jueves, 5 de agosto de 2010

Las sexys aventuras de Edward y Bella


Disclaimer: Todos los personajes pertenecen de Stephenie Meyer. La historia pertenece a gorgeousdisaster, yo sólo me adjudico la presente traducción.

Una colección de Sexy Aventuras de Edward y Bella! Edward: Vampiro, Bella: Humana.

By: gorgeousdisaster
Traductora: Sol
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Esa sensación de hormigueo

Cuando Bella había ido con Alice en busca de ayuda, había esperado un viaje de compras. Así que allí estaban, en camino a Port Angeles, listas para comprar. Pero Alice no tomó la ruta hacia el gran almacén que acostumbraba; sino que conducía su Porsche por las oscuras calles de Port Angeles. Bella frunció el ceño.

—¿Adónde vamos Alice?

La pequeña vampiro le sonrió.

—Ya verás.

El ceño de Bella se profundizó y cruzó sus brazos sobre su pecho. Odiaba las sorpresas.

Finalmente se detuvieron frente a un pequeño edificio de mala muerte sin letrero, sin ventanas, nada. La mente de Bella se arremolinaba con las posibilidades; ¿qué estaba planeando Alice?

—¡Vamos! —exclamó Alice, saltando del coche y esperando por Bella. Salió y juntas se dirigieron al interior.

La primera cosa que notó Bella fueron dos colores principales; color carne y rosa. Luego la golpeó el lugar dónde en realidad estaban.

—Alice —siseó, con el rostro enrojeciendo—. ¿Esto es…? ¿Por qué tú…? —Alice la interrumpió.

—Relájate, Bella. Es una sex-shop. Te estoy ayudando, ¿recuerdas? —susurró con entusiasmo, dirigiéndose hacia la variedad de lubricantes.

Bella estaba demasiado conmocionada como para moverse. Sus ojos se fijaron en todo; la gigante pared de pornografía en la parte posterior, las estanterías llenas de consoladores y vibradores de todos los tamaños y formas, los trajes cachondos, los libros… se dirigió hasta allí rápidamente, pensando que ese era el lugar más seguro para estar. Alice suspiró exasperada.

—¡Bella, ven aquí!

Bella negó con la cabeza, aterrorizada. Un hombre mayor con barba y manchas por la edad la miró de detrás de un libro sobre posiciones sexuales y rápidamente Bella se le unió a Alice.

—Gracias, Bella. Ahora, mira estos y escoge uno que creas que le gustaría a Edward —dijo, señalando el interminable surtido de lubricantes—. Voy a estar mirando lencería para ti.

Bella se ruborizó más intensamente, si era posible, y Alice se alejó danzando. Se obligó a examinar las pequeñas botellas que prometían aumentar el placer y suspiró. Había una púrpura brillante que le llamó la atención, y la tomó cautelosamente. Era supuesto para producir mucho hormigueo, y retrasar tu orgasmo, de manera que éste fuera más poderoso. Se dirigió hacia Alice, quien sujetaba dos de los mismos cambios en su mano, uno blanco y uno azul. Levantó la mirada hacia Bella y murmuró:

—Definitivamente el azul —puso el blanco de nuevo en el perchero, y le arrancó de las manos el lubricante que Bella había escogido.

—¿Qué es eso? —preguntó Bella curiosamente, señalando una pequeña bolsa negra, la cual indicaba que Alice había comprado algo. Alice le sonrió.

—Algo que compré, pero que no quiero que veas —dijo, dirigiéndose a la caja registradora. Bella intentó mirar la cosa azul que Alice estaba a punto de pagar, pero fue rápidamente empacada por el cajero.

El viaje a casa fue casi silencioso, mientras Bella estaba preocupada por lo que estaba haciendo. Alice estaba tratando de tranquilizarla.

—Confía en mí, por mucho que no quise ver esto, te veo, y a él sin duda que le va a gustar lo que adquiriste de la tienda.

—¿De verdad? —susurró ella. Alice le dio su mano y le dio un rápido apretón.

—Sí. Edward te ama, y esto lo va a enloquecer.

Bella sonrió un poco después de eso.

Entraron en la vereda de los Cullen y salieron, dirigiéndose a la lujosa casa.

—Pronto llegará a casa. Deberías de tener tiempo suficiente para cambiarte. Me voy de compras. Y cuando quieras mi ayuda otra vez, te daré esto —dijo Alice, dándole a Bella una bolsa y señalando la otra. Bella abrazó a Alice una última vez, antes de lanzarse escaleras arriba y entrar a la habitación de Edward.

Bella tragó saliva y saco la cosa… azul oscuro, tratando de imaginarse usando eso. No pudo. Estuvo tentada a rajarse, pero había llegado tan lejos… se sonrojó y desabrochó sus vaqueros, quitándoselos al igual que su camiseta. Se quitó el sujetador y sus bragas, y se puso la lencería que Alice le había comprado. Se examinó en el espejo, insegura de si se veía sexy o no… y entonces la puerta de la habitación se abrió, y Edward entró. Se detuvo en seco, y se quedó mirándola, con sus dorados ojos traspasándola. Ella se sonrojó; ¿en serio se veía tan mal?

—Bella —gruñó Edward, recuperando el habla y el movimiento—. ¿De dónde sacaste eso?

—Alice —no creía poder explicarle toda la historia.

—Recuérdame comprarle otro Porsche —murmuró, de pie ahora a sólo un paso de ella. Bella se ruborizó más intensamente.

—¿Te gusta? —susurró, con sus ojos marrones encontrando los de él.

Edward se veía sorprendido.

—¿Gustarme? Por supuesto que sí, amor. Te ves tan… sexy.

La forma en que la miraba, como si fuera algo de comer… bueno, la excitaba. Se obligó a concentrarse.

—Bueno, bueno. Hay algo más que espero te pueda gustar —susurró, con las mejillas carmesí. No podía creer que estuviera haciendo eso. Sacó la pequeña botella púrpura de la bolsa. Edward se veía intrigado.

—¿Qué es eso? —le preguntó, confuso.

Ella se sonrojó más fuerte.

—T-te mostraré —balbuceó, colocando la botella sobre la cama. Se acercó a él y comenzó a desabrocharle los pantalones. Él la miraba como si estuviera tratando de resolver un rompecabezas.

—Me gustaría poder leer tu mente —gruñó, mientras le bajaba los pantalones y se los quitaba. Le bajó los bóxers y su polla saltó hacia adelante, ya dura. Aún ruborizada, se puso una gota de lubricante en el dedo y se la untó en la punta de la polla a Edward. El efecto fue instantáneo. Lanzó un gruñido, y en la mente de Bella no había duda de que si él hubiera llevado algo, ahora sería polvo muy fino.

—Jesucristo, Bella, ¿qué diablos es eso? —gimió, mirándose como si estuviera a punto de perder el equilibrio. Ella trataba de no echarse reír.

—Lubricante. Lubricante que provoca hormigueo —le dijo ella, apretando más en su palma. Edward se sentó en la cama, no confiando en su equilibrio.

—Mucho hormigueo —gruñó, mientras ella aplicaba más en su miembro duro como roca. Bella estaba sorprendida del mucho efecto que había tenido en él. Estaba más duro de lo que nunca lo hubiera visto antes. Checó la botella para ver si esa cosa era comestible. Decía que sí, así que puso un poco más en la punta de su polla y vertió una gran cantidad en su mano, la cual envolvió alrededor de la polla de Edward y comenzó a bombear de arriba abajo. Puso su boca en la punta, chupando ligeramente mientras hacía lo otro. Edward parecía estar fuera de sí. Evidentemente estaba conteniendo su orgasmo lo mejor que podía, las sábanas de la cama estaban hechas jirones.

—Bella.

Ni siquiera tuvo tiempo para decir más que su nombre al tiempo que se venía, con su polla disparando su orgasmo en la garganta de Bella. Para ese momento, estaba un poco más experimentada en eso, y se lo tragó con un poco más de tacto. Edward estaba tan quieto como una estatua mientras se recuperaba de su orgasmo, Bella todavía estaba de rodillas, mirándolo con ansiedad. No importaba su propia excitación, ¿lo había matado? ¡Tal vez esa cosa era tóxica para vampiros! Gimió ante ese pensamiento. Eso sería sólo su suerte. Matar a su novio con un lubricante provocador de hormigueo.

—¿Edward? —preguntó cautelosamente, parándose y mirándolo. Él abrió un párpado para mirarla.

—¿Te maté? —le preguntó ella, mirando a lo que parecía ser su cuerpo casi sin vida. Sus labios de mármol se movieron.

—Sí.

Ella dejó escapar una risita. Se subió a la cama, y se recostó junto a él.

—¿Vas a estar bien? —preguntó ella, acurrucándose en su frío pecho como piedra.

—Sí. Todo sigue hormigueando —le dijo, al parecer todavía estaba en estado de shock. Ella trató de contener su risa.

—Había planeado más, pero creo que eso podría haber sido suficiente para una noche —dijo ella ligeramente, arrojando una manta sobre el cuerpo medio desnudo de Edward. Se movió por primera vez en unos minutos, volviéndose para mirarla.

—Bella, mi amor, lo siento mucho, sabes que brinco ante la oportunidad de estar contigo en cualquier momento, ¡pero esa cosa es peligrosa! ¡Es más potente que tu sangre! Me preocupa poder matarte si lo usamos de nuevo mientras seas humana —le dijo él, con sus ojos dorados turbados por ese pensamiento. Bella se apuró a dejar la botellita de lubricante en el cajón de la mesita de noche.

—Entonces lo usaremos después de mi transformación —convino ella, ruborizándose ligeramente. Estaba un poco decepcionada de que no hubiera tenido relaciones sexuales con Edward esa noche. Pero al menos él había recibido placer. Un abrumador, increíble y potente placer. Quizás mañana cosecharía mejores resultados.

1 comentario:

diana dijo...

me encanta estas aventuras de ellos ssiiiiiiii