jueves, 11 de agosto de 2011

Capitulo 3, Eleven yers



Capitulo 3

Be.-
...
Parecía como si recién hubiera apoyado mi cabeza en la almohada, cuando el insistente sonido del teléfono resonaba por la silenciosa habitación. Me voltee hacia Derek, que por fin dormía más tranquilo. Hacía menos de dos horas que la fiebre presentada, me tenía preocupada buscando alguna medicina para ayudarle a recuperar su temperatura habitual.

Observé con mis ojos adormilados la mesita de noche. El reloj marcaba las 4 de la madrugada. Y como era típico, comencé a contar las horas que me quedaban de sueño. Patéticamente 2 horas a lo máximo. Me volví acomodar a mi lado de la cama para intentar retomar mi esperado sueño. Pero como si fuese una horrible pesadilla y mi peor enemigo al acecho. El maldito teléfono volvió a irrumpir mi ajetreada y poca descansada noche.

Sentí a Derek removerse intranquilo. Antes que volviera a despertar y siguiera siendo blanco débil de los estragos de la fuerte gripe que lo azotaba. Me levanté de un salto, incluso obviando el mareo repentino que acompañó mi alocada carrera con el teléfono inalámbrico en mano hacia la sala.

- Hola.- hablé agitada por el esfuerzo.- ¿Hola?.- volví a repetir, pero nadie contestó

Iba a cortar la llamada, cuando un estridente sonido de música, se oyó al otro lado de la línea. Me senté con el auricular sujeto entre mi cuello y oreja, mientras deambulaba por la cocina preparando una taza de café. A esta hora me pesaba, pero no conseguiría volver a dormir.

- ¿Bueno?.- insistí tras unos minutos en la misma situación, pero nada.

Tomé el receptor para ponerlo frente a mí. Lo observé como esperando que por arte de magia, me susurrara quien llamaba a estas horas. Agité mi cabeza ¡El sueño me estaba volviendo loca! Corté la llamada y puse mi atención en mi taza de humeante café.

Salté con el corazón en la mano, cuando pasados 15 minutos aproximadamente. El teléfono volvió a la carga con su ingrata labor. Esta vez activé la llamada, pero no pronuncié palabra. Ya no se oía la música de fondo, o al menos con la misma intensidad de antes; sino que lograba distinguirla lejos… Los segundos pasaban y yo seguía allí, esperando que mi interlocutor se dignara a hablar luego de fregarme la noche, pero nada… Iba a terminar con la llamada cuando un suspiro y luego, lo que me pareció una leve risita se denotaron para posteriormente sentir el típico sonido de finalización de llamada.

Me quedé nuevamente con la duda a flor de piel. No llevábamos mucho tiempo en la ciudad, el número era de conocimiento cercano y por lo demás, era nuevo. Habíamos tenido múltiples llamadas a los dueños anteriores a nosotros, la primera semana de estadía. Así que habíamos decidido cambiarlo para evitar las constantes molestias.

Opté por desconectarlo. Eran casi las 5,30 de la mañana y Derek se despertaría en una hora más. Miré con anhelo la cama, sobre todo el relajado cuerpo de mi futuro marido a lo largo de la misma. Y estuve a punto de sucumbir al pensamiento de acostarme, dormir como oso invernando y llamar a la oficina para reportarme enferma. Pero eso sería muy irresponsable, y…no podía hacerlo. Esa era la única razón.


...

No sé cuanto tiempo estuve en la ducha para acabar con la modorra aplastante que hacía chocar mi frente con las frías baldosas de la pared. Salí del baño lo más arreglada que podía para ocultar mis ojeras…

- ¿Te despertaste temprano?.- me llevé un susto de muerte al oír la voz de Derek

- ¡Uf! Poco más y me muero en menos de 2 horas.- exclamé al recordar el teléfono.- Hola cielo ¿Cómo te sientes?.-

Acerqué mi mano a su frente para comprobar su temperatura, pero gracias a Dios, los remedios habían surtido efecto y volvía a tener su calor corporal normal

- Estoy mejor amor. Deben haber sido los constantes cambios de temperatura que me llevaron a la gripe

- ¿Te sientes bien como para ir a trabajar?.- consulté preocupada por una nueva recaída

