sí, tranquila —dijo—. Estoy bastante cerca. Invéntate alguna excusa para Mike, que yo te espero en la esquina, ¿de acuerdo?

—Está bien —aseguré, no sin cierta vacilación en mi voz—. Gracias, Edward.

De nada, pequeña. Nos vemos.

Mi cabeza comenzó a maquinar alguna idea antes de llegar a la mesa donde Mike estaba esperándome. Poniendo mi mejor cara de tragedia, tomé mi bolso y lo miré. Era patética mintiendo, pero Mike era lo suficientemente crédulo para caer en la patética excusa de que Alice se había caído por las escaleras y necesitaba mi ayuda. Apuntando mentalmente que debía avisar a mi amiga sobre la mentira y rechazando repetidas veces la propuesta de Mike de llevarme hasta mi apartamento, salí del costoso restaurante. Caminé a lo largo de la calle —bastante llena de gente, por el solo hecho de que era viernes por la noche— hasta alcanzar la esquina. Allí se encontraba el Volvo aparcado y Edward apoyado sobre él, con aquella pose despreocupada que le daba el perfecto perfil para un comercial.

—¿Te generó muchos problemas? —inquirió, mientras me abría la puerta del acompañante.

—Podría haber sido peor —aseguré, encogiéndome suavemente de hombros.

—Bonito atuendo, por cierto —comentó, divertido, algunos segundos después, mientras arrancaba el auto.

Me sonrojé y le pegué suavemente un puñetazo en el brazo, como usualmente hacía cada vez que me molestaba, mientras nos deslizábamos con su auto por las calles de la ciudad.

Después de un breve viaje, acabamos en una pequeña heladería ubicada en un sector no tan céntrico. Sonreí cuando Edward aparcó, sorprendiéndome con el destino. Él, que me conocía como pocas personas, sabía que no me gustaban los lugares ostentosos o llenos de gente. Prefería aquellos locales pequeños y acogedores, con algunas mesitas de aspecto informal llenando el lugar y pocas personas compartiendo charlas en voz baja. Me ubiqué en una mesa cerca de la puerta, mientras Edward iba a buscar los helados. Cuando llegó hasta mi sitio, con dos enormes helados de chocolate, le sonreí de forma alegre.

—No sabes cuándo deseaba uno como estos —comenté, dándole una probada al helado.

Él sólo rió entre dientes, dirigiéndome una cariñosa mirada.

—Lo sabía.

Nos quedamos allí por un rato, viendo como la poca gente que quedaba se iba retirando. Cuando mi reloj marcó tres minutos para las doce y media de la noche, ambos nos pusimos de pie. Edward me tomó suavemente de la mano, mientras salíamos del local rumbo a su automóvil. Nos acomodamos dentro y viajamos hasta mi apartamento en un confortable silencio, escuchando sólo las baladas que pasaban por la radio. Cuando llegamos, me desabroché el cinturón de seguridad y miré a Edward con una sonrisa.

—Creo que comenzaré a tener citas contigo en vez de con Mike —comenté.

Cuando me di cuenta de lo que había dicho, me sonrojé tenuemente.

Edward no pareció notarlo, porque simplemente rió.

—No es mala idea, si me lo preguntas, pequeña —aseguró, dándome un suave apretón en la mano—. Alice me comentó algo sobre una salida mañana por la noche, así que supongo que nos veremos en unas pocas horas.

Abrí los ojos y gemí con horror.

—¿Otra salida? —pregunté.

Mi acompañante rió.

—Eso parece —se acercó un poco y me dio un suave beso en la mejilla. Mi corazón se alteró, siempre sensible al contacto con Edward, mas mi rostro fingió tranquilidad con una suave sonrisa—. Hasta mañana, pequeña.

—Hasta mañana, Edward.

Me bajé del auto, con la certeza de que nunca habría mejores citas que las que tenía con él.

Con mi mejor amigo.

Con el hombre del que realmente estaba enamorada.

Fotos Promocionales de Valentine Days

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Fuente: TaylorPictures,net

Kristen Stewart y Dakota Fanning en Today Show

Ahora que Jay Leno regresa con su programa, era cuestión de tiempo para escuchar la cantidad de celebridades que estarán acompañandolo como invitados.

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¿Adivinaron?

Kristen Stewart
estará en el show, de acuerdo con MTV News, y es gracias a la web oficial de Jay Leno Show, es que sabemos que será el 10 de Marzo cuando podeamos verla en patalla.

Así mismo, nuestra Voulturi favorita, Dakota Fanning, estará solo dos días más tarde.

Fuente: CM

Entrevista a Kristen despues de recivir su BAFTA



"Es increíble, es genial porque este tipo de películas te pone
en la lista de "personas normales" para que la gente te tenga en
cuenta. Supongo que es tener lo mejor de dos mundos, soy realmente
afortunada, estoy en una posicion única, considerando toda la saga
twilight, también he podido hacer películas pequeñas."

Hola, estuve viendo en la alfombra roja la cantidad de
gente que te apoya y que te sigue, ¿hay alguna estrella que estuvieras
esperando ver hoy o ansiosa por conocer?


"Estaba sentada justo detrás de Kate Winslet y cada que vez que volteaba estaba deseando no existir, o estar en una habitación distinta o en otra silla. Fue una coincidencia desafortunada, algunas personas te hacen sentir como si no existieras, pero la amo, así que... sí."

Hola, ¿algo que nos puedas adelantar de Eclipse?

"Mucha de la información ya está allá afuera... adelantar... diría que todo lo que leyeron se verá genial, estoy emocionada por ver a los neófitos, sigo diciendo eso, pero se verán maravillosos."

Leí en el Hollywoord Reporter la semana pasada que ni tu ni Robert o Taylor han firmado para Amanecer, ¿esto es cierto o están dentro del proyecto?

"Definitivamente todos estamos dentro del proyecto, lo que esta en el aire es saber si será una o dos películas. Aún no sabemos."

¿Como te sientes de ser honrrada en este evento y si vas a salir esta noche de fiesta?

"No sé, este tipo de cosas me hace detenerme y pensar un poco, la sola idea de salir de fiesta... estoy un poco abrumada, no sé... pero estoy muy contenta.

Nominados al "Young Artist"

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Taylor Lautner
fue nominado para Mejor Actuación en un Película por su interpretación de Jacob Black en "Luna Nueva", entre sus competidores estan Jake T. Austin, Jimmy Bennet y más.

Mientrás que Dakota Fanning fue nominada por otro proyecto, Coraline, para la categoría Mejor Voz en un papel jovén compitiendo mixtamente entre chicos y chicas.

Fuente: CM

All You Need is Love


Y...aqui el otro capi XD...espero compense la demora besos chicas

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Cena de negocios

Los segundos pasaron y Edward cada vez estaba más nervioso. ¿Por qué Bella no contestaba? Quizás había sido demasiado precipitado, debería haber esperado un tiempo antes de lanzarse a algo de esa envergadura.

Bella por su parte estaba en shock. Se sentía estúpida por haber llegado a pensar en matrimonio. Ni siquiera lo entendía, ella odiaba todo lo que tuviese que ver con eso, no se sentía preparada aún. Sin embargo no se esperaba aquello, no es que no tuviese ganas, sólo la había cogido desprevenida, nada más.

