martes, 9 de febrero de 2010

All You Need is Love


Ocupada

Eran las nueve de la mañana cuando Bella abrió los ojos y fue consciente del precioso día que se asomaba tímidamente tras las ranuras de sus persianas. Feliz como estaba, fue dando saltos para abrirlas, necesitaba respirar aire fresco. Vio que la vida transcurría como si nada hubiese pasado para los demás mortales enchaquetados que andaban despreocupadamente por las calles, maletín en mano. Sonrió, para ella todo había cambiado. Giró la cabeza y cayó en la cuenta de que su madre ya no estaba metida en la cama; la noche anterior habían estado despiertas horas hablando de Edward. Una risa tonta se le escapó al recordar su nombre.

Bailoteó hasta el espejo, estaba segura de que las pocas horas de sueño le habrían sentado mal, pero no le importaba lo más mínimo. Cuál fue su sorpresa al encontrarse con su cara radiante de felicidad, sin ojeras y con un brillo desconocido para ella en los ojos. Se peinó, se puso unos pantalones de pitillo negros que encontró en una silla y una camiseta blanca. En su nube llegó hasta la cocina, donde estaba Renée sentada, con un café por delante. Se dirigieron una silenciosa sonrisa, era divertido pensar que la madre estaba tan emocionada como la hija.

—¿Tienes planes para hoy? —quiso saber Renée.

—No, supongo que después llamaré a las chicas. ¿Cuándo vuelves a casa?

—En cuanto venga Esme —suspiró su madre—. Estará desayunando con su nieto.

Bella asintió mientras pegaba pequeños sorbos al contenido de su humeante taza. ¿Qué iba a hacer ahora? Sabía que tenía que hablar con Edward, quería verlo, pero noestaba preparada, no aún, por eso cuando el timbre sonó se tensó y miró horrorizada a su madre. Esta le sonrió y se levantó inmediatamente.

—No te preocupes, ya voy yo —dijo, y se encaminó a la entrada. Al poco volvió con una sonriente Esme, que abrazó a Bella como si le fuese la vida en ello. El color de la piel de la tomó una tonalidad rojiza.

—Bu-buenos días, Esme —susurró avergonzada.

—Buenos días, mi amor —sus ojos brillaban excitados—. Entonces ha pasado.

Renée afirmó, dando pequeños saltos. Bella puso los ojos en blanco, no sabía cómo su madre podía ser tan infantil.

—Esme, un momento…—Bella cayó en la cuenta de lo que le había dicho—. ¿Cómo que “entonces ha pasado”? ¿Edward no te ha contado nada?

Esme rió.

—Cariño, no hacía falta que dijese nada. No lo he visto tan nervioso en mi vida, se pasó la noche tocando el piano-contó, sonriendo sinceramente—. Al principio pensé que estaba deprimido, tuve miedo de que os hubieseis enfadado, pero cuando abrí la puerta del estudio y vi su sonrisa mientras escribía sobre una partitura supe qué había ocurrido.

Bella sintió como se le encogía el corazón; una de las cosas que más amaba de Edward era su sentido musical y pensar que los besos que habían surgido entre ellos hubiesen despertado ese comportamiento en él la hacía sentirse plenamente feliz.

—Ahora sólo queda que seáis valientes-dijo su madre y Esme le dio la razón mediante un gesto con la cabeza—. Sois felices juntos, venga Bells, ve y habla con él.

Como si fuese tan sencillo… ¿Qué le digo? Eh, Eddie, estoy enamorada de ti. Si ya sé que sólo han sido unos besos, pero oye, estaría bien formar una familia, comprarnos un coche familiar y esas cosas, ¿no crees? Es más, ¿qué te parece si empezamos a tener descendencia ya? Por Dios Bella, estás enferma… Nota mental: Dejar de pensar.” Se movía nerviosamente por la cocina, pensando y farfullando incoherencias mientras sentía las nerviosas miradas de sus acompañantes.

—¡No! No puedo —gimió, volviéndose hacia ellas—. Necesito tiempo, unas horas al menos, sí. Estoy segura de que él también. No podemos empezar algo así de pronto. ¡Sólo son besos!

En ese momento sonó el telefonillo electrónico, por lo que hecha un manojo de nervios corrió hasta él para descolgarlo.

—¿Sí?

—¿Isabella Swan? —preguntó una desconocida voz masculina.

—Sí, soy yo ¿quién es? —no pensaba abrirle la puerta principal a nadie desconocido, por lo que tenía que asegurarse bien.

—Verá, soy el chófer, vengo a recogerla.

Bella enmudeció, ¿qué chófer? Jamás había pedido uno.

—Oiga, creo que se está confundiendo, yo no he solicitado los servicios de ningún coche.