- Estaré bien mi doctora favorita.- tomó mi cintura y me tumbó sobre él.- Es mi idea o te haz desvelado.- pasó la yema de sus dedos bajo mis ojos

- Estoy bien. Intentaré no quedarme dormida de pié y trataré de volver temprano a casa

- Yo también intentaré lo mismo

Se levantó de la cama soltando varios quejidos a causa del dolor corporal, luego de una mala noche. Lo esperé para desayunar y cuando estuvimos preparados, nos desplazamos hacia nuestros lugares de trabajo. A cada tanto lo observaba con detenimiento. Su semblante no me convencía el mejor como para laborar 8 horas seguidas, pero conociéndolo como lo hacía. Sabía que serían palabras al viento, ofrecerle reposo absoluto.

- No estés preocupada mi amor. Te prometo que si mi cuerpo no aguanta el ritmo, me iré sin rezongar a casa.- prometió

- Está bien. Confío que serás cuidadoso con tu salud, así como lo eres conmigo

- A todo esto ¿Estaba soñando o llamaron de madrugada a casa?.- cuestionó con sus cejas casi unidas

- Llamaron dos veces, pero cortaron. Algún alcohólico con los dedos crespos. Por la hora.- no le di mayor importancia
- Típico.- bufó.- Bien bebé. Nos vemos en casa. Te amo

- También te amo y cuídate ¿Si?

Lo tomé y besé sus labios como siempre. Aunque esta vez lo hice con más énfasis, con el propósito disimulado de tentar nuevamente su temperatura. Pero me volví a tranquilizar, sintiéndole normal… Bajé del auto y cuando iba a dirigir mis pasos al interior del edificio. Una vaga mirada alrededor, me hizo detener mi andar un par de segundos, para luego desviar mi mirada y reanudar mi paso firme y decidido.

Sentí pasos a mi espalda y con mayor razón apuré mi caminar. Llegué a la puerta del ascensor y odié mi mala suerte. Frente a mí, en los espejos o casi espejos de las puertas, podía ver claramente a la pesadilla hormonal que estaría agobiándome todo el tiempo en esta oficina, Edward. Seguí con mi vista el frente observando el lento pasar de los números de piso que marcaba el tablero. Y también, la penetrante mirada del chico a mis espaldas.

- Hola Eddie.- sin girarme supe que era Lauren, con su voz nasal

- Hola Lauren.- el chico no tenía remedio definitivamente. Arrastró su saludo

- Y ¿Qué haces tan temprano por aquí?.- al menos era la misma pregunta que yo me hacía

- Estoy suspendido del Instituto.- rió de su hazaña.- Además ayer me fui de fiesta y quedé sin dinero para devolverme y mi auto quedó muerto

La simple mención de fiesta, ocasionó que mi cerebro conectara dos hechos que no eran irrelevantes: mi móvil y las llamadas a mi casa. Las puertas del ascensor se abrieron y entré rápidamente. Me voltee para quedar de frente nuevamente, justo en el momento que él subía al lado de Lauren. Me sonrió y yo le devolví mi mirada más asesina. Estaba convencida que había sido el inmaduro puberto con complejo de galán, quien había tenido la osadía de llamar en la madrugada a casa. El número estaba registrado en mi móvil.

- Hola Bella.- saludó desde atrás

- Hola.- giré levemente mi cabeza para asentir en su dirección

- Hola Señorita Isabella ¿Ese ha sido su novio?.- preguntó Lauren, remarcando el novio

- Buenos días Mallory. Y sí, era mi novio.- contesté por educación

- ¿Qué edad tiene tu novio Bella?.- agradecí a Dios que no estuviéramos solos, porque Edward hubiera conocido a la primera mujer en ponerlo en su lugar

- 34.- respondí controlando mi rabia, recordando que era el hijo de mi jefe. El molesto y acosador hijo de mi jefe

- ¡Wow! ¿No es muy mayor para ti?.- continuó. Secundado por las tontas risitas de Lauren

- No lo creo. Estoy por cumplir mis 30. Además el hombre siempre debe ser mayor. Sería un verdadero espectáculo salir con un nene, pero bueno… siempre hay mujeres que les agrada hacer el ridículo

Salí sintiéndome victoriosa de mis palabras, en cuanto el ascensor se abrió. Con mis palabras había dejado en claro que no me apetecían los menores, un mensaje para elnene. Y otro muy explícito para Lauren, en relación a las mujeres mayores con un hombre bastante menor. Caminé hacia la oficina, donde una chica menuda esperaba en el escritorio de la tal Ángela. Por lo que supuse sería ella

- Buenos días.- saludé.- Soy Isabella Swan ¿Eres Ángela Weber?

