viernes, 22 de enero de 2010

All You Need is Love


HappyMeal

Jasper aparcó cerca del Jeep de Emmett y justo al lado del Mercedes de Carlisle, parecía que ellos eran los últimos en llegar.

Bella se fijó el restaurante de comida rápida y se rió, era divertido pensar en el señor y la señora Cullen, tan refinados como eran, comiendo en semejante sitio. Alice la miró y puso los ojos en blanco.

—Lo sé, a Edward se le ha ido completamente la cabeza —le susurró, sosteniéndole la pesada puerta para que pasara primero con la ayuda, como no, de sus muletas.

Vieron a los demás sentados en una larga mesa, pero Edward no estaba todavía. Bella, suspirando aliviada, se sentó entre Emmett y Jasper, los cuales tenían delante a sus parejas.

Estuvieron hablando animadamente durante unos largos veinte minutos, y el chico seguía sin aparecer. Esme se estaba preocupando cada vez más, su hijo siempre había sido muy puntual, aquello no era normal en él. Justo cuando Carlisle sacaba el móvil para intentar llamarlo y así calmar a su esposa, un sonriente Edward Cullen apareció por la puerta. “¿Cómo puede estar sexy siempre? No es normal. Él no es normal.” Acababa de aparecer, y Bella ya estaba pensando incoherencias. Vio como sus dos amigas abrían la boca al verlo, muy sorprendidas. Satisfecha de pensar que no era la única a la que le afectaba su magia, se recostó en la silla donde se encontraba.

Edward abrazó a todos, dejando a Emmett para el final. Cuando llegó a él, le estampó un sonoro beso en la mejilla, haciendo que se desatara una risa histérica en la mesa.

Eddie, como me vuelvas a llenar de babas te dejaré inconsciente de nuevo —le amenazó este, mientras intentaba alborotarle el pelo a su hermano, el cual escapó magistralmente de sus manazas, riendo.

—Ya veremos Emmy, ya veremos —le guiñó un ojo y después fue a sentarse justo en frente de la pobre Bella, quitándose primero la cazadora de cuero que llevaba y quedándose solo con una camisa de cuadros rojos y verdes que le quedaba demasiado bien. Los miró a todos con ojos llenos de entusiasmo—. Estoy muy contento de poder tener esta comida con vosotros, de verdad. Muchas gracias a todos por venir, no me lo merezco, después de lo desconsiderado que he sido durante estos años.

—Cariño, no digas tonterías —dijo Esme, con los ojos llorosos. Era tan maternal…—. Nosotros somos los felices de poder tenerte entre nosotros. Pero mi amor, ¿no ibas a venir con alguien?

Todos miraron a Edward. Nadie había advertido que venía solo, estaban demasiado emocionados como para fijarse en esas tonterías. Este sonrió, enseñando su blanca dentadura.

—Sí, así es. Está esperando fuera, ya que antes me gustaría que hablásemos.

Su madre y su hermana lo miraron horrorizadas.

—¿¿Cómo que está fuera?? Edward, ¿qué modales son esos? ¿Cómo se te ocurre dejar a una señorita fuera, esperando? —le reprocharon las dos a la vez, demostrando que eran madre e hija. La risa resurgió de nuevo, pero la más estruendosa fue la de Edward, cosa que sorprendió a todos, normalmente este puesto lo ocupaba Emmett.

—¿Señorita? ¿Qué señorita? No he invitado a ninguna os lo aseguro, y si así fuera, no sería tan maleducado, de verdad.

Esta vez, no hubo risas, solo un silencio incómodo. Emmett fue el primero en hablar.

—Edward, nos estás queriendo decir que… ¿eres gay? —viendo la cara de horror que ponía su hermano añadió—. Es decir, por mí no hay ningún problema, tendrás que sufrir el doble de bromas por mi parte, pero ya está.

De pronto Edward empezó a soltar carcajadas, doblándose por la mitad del esfuerzo. Unas lágrimas cayeron por su rostro. Nadie entendía nada. Primero organizaba una comida familiar en un McDonald´s para presentar a su novia, la que según él no era una chica, después Emmett le preguntaba si eso significaba que era gay y ahora él se partía de la risa.