—Sí que lo ha hecho. Vengo en nombre de Alice Cullen, tengo que recogerla para llevarla a la sede de la revista Vogue. Vamos con un poco de retraso, así que si no le importa… —el hombre parecía molesto.

Bella refunfuñó, debía haber esperado esa situación, era la forma de actuar de su amiga. Suspiró resignada, aquel hombre no tenía la culpa de que Alice fuese tan perversa, por lo que no podría desahogarse con él, no era justo.

—Está bien, bajo en un segundo.

Volvió a la cocina, donde contó lo que ocurría. Su madre y Esme se mostraron encantadas con la idea de Alice, y a Bella se le revolvió el estómago. Estaba empezando a pensar que la única persona normal que conocía era ella misma. Cogió apresuradamente un abrigo y las llaves y acompañada por las otras dos mujeres fue al encuentro de aquel hombre. Vio que había un coche con los cristales tintados y que Rosalie estaba en la parte trasera, esperándola con la puerta abierta. Se despidió de ellas y corrió al encuentro de su amiga, sentándose a su lado.

-Hola Rose —dijo al darle un abrazo—. ¿A ti tampoco te ha avisado Alice?

La rubia rió, claramente divertida.

—Bells, lo sabía desde hace días. Alice no quería decírtelo por si te echabas atrás en el último momento-Bella bufó, odiaba que la conociesen tan bien—. Oye, estás muy guapa hoy, ¿qué te has hecho?

Puso los ojos en blanco.

—Gracias Rosalie, no todas podemos estar espectaculares todos los días como tú. Supongo que con estarlo uno me debería conformar.

—Tonta Bella —suspiró su amiga—. Me refiero a que te ves radiante, no sé, es difícil de explicar.

Esta vez fue Bella la que sonrió, pero cómo no, estúpidamente.

—Sí, la verdad es que es difícil-murmuró, atrayendo una mirada curiosa por parte de Rose—. Después te lo explico.

Rosalie chilló.

—¡Cómo he sido tan estúpida! ¡La cena! —exclamó, pegándose con la mano en la frente—. ¿Pasó algo, verdad?

Bella se sonrojó, por lo que giró la cabeza para mirar por la ventana del automóvil.

—Después Rose, después… —musitó, consiguiendo que la chica diese pequeños saltos de emoción en el asiento.

Llegaron al edificio, que se encontraba en la misma Quinta Avenida, y que no podía ser más ostentoso. La redacción de la revista ocupaba todo un bloque de por lo menos treinta pisos. Salieron precipitadamente del coche y se encontraron a Alice en la recepción que miraba para todos lados distraídamente.

—¡Alice! —dijeron a la vez. La pequeña Cullen las miró y sonrió abiertamente mientras corría para abrazarlas.

—Vamos, tenemos mucha prisa-voceó, metiéndolas a empujones en un ascensor—. Primero vamos a estilismo, a ver qué pueden hacer con vosotras. Aunque he de admitir que estáis guapísimas hoy, sobre todo tú Bella ¿has dormido con alguna mascarilla especial?

Bella estaba empezando a sentirse halagada, si todo el mundo le decía lo mismo sería porque eran sinceros.

—Sí, con la mascarilla “Edward el Pepino” —bromeó Rose, mostrando a todos su sentido creativo. Alice estalló en carcajadas y Bella se limitó a enrojecerse ya que todos los que estaban en el ascensor la miraban con interés.

—¡Pensé que no sacaríais nunca el temita! —gritó Alice, sin dejar de reír.

—Alice, llevamos un minuto juntas, no hemos tenido tiempo ni de quitarnos los abrigos —rió Bella—. Y no pienso contar nada-le lanzaron miradas de cachorrito abandonado—. Aún no.

Y sonrió al ver las caras de decepción, sabía que se estaban muriendo de curiosidad. En realidad, ella y el resto de los presentes. Al pensar eso, volvió a sonrojarse.

—Vamos cuéntalo —dijo de pronto una mujer de avanzada edad—. Alice lleva toda la mañana dándonos la tabarra con el temita.

Rosalie y Bella la miraron asombradas, ¿cómo es capaz alguien de meterse en la conversación de personas a las que no conoce de nada? No pudieron aguantar más y estallaron en carcajadas.

—Stephenie, te he dicho que cuando lo sepa te lo contaré —susurró Alice a la señora, que rechistó mientras se removía inconforme. Por fortuna llegaron a la planta décima, y dejaron atrás a todos aquellos cotillas. Bella estaba más sorprendida a cada paso que daba, todo le parecía magnífico, decorar aquello debía haber costado millones.

Alice las dirigió despreocupadamente a una sala llena de tocadores, donde unas mujeres jóvenes las estaban esperando, con sonrisas en los labios.