- Hola. Sí, soy yo. Un gusto.- se levantó a saludar.- Lamento no haberme presentado ayer. Pero di mi reporte, estaba bastante enferma. Una gripe me atacó sin piedad.- se excusó

- No te preocupes. Al parecer es un virus en el aire. Mi novio también está aquejado de lo mismo

- Dicen que a mayor edad. Menos defensas.- interrumpió esa voz que comenzaba a odiar

- ¿Estás insinuando que estoy vieja Edward?.- rodé los ojos ¿Es que en esta oficina todas las mujeres suspiraban por los menores? El tonito de Ángela, me indicaba que era otra Lauren más

- En las mujeres no es problema Ángie.- habló con su sonsonete de conquistador.- Las mujeres son como el vino. A más edad, mejor

- Entonces debo tomarlo como un halago.- de espaldas me la imaginé batiendo sus pestañas como quinceañera

- ¿Qué demonios haces tú aquí tan temprano?.- me giré al oír a Tanya

- Hola a ti también mujer de hielo.- ironizó el chico

- Eso no responde a mi pregunta.- lo apuntó.- Ángela. Te solicitan en Personal.- le indicó a ella, quien lanzó su mejor sonrisa y caminar coqueto al pasar delante de Edward

Miré con la diversión pintada en mi rostro. Era un hecho, todas las mujeres de esta oficina, a excepción de Tanya, eran capaces de cometer violación con el adolescente. Quien en este momento tenía sus ojos clavados en la parte baja de la espalda de Ángela. Se giró y me sonrió orgulloso seguramente de lo que provocaba y tuvo la desfachatez de guiñarme. Bufé y me senté en mi escritorio, mientras Tanya me contaba sobre unos archivos.

...

La mañana pasó tortuosamente lenta. Teniendo como principal espectador de mis labores a Edward. Carlisle había tenido diversas reuniones por la mañana, lo que lo había mantenido alejado de la oficina, y por ende, el muchachito no podía marcharse a su casa… No contento con eso, había decidido quedarse en nuestra oficina, que comenzaba a parecerme más pequeña cada minuto que pasaba.

Ángela estaba más enfocada en nuestra desagradable visita, que en las labores que debía realizar. Lo que poco a poco, estaba comenzando a incomodarme más de cuenta. Por suerte Tanya, que al parecer igualmente lo había notado. La había enviado a realizar unos trámites que sólo ella podía manejar.

- Bien. Son las 2 de la tarde ¡Hora de comida!.- anunció Tanya.- Iré a ver que hay disponible en la cafetería ¿Te apetece algo Bella?

- Una soda y un pack de galletas saladas.- encargué

- Y tú mini-playboy ¿Qué te apetece?

- Agua mineral. Estoy muriendo de calor.- exclamó, haciendo hincapié en la doble intención del calor

- ¿Vienes?.- lo invitó Tanya y crucé mis dedos porque se lo llevara aunque fuera a la rastra

- No. Estoy muerto. Me quedo.- hice rechinar mis dientes

Enfoqué mi actuar en ordenar unos papeles sobre mi escritorio, teniendo en cuenta dar mi espalda en todo momento al chico. Una forma sutil de demostrar mi desagrado o mi total indiferencia ante su presencia. Sin embargo, no podía hacer como si estuviera sola. Más cuando sentí la puerta cerrarse tras de mi, en una forma suave. Como intentando pasar el hecho, de forma desapercibida para el resto.