—Debí imaginarlo —murmuró, secándose los ojos, con el cuerpo aún dándole espasmos—. Emmet, no es una chica lo que está esperando ahí fuera, ¡si ni siquiera tengo novia! Y por favor, créeme cuando te digo que no soy gay —lo miró fijamente, y su hermano asintió, lo había convencido con una de sus intensas miradas. Bella no sabía que pensar, por una parte, su corazón estaba saltando de alegría por el hecho de que Edward no estuviese comprometido con otra, pero sin embargo, no entendía qué es lo que quería que supiese su familia con tanta urgencia. Edward la miró, y le dedicó una pequeña sonrisa—. No sé cómo deciros esto sin que os asustéis. Bueno, supongo que será mejor ir al grano y evitar más confusiones estúpidas —todos asintieron, expectantes—. El caso es que, tengo un hijo. De cuatro años y ocho meses.

Lo que pasó a continuación, sucedió muy rápido. Esme se llevó las manos a la boca, y le pegó inconscientemente un codazo a su marido, que estaba a su lado, lívido, este se asustó y pisó a Emmett, que no se lo esperaba y se mordió la lengua. Del dolor estiró las piernas, golpeando a Rosalie y a Bella, que chillaron. La primera se limitó a pegarle un coscorrón en la cabeza a su prometido, pero Bella, que tenía las muletas a su lado, sin saber cómo, golpeó con ellas a Jasper en la boca. Alice, asustada, se aproximó justo en el momento en el que él agachaba la cara, por lo que se dieron un fuerte cabezazo.

—Bueno, veo que no os lo habéis tomado tan mal —comentó Edward, bromeando. Un segundo después, le llovieron golpes de sus compañeros.

—¡¡EDWARD CULLEN!! ¿¿POR QUÉ DEMONIOS HAS ESPERADO CINCO AÑOS PARA DECIRME QUE SOY ABUELA?? —gritó una muy alterada Esme—. Un momento, es por eso por lo que no venías a vernos, ¿no? Para que no nos enterásemos —acto seguido, se puso a sollozar en los brazos de Carlisle.

—¡No, mamá, no! Dejad que lo explique por favor, solo tenéis que escucharme. Seth no es mi hijo, al menos no biológicamente, lo adopté hará un año, y ahora es un Cullen más.

Ahora las miradas que le echaban tenían un deje de horror. Bella estaba muy, muy confusa. No entendía por qué aquél hombre de veintiún años de había complicado tanto la vida. Sintiéndose egoísta, se alegró secretamente de que aquél niño no fuese hijo de una anterior relación.

—Edward, mi amor, ¿por qué diablos has decidido complicarte tanto la vida? —Esme estaba apenada, y Bella la entendía. Una madre no quería esas cosas para un hijo tan joven—. Cariño, tener un hijo es una gran responsabilidad, y encima estás solo. Todo, a partir de ahora será mucho, mucho más difícil para ti que para los otros jóvenes de tu edad.

Edward asintió, no se le veía para nada preocupado.

—Lo sé mamá, soy consciente plenamente. Pero no podía hacer otra cosa —se pasó la mano por su cabello desordenado, parecía realmente atormentado.

—¡Claro que había más opciones! ¿¿Acaso no sabes que hay miles de familias esperando a un niño como el que tú has decidido criar?? —le gritó Carlisle. Bella nunca lo había visto así de alterado, debía estar muy preocupado por su hijo, quizás creyese que se había vuelto loco.

—No papá, esas familias no servían en este caso. Seth es demasiado especial. Yo no quería adoptar a nadie, no estoy tan ido de la cabeza. Simplemente fueron una sucesión de horribles acontecimientos. Necesito que me escuchéis, esperad a que acabe para juzgarme, es una historia terrible, pero tenéis que saberlo todo— tragó saliva, y dirigió la mirada a Bella. De pronto sus ojos parecieron más animados, con más fuerzas de seguir adelante—. A ver, para que os situéis, hace dos años me dieron la oportunidad de entrar de residente en el hospital general de Londres, la cual no desaproveché y pronto me gané la confianza de mi supervisor. Era un hombre algo desagradable, tenía detalles muy feos, pero los dejé pasar, yo allí era un don nadie, no tenía autoridad.

Se quedó callado, pensando en cuales serían las palabras adecuadas para contar aquella historia y tras un largo y profundo suspiró prosiguió.