—Vamos, ¡a sentarse!-mandó Alice, señalando dos sillas que estaban justo delante de los espejos y obedecieron sin quejas, aquello iba a ser divertido—. Chicas, ¡organización! A ver, a Rose la quiero desinhibida, glamurosa, con el pelo muy esponjoso, que nos permita variar de peinado fácilmente. El maquillaje debe centrarse sobre todo en los ojos, ya sabéis a lo que me refiero, alargadle la mirada —iba diciendo, mientras toqueteaba todo.

Dos chicas se pusieron manos a la obra, una ocupándose del cabello y otra maquillando como si le fuese la vida en ello. Alice se volvió, dirigiendo una sonrisa malvada a Bella; cómicamente dio dos chasquidos con los dedos y aparecieron una mujer y un hombre al segundo.

—Heidi, Marco —dijo con emoción en su voz—. Ya sabéis lo que tenéis que hacer con ella.

Bella se atemorizó, ¿por qué no le daba indicaciones más claras, para que así pudiese saber por dónde iría el estilo de su “transformación”?, con Rosalie había sido más explícita. Frunció el ceño, mirando a la pequeña duende que no dejaba de chillar órdenes.

—Bella… —dijo al rato, cuando consiguió calmarse, aunque no por ella misma, ya que tenía una tila en la mano—. Lo tuyo va a ser una sorpresa. Te va a encantar, estoy segura —sonrió convencida, mientras Bella se limitaba a temblar. Las sorpresas de Alice jamás eran normales.

—Bueno, ¿nos vas a contar al final lo que pasó anoche o no? —preguntó Rosalie. Alice corrió a por una silla y se sentó entre las dos, con los puños apretados por la emoción.

—Está bien, está bien —murmuró Bella, buscando las palabras adecuadas. Hizo un resumen de la cena, de cómo se lo habían pasado en general, del encuentro con Angela y Ben y de los helados. Ellas escuchaban atentas, al igual que las profesionales que trabajaban arduamente en dejarlas perfectas, lo que intimidó a Bella.

—Entonces me dijo que “su autocontrol flaqueaba” —todos chillaron, incluso notó como le tiraban del pelo en exceso, posiblemente en un acto inconsciente por la emoción contenida—. Y le dije “Cullen, nadie le ha pedido a tu estúpido auto… —un grito proveniente de la mujer que estaba maquillando a Rose la desconcertó.

—¿¿Has dicho Cullen?? —inquirió, con los ojos desorbitados. Bella asintió, confusa—. ¿Cullen el pediatra?-volvió a asentir, le estaba asustando el comportamiento de aquella mujer—. Dios mío… Has tenido una cita con… ¡el Dios de los tíos buenos!

Alice y Rose estallaron en risas, mientras que Bella se limitó a mirarla, molesta.

—Sí, veo que conoces a mi hermano —comentó Alice—. ¿Se puede saber de qué?

La joven parecía avergonzada por haberse dejado llevar.

—Bueno, es que mi sobrino está ingresado en el hospital y él es su médico —explicó, mientras aplicaba colorete a la cara de Rosalie—. Madre mía, os aseguro que voy cada día sólo para verlo… —Bella gruñó, y la maquilladora le dirigió una mirada de disculpa—. Está demasiado bueno cariño, lo siento. De todas formas, yo estoy comprometida ya, no te preocupes. Sigue con tu historia antes de que la señorita Cullen me saque los ojos por interrumpir.

—Está bien —rió Bella, más calmada—. Pues después de decirle que no quería que se controlase se acercó y me besó —una nueva ronda de gritos y tirones de pelo llegó, pero no se quejó, a sabiendas de que no serviría de nada—. Fue perfecto chicas, jamás he sentido algo así —todas suspiraron, incluso su peluquero, Marco, que parecía algo gay—. Después andamos hasta nuestra casa, sin decir nada, la tensión era increíble. Nos montamos en el ascensor y por poco nos tiramos encima, pero logramos contenernos. Sin embargo cuando salimos, volvimos a besarnos.

—¡Oh, Dios mío! —exclamó Alice tapándose con sus pequeñas manos la boca. Sus ojos brillaban del entusiasmo, estaba a punto de llorar—. Bella cásate con él, por favor.

Todos rieron alegremente, aquella sesión de cotilleos les había sentado a todos bien.

—Bueno, Bells está lista ya para su primera tanda de fotos —dijo Alice al rato, y cogiéndola del brazo la levantó y la arrastró hasta una especie de probador—. Entra ahí y ponte esto rápidamente.

Resignada, cogió lo que le tendía su amiga y se lo puso velozmente. Era un vestido de encaje gris que no le parecía para nada bonito, pero claro, ella no era la directora de Vogue, por lo que no tenía más remedio que callarse.