- Siempre he preferido la parte frontal de las mujeres. Pero creo que ahora en adelante mi favorita será la trasera.- me voltee ante sus groseras palabras y alcancé a ver su vista fija en mi trasero

- ¿No tienes nada mejor que hacer que perder tu tiempo aquí? Yo a tu edad estaba preparándome intensamente para dar las pruebas de ingreso a la universidad.- siempre haciendo referencia a las diferencias

- Yo también me preparo.- rió divertido.- Claro que… de forma más práctica.- insinuó con un deje de maldad.- Quiero ser Ginecólogo

- Muy gracioso.- mascullé sin una pizca de gracia por su broma

- Ok. Ok.- levantó sus manos con las palmas hacia mí en señal de defensa.- Intentaré ser menos idiota.- prometió.- ¿Por qué no te agrado?.- cambió el tema totalmente

- Nadie ha dicho que no me agrades ni me desagrades.- rebatí mintiendo muy mal, como siempre

- Creo que no hacen falta palabras. Tu cara lo demuestra todo.- subió su mano con la intención de tocar mi mejilla, pero me aparté rápidamente.- ¿Ves?.- inquirió por mi gesto

- Lo siento Edward, pero no tenemos la confianza suficiente para este tipo de acercamientos
- ¿Podríamos tenerla?.- dejando claro por su sonrisita que hablaba otra vez en doble sentido
- Quizás cuando dejes de ser un idiota de 17 años.- sonreí triunfante

- Tengo 19.- me corrigió pagado de si mismo

Lo miré y negué con gesto fatigado. El solamente se limitó a observarme divertido. Estábamos a una distancia prudente, pero donde igualmente pude observar con detalle sus facciones. Sus ojos tenían un verde potente, y su mirar denotaba una seguridad envidiada por cualquiera. Su mandíbula era fuerte y totalmente demarcada, lo que le daba un aspecto un tanto mayor a sus 19 años. Sus cejas eran pobladas, pero no en un extremo desagradable, y sus cejas eran largas y levemente encrespadas. Su nariz y sus labios eran, indudablemente perfectos.

- Ahora que me haz analizado totalmente ¿Cambia en algo tu opinión?.- una tonalidad roja, de furia y vergüenza se apoderó de mi rostro

- Simplemente me intentaba convencer ¿Qué es lo que ven las mujeres maduras en alguien que con sólo ver su rostro se denota que sigue siendo un bebé?.- fui sarcástica

- Mira... Iba a decir algo, pero me voy a reservar el comentario para que no creas que soy un idiota a tiempo completo.- me imaginaba cual hubiera sido su comentario y mi sonrojo pareció aumentar.- Esto es tuyo.- dijo de pronto extendiendo mi móvil hacia mí

- A la vez que haz tenido un comportamiento agradable. Me reservaré igualmente todo tipo de comentarios. Gracias.- lo tomé y en un movimiento rápido aprisionó mi mano con la suya

- Mi abuela siempre decía que los favores había que pagarlos.- comenzó, sosteniendo mi mano con fuerza, mientras yo intentaba retirarla.- Pude darle una pequeña ojeada a tu móvil y vi que toda tu vida está allí.- su barbilla apuntó a nuestras manos unidas sobre el móvil.- Entonces… Yo me pregunto ¿Crees tú que deberías pagarme el favor de encontrarlo y devolvértelo?

- No te lo haz encontrado. Lo sacaste disimuladamente en el momento que mis cosas cayeron de mis manos el día de ayer.- volví a tirar mi mano, sin resultado.- Haz urgado en mis pertenencias personales y para terminar, sé que fuiste tú quien llamó a mi casa en la madrugada. Obviamente tus favores han sido los menos

- Tienes una voz sexy adormilada.- susurró acariciando el dorso de mi mano con su pulgar. Tiré con todas mis fuerzas, hasta que pude liberarme de su prisión

- Y tu eres patético jugando al mayor en plan conquistador

- ¿Cuál es tu fijación con la edad Bella?.- cuestionó riendo

- A ver Edward. Vamos a dejar las cosas claras de una vez por todas, porque tus arranques hormonales me están poniendo de un humor de perros.- opté por tirar todas las cartas sobre la mesa de una vez por todas.- Tú eres el hermano menor de un amigo. Eres el hijo adolescente de mi jefe. En cualquier otro lugar y circunstancia, te juro que ya te hubiera partido la boca de una certera cachetada por tus constantes faltas de respeto, teniendo en cuenta que soy casi 11 años mayor que tu. Pero no puedo hacerlo, así que te pido amablemente que conmigo mantengas las distancias

Su único gesto fue cruzarse de brazos y apoyar su cuerpo en el borde del escritorio de Tanya. Que por cierto ya se estaba demorando demasiado buscando la comida.