—Una noche, estaba a punto de irme cuando llegó una urgencia, era un niño, de unos tres años que estaba inconsciente. Fui a leer su historial, cuando me di cuenta de que había grandes lagunas, explicaciones nada concisas sobre sus anteriores ingresos. Para que todos lo entendamos, parecía que era “una Bella” —Edward sonrió a la chica y le apretó una de las manos que esta tenía encima de la mesa. Ella sintió el mismo cosquilleo que recordaba de sus anteriores caricias. El chico pareció no notarlo y siguió con su explicación—. A la mañana siguiente despertó, no quería hablar con nadie. Los enfermeros me comentaron que era así, que jamás decía nada. Sin embargo, cuando los padres llegaron, en el horario de visita, yo estaba por allí, examinando sus constantes y noté enseguida como aquella criatura se ponía tensa.

Sopesó la forma de expresarse, las miradas expectantes que le estaban dirigiendo hacían que se sintiese nervioso.

—No sé muy bien cómo explicarlo, pero giró la cabeza y me miró. Me miró directamente a los ojos, y su mirada era de auténtico terror. Me fui a mi casa cuando terminó mi turno, pero no me pude quitar aquello de la cabeza. Pensé en esos ojos todos los días, y por las noches, los encontraba en mis sueños. Él ya no estaba en el hospital, le habían dado el alta rápidamente, cosa que no entendía, ya que según mi criterio aquel chico debía haber pasado unos días más en observación. Después de pensarlo seriamente, decidí hurgar más en su expediente, y cuando vi su dirección, aunque sabía que era una locura, conduje hasta aquella casa. Quería hablar con él, preguntarle qué le pasó para que me mirase de esa forma. La casa era enorme, un estilo a la que teníamos en Forks, a las afueras y eso. Me dirigí a la puerta y justo cuando iba a llamar… —se cayó repentinamente. Bella notó que evitaba pensar en aquellas cosas, debía de ser muy desagradable para él—. Se oyeron unos gritos desgarradores, procedentes de una garganta muy pequeña. Se me partió el corazón en ese momento.

—Lo maltrataban… —susurró Rosalie, que estaba familiarizada con esos temas por su trabajo.

Edward asintió, mirando sus manos, que estaban sobre la mesa. No se sentía con fuerzas de mirar a nadie a los ojos, todo lo que estaba viniendo a su mente era demasiado doloroso.

—Y no sabes cuánto —le contestó, muy serio—. Cuando al día siguiente llegué, volvía a estar ahí, en su camilla, con la vista fija en el techo y un enorme corte en el cuello, del que aún conserva cicatrices. Decidí que no podía quedarme de brazos cruzados, por lo que dediqué cada minuto que tenía a intentar ganarme a aquél niño. Fue más difícil de lo que jamás me había imaginado, no dejaba que nadie se acercase a él, aún hoy tiene miedo a cosas incomprensibles, todo traumas por supuesto. Por ejemplo, no puede ni ver la arena debido a que lo enterraron vivo, en el patio trasero de su propia casa. Por eso te pedí que me buscases un sitio para vivir sin jardín, mamá —sonrió tristemente, mirando a su madre, que lloraba silenciosamente—. Lo intenté de todas las formas posibles, quería que supiese que siempre que quisiese hablar conmigo, podría hacerlo, que yo no era una persona mala, como él las llama. Otra cosa a tener en cuenta, es que él se siente como una persona de esas, alguien malo de verdad, muchas veces llora porque según él no se merece nada, dice es demasiado malo como para poder comer chocolate, o recibir algún regalo, pero bueno, a lo que íbamos.

Jamás había que recordar todo aquello iba a ser tan doloroso. Ahora quería a aquel niño como si fuese su propio hijo y pensar en todo lo que le había pasado hacía que su sangre hirviera.

—Tardó más de medio año en dirigirme la palabra, y fue justo después de tener una visita de sus padres. Simplemente me susurró “Edward, tengo mucho miedo.” Y no tuvo que decir más. Por fortuna, uno de mis compañeros de piso, Tyler, acababa de estudiar Derecho, pero aunque era abogado civil y no familiar me ayudó mucho. Resultó que el hospital recibía enormes cantidades de dinero de los padres de Seth por lo que se callaban algunos accidentes, simplemente no querían jugarse perder unos benefactores como ellos. Casi me da un ataque cuando me enteré, en serio. Creí que me volvería loco, no veía lógico que el mundo funcionase así, que hubiese personas tan ruines. Aquello era una auténtica locura, mientras Seth no hablase no tendríamos ningún testimonio en contra de ellos. Sólo el mío, que no contaba mucho que digamos. Sin embargo, un día decidió hablar. Apareció solo en el hospital, se sabía el camino de sobra como para venir sin compañía. Me quería enseñar una nueva herida, por se levantó la camiseta, y me mostró su pequeña espalda, la cual estaba llena de quemaduras de cigarrillo formando las palabras…