—Esto… Bueno Bella, no pasa nada si no estás de acuerdo —empezó a decir nerviosamente Edward, pasándose la mano libre por el cabello—. Sé que es una tontería, vivimos lo más cerca posible, pero aún así hay días que pienso que no te veo todo lo que podría. Y quizás si estuviésemos bajo el mismo techo muchas dudas estúpidas desaparecerían y confiaríamos más el uno en el otro. Aunque yo confío totalmente en ti —añadió rápidamente—. Además, a Seth le vendría bien una figura femenina, no es bueno que tenga un solo referente… —Bella sonrió, lo último había sonado a escusa improvisada. Suspiró profundamente y cerró los ojos unos segundos.

—Edward, claro que quiero vivir contigo —siguió sonriendo al ver cómo la cara del chico empezaba a brillar de la emoción—. Simplemente no me imaginaba que fuera esto, siento haber reaccionado mal. No sé cómo has podido pensar que no me gustaría vivir a tu lado.

—Me haces tan feliz… —murmuró él, acercándose para besar su pequeña nariz—. ¿Qué te parece si hacemos el brindis?

Bella levantó la copa y tras un carraspeo eligió las palabras para su pequeño discurso.

—Por los nuevos compañeros.

—Venga Bella, esto no es la Universidad de nuevo —rió Edward y después añadió—: Por la feliz pareja.

—Sí, eso suena mejor —admitió y chocó su vaso con el del chico, riendo como tontos.

—Te he comprado un cepillo de dientes —comentó él encogiéndose de hombros—. Pensé en envolverlo y dártelo, pero me pareció muy cliché.

—Sería una escena perfecta para una película —bromeó Bella—. ¿Empezamos a vivir juntos desde ahora? ¿Voy a por mis cosas? ¿O te traes las tuyas a mi casa? ¿Hay alguna norma? —no sabía muy bien como vivir con un chico, el único hombre con el que había convivido era Charlie, su padre, y dudaba que fuese igual. Edward por su parte miraba divertido a Bella, que tenía el cejo fruncido por todas las preguntas sin respuesta que estaba lanzando.

—Tranquila, no te agobies —dijo al fin—. Había pensado que podrías venirte aquí puesto que el cuarto de Seth está preparado ya. Puedes tener una habitación para tus ordenadores o ir a trabajar a tu piso, como prefieras.

Bella pasó la vista a su alrededor estudiando cada centímetro de la conocida casa, la que ahora pasaría a ser su hogar. Ese hogar por el que había soñado durante años, un sitio donde ser feliz con alguien a su lado.

Miró por último a Edward, convencida de que cada vez que lo hacía se enamoraba más y más de él. El chico, sumido en sus pensamientos irradiaba felicidad ante la perspectiva de vivir con Bella.

—No me importa donde esté mi equipo de trabajo —sonrió Bella, soltando la copa en la mesa y acercándose a Edward para pasar los brazos a lo largo de su cuello—. Ahora mismo sólo puedo pensar en que vamos a ser una parejita feliz de las que salen en revistas —bromeó a la vez que se ponía de puntillas para besarlo.

Edward rió con ganas y la atrajo más a su cuerpo, necesitándola cerca.

—Mañana se lo diremos a Seth. ¿Qué te parece si te recojo del trabajo y vamos a comer los tres juntos? —propuso entusiasmado.

—Me encanta la idea —aceptó ella y sin poder evitarlo soltó un bostezo—. Lo siento, estoy algo cansada.

Edward sonrió maliciosamente y antes de que Bella pudiese hacer nada para evitarlo la cogió a estilo nupcial para llevarla hasta el dormitorio que compartirían desde ese momento en adelante.

—¡Bájame Edward! —chilló Bella pataleando. Aunque le daba vergüenza que cargara con ella en el fondo estaba agradablemente sorprendida; Mike jamás habría hecho algo así—. Se supone que sólo los recién casados entran así en las habitaciones —se quejó Bella, pero luego se enojó consigo misma tras darse cuenta de que había nombrado su tema tabú.

—¿Me estás proponiendo algo, Swan? —aunque el tono con el que Edward había hablado dejaba ver que simplemente estaba bromeando Bella se revolvió entre sus brazos, más avergonzada aún. Edward la depositó en la cama y fue a buscarle la camiseta que siempre usaba como pijama las veces que se había quedado a dormir allí. Al ver que Bella seguía sonrojada sonrió—. ¿Tanto te molesta?

—¿Eh? —Bella había estado perdida en sus pensamientos y no le encontró el sentido a la pregunta que Edward le había hecho hasta que no pasaron unos segundos—. Ah, bueno no me resulta agradable. Supongo que nunca me ha gustado pensar en el matrimonio por el simple hecho de que convivía con parejas perfectas. No tenía una relación amorosa como las de ellos, por lo que supongo que siempre estuve un poco frustrada —contó mientras veía como aquel ser humano tan perfecto que se encontraba delante suya se desnudaba para ponerse el pijama. Sacudiendo la cabeza empezó a imitarlo.

—Entiendo —dijo simplemente él. Estaba dolido por el hecho de Bella no considerase la relación que tenía con él como digna de aspirar al matrimonio. Era pronto, sí, pero al menos tenía claro que quería pasar el resto de su vida con ella. Decidió no darle más vueltas al asunto y fue a tumbarse al lado de Bella, echando por encima de ellos las mantas que cubrían la cama.

—Buenas noches —bostezó Bella, acurrucándose contra Edward.

—Duerme bien —respondió—. Mañana entras a primera hora, ¿verdad?

—Sí, a las ocho y media debería estar por allí.

—Pues entonces yo seré tu despertador —sonrió él plantándole un beso en la frente.

—Eso suena genial —murmuró Bella con un hilo de voz. A los pocos minutos se quedó profundamente dormida y Edward, que también estaba muy cansado no tardó en conciliar el sueño.

A la mañana siguiente, un somnoliento Edward se desperezó no muy consciente de que Bella estaba a su lado, aún profundamente dormida. Se sentía exhausto y eso que había descansado más de ocho horas, lo que recomendaban los médicos. Se tocó la frente y notó al instante que estaba más caliente de lo habitual por lo que bufó, molesto ante la posibilidad de estar enfermo. Con mucho cuidado para no despertar a su acompañante se dirigió al botiquín que estaba en su cuarto de baño y sacó un termómetro, el cual colocó en su axila derecha.

Mientras esperaba que el aparato sonase se dedicó a mirarse en el espejo. El Edward del reflejo tenía los ojos ligeramente llorosos y tanto las mejillas como la nariz extremadamente sonrojadas. Su malhumor empeoró cuando se notó congestión nasal y unas enormes ganas de estornudar, pero cuando su mosqueo se consolidó fue al ver que tenía 38º de temperatura.

Con un fuerte gemido lastimero se metió de nuevo en la cama, despertando así a Bella.

—¿Edward? —preguntó frotándose los ojos—. ¿Qué pasa?

—Cuídame —exigió, formando un puchero. Bella soltó una risita y después se fijó más en su cara.

—¿Estás bien? Tienes los cachetes muy rojos —puso una mano en ellos y se sorprendió cuando notó que estaban calientes.

—Tengo fiebre —dijo él, adelantándose a su pregunta—. Y mocos —movió las cejas en un intento de parecer sexy y Bella soltó una carcajada. Sólo Edward podía comentar algo como que la congestión nasal por culpa de la mucosidad era sensual.