- ¿Puedo hablar yo ahora?.- tentó alzando una ceja

- Si piensas seguir con tus comentarios insolentes y faltos de tino. Te aconsejo que los mantengas dentro de tu boquita y nos vayamos en paz

- Ok. Lo tomaré como un sí.- me ignoró.- No se cual es tu fijación por sacar a relucir la edad y todas esas mierdas. Hablas de ti como si fueras una anciana de 70 años, cuando aun no cumples los 30. Me pareces una mujer fascinante, preciosa, apetecible…

- Edward. Basta.- le pedí comenzando a perder mi paciencia

- ¿Te molestas que te piropeen? ¡Wow! Eres todo un caso Bella Swan. He estado con mujeres mayores que tú y adoran que les digan a cada instante lo sexualmente exquisita que son

- Estás comenzando a molestarme de manera grave.- lo amenacé

- ¿En serio? Cuando las mujeres se enojan, son mayormente sexy

- Te voy a pedir en forma agradable que te retires de mi oficina. Si bien, no puedo gobernar en todo el piso. Creo que merezco obtener respeto en mi oficina.- apunté hacia la puerta

Pasaron unos leves minutos en que sólo se dedicó a observarme. Su rostro no denotó ningún tipo de emoción. Por lo cual no podía preguntarme si estaba sopesando su nuevo movimiento o simplemente estaba ensimismado pensando cualquier estupidez.

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- Está bien. Tu ganas.- aceptó.- No volveré a insinuarte absolutamente nada más.- me sorprendí creyendo que se retiraría solamente.- Eres amiga de mi hermano y una trabajadora más de mi padre. Además de ser la primera mujer con los principios bastante arraigados, para mi gusto

- ¿Qué estás tratando de hacer ahora?.- pedí cansinamente. No me fiaba de su cambio abrupto

- Estoy rindiéndome de mis apuestas por tener algo contigo, como ha pasado con otras de por aquí.- explicó. Lo observé con la duda plasmada.- Estoy hablando en serio. La mayoría de las chicas, se rendían al segundo intento. Tú definitivamente no eres así

- Supongo que ¿Gracias?.- murmuré poco convencida. Extendió su mano hacia mí, parecía como si fuera a comerme, por la forma en que me le quedé viendo

- Tregua.- pidió.- No te molestaré más con mis acosos. Y a cambio pido un poco de amistad.- lo miré escéptica.- Está bieeen, al menos buena convivencia

- Está bien.- acepté de no muy buenas ganas, pero al menos debía darle algo de crédito

- ¿Puedo decirte una última cosa?.- pidió como implorando.- Prometo que será lo último.- juntó sus manos a modo de ruego

- Lo último. Acabas de pedirme una tregua y ya estás intentando decir otra bobería

- Lo último. Lo juro.- acordó. Asentí.- Revisé tus fotos.- lo miré con mis ojos como platos.- No te alteres, no diré nada malo. Sólo quería hacerte el comentario que la foto tomada por alguien más. Donde das la espalda a la cámara es la mejor que hay allí.- apuntó mi móvil.- Deberías usar mas Jeans, creo que tu mayor potencial está muy escondido en esas faldas.- sonrió como niño bueno pillado en una travesura

- ¿Es todo?.- asintió.- Ok. Eso espero. Ahora si me disculpas iré a buscar algo para alimentarme

- Está bien. Yo me voy.- se acercó y retrocedí.- ¡Hey! Tan sólo voy a despedirme ¿Tengo permitido eso?.- cuestionó haciéndose el ofendido

- Solo si te comportas como lo haz prometido.- declaré recordando la última y primera vez

- Prometido.- enseñó su mano el saludó Scout

Se acercó a mi y puso sus manos entrelazadas tras su espalda. No pude evitar reírme de su gesto. Era una clara señal que no estaba intentando pasarse de listo. Unió su mejilla con la mía y un agradable calor se entrelazó en ese actuar, dejándome incluso aturdida por la sensación. Sus labios cálidos tocaron mi mejilla y depositó un suave y delicado beso. Exhalando en el mismo instante su hálito cerca de mi cuello, que me envió un leve estremecimiento.