Durante una hora estuvieron haciéndole fotos con aquel conjunto, pidiéndole que saltase para que le diese movimiento a su melena. Cuando el fotógrafo se dio cuenta de que aquello no funcionaba, pidió un ventilador y todo salió a las mil maravillas. “Ya podría habérsele ocurrido antes…”pensaba Bella, intentando poner la cara que le pedían. Odiaba que le hiciesen fotos, había nacido para hacerlas, no para salir en ellas.

Al rato, el hombre pareció estar satisfecho, porque la despidió con un gesto y se fue a un ordenador que había en el estudio a pasar las fotografías de su cámara mientras Alice entraba para cambiarle de ropa una vez más. Esta vez le puso un vestido de colores llamativos, que acompañó con un sombrero y unos zapatos de tacón del mismo color.

—Siéntate contra esa pared —le pidió otro fotógrafo, que parecía más amable. Terminaron pronto, para el alivio de la chica, que ingenuamente pensaba que ya había acabado. Sin embargo, cuando vio a su amiga corriendo de nuevo hacia ella supuso que aún le quedaba mucho sufrimiento.

—Te voy a enseñar tu sorpresa —le sonrió, cogiéndola por la mano. Bella la siguió curiosa hasta una puerta que estaba cerrada—. Ya es hora de que la gente se entere de los talentos de Isabella Swan —dijo misteriosamente mientras la abría. Bella se quedó boquiabierta, aquello era demasiado guay, como diría Seth. La sala tenía una gran chimenea, que estaba llena de discos de vinilo y CDs. A un lado había un sillón blanco y a otro un amplificador con varias guitarras; la que más le gustó fue una acústica blanca, era simplemente perfecta. Siempre había querido ganarse la vida cantando y tocando la guitarra, pero era demasiado tímida como para ello, se había convertido en un placer del que disfrutaba en solitario. Y ahora Alice quería sacarla con esa faceta en su revista. La miró y corrió a darle un fuerte abrazo, aquello era más de lo que se esperaba.

—¿Entonces lo hacemos? —preguntó, desde su hombro.

—Por supuesto Alice —sonrió, emocionada. Su amiga pegó un bote de felicidad y cerrando la puerta corrió a vestirla ella misma. Volvió el suplicio de las fotos, con la diferencia de que ahora estaba feliz. Seguramente en la entrevista le preguntasen sobre por qué no cantaba y tendría que dar explicaciones, pero ahora no le importaba.

Le cambiaron el peinado y la ropa varias veces más para hacerle diferentes capturas, algunas de ellas incluso con la guitarra. Discutió con su amiga cuando en una de las ocasiones le obligó a ponerse lo que parecía un bañador y a hacerse fotos de espaldas con él, pero se animó cuando continuaron la sesión en una terraza, entre las plantas que por allí había.

—Estoy muerta… —comentó para sí misma, dejándose caer en uno de los mullidos sillones de la sala de maquillaje, mientras esperaba a la mujer que le haría las preguntas para la entrevista.

—Siento retrasarme, estaba con tu compañera y no me he dado cuenta de la hora —se disculpó una voz, al lado suya. Giró la cabeza y se encontró con una chica de rasgos indios que tendría su edad, bastante guapa—. Me llamo Leah, eres Isabella, ¿no? —preguntó, sentándose a su lado y poniendo una grabadora en sus piernas mientras sacaba unos papeles de su bolso.

—Mejor dime Bella.

—Está bien, Bella —sonrió, mirándola—. Sabes por qué estamos aquí, así que vamos al grano, ¿qué crees tú que tiene tu vida que la hace tan especial?

Bella rió, aquella era la pregunta que menos se esperaba.

—¿Sinceramente? Mi vida no es especial. Y si lo fuese, únicamente sería por mis amigos —contestó sonriendo. Aquella muchacha le gustaba, hacía preguntas interesantes y comprometidas, para nada aburridas. Estuvieron hablando lo que a Bella le parecieron horas, aunque no le cansaba conversar con ella, incluso rieron como niñas cuando salió el tema novios. Se lo estaban pasando tan bien que había olvidado completamente que todo aquello saldría en unos días en la revista.

—Bueno Bella, para poner punto y final, hablemos de música.

—Está bien, aunque ese tema nos puede llevar mucho más tiempo del que imaginas —rió, acariciando la guitarra que tenía a un lado—. Para mí, la música da color al mundo. Podría pasarme horas hablándote de grupos, es simplemente uno de mis hobbies más desarrollados.

—Me han comentado que tocas y cantas muy bien, ¿cómo es que no te conocemos? —dijo, sonriente.

—Bueno, tampoco es que sea muy buena-comentó ella, modesta—. Sinceramente, soy tan tímida que jamás cantaría delante de un público. Creo que sólo la gente que ha vivido conmigo me ha escuchado cantar y tocar. Muchas veces me han dicho que desaprovecho una oportunidad única, pero tampoco es que me haga falta para ganarme la vida, me va bien siendo creativa.