Calló, realmente no tenía ganas de seguir por esa línea

—En fin, de quemaduras. Le pregunté si habían sido sus padres, y me dijo que sí. Le tranquilicé, le juré que jamás volverían a acercarse a él y se limitó a abrazarme durante una hora por lo menos. Dejé el hospital y me reuní con Tyler, que le tomó declaración al pequeño. Hubo varios juicios, con los que conseguimos quitarles la patria potestad, que pagaran una cuantiosa multa, y que pasaran unos cuantos años en la cárcel —al decir esas últimas palabras, sonrió satisfecho por su trabajo—. Pero no se habían acabado las complicaciones. Seth pasó a manos de los servicios sociales para que ingresase en un hogar de adopción, ya que no tiene más parientes, ni padrinos, ni nada. Tyler me recomendó a un abogado familiar muy bueno, el mejor de Londres, que me ayudó a conseguir la custodia. Simplemente concertaron una entrevista con Seth, el que le aseguró que no estaría con nadie que no fuese yo, que si no le dejaban vivir conmigo, se mataría él mismo —los ojos de los demás, hasta ahora llorosos, habían pasado a ser de asombro—. Sí, ya, no parecen palabras propias de un niño tan pequeño, pero es que él es así. Ahora es algo más sociable, por lo que, con suerte podréis robarles unas cuantas frases, que os aseguro que os dejarán con la boca abierta.

Esme se levantó corriendo y fue a abrazar a su hijo, tenía la cara roja e hinchada. Se había pasado todo el relato llorando.

—Edward cariño, estoy tan orgullosa de ti… Es una responsabilidad enorme, pero estoy segura de que lo harás genial. Tienes mi ayuda en todo lo que necesites, siempre estaré aquí para ti, y para el pequeño Seth, si me lo permite.

Todos los demás asintieron, apoyando lo que había dicho.

—Gracias mamá, estoy seguro de que le encantarás. Siempre has tenido mucha mano para los niños con problemas, sino te habría resultado imposible criar a Emmett y a Alice —sus hermanos pusieron los ojos en blanco, ante aquel comentario tan Edward. Él siempre se consideraba más normal que ellos, distinto—. Chicos, estoy de broma, yo soy más raro que vosotros dos juntos, todos lo sabemos —dijo, haciendo que Emmett y Alice chocasen los cinco entre ellos—. Bueno, volviendo a lo importante, como podréis imaginar, no quería que Seth tuviese que crecer en un hogar en el que no le comprendiesen. No sería justo para él, que había sufrido tanto, por lo que no tenía otra opción que quedármelo. Al principio fue incómodo, no hablábamos mucho y le daba miedo que me acercase a él, era como una reacción innata. Cuando la relación se normalizó, decidí abandonar aquel lugar que nos había hecho tan infelices a los dos. Sí, yo también era infeliz en Londres, lo fui desde el primer día que puse el pie en aquel suelo, lejos de mi familia y amigos —explicó, al ver las caras de confusión de los demás—. Estar con Seth me ha enseñado mucho más de lo que creí en un primer momento. Él no tuvo suerte en su infancia, aprendió a luchar y a ser fuerte por sí solo.

Dirigió la mirada a sus padres, y cogió la mano de Esme para darle un suave apretón.

—Yo sin embargo tuve una niñez que no me merecía. Siempre he estado alejado de vosotros, aunque sois lo que más quiero en este mundo. Siento mucho haber huido de esa forma, no estar a vuestro lado en los momentos tan importantes que habéis pasado, no veros crecer o sonreír. Siempre he estado arrepentido de haberme ido, cada día fue una tortura, y justo cuando apareció Seth, me di cuenta de que había desaprovechado el hecho de tener una familia maravillosa. No todos tenían esa suerte y yo había estado cegado en mi egoísmo, en mi individualismo demasiados años —suspiró sonoramente, y miró aquellas caras que tanto amaba una a una, con una media sonrisa en los labios—. Mamá, papá, siento haber sido tan mal hijo, espero que podáis perdonarme algún día, sois mi mayor referencia y me duele en el alma haberos traicionado de esta forma, no os merecéis que os haya tratado con tanta indiferencia. Alice, Emmett, Bella, Jasper, Rosalie, a vosotros también os pido perdón nuevamente. Sé que no me merezco que me acojáis con los brazos abiertos en vuestro grupo, lleváis demasiado tiempo perteneciendo a él y es incómodo que entre un desconocido de pronto. Pero os prometo que intentaré por todo los medios que me aceptéis como uno más.