- ¿Contenta con mi comportamiento de niño bueno?.- inquirió una vez alejado de mí

- Ajá.- respondí algo aturdida. Era primera vez que su aroma me parecía agradablemente placentero y su aliento, un exquisito aroma a menta combinada con otro que no supe descifrar.
- Nos vemos Bella.- se despidió agitando su mano


Estaba intentando buscar una cómoda prenda para mi primer día en terreno. Se suponía que iríamos a realizar unas entrevistas respecto a la delicada labor de los invernaderos florales. Por estos días nos habíamos abocado a realizar notas que pudieran captar la atención de la mujer dueña de casa. Y según Tanya, aprender a decorar un jardín o interiores con plantas y flores, sería una excelente idea para aquello.

Miré mi regadero de ropa sobre el piso de mi habitación. No podía ir vestida formalmente a un lugar que distaba mucho de ser una sala de eventos. Pero lamentablemente, mi guardarropa desde hacia unos años atrás, había dejado de albergar ropa de adolescente o informal. Lo más parecido a una vestimenta de día domingo, era un vestido floreado que Derek me había regalado. Y para mi desgracia, seguía siendo demasiado formal. Sobre todo al combinarlo con el único par de zapatos que le venían, tacones.

- ¿Aun no estás lista amor?.- preguntó Derek entrando a la recámara y sorteando todas las prendas esparcidas por el piso

- No tengo nada que ponerme.- gimotee como niña pequeña

- Amor. Creo que estás siendo verdaderamente exagerada.- se rió de mi horrible berrinche.- Tienes cientos de trajes y variada ropa de la cual podrías escoger

- Si. Pero todos ellos son para reuniones, ropa formal… Iré a un invernadero Derek. Tierra, plantes, flores, agua, masetas… ¡Pf!.-

- ¿Y ese pantalón de vestir que usabas antes?.- consultó buscando sus cosas

- ¿Cuál?.- demandé sin entender a cual se refería

- Con el que sales en la foto de tu móvil. Esa vez que nos invitaron al día de campo

Inconciente o concientemente, ya no lo sé. Mi mente no se fue directamente al detallado día que seguía describiendo Derek para que recordara la prenda de vestir que me intentaba refrescar. Sino que mi mente trabajó a velocidad luz hacia unos ojos verdes, dos semanas atrás en mi oficina. Alabando lo bien, que esa prenda en particular se veía en mí

La tomé y me la puse. Al parecer mi cuerpo había enanchado un tanto, pues tal parecía que estaba inyectado en mi piel. Tomé una polera ligera y sobre ella una chaqueta corta medianamente informal color crema, junto a mis únicos zapatos bajos. Me miré al espejo y aunque no me sintiera acostumbrada a lucir este tipo de ropa, no pude evitar sonreír ante la imagen que me devolvía el espejo

- Preciosa ¡Ya me voy!.- anunció Derek desde la habitación. Por lo que salí presurosa del baño
- Yo también estoy lista.-

Salí, esperando como de costumbre su cumplido mañanero sobre mi vestimenta. Pero sólo me dio un suave beso en los labios y me guió a la parte exterior. Hacía unos días había conseguido un auto para mí, así que nos despedíamos en la entrada de nuestra casa.

- Que tengas un excelente día mi amor.- puso sus manos en mi cintura y me atrajo hacia él.- Lo harás excelente

- Estoy nerviosa.- confié haciendo sobresalir mi labio inferior, en forma de puchero

- Tengo la mayor de la fe en ti. Así como tu debes tenerla en ti misma. Te amor y estoy contigo siempre apoyándote

- ¿Cómo me veo?.- giré en mi mismo lugar para que pudiera apreciarme

- Bien como siempre. Pero sabes que esas ropas no van mucho con mi gusto. Te prefiero más formal, mas madura. Para así no parecer un viejo verde a tu lado.- golpee su pecho, frunciendo los labios

- ¡No. Eres. Viejo!.- recalqué cada palabra

- Eso lo dices porque me amas.- besó dulcemente mis labios. Para luego juntar su frente con la mía.- Nos vemos en la noche amor

- Está bien.- di un último suave beso y me dirigí a mi auto

- Bella.- llamó antes de que tomara asiento en el lado del conductor.- Igualmente estás hermosa
Sonreí y me adentré en el auto. Sabía de sobra que más que nada lo decía para no hacerme sentir mal. Derek nunca había disfrutado su adolescencia, teniendo que trabajar tempranamente, luego de la muerte de su padre. Desde que lo había conocido era un apuesto hombre vestido de terno y corbata. Y yo me había acostumbrado a usar una ropa que fuera más acorde con el vestir d él. Por eso mismo, los Jeans, faldas cortas informales, soleras y cosas por el estilo que fueran más del tipo de una adolescente, habían desparecido de mis manos hacía cuatro años atrás.


Todo había ido a la perfección en nuestro primer trabajo a dúo con Tanya. Podía decir con base esta vez, que hacíamos un gran equipo juntas. Nuestro trabajo terminó alrededor de las 5 de la tarde, cuando decidimos regresar a la oficina para dejar todo allí y al día siguiente arreglar todos los detalles de la edición, junto a Ángela.

Habíamos ido juntas en mi auto, así que juntas nos dirigimos desde el estacionamiento hacia la entrada. Iba realmente entretenida con las anécdotas que contaba Tanya sobre su marido o situaciones en el trabajo, hasta que mi móvil interrumpió la amena charla. La pantalla mostraba un nuevo mensaje, lo abrí y mi vista fue directo al identificador. Pero allí sólo había un número desconocido. Fijé mi vista entonces en el contenido del mensaje

.
Señorita Swan:
Se ve realmente hermosa con esa ropa que trae el día de hoy.
Sería un halago para todo hombre verla así continuamente.
No se ofusque. Todo lo que he dicho ha sido con el mayor respeto posible
"Amigos- Tregua" ¿Recuerdas?
Un beso
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Mis ojos, sin proponérmelo buscaron al dueño de esas palabras. Sin contener mayores detalles del remitente, estaba absolutamente segura quien era el respetuoso admirador de mi vestimenta… Y lo encontré… Unos cuantos autos más allá, se encontraba el chico de ojos verdes y pelo cobrizo. Vestido con su habitual uniforme escolar de polera blanca con la insignia en el costado izquierdo de su pecho, pantalones oscuros y zapatillas. Portaba descuidadamente un bolso deportivo sobre su hombro. Y observaba con esa sonrisa aduladora, que no me parecía tan irritante desde las últimas veces que nos habíamos encontrado.

Negué divertida de sus reacciones sorprendentes. De ser un muchachito insoportable, había pasado a ser un galán respetuoso y sin caer en la actitud altanera que tanto me molestaba las dos primeras veces que lo había visto.

- ¿Ese es el mini-playboy?.- la voz de Tanya me hizo regresar al presente

- Así parece.- intenté parecer desentendida

- ¡Hola mujer de hielo!.- gritó el aludido, que estaba subiendo al auto que reconocí como el de Carlisle

- ¡Hola!.- le devolvió Tanya

Nos volvimos hacia la entrada. No sin antes oír un claro silbido piropeador. Tanya se dio vuelta riendo hacia él y poniendo sus ojos en blanco. Entró al edificio antes que yo, por lo que me di vuelta al querer cerrar la puerta tras de mí. Donde pude observar a Edward de pié mirando en mi dirección. No quise parecer una rota y le hice una leve seña de adiós… El, solo se limitó a sonreír y guiñarme, para luego subirse al asiento del copiloto y partir…

...
Continuará...

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Bueno, tercer capi, ahora si no me equivoqué... besotes !!!! Lullaby


5 comentarios:

musa dijo...

wiiiiiiii me encanto

Princcipessa Cullen dijo...

Lo ameeee yo quiero un adolescente asi ;)

diana dijo...

siiiii sii me gusataaaaaaaaaa

Jocelynne Ulloa dijo...

ja! definitivamente yo kiero un "mini-playboy" así jajjajajaaa.

Anónimo dijo...

jjjaaa k bien por el mini-playboy al 'parecer ya esta aprndiendo a comportarse y creo ke bella va a sr su presa dificil jajajja