—Si te digo la verdad, me encantaría escucharte —suspiró Leah. Miró la guitarra y le dirigió una tímida sonrisa a Bella—. Haré como si no estuviese aquí, lo juro.

Bella rió, le daba un poco de vergüenza pero sabía que podía ser peor, por lo que agarró con fuerza la guitarra y empezó a probar las cuerdas para saber si estaban afinadas. Carraspeó y tocó los primeros acordes de Cigarettes de Russian Red. Mientras cantaba intentó no mirar a Leah, consciente de que si lo hacía perdería el hilo de la canción, se sonrojaría y quedaría fatal. Cuando acabó, levantó la vista de las cuerdas de la guitarra y se fijó en que Leah tenía la boca levemente abierta y no se inmutaba. Soltó una risa nerviosa, que consiguió que su acompañante diese un respingo, tomando consciencia por fin.

—¡¡Bella!! ¡Es genial! —gritó mientras aplaudía, haciendo que Bella se sonrojara y riese nerviosamente.

—No es nada… —susurró avergonzada.

—¿Cómo que no es… —Rosalie y Alice acababan de entrar, curiosas, e hicieron que Leah callase su pregunta de golpe.

—Bella, ¿estabas cantando? —quiso saber Rosalie, con una mirada divertida.

—¡Sí! —chilló Leah—. ¿Por qué no la obligáis a presentarse en la puerta de una discográfica?

Las tres amigas rieron.

—Porque dejaría de hablarnos —respondió Alice, encogiéndose de hombros—. Venga chicas, os invito a cenar, sé que ha sido un día difícil.

—¿Cenar? —preguntó atónita Bella.

—Bells, son las ocho y media de la noche.

Realmente no era consciente de la hora, había pasado en el estudio todo el día, sin comer apenas nada, sólo lo que le daba Alice de vez en cuando para que no desfalleciese.

—Salgamos de aquí —farfulló Bella, levantándose rápidamente. Leah se excusó diciendo que tenía trabajo aún, por lo que no podría acompañarlas.

Caminaron por la concurrida Quinta Avenida, felices de encontrarse al aire libre de nuevo. Vieron un restaurante japonés en una esquina y no dudaron en entrar, hambrientas.

—De novia, Bella, ¡me han vestido de novia! —contaba emocionada Rosalie, mientras se llevaba un rollito de sushi a la boca—. Estoy deseando que se publique… Muchas gracias por esta oportunidad, Alice.

Esta estaba encantada, había logrado unir sus mejores amigas y su trabajo, además, sabía que aquel número de Vogue daría mucho que hablar. Siguieron cotilleando, con cansancio pero felices. A las once Bella decidió que era hora de marcharse a casa para poder dormir bien, aunque fuese por un día. La acompañaron hasta el portal de su casa, ya que estaba a escasos metros de donde habían cenado. Exhausta entró en su vivienda y sin pensarlo dos veces se metió en la ducha, necesitando el tacto del agua caliente por su piel. Una vez con el pijama puesto y tumbada en su cómoda cama tardó menos de diez minutos en quedarse dormida.

El día siguiente amaneció lluvioso, desagradable. Gruñendo, Bella despertó con un mal presentimiento. Estaba asombrada, aquellas cosas de suposiciones y aciertos en cuanto al futuro entraban dentro de lo que solo Alice era capaz de hacer. Intentando olvidar su malestar general fue al cuarto donde Seth debía estar durmiendo, pero no lo encontró ni ahí ni en ningún lugar de la casa. Se asustó pensando que quizás el niño podía haber salido, pero después cayó en la cuenta de que Seth jamás se alejaría de un lugar seguro para ir a la calle. Seguramente Edward no lo habría dejado aquella mañana; le extrañaba esto último, pero tampoco le dio muchas vueltas a la cabeza. Después de desayunar decidió llamar a su casa, sólo para asegurarse de que estaba todo en orden. Le daba vergüenza enfrentarse a él, por lo que suspiró aliviada cuando nadie abrió.

Pasó el resto de la mañana aburrida, se había acostumbrado a la constante presencia de sus amigos y ahora no sabía qué hacer sola. Pensó en ir a buscar a Edward a la hora del almuerzo, hacer como que pasaba por allí e invitarlo a pasar un poco de tiempo con ella. Sonriendo y satisfecha por su plan se vistió con unos simples vaqueros, una camiseta con tachuelas y un blazer por encima. Contenta con su imagen empezó a meter los elementos indispensables en su vida cotidiana en el bolso: clínex, el iPod, un bolígrafo, las llaves, un paquete de chicles, la cámara digital, un lip gross, el móvil… “Un momento… ¿Y mi móvil?