Cuando acabó su discurso, Emmett carraspeó, antes de que nadie pudiese decir nada.

—Señores, ¿saben lo que hay que hacer ahora, no? —sonrió al ver que sus amigos asentían, se levantó rápidamente y gritó con todas sus fuerzas, haciendo que la gente que había por allí se volviese a mirarle—. ¡¡ABRAZO DE GRUPO!! —todos siguieron a Emmett y aplastaron a Edward en un abrazo oso. Era una costumbre que tenían, cuando uno de ellos se disculpaba por haber hecho algo mal, solían ir a darle todos juntos un abrazo, en señal de perdón inmediato.

Carlisle y Esme miraron con orgullo a Edward una vez estuvo libre de los brazos de los demás.

—Edward, no has sido un mal hijo, sólo has necesitado tiempo para darte cuenta de la importancia de una familia unida. Estamos muy orgullosos de que por fin lo hayas entendido, y de todo lo que has hecho por ese pobre niño. Somos muy felices al saber que por fin estarás junto a nosotros, esta vez para siempre —Carlisle rebosaba de orgullo, cuando le dirigió esas palabras a su benjamín.

Todos volvieron a sentarse, menos Edward, que dirigió una nerviosa mirada al exterior.

—Creo que va siendo hora de que os presente a Seth. Está fuera, en el Play-place con una niñera de la guardería del hospital, que accedió a vigilalo mientras os explicaba todo. No hubiese sido muy agradable hablar de todo eso delante de él… Ahora vengo, intentad no gritar, ni mirarle demasiado, actuad como si no pasase nada, como si le conocieseis. Estoy convencido de que os vais a gustar mutuamente —dijo, muy seguro de sus palabras. Después se alejó, saliendo del recinto y yendo a la zona de juegos, que estaba junto al aparcamiento.

En la mesa reinaba el caos total, nadie se esperaba nada de todo lo que había pasado desde que se habían sentado.

—¿¿Un hijo?? —dijo Emmett a nadie en particular.

—Un caso más de malos tratos, qué locura... —susurró Rosalie, golpeteando la mesa con la mano.

—¡¡Se va a quedar!! ¡¡Edward se va a quedar para siempre!! —gritaba Alice, con lágrimas de la emoción.

—Es curiosísimo como una persona puede cambiar con un acontecimiento inesperado… —murmuraba a su vez Jasper, mirando al vacío.

Esme y Bella, por el contrario suspiraban sin cesar. La primera por lo feliz que se sentía, al tener a todos sus hijos cerca después de tantos años, y la segunda por confusión. Edward hacía todo bien, era totalmente imposible que alguien fuese perfecto, tenía que tener algún tipo de fallo, algo que asegurase que era humano. Se sentía agobiada, y con ganas de llorar. Le había afectado mucho la historia, adoraba a los niños pequeños, y pensar que uno de ellos podía haber sufrido tanto hacía que se le rompiese el corazón. Sabía si hubiese estado en el lugar de Edward también habría hecho lo mismo. Esperaba de todo corazón que el pequeño la aceptase, deseaba plenamente ayudar a Edward, sabía que lo necesitaba, necesitaba a una mujer a su lado, pero no de forma romántica, sino como amiga. Estaba segurísima de que los demás no tenían ningún problema en aceptar su unión al grupo, siempre habían pensado que era uno de ellos, solo que nunca estaba. Era como si se hubiese ido de vacaciones, unas vacaciones muy largas.

Estaba tan metida en sus pensamientos, mirándose las manos, que no vio que Edward llegaba, con el pequeño entre sus brazos, mirando curioso a aquellas personas que parecían tan amables.

—Dios mío Edward, ¡es guapísimo! ¿Estás seguro de que no es tuyo? ¡Tiene tus ojos! —exclamó Rosalie, sonriendo a Seth.

Edward rió, mientras se sentaba en la silla, sin soltar al niño.

De pronto, Bella alzó la mirada, viendo su cara por primera vez. Pegó un grito cuando se dio cuenta de quién era. El niño giró la cabeza hacia ella, con el miedo pintado en el rostro. Cuando la miró bien, abrió la boca, claramente sorprendido.

—¡Eres tú! —se dijeron uno al otro, señalándose. Nadie entendía de qué se conocían, y los miraban atónitos, en especial Edward.

—¿De qué os conocéis vosotros dos? —preguntó al rato, divertido. Sabía que aquello sería interesante, la unión de Bella y Seth solo podía deparar algo totalmente inesperado.

—¡PAPI, PAPI! —gritó el niño, con su hermosa voz, asombrando a todos los presentes, ya que recordaban lo que Edward les había contado sobre su timidez e inseguridad—. ¡Es ella, la vecina! ¡La del pastel, la carta y la rata! ¡Díselo, dile que tienes una rata de mascota! —exclamó, dirigiéndose a Bella—. O un turrón, lo que sea —dijo claramente impaciente, se notaba que llevaba días intentando que lo creyesen.

Emmett se rió tan fuerte que se acercó el hombre de seguridad a decirle que no podía hacer tanto ruido. Seth lo miraba entre divertido y asustado. Aquel hombre tan grande daba miedo, pero su risa era muy bonita y graciosa.

—¡¡Un turrón!! Ha sido graciosísimo Seth, perdóname si te he asustado, suelo hacer siempre mucho ruido con todo —Emmett hacía grandes esfuerzos por no volver a reírse, mientras le daba explicaciones a Seth—. Verás, es un hurón, no un turrón. Además, no es uno cualquiera, ¡es el increíble George! Fui yo quien se lo compró a Bella, y es un animal muy divertido. Estoy seguro de que no le vendría mal un amiguito como tú.

Bella sonrió, acercó su cara a la del niño y le guiñó un ojo, mientras le regalaba una sonrisa.

—Es justo lo que yo te dije, ¿verdad? —Seth asintió, haciendo un amago de sonrisa—. Puedes venir a verlo cada vez que quieras cariño, estoy seguro de que a tu papi no le importará, ¿verdad Edward?

Este estaba en estado de shock.

—No sé cómo no se me ocurrió antes —acabó diciendo, pasándole una mano por el cabello a Seth—. Si unimos una rata-turrón, una tarta de chocolate con una carta en el suelo, una vecina que no abre la puerta a ninguna hora y un niño entusiasmado por una charla que ha tenido con ella de menos de un minuto, solo tenemos un resultado, ¡Isabella Swan!

Todos rieron, incluso Bella.

—Es una forma muy poco elegante de dar las gracias por el pastel, Edward —le comentó, sonriéndole.

—Perdónale, a veces no sabe lo que dice. Muchas gracias Bella, era la mejor tarta que he comido en toda mi vida. Si me hubiesen dejado, ¡me la habría acabado esa misma noche! —dijo Seth, dejándolos a todos sorprendidos. Edward tenía razón, aquel niño hablaba como un adulto.

—Creo que Seth tiene razón —se rió Edward—. Muchas gracias Bella, estaba deliciosa.

La chica notó como se ponía roja, odiaba que la mirase de aquella manera, y más ahora, que tenía a aquel niño tan mono en sus brazos. Lo hacía más adorable si fuese posible.

—Chicos, por favor-llamó Emmett—. Me parece que habíamos venido para algo importante, ¿no?

Todos asintieron y miraron a Seth, que se avergonzó y escondió el rostro en el cuello de Edward.

—¡No, no! No me refería a Seth, por Dios, ¡hemos venido a comer hamburguesas! ¿A qué demonios estamos esperando? ¡¡Me m-u-e-r-o de hambre!! —dijo, consiguiendo una rodada de ojos general, mientras que Seth sonreía tímidamente, parecía como si desease su hamburguesa—. ¿Qué me dices pequeño, vienes conmigo a comprar la Mac Hamburguesa más grande que haya?

Seth miró a su padre, no sabía si confiar en aquel hombre oso. Sabía que era el hermano de Edward, y que este lo quería mucho. También le había contado muchas travesuras que hizo de niño, con las que se había reído un poco. Parecía un hombre amable y sobre todo, muy, muy divertido, pero aún así estaría más cómodo si Edward fuese con él, por lo que lo miró significativamente.

—Por supuesto cariño, iré contigo siempre que me lo pidas —le susurró en el oído, para que nadie se enterase y lo agradeció, no quería que lo mirasen como si fuese un niño miedica—. Pero debes saber que Emmett es una de las personas más graciosas que conozco, estoy seguro que dentro de un tiempo no le tendrás nada de miedo —añadió, mientras se levantaba, sujetándolo fuerte. Seth se limitó a asentir, pensativo. Carlisle y Jasper también se levantaron inmediatamente, para acompañarlos y ayudarlos a traer la comida.

Bella miró como se alejaba Edward, estaba encantador, parecía todo un padre, uno de esos que sacrifica su tiempo libre para ir a llevar a su hijo a su restaurante de comida basura favorito.

—La Tierra llamando a Bella, la Tierra llamando a Bella, ¿me recibes? —dijo Alice, entre risas. Cuando su amiga la miró, saliendo de su ensimismamiento añadió—. Bella, deberías de disimular mejor. Si no llego a llamarte, te habrías muerto, ¡ahogada en tu propia baba!

Rosalie y Esme se carcajearon, mientras Bella se ponía de un tono escarlata.

—Alice, ese comentario ha sido asqueroso, que lo sepas —le riñó—. Además, no estaba babeando, solo pensaba que es un niño precioso.

Sonrió satisfecha, al ver que había logrado cambiar el rumbo de la conversación.

—Estoy tan orgullosa de mi hijo que casi ni me salen las palabras —suspiró de nuevo Esme. Parecía que últimamente solo hacía eso, pero es que tenía motivos para ello—. Y tienes razón Bella, posiblemente sea el niño más guapo que he conocido. Bueno quizás Edward empatase con él, fue un crío divino, de anuncio.

—Y sigue así, Esme, te lo garantizo —le aseguró Rosalie, guiñándole un ojo a su suegra—. ¿A que sí, Bella?

La aludida se atragantó y se puso a toser nerviosamente, mientras las demás la miraban con una ceja levantada. Iba a matar a Rose, ¿cómo se atrevía a hacer ese tipo de comentario delante de la madre del chico en cuestión?

—Edward era, es y será guapísimo, es algo obvio. Fijaros en las chicas que están sentadas en aquella mesa —dijo señalándolas—. Llevan mirándolo y cuchicheando todo el tiempo. Me están poniendo nerviosa, de verdad.

Bella se giró y vio rápidamente a las que se refería Alice. Estaban todas en corrillo, levantando la cabeza de vez en cuando para mirar a Edward, que seguía en la fila, riendo por algo que había dicho Emmett. Se fijó más en ellas y se dio cuenta de que algunas eran guapas, por lo menos más que ella. Soltó un gruñido, que no pasó desapercibido en la mesa.

—¿Qué pasa Bella? —preguntó divertida Esme, parecía como si fuese una más de sus amigas.

—No me gusta la gente que mira a las personas agraciadas como si fuesen un pedazo de carne —mintió rápidamente. Sabía que no la creerían, pero no pensaba decir que lo que ocurría es que se veía muy poca cosa comparada con las demás. Edward jamás se fijaría en ella si tenía a todas aquellas bellezas dispuestas a lo que fuese. Sin embargo él seguía sin tener pareja, por lo que aún quedaba un rallo de esperanza. “Quizá nunca tenga que sufrir la compañía de una de sus novias. Aunque si se echa alguna tendré que mudarme, no soportaría tener que verla todo el tiempo, no en mi territorio.” Pensó, mirándolo de nuevo. No se había dado cuenta de que las otras tres mujeres estaban hablando de las cosas que tenían que preparar para recibir como se merecía a Seth, colegios, ropa, juguetes… Bella pensó que aquel niño lo último que quería era que le prestasen tantísima atención, al igual que ella. Justo cuando estaba pensando en esto, llegaron los hombres, llenos de bandejas con comida. Un pequeño Seth iba andando, al lado de Edward, con su propio almuerzo. Le pareció tan adorable que no pudo evitar darle una pequeña patada a Alice y a Rose para que lo mirasen. Las tres se quedaron embobadas, era tan guapo, con sus cachetes rojos, sus ojos inocentes que iban de un lado a otro a una velocidad vertiginosa y su pelo tan brillante.

—Seth, mira como tienes a nuestras mujeres —dijo Emmett, mientras soltaba una carcajada—. ¡Te las has ligado, tío! ¡Imagínate la cantidad de novias que te saldrán en el colegio!- el niño lo miró horrorizado, lo último que querría en el mundo sería una novia. Las niñas que conocía eran tontas, solo sabían reírse y jugar a mamás y papás. Una completa tontería, según él.

—Jamás tendré novia —sentenció, mientras se sentaba en una silla, al lado de Edward—. No quiero que me estén todo el rato mandado a hacer cosas. ¡Ya tengo bastante con mi padre!

Emmett y Jasper se rieron en seguida, acercándole los dos una mano para que se la chocase. El niño lo hizo tímidamente, no les tenía miedo en absoluto, pero aún así no estaba acostumbrado a que otras personas que no fuesen Edward le tratasen tan bien.

Comieron entre bromas y chistes, riendo entre patata y patata. Bella no recordaba una reunión igual a esa, todos estaban radiantes y no faltaba ni nada, ni nadie. Las risas no cesaban, con cualquier cosa las carcajadas surgían. Sacó su cámara digital del bolso y se dedicó a hacerles fotos a todos, al rato vio que Seth parecía incómodo ante el objetivo, por lo que le dejó que fuese él quien las echase. El niño cogió la cámara, muy ilusionado y se pasó horas haciendo fotografías a todo lo que veía, hasta que la memoria se llenó.

Después de comerse un helado cada uno, decidieron que era hora de marcharse, había sido un día muy largo y aún les quedaba la noche de series por delante, aunque nadie parecía acordarse. Fue Bella la que cayó en ello, mientras se encaminaban hacia los coches.

—¡Mierda! —exclamó. Todos se giraron para mirarla—. Se me había olvidado lo de esta noche, no he preparado nada de cenar, ¡y ya no me da tiempo!

Emmett fue hacia ella y le acarició la cabeza.

—Tranquila Bells, yo también lo había olvidado, la verdad que hemos estado ocupados hoy. Podríamos pedir pizza, o comida china, ¿qué os parece chicos?

Nadie se opuso, por lo que Bella respiró aliviada. Vio como Edward caminaba con la vista en el suelo, parecía incómodo por algo. De pronto se le ocurrió lo que podía pasarle.

—Creo que podríamos pedir de los dos sitios, ¡recordad que esta noche tenemos dos nuevas incorporaciones en la plantilla, equipo! —bromeó, y vio como al chico le surgía una bonita sonrisa, contento de sentirse integrado.

—¡Por supuesto que había contado con el Doctor y el pequeño! —gritó Emmett, incapaz de controlar el volumen de su voz—. ¿Qué os parece si os venís directamente a casa? Nosotros también grabamos los capítulos, no hay necesidad de ir a por ellos a tu casa, Jasper —dijo antes de que el otro dijese nada.

—No sé muy bien de qué va la cosa, pero no suena mal —comentó un sonriente Edward.

—Bella te lo contará todo, estoy segura de que le encantará ir contigo y con Seth. Además, ¡¡así te guiará hasta casa de Rose y Emm!! ¿Verdad Bella? —chilló una enormemente feliz Alice.

Bella sonrió, mientras asentía con la cabeza. Sinceramente, no le importaba nada el pasar más tiempo junto a Edward.

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Nuevo cap chicas..Disfrutenlo!!! y dejen sus comentarios para LAura XD

6 comentarios:

Alice... dijo...

Me encanto el cap!

Espero impaciente el otro :)
Mmm.. me encanta Seth!

SwanGirl dijo...

ME encantoo!
Pero, por lo que más queráis en el mundo, N-E-C-E-S-I-T-O el siguiente!!!
besos xxxx

Anónimo dijo...

me re gusto el capi y que lindo seth !!! es pero ya ynpasiente el otro capi chauu

Marta =) dijo...

Ay dios mio! Me topé con esta página de puro milagro y no me pude resitir a leer el fan fic, el título parecía llamarme xDD
Y...me encanta! Me gusta muchísimo como relatas la historia, y sobre todo como has utilizado a los personajes, me parece una manera muy bonita de ser "fiel" al libro, eso sí, humanizando a todos y cada uno de ellos =)

Un beso y espero ansiosamente el próximo! :D

diana dijo...

huy q lindooooo meencantoooooooooooooo

Lei dijo...

ke lindo capítulo!!!! awww me encanta este fic!! ^^