—Eso ha sido una asquerosidad —comentó—. Supongo que Seth te lo ha pegado.

—Ese maldito niño —dijo entre dientes, mientras fruncía el ceño—. Seguro que es una venganza por hacerle tomar tantas medicinas.

—Sí Edward, estoy segura —Bella puso los ojos en blanco—. ¿Y qué vas a hacer? ¿Vas a ir a trabajar así?

Edward lo meditó por unos instantes y Bella no pudo evitar soltar una risita al ver que se había tapado tanto con la manta que sólo sus ojos quedaban a la vista.

—Es algo complicado —su voz era difícil de entender, ya que hablaba bajo las sábanas—. Si no voy muchos niños enfermos que no podrán ser atendidos por mí, un gran profesional. Sin embargo, si voy todos los que estén a mi alrededor corren el riesgo de enfermar por lo que tendré el doble de trabajo al tener que tratarlos.

—Sí, es todo un dilema —sonrió Bella, acariciando la maraña de pelo cobrizo que estaba sobre la almohada, completamente despeinado. En ese momento Edward estornudó y Bella añadió—: Voy a llamar al Hospital, no puedes ir en estas condiciones. O quizás sí que deberías ir, pero como paciente.

Los ojos de Edward se pusieron en blanco.

—Puedo diagnosticarme a mí mismo, Bella. Pero tienes razón, tengo que llamar —fue muy cómico ver como sacaba con cuidado un brazo de debajo de las sábanas para coger el teléfono inalámbrico que estaba sobre su cargador en la mesilla de noche, mientras que con la otra aferraba con fuerza las mantas para que no se moviesen un centímetro de donde estaban, ocultando todo su rostro.

Con destreza marcó un número en el teléfono y se lo llevó a una oreja.

—¿Hola? Buenos días, soy el doctor Cullen. No, no, el hijo. Verá, llamo para avisar de que me he puesto enfermo, tengo gripe y no creo que sea adecuado ir al hospital y exponer a mis pacientes. Sí, ayer tampoco pude ir por motivos personales… —miró a Bella, que estaba muy entretenida escuchando la conversación y le guiñó un ojo—. En realidad, los motivos personales eran que mi hijo de cinco años se puso enfermo. Sí, ya sabe como son los niños… La cosa es que nadie se podía encargar de cuidarlo y no podía dejarlo así… Claro, si tiene una hija lo comprenderá… No, tengo pareja pero en ese momento estaba de viaje por el trabajo… —Bella bufó por lo bajo y Edward le dio con el pie—. Entiendo, bueno pues muy amable. Que pase un buen fin de semana.

Bella le dirigió una mirada inquisitoria.

—¿Cómo puedes tener tanta cara? —preguntó divertida—. Te aprovechas porque sabes que puedes conseguir todo con las mujeres, te debería dar vergüenza.

—Eh, que me ha cogido dos del total de mis días libres —dijo él haciéndose el ofendido—. Aunque le ha enternecido saber que soy un padre responsable, supongo que he ganado puntos con ella.

—Eres increíble —bufó Bella, mientras se levantaba de la cama.

—¿No te puedes quedar para cuidarme? —preguntó Edward desde debajo de las mantas, poniéndole ojitos a Bella.

—No seas crío —rió ella—. Tengo que ir a la oficina, hoy tenemos la reunión de fin de año. Ya sabes, se hace balance de todo lo que ha pasado en este año y se prevén las próximas cuentas.

Después de convencer a Edward de que su presencia en la oficina era absolutamente necesaria fue a vestirse a toda prisa, ya que se le había hecho tarde. Corriendo como una desquiciada alcanzó un taxi, donde en su interior se maquilló levemente con la ayuda de un pequeño espejo.

La junta transcurrió tranquila, las cuentas de la empresa estaban sanadas, habían sido doce meses muy productivos y todos estaban felices pensando el dinero que podrían gastar en regalos ese año gracias a los altos sueldos.

Bella le recordó a los compañeros que mejor le caían la inauguración del pub de Emmett, que sería la noche siguiente. Se alegró al comprobar que todos estaban dispuestos a ir; esperaba de todo corazón que fuese un éxito, su amigo se lo merecía.

Estaba firmando unas licencias cuando su móvil repiqueteó. Lo cogió sin mirar quien llamaba y lo sujetó con el hombro, mientras seguía pendiente de los papeles que tenía por delante.

—¿Sí? —preguntó distraídamente. No hubo respuesta verbal, pero por el contrario una fuerte tos la dejó momentáneamente sorda. Consciente de quién podría ser sonrió para sí—. Lo siento, estoy muy ocupada, si lo prefiere llámeme después.

—Bella, estoy fatal —se quejó la voz de Edward desde la otra línea—. ¿Podrías venir y hacerme una sopa?

—Edward, ¿eres consciente del morro que tienes? —rió ella, muy divertida.

—En serio, una sopa me vendría muy bien —insistió él—. O unos besos...

—¿No querrás pegarme la gripe, verdad?

—Estaría más entretenido si tú también la tuvieses —admitió entre fuertes toses—. Nos pasaríamos el día entre pañuelos de papel y mantas.

—Suena tentador pero prefiero poder tener mis conductos nasales limpios, gracias.

—Eres una desagradecida —comentó él al mismo tiempo que se sonaba la nariz—. Esto podría sellar nuestro amor.

—Mira, termino de revisar unos papeles y voy a tu casa.

—Dirás nuestra casa —recordó él, y Bella supo que estaría sonriendo torcidamente—. No te olvides de comprar cosas para hacer sopa —añadió y colgó antes de que Bella pudiese protestar. Sonriendo como una tonta se metió prisa para terminar y salir de allí lo más rápido posible.

Decidió ir a pie hasta su apartamento ya que no llovía y aunque hacía frío, el sol estaba fuera. Paró en un supermercado donde compró un tetrabrik de preparado de sopa de pollo y fideos; no tenía ganas algunas de hacer un caldo casero.

Entró en la vivienda con las bolsas y notó el ruido de la televisión, por lo que se acercó al salón después de haber soltado todo en la cocina. Edward y Seth estaban sentados en el sofá, envueltos en el edredón de la cama de matrimonio del primero. La mesa estaba llena de pañuelos de papel usados y continuamente sonaba alguna tos o estornudo.

—¿Cómo están mis enfermos favoritos? —preguntó Bella, consiguiendo sobresaltarlos. Se acercó a donde estaban y besó sus frentes, que estaban ardiendo, en especial la de Edward. Seth sonrió pero siguió pendiente de los dibujos animados.

—Has venido —susurró Edward, que parecía estar delirando.

—Edward, ¿te has puesto el termómetro? —el asintió mientras se recostaba sobre el hombro de la chica. Esta se acomodó y empezó a acariciarle el pelo, provocando leves suspiros por parte de él.

Bella nunca se había sentido tan bien al cuidar de alguien, era increíble sentir que Edward realmente necesitaba sus mimos. Seth estaba casi recuperado, por lo que no necesitó tanta atención. Edward sin embargo no tenía fuerzas para levantarse, sólo le apetecía estar tumbado y que Bella le tocase el pelo una y otra vez.

Cuando fue la hora del almuerzo Bella se dirigió a la cocina para preparar la sopa precocinada, cruzando los dedos para que fuese comestible. No cayó en la cuenta de que Edward tenía el sentido del gusto atrofiado con el resfriado, y quizás por eso no puso ninguna pega, librándose así de sus maléficas bromas.