Lo buscó por toda la casa, pero sin resultado. Bufando, molesta, cogió su Blackberry, que usaba únicamente para el trabajo, por si tenía que llamar a alguien urgentemente. Salió precipitadamente de su casa, ya que se le había hecho tarde si quería “tropezar” con Edward. Estaba andando, a unos metros del hospital cuando la Blackberry empezó a sonar. Sorprendida descolgó.

—¿Sí? —dijo mientras continuaba con su misión.

—Bella, menos mal que contacto contigo-suspiraba Angela, desde el otro lado de la línea—. Tenemos el cliente más gordo de la historia, ahora mismo está reunido con el Señor Uley. Quiere conocerte… ¿Te importaría acercarte a la oficina ahora mismo?

Bella gimió, odiaba que le cambiasen los planes en el último minuto. Mejor dicho, odiaba la idea de no ver a Edward.

—Sí Ang, estoy cerca, llegaré en unos minutos… —colgó violentamente, enfadada con su mala suerte.

Echando un último vistazo al hospital, que estaba al final de la calle, cambió la dirección de sus pasos mientras maldecía en voz baja. Para colmo había empezado a llover de nuevo y no llevaba paraguas.

Corrió hasta su edificio, que gracias a Dios estaba relativamente cerca y llegó en cuestión de minutos hasta el despacho de Angela sin estar demasiado mojada, por lo que se felicitó a sí misma.

—Bueno, dispara —le dijo, mientras se sentaba en la silla de delante de su escritorio—. ¿Quién es el pez gordo?

Angela se quitó las gafas para masajearse las sienes, parecía estresada.

—No te lo vas a creer —suspiró al rato, recostándose en su asiento—. Tenemos entre manos la realización de un tráiler de la última película de Disney.

Bella gritó, aquello era increíble.

—Es una broma, ¿no?

—No, Bells, la broma viene ahora. Quieren que sea para dentro de ¡semanas! Están locos, ¿cómo quieren que hagamos ese trabajo, con lo importante que es la firma en semanas?

—Vaya, sí que están locos… —murmuró Bella para sí misma. Ahora entendía el comportamiento de Angela—. Pero a mí me encantaban las películas de Disney cuando pequeña —suspiró y su amiga asintió—. Quiero hacerlo. A ver, no es tan difícil, hemos hecho tráilers de otras películas; con más tiempo, sí, pero ahí están.

—Tú también estás loca… —contestó Angela, divertida—. La verdad es que si lo hacemos va a ser un plus en nuestro currículum, ¿lo sabes, no?

Bella asintió, sabía que si salía bien podía convertirse en una de las más jóvenes en aquel sector. Justo en ese momento su jefe entró, seguido de un atractivo hombre de unos treinta años.

—Señorita Swan, ¿podría acompañarnos? —ella asintió y se levantó rápidamente, siguiéndolos por el pasillo que llevaba hasta el despacho del señor Uley—. Tomen asiento —dijo cuando llegaron. Bella obedeció automáticamente, al igual que aquel hombre, que supuso que sería el representante de Disney. “Si hubiera sabido esto cuando tenía diez años…”pensaba, nerviosa.

—Me han dicho que se llama Isabella Swan —dijo, dirigiéndose hacia ella. Asintió y le dedicó una sonrisa—. Yo soy James, y como ya sabrá vengo en nombre de los estudios de animación Disney. Resulta que hemos tenido problemas con la agencia con la que trabajábamos hasta ahora, por lo que decidimos contratar a otra. Pensamos en miles, pero la que más sobresalía era esta. Apoyamos el trabajo hecho por jóvenes emprendedores y Icanteachyouhowdoit es la mejor representación de esto. He estado paseando por cada uno de los pisos y sólo he visto caras de no más de treinta años, pero sin ninguna duda pertenecientes a personas experimentadas. Tanto mi empresa como yo estamos de acuerdo en contratar los servicios que nos ofrecen, estamos seguros de que no nos arrepentiremos.

El discurso acabó y Bella sonreía abiertamente. Aquella era una gran oportunidad, su oportunidad.

—Somos una empresa joven, pero eso no quiere decir poco competente. Manejamos las últimas tecnologías y estoy segura de que tanto mis compañeros como yo trabajaremos de la forma más eficaz. Es un honor que hayan decidido dirigirse a nosotros, es algo que aún no cabe en mi cabeza, pero si nos da la oportunidad no le defraudaremos.

James asintió, de acuerdo con sus palabras.

—He traído una copia de la película. Se estrena a finales de Diciembre, por lo que el trabajo deberá ser rápido. La idea está clara y queremos que trabajen sobre ella, no creo que surja ningún inconveniente. Sé que van a estar saturados, pero cuando vean la recompensa económica olvidarán todo el estrés.

—No estoy tan segura de eso —rió Bella, a la cual jamás le había importado el dinero—. No voy a trabajar en este proyecto por el dinero, lo hago porque al igual que todo el mundo he sido niña y he llorado con películas Disney-argumentó, mientras los hombres sonreían.

Pasó la tarde viendo el film junto a todo su equipo y James, que iba diciendo las partes que querían que saliesen sí o sí. Bella casi se olvidó de que estaba trabajando y no en el cine, se pasó la mayor parte del tiempo pensando en Seth, y en lo que le gustaría ver aquella película. Suspiró ante la imagen de ella en la sala de cine, con Edward a un lado y el pequeño a otro. Trabajó durante horas sin dejar de sonreír como una adolescente enamorada, aquel proyecto le había entusiasmado.

A las diez abandonó el edificio, sintiéndose cansada. Consciente de que no iba a tener ganas cocinar después del día tan largo que había tenido se paró en un puesto ambulante de hot dogs, todo un tópico neoyorquino. Le encantaba pasear por las calles de noche, era el momento en el que la gente salía, dejando atrás el pesado día para concentrarse en tener unas horas de diversión. Vio las caras de felicidad de todos los que se cruzaban con ella; siempre había sentido la necesidad de observar, de sentirse atraída por cada detalle que percibía y por esto mismo no concebía su día a día sin una cámara fotográfica en el bolso. Sonrió al encontrarse con un grupo de personas de su edad leyendo su cartel publicitario, el de Funclub NY y haciendo comentarios sobre él. Se acordó de que a Emmett le había pasado lo mismo y decidió dar más publicidad; además, aquello podría ser divertido.

—Hola chicos —saludó, intentando olvidar toda su timidez—. Os veo interesados en el pub, ¿no? —la miraron extrañados, por lo que soltó una risita—. Yo he hecho ese cartel. El sitio es propiedad de unos de mis mejores amigos.

Pareció surtir efecto, todos se quedaron boquiabiertos ante la casualidad de haberse encontrado con la propia creadora.

—Va a estar genial, he ayudado bastante y sé de qué va el tema —comentó, ya que parecía que ninguno quería hablar—. Os aconsejo que vayáis a la inauguración, no os arrepentiréis —dijo alejándose, dejándolos todavía con la boca abierta. Rió divertida durante el resto del camino hasta su hogar, había sido el acto más sociable de su vida y se sentía orgullosa de sí misma.

Llegó a su casa y al entrar pisó algo, por lo que miró al suelo, extrañada. Allí se encontró con un sobre amarillento, el cual recogió mientras cerraba la puerta. Con una desconocida letra pulcra y estilizada estipulaba que iba dirigido a Bella, la cual no salía de su asombro. Soltó precipitadamente su bolso y se deshizo del abrigo; después se sentó en su sillón favorito, dispuesta a resolver aquel misterio.

Hola Bella.

Ante todo, lo siento.

Siento haber causado tu estado actual. No quiero que te escondas, si no quieres hablar sólo tienes que decírmelo y lo aceptaré. Me preocupa que no quieras saber nada más de mí, es frustrante.

Pensaba que el otro día sentiste lo mismo que yo, que fuiste feliz con el hecho de pasar unas horas en mi compañía, pero sin embargo te has pasado dos días esquivándome; realmente Bella, no lo entiendo. Está bien que no quieras decir nada si no te sientes capaz de expresar tus sentimientos aún, pero de ahí a que no me cojas el teléfono (ni el móvil, ni el fijo), ni contestes mis mensajes, ni me abras la puerta…

Si hice algo mal necesito saberlo, no puedo comerme la cabeza de esta forma, Bella. No sé por qué pero me duele demasiado que hagas esto.

Al principio pensé en dejarlo pasar, pero tenía que desahogarme. Simplemente intentaba hablar contigo, pero como no he podido tuve que recurrir a esto. Sí, muy del estilo Edward dirás, pero créeme, necesitaba saber que al menos me leías.

Puedo llegar a entender que te arrepientas, quizás pienses que te dejaste llevar y ahora no estás segura o simplemente te sientes avergonzada. Si es así, siento estropear las cosas, lo último que quiero en el mundo es separarme de ti.

Sabes que jamás te juzgaré por nada, al escribirte esto lo único que quiero decir es que necesito mirarte y hablar, no que te escondas y me ignores. Me está destrozando por dentro.

Por favor, ven a verme cuando estés preparada, te estaré esperando.

Edward.

Bella terminó de leer, inconscientemente se había llevado la mano a la boca y tenía el corazón encogido. Se levantó e inmediatamente se puso a buscar de nuevo su maldito móvil. Mientras tanto se fijó en que había mensajes en el contestador y le dio a reproducir. La señorita de información consiguió que Bella soltase un gemido cuando dijo que tenía dos.