Comieron entre el sonido de estornudos y toses procedentes la mayoría de Edward, aunque Seth de vez en cuando también tenía sus ataques que conseguían preocupar a la pobre de Bella, que no daba abasto cuidando a ambos.

Cuando acabaron mandó a Edward a darse un baño con agua muy caliente para que hubiese vapor en abundancia y así conseguir aliviar su congestión. A Seth le puso la primera película que vio consiguiendo con ello que el niño se convirtiese momentáneamente en una estatua.

Estaba recogiendo los platos cuando su móvil empezó a sonar.

—¿Diga?

—¿Bella? —preguntó una levemente conocida voz—. No sé si me recuerdas, soy Andrew Jefferson.

—¡Señor Jefferson! —exclamó, soltando el trapo que tenía en una mano—. ¿Cómo está?

—Bella, te he dicho varias veces que me tutees —rió el anciano—. Me he acordado todos estos días de aquello que dijimos de comer juntos, con tu encantadora familia y mi pequeña Rachel, pero nunca tenía un rato libre. La niña está insoportable desde que se enteró de que iba a ver al doctor Cullen… Tiene un marido muy adulador.

—Oh créeme, lo sé muy bien—murmuró Bella y la risa del hombre no tardó en oírse.

—Pues como te iba diciendo, he estado muy ocupado pero esta tarde he dicho ¡ya está bien, ahora mismo llamas a Bella y la invitas a cenar! ¿Os viene bien esta noche?

Bella se mordió el labio inferior mientras lo pensaba. Sabía que sus dos hombrecitos estaban enfermos y que no sería una buena idea, pero sin embargo no le parecía adecuado rechazar la invitación del señor Jefferson. Le echó un vistazo a Seth. El pequeño estaba prácticamente bien, era Edward el que parecía más afectado y no podía exponerlo para que enfermara más aún. Soltó un suspiro antes de contestar.

—Andrew, tenemos un pequeño problema en casa llamado gripe. Seth está mejor, pero Edward parece que se va a morir cada vez que tose.

—Soy plenamente consciente de que es una enfermedad horrible. Mi familia e incluso yo, hemos pasado ya la gripe. Entiendo que no puedan salir a la calle, no viene bien para su salud, pero si no es mucha molestia podríamos llevar comida a vuestra encantadora casa. Como ya he dicho no hay riesgo de contagio, Rachel y yo ya hemos estado en cama.

—Es una idea genial, pero debería preguntárselo antes a Edward —dijo Bella pensativa.

—Querida, no insistiría si no supiese que de aquí hasta que tenga otras horas libres podrían pasar meses.

—Soy consciente, por eso me da pena desaprovechar esta oportunidad. En cuanto pueda hablaré con Edward, a ver si se encuentra lo suficientemente bien como para esta cena.

—¡Excelente! Esperaré la respuesta impacientemente. Puedes llamar a este mismo número, si no estoy disponible mi secretaria se encargará de darme el sí o el no a mi invitación —dijo entre risas. Bella se despidió de él y cuando colgó grabó el número de teléfono en la memoria de su móvil.

Paseó nerviosamente delante de la puerta del cuarto de baño, esperando a que Edward saliese de una vez. Al cabo de unos minutos por fin se abrió, dejando entrever una neblina espesa, producida por el exceso de vapor. Edward salió de ella con el pijama puesto, secándose con una toalla el cabello mojado.

—¿Pasa algo Bella? —preguntó al verla tan nerviosa.

—Bueno, verás… Es que me ha llamado el señor Jefferson, quiere cenar con nosotros esta noche. Le he dicho que estás enfermo y dice que podemos comer en casa para que te sea más cómodo. Él y su nieta ya han pasado la gripe este mismo invierno, así que me ha pedido que no nos preocupemos por eso… Sin embargo no quiero invitarlo sabiendo que estás mal —Edward la observó durante un instante y comprendió que aquello era importante para ella. Aquel hombre posiblemente se iba a convertir en un cliente fijo de Bella y quería tratarlo bien. Aparte, sabía de antemano que Andrew Jefferson era una persona encantadora y que pasar tiempo con él no era para nada un sacrificio.

—Bella, no estoy tan mal —intentó decirlo sin toser, pero para su desgracia no pudo ser así—. En serio, si no salimos de aquí no pasará nada. Me atiborraré de pastillas unas horas antes y me abrigaré todo lo que pueda.

—Edward, no estoy segura… Me siento muy egoísta al pedirte esto.

—Bella, deja de preocuparte tanto. Llámale y queda con él sobre las nueve de la noche, ya verás que para entonces me encuentro mucho mejor. De hecho me ha sentado muy bien el baño de vapor, aunque casi muero chamuscado por la temperatura del agua.

Después de una leve discusión en la que Edward salió victorioso, Bella telefoneó al señor Jefferson para planificar la cena: decidieron que ella haría la comida y que por el contrario, él traería el postre.

Nada más colgar, Bella salió disparada al supermercado más cercano para aprovisionarse de los ingredientes de la espectacular cena que pensaba preparar.

Cargada de pescado, patatas, cebollas y varios comestibles más se atrincheró en la cocina de Edward que para su alivio era parecida a la suya, por lo que no tuvo problemas a la hora de utilizar los electrodomésticos.

Mientras ella cocinaba como una posesa Edward, tapado con su inseparable manta y sentado en un alto taburete, la observaba atentamente admirando su destreza a la hora de cocinar.

No mantenían ninguna conversación, Bella se limitaba a canturrear y Edward la escuchaba embelesado, con los ojos entrecerrados y una sonrisa; se sentía cómodo con alguien como ella cerca. Daba igual si estaba enfermo, con mucosidad y una tos asquerosa, estando con Bella todo iba un poco mejor.

La tarde pasó rápida para Bella, quizás por el hecho de que había estado ocupada durante todo el tiempo. Una hora antes de que llegasen los invitados decidió ir a su apartamento en busca de un conjunto adecuado y de una merecida ducha. Sabía que tarde o temprano tendría que hacer las maletas y mudarse a la casa del vecino, pero no tenía ganas de abandonar aquella vivienda que tanto le había costado conseguir. Siempre había sido una persona independiente, pero se había visto obligada a convivir con sus amigas en la Universidad y justo cuando empieza su vida como adulta soltera llega Edward Cullen y le propone compartir techo. Puede que fuese algo que deseaba con todas sus fuerzas, pero también necesitaba su espacio. Sólo esperaba que Edward lo entendiese y no le metiese prisa para que se instalara completamente.

A la ducha le siguió una sesión de maquillaje leve y unos minutos bajo el secador en un intento de mejorar su imagen. Durante unos minutos de indecisión, acabó decantándose por un sencillo pero precioso vestido rosa palo combinado con una rebeca y unas medias negras.

Se miró orgullosa al espejo, consciente de que ya no necesitaba la ayuda de Alice para arreglarse. Después de meditarlo durante unos segundos cogió su móvil, se hizo una fotografía y se la mandó por un MMS a esta, escribiendo antes: Mira mamá, he crecido y ya sé vestirme sola. Te quiero, Bella.

Se estaba poniendo los zapatos cuando le llegó un SMS que supuso que sería la contestación de Alice.

He llorado al verte tan guapa por tus propios medios. Como le he dicho a Rose, que está aquí conmigo, nuestra pequeña se hace mayor. No hagas locuras esta noche. Te quiere, mamá.

Con una sonrisa salió de su casa con uno de sus pijamas bajo el brazo para ir a la de Edward, aunque en ese momento no sabía muy bien qué casa era de quién.

Encontró a este y a Seth, completamente arreglados de forma informal pero sin perder la elegancia innata que poseían cada uno, poniendo la mesa del comedor por lo que corrió a ayudarles con la mente en otro lugar, dándole vueltas a un asunto que no sabía cómo planteárselo a Edward. Esperó a que Seth fuese a ordenar su cuarto para empezar a tantear el terreno.

—Edward, el señor Jefferson te cae bien, ¿verdad? —preguntó mientras colocaba correctamente los cubiertos según las normas de protocolo que estudio en su carrera en el último año.

—Sí, es un hombre que no puede caer mal —sonrió él mirándola y después de unos largos segundos añadió—: Estás preciosa, creo que no había tenido oportunidad de decírtelo.

Bella se sonrojó pero sacudió la cabeza, no quería desviar la conversación.

—Entonces, ¿te importaría mucho pasarte la noche mintiéndole? —quiso saber, mordiéndose el labio inferior.

—¿Cómo? No te entiendo —Edward parecía confundido. Siguió con la vista como Bella paseaba de un lado a otro.

—Verás… Es que él supone que somos una familia.

—Y lo somos —contestó rápidamente. Bella le sonrió de forma tímida y se tapó la cara con las manos, avergonzada.

—Me refiero a una familia con papeles de por medio, por decirlo de alguna manera —una de las perfectas cejas de Edward se elevó, dando a entender que aún no comprendía nada. Bella soltó un sonoro suspiro—. Cree que estamos casados y que Seth es nuestro hijo de verdad.

Incapaz de resistirse, soltó una carcajada, divertido.

—¿Y por qué motivo está convencido de eso?

—Porque yo no se lo he negado —susurró, con el rostro ardiendo en llamas—. No sé por qué lo hice, sé que es estúpido pero no pude evitarlo.

Edward se aproximó hasta ella y tomó su cara con las manos.

—Mentir puede llegar a ser agradable si es algo como esto —rió con sorna—. Así que hoy seremos la joven y feliz familia Cullen-Swan… Estoy impaciente por venos en acción.

Bella rodó los ojos y se puso de puntillas para besar la frente de Edward.

—Sólo procura no provocar la furia de la señora Cullen esta noche o dormirás en el sofá.

Edward estaba sonriendo de forma seductora, aunque entre alguna que otra tos sofocada, antes de disponerse a contestarle con alguno de sus típicos comentarios cuando el timbre sonó, consiguiendo separarlos inmediatamente.

—Yo voy —se ofreció Bella, ya que el señor Jefferson había contactado con ella. Recorrió a paso rápido todo el pasillo hasta llegar a la puerta principal, la cual abrió portando una enorme sonrisa dedicada a las dos personas que esperaban tras ella. Andrew Jefferson estaba tal y como lo recordaba, barrigudo y con su gentil cara coronada con una espesa barba blanca. Llevaba un traje gris oscuro que se veía a leguas que era de diseñador y hecho a medida. Aunque parecía uno de esos adorables abuelitos de las películas tenía una cierta elegancia al efectuar sus movimientos que hacían notarse sus refinados modales

A su lado y cogida de su mano se encontraba una encantadora niña de unos cinco años de edad, con un grueso abrigo rojo. Tenía el pelo de un rubio oscuro a la altura de los hombros, con ondulaciones en las puntas. Una sonrisa tímida asomaba por su rostro de regordetas mejillas sonrojadas a causa del frío, mientras miraba curiosa con unos preciosos ojos castaños a Bella.

—¡Isabella querida, estás guapísima! —exclamó el señor Jefferson poniendo una mano en el hombro de la chica al mismo tiempo que la besaba.

—Muchas gracias, digo lo mismo de su preciosa nieta —se agachó para quedar a su altura a la hora de dirigirse a ella—. Hola cariño, ¿cómo te llamas?

—Rachel —contestó ella con su aguda, pero agradable voz.

—Encantada Rachel, yo soy Bella —acarició su cabello y se incorporó—. Adelante, Edward está dentro.

Después de colgar sus abrigos en el perchero de la entrada, Bella los condujo hasta el comedor, donde Edward daba los últimos retoques a la completamente servida mesa. Cuando la pequeña lo vio un grito ahogado salió de su garganta y no dudó en correr a abrazarlo. Bella se quedó atrás, sonriendo como una boba al ver el amor que los niños parecían procesar por su Edward.

—¡No me puedo creer que tú seas Rachel! —exclamó él cogiéndola en brazos después de guardar un pañuelo de papel que tenía en la mano en el bolsillo de su pantalón—. ¡Pero si estás hecha ya toda una mujercita!

La niña se limitó a soltar risitas histéricas mientras se tapaba la cara con las manos. El señor Jefferson miró divertido la escena durante un rato hasta que decidió acercarse a abrazar a Edward. Aún se sentía en deuda con él y no sabía cómo demostrar todo el cariño que le tenía.

—Andrew, te veo genial —sonrió Edward, depositando a la pequeña en el suelo para corresponder el abrazo del anciano—. ¿Cómo van esos mareos que me comentaste?

—Edward hijo, esta noche no hablaremos de nada relacionado con el hospital. De todas formas el enfermo aquí eres tú, así que espero que no me des mucho la tabarra. Mañana si quieres pediré cita y tu padre me hará otra revisión, pero ahora prefiero disfrutar de esta maravillosa cena que huele tan bien —sonrió a Bella y alzó una bolsa de papel que llevaba en la mano—. Las mejores trufas con nata de la ciudad. Después de probar esto no volveréis a querer comer otro chocolate jamás.

—Eso lo dirás porque no has probado las mías —añadió Bella con un guiño de ojo y le quitó el postre de las manos para llevarlo a la cocina.

—Bella cariño, ¿podrías llamar a Seth? Creo que está en su habitación —pidió Edward con su voz ronca recién adquirida, que se había enfrascado en una conversación con Rachel acerca del colegio de esta.

Obediente, dejó las trufas en la nevera y se acercó al cuarto del niño sigilosamente. Lo encontró sentado en la cama, mirando los dibujos de un libro que tenía entre los brazos. Al sentirla, Seth levantó la vista y le sonrió.

—¿Es guay ese libro? —se interesó ella, usando sus expresiones.

—Mucho, aunque me cuesta enterarme —suspiró resignado y Bella rió a la vez que besaba su frente.

—Si quieres esta noche antes de dormir te lo leo y así vemos de qué trata —Seth palmoteó alegremente—. Pero ahora señorito, vamos a ir a lavarnos las manos para cenar. Nuestros invitados han llegado ya y nos tenemos que portar bien.

—Entendido capitán —gritó a pleno pulmón y se dirigió al cuarto de baño que había dentro de su habitación. Bella lo acompañó para ayudarle, no quería que se manchase el jersey de agua o jabón en el último momento.

—Seth, ahí fuera hay una niña –él empezó a refunfuñar por lo que lo cortó rápidamente—. No quiero tonterías, seguro que podéis jugar juntos y pasarlo bien.

La miró incrédulo, como si pensase que aquello que acababa de decir era la locura más grande de la historia.

—Bella, me aburro con las niñas —se quejó él, pataleando el suelo—. ¿Es necesario que juguemos? Seguro que haremos lo que ella quiera a la fuerza…

Bella lo cogió de la mano para llevarlo hasta el comedor, sin poder reprimir una sonrisa que ansiaba ser risa. Sin embargo decidió no mostrarse débil frente al niño, él debía entender que sus prejuicios no tenían fundamentos. A esa edad se solía odiar al sexo contrario, pero tarde o temprano siempre llega un momento en el que esto deja de suceder. Bella rezaba internamente para que ocurriese esa misma noche.

Cuando entraron en el comedor tres pares de ojos se volvieron hacia ellos. Todos estaban sentados ya, esperándolos. A Bella no se le escapó el hecho de que la embelesada mirada de la niña pasara de Edward a Seth, tornada a confusa. Estuvo unos segundos evaluando el parecido entre ambos para acabar con una tímida sonrisa y la vista puesta en el plato que tenía delante.

Bella sonrió a Edward, que también parecía haberse dado cuenta de lo anterior y fue a sentarse a su lado, en la larga y rectangular mesa.

—Andrew, Rachel, este es mi hijo Seth —los presentó Edward—. Sois de la misma edad, seguro que os lleváis bien.

A Bella le extrañó que Seth no soltase ningún bufido de resignación. Por el contrario sonrió sinceramente y se sentó a la izquierda de esta, en la silla que estaba en frente de la de Rachel la cual seguía con la mirada baja.

—Se pone tan roja como tú —rió por lo bajo el niño en el oído de Bella—. Es tan gracioso.

—Seth deja de reírte por algo así, ser vergonzoso no es algo agradable. Pareces tu padre… —añadió al recordar los comentarios de Edward acerca de su constante sonrojo.

—Sois una familia encantadora —suspiró el señor Jefferson mirándolos tiernamente—. Es agradable poder tener una cena familiar y no estar rodeado de señores con traje que hablan sólo de la Bolsa.

Edward negaba con la cabeza mientras repartía maestralmente en los platos el pescado y las patatas al horno. Cuanto terminó cerró los ojos y se masajeo las sienes, parecía que la gripe le estaba matando.

—Andrew, no sé cómo te lo tengo que decir para que me hagas caso. Tienes demasiado estrés acumulado y no estás en edad para eso. Tómate un descanso de una vez por todas —hablaba como si realmente lo conociese a fondo. Bella supuso que la enfermedad de su nieta los había unido bastante más de lo que se imaginaba en un principio.

Observó como transcurría la cena interviniendo ocasionalmente en la conversación que tenían Andrew y Edward. Vio que los niños no hablaban entre ellos, sólo se miraban de vez en cuando provocando que ella apartase la vista sonrojada y que él por su parte se riese entre dientes, comparando las reacciones de Rachel con las que constantemente tenía Bella.

—Es el mejor plato de pescado que he comido en mi vida —comentó Andrew cuando se acabó todo lo que tenía por delante—. Dime Bella, ¿has estudiado algo de cocina?

—Mis padres no sabían cocinar, todo lo que salía de sus manos era altamente tóxico —bromeó, recordando los viejos tiempos—. La única comida casera que recuerdo de mi infancia era la de mi abuela Marie. Tuve que aprender a cocinar si quería conservar mi salud y seguir viviendo a los veinte.

Todos rieron fuertemente, pero a Edward fue al que más se le escuchó.

—Aún recuerdo aquella tarta de tu décimo cumpleaños. No sé cómo pude sobrevivir a aquello.

—Hombre, fue la peor actuación culinaria de mi madre, normalmente no era para tanto —Edward alzó la ceja incrédulo y ella sonrió—. Está bien, su comida siempre fue igual de asquerosa. Esa vez estaba resfriada, por lo que no distinguía los olores ni los sabores —le explicó al señor Jefferson—. Entonces le echó sal en lugar de azúcar.

—Cantidades industriales de sal —matizó Edward.

—Sí, se le fue la mano —suspiró Bella—. Y después quiso rematarlo con un poco de canela en polvo por encima. Lo que no supo fue que estaba echando comino en lugar de canela, aún tengo el sabor en la boca.

—Menos mal que Alice llevó una tarta por si acaso.

—¿Alice? —preguntó Andrew.

—Es mi hermana melliza —sonrió Edward—. Siempre es muy previsora. Posiblemente lleve un conjunto completo de ropa de repuesto, el secador y mil cosas más en el bolso. Es la prometida de mi amigo Jasper Hale, el psicólogo que te recomendé.

Después de seguir hablando durante un rato acerca de banalidades, Bella se levantó y empezó a recoger los platos vacíos para traer el postre. Velozmente Edward y Seth se incorporaron para ayudarla, por lo que acabaron mucho más rápido de lo que esperaba.

Estaba en la cocina preparando las trufas en una elegante bandeja que Bella recordaba de la vajilla de Esme en Forks cuando el Señor Jefferson apareció.

—Deja que te eche una mano —sonrió, poniéndose a su lado y sacando de la bolsa un tarro con nata montada que había comprado en una de las mejores pastelerías de Nueva York. Bella le alcanzó un cuenco y empezó a echarla con sumo cuidado para que no perdiese la textura—. Me parece Rachel está un poco intimidada.

—Ya he visto que es muy tímida —contestó Bella.

—Sí que lo es, pero nunca ha estado sin hablar durante toda una comida. Me parece que tu pequeño la ha intimidado.

—¿Seth? —se asombró Bella.

—Por supuesto, es un niño muy apuesto —bromeó mientras se reía a pleno pulmón, con la vitalidad de siempre—. Estaría bien que hablasen un poco, Rachel no tiene muchos amigos en el colegio.

—¿Y eso? Parece una niña encantadora.

—Lo es, pero no es tan cría como parece. No juega a las muñecas, ni se pasa el día delante del espejo —volvió a reír antes de añadir—: Supongo que por eso las otras niñas no se sienten identificadas con ella. Ha madurado mucho con lo de su enfermedad, no es justo, pero ha sido así. Me da pena que pierda su niñez por algo que ha tenido solución —suspiró y se sumió en sus pensamientos, notablemente entristecido.

Bella tenía la boca abierta del asombro. Era como si hubiese relatado un resumen de la vida de Seth. Él tampoco se comportaba como un niño normal por todo lo que le había pasado. Sabía que el hecho de no querer que lo tratasen como un crío residía en que no quería recordar los primeros años de su infancia. Por eso se refugiaba en tantas películas y libros. Era doloroso, pero nadie podía obligarlo a enfrentarse a recuerdos tan espeluznantes, y menos si tenía apenas cinco años.

—Seth es igual. Puede tener conversaciones que te dejarían boquiabierto, también ha madurado de golpe. No es justo que los niños tengan que pasar por cosas así —susurró, más para ella que para Andrew.

—Bella, ¿puedo hacerte una pregunta? —pidió él al cabo de unos segundos en silencio. Bella asintió y él midió sus palabras—. Vosotros… Vosotros no estáis casados, ¿verdad?

Un nudo se formó en su garganta, impidiéndole hablar coherentemente.

—Yo… Eh… Bueno, pues… —se sentía abochornada, acababa de descubrir su mentira. Y mentir no era algo de lo que Bella se enorgullecía—. No —dijo simplemente, poniéndose las manos en la cara—. Lo siento, sólo es que…

—Tranquila hija —volvió a reírse y Bella se calmó levemente—. No pasa nada, supongo que soy muy observador.

—No he querido engañarte, simplemente que estoy tan unida a Edward y a Seth que no pude contradecirte. Si te dijese que no los considero como mi familia, mentiría.

—Lo sé, estaba convencido de que era así hasta esta noche —la mirada interrogativa de Bella lo hizo reír de nuevo—. Ninguno de los dos lleváis anillo, Seth te llamó Bella, la casa está limpia de fotografías familiares. Es más, incluso diría que no vives aquí. La decoración tiene cierto punto femenino, pero no veo tu estilo en ninguna parte.

Aquel hombre volvió a sorprenderla. No lo conocía apenas de nada pero él parecía haberla analizado a fondo. Tanto que se sentía capaz de atisbar el estilo de la chica a la hora de decorar un apartamento.

—Tu despacho está lleno de recuerdos familiares, de amigos y gente de confianza. Además, los muebles son baratos pero bonitos. Gritan por todas partes: no hace falta gastar millones para que esto esté decente.

Ahora fue Bella la que rió.

—Realmente fue lo que pensé a la hora de comprar todo. Tiene razón, en un principio vivía en la casa de en frente, pero ayer mismo me vine a vivir aquí. Aún no he hecho la mudanza, aunque supongo que será pronto.

—Es un paso difícil, pero creo que tu sitio está al lado de Edward y de Seth –dijo con una cálida sonrisa—. Ya que estamos sincerándonos me gustaría saber si el pequeño es hijo de una anterior relación de Edward.

Bella se mordió el labio, no se sentía con el derecho de contar aquello.

—Eso es algo de Edward y de Seth —susurró, mirando la entrada de la cocina—. Mi moral no me deja hablar del tema.

—Tranquila, también he hecho suposiciones que creo que se confirman con lo que me acabas de decir —esta vez su rostro estaba completamente serio, algo extraordinariamente extraño en él—. He visto cicatrices de cortes profundos en su cuello, y creo que Edward sería la última persona en hacerlos. Aunque el color de sus ojos confunde un poco… Son idénticos. Aún así veía al doctor y a ti demasiado jóvenes como para tener a un niño de su edad.

Bella sabía que estaba conjeturando suposiciones acerca del pequeño. Se limitó a poner el rostro imperturbable mientras terminaba de preparar el postre.

—Aún así, hacéis una familia perfecta —sonrió al fin el señor Jefferson—. No dejes que se escapen. Por cierto, he traído las entradas para Disneyland —se metió su mano en el interior de la chaqueta y sacó un sobre alargado el cual tendió a Bella—. Supongo que no quieres que lo vean, opino que sería un fantástico regalo de Navidad—y dicho esto cogió el recipiente con la nata y anduvo con paso firme hasta donde se encontraban Edward y los pequeños.

Bella suspiró y miró el sobre que tenía en las manos. Debía esconderlo, pero aún no conocía tan bien la casa como para poder hacerlo por lo que decidió ir hasta el dormitorio que compartía con Edward y meterlo en su bolso, que descansaba sobre la cama. Cuando se aseguró de que estaba bien oculto salió de allí para reunirse con los demás.

En la sala Edward intentaba que los niños entablasen una conversación, pero todos eran intentos fallidos. Bella se sentó en su sitio y pensó detenidamente las palabras que iba a utilizar.

—Rachel, ¿cuál es el libro que te gusta más? —le preguntó a la niña. Esta puso cara de concentración mientras meditaba.

—Tengo muchos —y a continuación empezó a relatar una larga lista de libros infantiles mientras todos cogían trufas. El único que parecía prestarle verdadera atención era Seth, que por primera vez en la noche estaba interesado.

Los adultos miraron la interactuación entre los niños con una sonrisa, era tan tierno que difícilmente podían quitarle la vista de encima.

A Edward se le estaba pasando el efecto del jarabe y había empezado a toser violentamente, mucho más fuerte que durante la cena. Se sentía terriblemente cansado, necesitaba meterse entre las sábanas y cerrar los ojos en un intento de intentar que dejaran de estar humedecidos. Sin embargo puso al mal tiempo buena cara y siguió la conversación sin mostrarse débil, quería hacerlo por Bella. Esta, de vez en cuando lo miraba preocupada al notar su intento de disimular la tos, no pretendía ser una mala anfitriona por lo que echar al señor Jefferson y a su nieta no entraba dentro de sus planes inmediatos pero el esfuerzo de Edward la hacía desesperar.

—Ha estado delicioso —le sonrió al anciano, el cual se tocaba su enorme barriga con ambas manos.

—Estoy a punto de reventar —rió atronadoramente él—. Ha sido una velada muy divertida, me encantaría repetirla.

—Y a nosotros también —respondió Edward con una voz irreconocible—. Siento no haber estado al cien por cien de mis fuerzas, me habéis pillado en un mal momento.

—Edward, todo el mundo cae enfermo. Incluso los doctores —se carcajeó Andrew, levantándose. Los demás lo imitaron menos Rachel y Seth, que parloteaban acerca de una película de animación reciente—. Cariño, nos tenemos que ir ya a casa, mamá te estará esperando para ir a dormir.

—¿No me puedo quedar un rato más con Seth, abuelo? —preguntó ilusionada.

—Es tarde, además Seth tiene que descansar que según me han dicho ha estado malo hace poco.

—Jo, pero íbamos a ver una peli —se quejó el niño, poniendo un puchero.

—Si hubieseis empezado a hablaros antes habríais pasado más tiempo juntos —comentó Edward maliciosamente. Los niños lo miraron de forma asesina y él se calló inmediatamente, aunque sin poder evitar soltar una risita.

Bella se puso de cuclillas para quedar a la altura de los pequeños antes de empezar a hablar.

—Cariño, no te preocupes, tengo la sensación de que nos vamos a ver mucho —besó la frente de la niña y se incorporó. Vio que tanto Edward como Andrew la miraban curiosos y con una sonrisa añadió—: Aunque debo estar loca, he decidido aceptar tu propuesta de trabajo Andrew. Me pasaré días enteros trabajando como una desquiciada, pero supongo que merecerá la pena.

La sonrisa del señor Jefferson se extendió por toda su cara, más enorme que nunca y corrió a abrazar amistosamente a Bella.

—¡Hija mía, no sabes lo feliz que me haces! Estábamos desesperados buscando agencias alternativas por si decías que no. Ninguna superaba las expectativas y no sabíamos qué hacer, verás cuando se lo cuente a James… Llevaba varios días en la calle, intentando encontrar referencias de buenos publicistas, pero no tenía suerte.

—Ya no va a ser necesario —sonrió tímidamente Bella a la vez que daba palmaditas en el brazo del hombre—. Pero espero que no me agobiéis mucho, sino renuncio —añadió con un guiño.

Acompañaron hasta la puerta principal a los invitados entre bromas y comentarios del futuro trabajo de Bella. Ahora tenía una cuenta enorme entre sus manos, no podía permitirse ningún error. Realmente jamás había podido permitírselo, pero con Disney la cosa era diferente. Si querían un rendimiento eficaz de sus trabajadores, Bella iría por delante. En su cabeza ya retumbaban las palabras de ánimo que iba a lanzar a su equipo, mientras despedía a Andrew Jefferson y a Rachel.

—No ha sido tan tonta como pensaba —suspiró Seth a la vez que se le escapaba un enorme bostezo, una vez que la puerta estuvo cerrada de nuevo y se dirigían al sofá del salón.

—Tú y yo vamos a hablar seriamente de cómo tratar a las señoritas —dijo con voz grave Edward, aunque no le quedó tan bien como esperaba ya que se tuvo que sorber los mocos a mitad de la frase.

—Esa será una conversación que no me pienso perder —rió Bella acomodándose en el sillón con las piernas cruzadas y mirándolos expectantes.

Edward le puso los ojos en blanco y sentó a Seth a su lado.

—No puedes pasarte horas sin mirar a la cara a una chica, Seth —empezó a decir, negando con la cabeza—. Tienes que sonreírle, ser un caballero, reírte con sus chistes y hacer que se sienta cómoda.

—¡Eh, un momento! —intervino Bella, enfadada—. ¿Cómo que reíros de los chistes que contemos? ¿Qué te crees que somos, idiotas a las que hay que seguirles la corriente?

—No quería decir eso —dijo rápidamente Edward disculpándose con la mirada—. Seth, lo que quiero explicarte es que hoy te has comportado como un absoluto tonto.

—Pero no la conocía, ¿qué le voy a decir? Podría haber sido una niña pesada.

—Pues hay que correr el riesgo. Si no le hubieses hecho caso en toda la noche ahora no tendrías a una nueva amiga. Quizás no conoces a gente que te gusta sólo por lo que piensas de las personas antes de conocerlas.

Seth pareció meditarlo durante un rato, mirando fijamente sus pequeñas manos.

—Supongo que tienes razón —admitió al fin—. Pero me asusta conocer gente nueva. Ya te tengo a ti, a Bella, a los tíos y a los abuelos. Incluso quizás Rachel quiera ser mi amiga de verdad.

—Bueno, que no quieras a más gente en tu vida no significa que te comportes tan mal —le interrumpió Edward poniendo una mueca—. Ya te lo he dicho, con una señorita…

—Sí, sí, que la mire a los ojos, le diga lo guapa que está y le abra la puerta del coche.

Bella estalló en carcajadas ante su discurso. Era gracioso ver como el pequeño lo recitaba de memoria, como si estuviese harto de escucharlo. Edward por su parte sonreía orgulloso de sus enseñanzas.

—Bella, ¿mi padre te abría la puerta cuando tenía mi edad? —quiso saber Seth.

—Cuando yo tenía cinco años vivía en Phoenix, por lo que aún no lo conocía. Pero es una costumbre que tiene de siempre, sí. Creo que tu abuela tiene que ver en todo eso, si tienes alguna queja es mejor que hables con ella.

—Como buen inglés que soy, me comporto como todo un caballero—comentó Edward sonriendo, muy pagado de sí mismo.

—Que hayas estudiado durante años en Londres no te convierte en un inglesito refinado —bromeó Bella alborotándole el broncíneo cabello—. Ni siquiera levantas el meñique al beber de la taza de té. Es más, jamás tomas té; me arriesgo a pensar que ni lo has probado.

—Tiene un aspecto asqueroso —admitió él encogiéndose de hombros—. Pero puedo usar un perfecto acento británico como si fuese mi propia forma de pronunciar. Podría hablar así durante días—añadió con una realización magnifica del inglés británico. Bella lo miró boquiabierta, no sabía aquel pequeño dato tan sexy—. Te he deslumbrado, ¿verdad? —bromeó él, dándole un codazo.

—Más quisieras —murmuró ella poniendo los ojos en blanco. Esperaba que por una vez su desastrosa forma de mentir no saliera a flote y que Edward dejara pasar el tema. Pero claro, Edward Cullen no iba a malgastar una oportunidad de bromear.

—Bella no te preocupes, te entiendo —afirmó, poniendo una mano en el hombro de la chica y mirándola fijamente a los ojos—. Cada mañana me levanto y me miro en el espejo y digo con mi acento londinense "Doctor Cullen, hoy es tu día campeón". Después de eso me tiemblan las rodillas, puedo ser tan sensual cuando me lo propongo…

—Edward, ¿de verdad que no te has dado ningún golpe preocupante en la cabeza en los años que has estado fuera? —bufó Bella poniendo los ojos en blanco. Edward rió alegremente y Seth que había presenciado divertido la escena lo acompañó—. Y tú de qué te ríes enano, esta ha sido una conversación de adultos —empezó a decirle al mismo tiempo que le hacía cosquillas en la barriga. El niño se contrajo, retorciéndose por la risa y unas lágrimas cayeron por sus siempre sonrojadas mejillas.

—Seth, es hora de ir a la cama —anunció Edward una vez el pequeño se hubo calmado. Después de unas protestas y algunos sollozos consiguieron que se pusiese el pijama y se metiera en su lecho. Al instante de tumbarse en el colchón empezó a cerrar los ojos, por lo que asociaron su repentina rabieta al cansancio del día.

Edward y Bella fueron directamente al dormitorio, donde se pusieron la ropa de dormir en un tiempo record. Una vez en la cama, él con un rollo de papel higiénico al alcance, apagaron la luz y se dispusieron a dormir.

—Mañana trabajo —dijo con voz somnolienta Edward.

—Pero si es sábado —se extrañó Bella, apoyando todo el peso en su costado para ver mejor al chico.

—Ya, pero he faltado dos días. Por lo menos entro algo más tarde, a las nueve y media de la mañana.

—¿A qué hora saldrás? —quiso saber Bella—. Ya sabes que tienes que estar pronto en casa, te tienes que preparar para la inauguración del pub de Emmett.

—Mierda, lo de Emmett —lo había olvidado completamente y veía bastantes problemas en el horizonte si asistía—. No creo que pueda ir —suspiró, apesadumbrado.

—¿Por qué no? —chilló una repentinamente histérica Bella. En su cabeza había hecho infinidad de planes acerca de una noche de diversión con sus amigos y sobre todo, con su Edward.

—Primero, con mi resfriado no creo que pueda ir a un sitio donde posiblemente habrá más humo de tabaco que oxígeno. Segundo, ¿qué hago con Seth? ¿Me lo como con patatas? O lo podríamos meter en tu bolso, como hace Paris Hilton con su perro —intentó bromear, pero Bella bufó en señal de que no estaba para tonterías.

Se quedó callada, mordiéndose el labio. La única vez en la que volvieron a hablar fue cuando Edward le dio las buenas noches y ella respondió con un gruñido bajo. Se sentía enormemente egoísta, él tenía motivos por los que no ir, pero aún así ansiaba con todo su corazón que fuese con ella. Se le habían quitado incluso las ganas de asistir, sin embargo cuando se acordó de Emmett se arrepintió de haber siquiera pensado en la idea de quedarse en casa. Lo había ayudado hasta la saciedad y sabía que si no iba al grandullón se le partiría el corazón, o por lo menos eso le pasaría a ella si fuese al contrario.

Decidido, tenía que ir a la fiesta aunque Edward tuviese que quedarse en casa. Sería una noche no tan alucinante como esperaba, pero sí que seguiría siendo importante. Intentaría divertirse sin él y en el caso de ser imposible, tendría que coger un taxi para volver a casa y meterse en la cama con su hombre, dormir profundamente y esperar otra oportunidad de pasarlo bien juntos.

Qué se le va a hacer, las cosas no siempre salen como uno quiere.