—Hola Bella, no habrás escuchado el teléfono… Eh… Bueno, ¿qué te parecería salir a tomar un café y así hablamos? Llámame cuando lo escuches, hasta luego —decía Edward en el primero, de forma nerviosa e insegura.

—Soy yo otra vez. Necesito que hablemos, da señales de vida, por favor —parecía descompuesto, sin vida al pronunciar las palabras.

Sobre el microondas, en la cocina, se encontraba su teléfono móvil. Alargó el brazo para cogerlo y confirmar lo que había leído: tenía llamadas perdidas y mensajes de Edward.

Le dolía que este pensase que no quería saber nada más de él, ya que bajo su punto de vista, lo que habían vivido juntos había sido la experiencia más maravillosa de su vida. Sólo Isabella Swan tenía la mala suerte de pasarse “los días después” incomunicada, olvidando el móvil en casa y sin pisar esta en días, yendo únicamente a dormir. Obviamente él habría ido a su casa el primer día por la mañana a una hora en la que Bella ya no estaba. “No es normal no estar en tu casa a las once de la mañana el día después de una cita” era incapaz de tranquilizarse, se movía de un sitio a otro, necesitando el consejo de alguien.

Pensó en cómo estaría ella si la situación fuese al revés, si se hubiese pasado cuarenta y ocho buscando a Edward para aclarar las cosas y este por su parte no diese señales de vida. Y entonces supo lo que tenía que hacer. No estaba dispuesta a permitir que Edward se pasara una noche más noche en vela, sufriendo por una estúpida confusión. Con el móvil en mano salió de su casa rápidamente y llamó a la del vecino.

Iba a solucionar aquella tontería fuera como fuese.

_______________________________________________________________

Chicas perdon por cargar hasta ahora pero acabo de llegar XD eh andado apuradisima en la mañana y hasta ahora medio tiempo..les juro que las he pensado mucho y por eso saque el ratito..ya que iba a entrar hasta la noche..las quiero besos

22 comentarios:

Anónimo dijo...

pobre edward pensando que no le quiere
otro capitulo que me muero de ansias de leerlo

Anónimo dijo...

queremos otro capitulo ya jajajaja

diana dijo...

hay hay me encanta tiene q hablar urgente con el porfa no me aguantoooooooooooo

Anónimo dijo...

OMG! Necesito saber urgentemente que va a pasar! No puedo esperar hasta el jueves!

Dioce dijo...

hay noo!! ya qiero qe sea viernes!!
no lo puedo creer!! es demasiado expectacular!!! me muero de ansias x ver el prox capi!!! =DD

Bella Swan/ Claire dijo...

si llegamos a 15 comntarios sube el capi apenas los vea..que les parece ehh!!!???

Anónimo dijo...

otro capitulo plisss tengo que saber que pasa no puedo esperar tanto!!!

rosalie salvatore dijo...

si!! necesitamos 15 comentarios tengo que saber que pasa!!

Anónimo dijo...

está muuuy buena la historiaaa !! necesito más !!!

Anónimo dijo...

vamos 15 comentarios y tenemos otro capitulo!!! me encanta la historia ♥

rosalie salvatore dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

queremos otro capitulo
queremos otro capitulo
queremos otro capitulo
queremos otro capitulo
queremos otro capitulo
queremos otro capitulo
queremos otro capitulo
queremos otro capitulo

Anónimo dijo...

habla ya con edward

Anónimo dijo...

en primer lugar gracias por la historia
en segundo lugar un saludo desde españa
y en tercer lugar memuero de ganas para el proximo capitulo
bss

Anónimo dijo...

ahora pa que no este edward en casa y ahi si q me entra algo

Anónimo dijo...

no digas eso ni en broma






sigue asi muy bonita historia

andrea dijo...

ayyyy!!!!! porfa que no me aguanto asta el viernes!!!!!:S ya hay + de 15....porfa porfa porfa!!!!!
si le suplicamos igual se apiada de nosotras.....
PLEASE♥ALL YOU NEED IS LOVE♥

Anónimo dijo...

queremos mas capitulos

Anónimo dijo...

pobre edward
que hablen yaaaaaaaaaaaaaaaa
tiene que hablar con el que no espere mas tiempo

Anónimo dijo...

ahora es kuando se tienen que liar ai bien jajaja si no esta seth por algo esa noche la lian parda!!xd segurojiji

Anónimo dijo...

Con mi comentariovas 21!!!!
dijeron 15!! (L
QUEREMOS OTRO!!
=)
♥ALL YOU NEED IS LOVE!!

Alice... dijo...

Comentario numero 22
NECESITAMOS ALL YOU NEED IS LOVE
Quiero que Bella hable con Edwaaaard!
Pleaseeee!!
Lo necesito,
me encanta all you need is love.
Super Felix (: