martes, 11 de mayo de 2010

MEETING YOU


No me pertenece ninguno de los nombres de los personajes, ni nada por el estilo. Lo único que he hecho ha sido jugar un poco con ellos y querer mucho a Edward.

*Vuelvo a repetir que aunque se haga referencia a Robert como actor y que Bella está encaprichada con él (como la mayoría de nosotras) aquí sólo se nombra, su persona no va a aparecer en ningún momento en esta historia, ya que está totalmente prohibido. Elijo a R. P. porque es la imagen mental de Edward que tienen la mayoría de las chicas. Repito: No aparece en la historia.
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12 de Marzo de 2010

—¡Bella, vamos a llegar tarde! —la escandalosa voz de Alice resonó por toda la casa.

¿Acaso no se había dado cuenta de que aunque hablara a susurros la escucharía perfectamente?

—Ya voy —murmuré mientras apagaba el ordenador de sobremesa que había en mi cuarto.

—¡Nada de ya voy, te quiero abajo ahora mismo! —exclamó desde el primer piso y sonreí para mí. Si ella supiera…

Yo, Isabella Marie Cullen, nacida a principios del siglo XX —en 1913 para ser exacta— me había vuelto una completa adolescente a los noventa y siete años, o a mis eternos veintitrés. Nunca es demasiado tarde.

Aunque hubieran pasado casi cien años de mi nacimiento me sentía contemporánea al 2010, nunca había tenido problemas para adecuarme, o por lo menos eso creía.

Había vivido momentos inolvidables, como todas las personas: asistí al festival de Woodstock junto al resto de mi familia, del cual salimos ilesos gracias a nuestra piel de granito. Me escapé de clase, aunque teniendo en cuenta que esa materia ya la había dado cientos de veces no creo que importase demasiado, para ir a ver un concierto de los Beatles con Rosalie y Alice. Repetimos la jugada con la primera gira de Madonna. Vi en directo el aterrizaje en la luna. Compré uno de los primeros teléfonos móviles, de esos modelos que hoy en día seguramente estarán en los estantes de un museo de antigüedades. Fui de las pioneras en usar Google, incluso invertí en ese grupo empresarial gracias a la precognición de Alice: un día vino hasta mi cuarto como una loca, después de tener una visión del futuro, y me aseguró que si le hacía caso viviría en una casa de oro macizo al pasar unas décadas. Incluso tengo una fotografía con Elvis en las Vegas.

Se podía decir que mi existencia había sido plena, pero no era así. Realmente, jamás había sido fanática de algo, si fui a conciertos o tonterías de ese estilo, básicamente se debía a la incorporación de Alice a nuestra familia. Yo había sido la primera en llegar, la compañera de Carlisle Cullen desde el principio. Me sentía su mano derecha, aunque sin ningún sentido romántico implícito, para eso ya estaba Esme.

En 1936 se me ocurrió la brillante idea de dar un paseo por el bosque colindante a donde vivía con mis padres por aquel entonces, sin tener en cuenta el aviso que habían dado de no entrar en él ya que una manada de lobos salvajes acechaba la zona. En un abrir y cerrar de ojos uno de ellos, de un tamaño espeluznantemente grande, saltó encima de mí y todo se volvió negro. Lo único que recuerdo fue el dolor agudo que sentí unas horas después, mucho peor al que sufrí debido a los desgarros que provocaron en mi piel las zarpas de aquellos animales.

Fue tan abrumador despertar de aquel doloroso sopor que no encuentro palabras para describir las sensaciones que me invadieron. Después, Carlisle me contó que me había encontrado desangrándome en el bosque mientras él mismo iba de caza, y me explicó todo lo que debía saber acerca de mi nueva condición, la de vampiro.

¡Qué duro fue no poder volver a ver a mis padres! Los observaba, por supuesto, pero jamás era lo suficientemente valiente como para acercarme. Me daban por muerta, claro está. En aquella época no era tan raro que un cadáver no apareciese, o al menos, no había tantos medios para encontrarlo por lo que era habitual celebrar un entierro sin el cuerpo. Quizá, una de las cosas más desagradables que había experimentado fue el ir ver mi propia tumba. Cuán irónica puede ser la vida, ahí estaba yo, inmortal y rodeada de un aura de perfección observando una tumba que según lo que me habían contado, jamás ocuparía.

Debo matizar que no podría haber seguido adelante sin la ayuda de quien me transformó. Siempre he estado muy unida a Carlisle, quizás por ser su compañera desde el inicio de la pintoresca familia Cullen. No conocía a nadie con más compasión que él, era el prototipo perfecto de hombre: correcto, elegante, culto hasta un nivel jamás alcanzado por otra mente, extremadamente atractivo y con don de gentes. Toda mujer querría alguien así en su vida, ya sea de forma paternal, sentimental o en términos de amistad.

La siguiente en llegar a la familia fue Rosalie. Su temperamento hizo que tardásemos en ser grandes amigas, pero la fuerza del tiempo puede sobre cualquier otra cosa. Ambas necesitábamos una confidente, en especial ella, debido a su horrible final como humana. No es fácil asimilar que tu futuro marido no era tan perfecto, o al menos con tan pocos escrúpulos como pensabas o que sería capaz de violarte y dejarte maltrecha en medio de la calle.

Tras Rosalie vino Esme, quien removió los cimientos de la existencia de Carlisle. Si antes él era feliz, desde que ella entró en escena lo fue infinitamente más. Sólo había que mirar su cara cuando estaba cerca Esme; daban ganas de llorar y suplicar por un amor como el de ellos.

Después se incorporó Emmett, o mejor dicho el maravilloso y juguetón Emmett, al cual le debíamos más de la mitad de las risas de cada día. Rosalie y Emmett desde el principio compartieron una relación con tanta carga pasional que en algunas ocasiones conseguía hasta incomodarnos a los demás.

Todos nosotros estábamos unidos a Carlisle, además de por los lazos afectivos creados gracias a nuestra condición vegetariana, por su ponzoña. Él era nuestro creador, un referente a seguir.

Y por último se nos unieron Alice y Jasper, los cuales ya se habían incorporado a la inmortalidad cuando nos encontraron. Era cómico ver como habíamos pasado de ser sólo Carlisle y yo a una familia al completo, con conflictos cotidianos, vacaciones en grupo y todas esas cosas que nos hacían sentirnos un poco más humanos. Jamás teníamos secretos, quizá porque no temíamos a las represarías de nuestros actos; la piel a prueba de bombas nucleares y la fuerza infinita son un punto a favor en todo conflicto.

Sin embargo, en los últimos años algo estaba ocurriendo en mí, algo que ni yo misma entendía: me sentía atraída por alguien, pero no por un alguien cualquiera. Ni siquiera siendo humana había sentido atracción por nadie de esa forma. Es más, jamás había tenido un novio formal, veía todos los hombres cortados por el mismo patrón, y sabía de lo que hablaba, he tenido casi un siglo para contrastar esa afirmación.

Tampoco era de esas personas a las que les gusta tener ídolos, o ser fans histéricas. Lo único que me fascinaba, hasta hace unos años, era sentarme en un lugar cómodo con un buen libro entre las manos o pasar el tiempo con mi familia.

El caso es que, desde que en el 2005 vi Harry Potter and the Globet of Fire, sentí una atracción un tanto inquietante y particular hacia el actor que encarnaba a Cedric Diggory. Recuerdo ese día a la perfección gracias a asombrosa capacidad mental adquirida con el veneno de Carlisle. Alice, Rosalie y cómo no Emmett, grandes fanáticos de la saga Harry Potter —cosa que jamás llegaré a entender, ya que los tres son "un poco mayores" como para leer libros sobre niños magos— me arrastraron al cine. Siempre había preferido otro tipo de literatura, y aparte de que no me gustaba el género de la ficción, la constante lucha del tal Harry contra su adversario me parecía un poco repetitiva.

Cuando volvimos a casa después de las casi dos horas de película, navegué un poco por Internet en la soledad de mi dormitorio, teniendo cuidado al presionar las teclas puesto que no quería que los demás se enterasen de mi recién adquirida obsesión, para conocer más sobre aquel joven que tanto me había impactado. Llevé su nombre tatuado en mi torturada mente desde ese momento. Si había algo que me cautivaba de él, era el hecho de que participase ante todo en cine independiente, no en grandes superproducciones de Hollywood. Además, tenía el encanto de ser inglés.

Una tarde en la que Rosalie y Alice estaban de compras y Emmett y Jasper de caza me puse al día con las películas que ya llevaba rodadas: Vanity Fair y Ring of the Nibelungs.

Nadie sabía mi pequeña obsesión, ni siquiera mis amigos. Y sinceramente, daba gracias al cielo por ello, las bromas de Emmett no solían ser sutiles ni livianas. Ayudaba el hecho de que no era la típica adolescente que decoraba su carpeta y las paredes de su habitación con pósters sacados de revistas juveniles. Bueno, para ser sincera quizás ayudaba más tener la edad suficiente como para ser la abuela o la tatarabuela de esas adolescentes.

Sólo yo sabía cómo me había emocionado con How to be, o como me había impactado, pero al mismo tiempo enternecido, verlo en la piel del friqui de Daniel Gale en The Bad Mother's Handbook.

Sin embargo, fue en Little Ashes cuando me quedó claro lo buen actor que era. Antes pensaba que ante todo me atraía su físico, pero después de ejecutar con semejante genialidad el papel del excéntrico Dalí me quedé sin aliento. Yo no iba a lo superfluo, mi edad me había servido para aprender y poder llegar a ser culta. El arte, la literatura y todo lo que fuesen creaciones estéticas me sobrecogían de tal manera que me sentía de nuevo humana, ante tales emociones tan fuertes. Sabía apreciar cuando una película estaba bien hecha o qué actores daban todo de sí mismos, y por ese mismo motivo me emocioné.

Sonreí como una estúpida cuando miré de reojo el calendario que se encontraba pegado en una de las paredes de la habitación, aunque me acordaba perfectamente del día en el que estaba. ¿Cómo olvidarlo?

Era 12 de Marzo de 2010, estreno en Estados Unidos de Remember me, su nueva película. Así que aquí estaba, encerrada en mi cuarto y simulando estar enfadada con Rosalie y Alice por el hecho de que siempre íbamos al cine a ver comedias románticas.

Cuando bajé al primer piso puse todo mi empeño en darle un aspecto realista a mi interpretación: no era fácil hacerse la enfurruñada con alguien como Jasper, el cual era consciente de todas y cada una de las emociones de los presentes, viviendo contigo. Como no era buena mintiendo, no me sorprendió su mirada interrogativa. Suspiré y me dirigí hacia el jardín delantero, con Rosalie y Alice dando saltos por detrás.

—Oh, Jasper —murmuró Alice de pronto. Me giré y vi que tenía los ojos desenfocados, lo cual sólo podía significar que estaba en medio de una de sus visiones del futuro—. Tienes que venir con nosotras.

—¿Por qué, Alice? ¿Pasa algo? —rugió él al momento, adoptando una pose defensiva.

—No, tonto —soltó una risotada y besó lo que tenía a la altura de su cabeza: el pecho de su marido—. Sólo que he visto que te lo vas a pasar muy bien. Te veo en la fila con nosotras y justo después dentro de la sala, conmigo a la derecha y Bella a la izquierda —empezó a contar, con los ojos de nuevo posados en algo inexistente—. Y te ríes sin parar, aunque no logro entender por qué…

Gemí, yo sí que lo entendía. Jasper iba a estar sintiendo mis emociones durante toda la película, lo que lo desconcertaría ya que la versión pública es que odiaba a actores de ese estilo, esos que se valían de su cuerpo para triunfar.

Jasper volvió a mirarme y sonrió, quizás entendiendo por donde iban los tiros.

—Iré —dijo con una sonrisa—. Yo conduzco.

Estuve a punto de comentar que me encontraba mal y que prefería quedarme en casa, pero después recordé que los vampiros nunca se ponen malos. ¿Por qué tenía que ser tan injusta la vida en momentos como estos con nosotros, los inmortales? Aún así la suerte me sonrió, aunque fuese simplemente por el hecho de que como retransmitían un partido de los Mariners por la televisión de pago, Emmett se quedaría viéndolo. Saber que él no estará cerca cuando algo vergonzoso de tu vida va a salir a la luz era como un regalo adelantado de Navidad.

El viaje transcurrió en poco tiempo, teniendo en cuenta que todo los Cullen conducíamos más rápido de lo que se debería. Cuando llegamos y nos pusimos al final de la cola para comprar las entradas, Rosalie y Alice estaban parloteando alegremente, ajenas al nivel de tensión que emanaba mi cuerpo. Tenía los puños fuertemente cerrados, me mordía nerviosamente el labio y como detalle enfermizo, miraba furtivamente cada dos minutos, quince segundos y treinta y siete centésimas de segundos su foto del cartel de la película y un suspiro salía de lo más profundo de mi ser. Sabía que Jasper encontraba de lo más extraño el torrente de mis sensaciones: tensión, emoción, terror, una pizca de frustración y ante todo deseo, mucho deseo.

—Cuatro entradas para Remember me —le pidió Alice a la chica de la taquilla cuando por fin llegamos—. Que sean buenos asientos por favor, que soy bajita ¡y cómo me toque a alguien alto delante no veré nada!

—¿Quiere la primera fila? —preguntó la chica, divertida.

—¡¡No!! —gritamos Rosalie, Jasper y yo a la vez.

Empujé a Alice para ser yo la que hablase con la mujer de la taquilla, y así evitarme problemas.

—Con que estén centrados nos conformamos —le dije con una sonrisa amable.

Después de unos minutos, entramos en la sala rodeada de una manada de adolescentes hormonadas. Bufé, no me gustaba la idea de que mi R —diminutivo cariñoso y críptico que le puse para que nadie supiera a quién me refería— protagonizase los sueños de todas aquellas mujeres. Jasper elevó una ceja al mismo tiempo que pensé tal cosa y me concentré para intentar camuflar mis sentimientos y emociones.

Esa tarde aprendí que pasar cerca de dos horas intentando mostrarme impasible ante semejante creación divina para no levantar sospechas entre mis amigas y sobre todo, el extrasensorial Jasper, era una misión imposible. Él parecía muy divertido calibrando mis emociones. Alzó las cejas cuando unas imágenes sugerentes, de el actor con el pecho desnudo surcaron la gran pantalla, y me miró de reojo, ahogando una risa.

—No me hace la más mínima gracia —le susurré, dándole un manotazo en el hombro.

—Oh, yo creo que sí —murmuró, mordiéndose el labio inferior—. Pero no te preocupes, será nuestro secreto.

Sabía que no estaba siendo sincero, y que en cuanto pudiera me pediría algo a cambio de no desvelar lo que sabía. Por eso refunfuñé y me crucé de brazos; he de decir que fui un poco infantil ya que vi el resto de la película con el ceño fruncido y gruñéndole a Jasper cada vez que intentaba hacer algún comentario.

Tras acabar el film, Alice propuso ir a dar una vuelta por las tiendas próximas al cine, pero no estaba de humor. Necesitaba sentarme en el sofá de mi habitación y repasar durante toda la noche una a una las escenas mentalmente, sintiéndome yo la protagonista, imaginar cómo sería besar sus labios...

—¿Bella, nos estás escuchando? —inquirió Jasper, sacudiendo la mano delante de mis pupilas. Tenía el rostro desencajado y miraba de reojo a Alice. Me sentí culpable al darme cuenta que estaba compartiendo mi lujuria con él.

—Claro que os he escuchado, aunque intente no hacerlo siempre estáis ahí —le sonreí—. Sí, id vosotros a divertiros, yo iré corriendo a casa. Me apetece estirar las piernas.

—Las piernas, claro —murmuró Jasper entre dientes.

—Después os veo —me despedí—. ¿Os mando a Emmett?

—No te preocupes, ahora lo llamo —me contestó Rosalie y yo le asentí.

Me despedí con un movimiento de muñeca y salí de aquel hervidero de adolescentes al paso humano más rápido que pude, dirigiéndome hacia el bosque de Port Angeles, el cual se comunicaba con el de Forks, el lugar en donde vivíamos.

Iba corriendo, disfrutando del viento que me azotaba con violencia pero que únicamente me provocaba un suave y reconfortante cosquilleo. Me encantaba observar la naturaleza, aunque ella se encontrase aterrada ante mi presencia; jamás había animales a mi alrededor a menos que fuese yo quien los buscase para saciar mi sed. Durante mi humanidad, nunca me interesaron otros seres vivos que no fueran los de mi especie, ya que los animales no me inspiraban confianza. Sin embargo, en mi nueva etapa empecé a otorgarle importancia a todo aquello que tuviera un resquicio de humanidad, o de existencia en general, lo cual es irónico ya que para sobrevivir debía matar. Quizá sea mejor acabar con la vida de un animal que con la de un humano, pero si no me dejara llevar por mis instintos a la hora de cazar, sería incapaz de asesinar de esa forma a animales indefensos.

Por el camino, mientras corría, me pareció captar el efluvio de Emmett a cierta distancia. Madera, césped húmedo, chocolate y una pizca de azahar. Sonreí, Emmett siempre odiaba tener el azahar como parte de su olor, aunque a mí me resultaba de lo más agradable.

Aminoré el paso para poner más atención a los sonidos que me rodeaban. En cuanto empecé a escuchar las ruidosas pisadas de aquellas Nike que tan bien conocía, paré en seco.

—¡Bella! —gritó mi hermano, acercándose—. ¿Cómo ha estado la película?

Puse los ojos en blanco, aquel gesto que se me daba tan bien. Él soltó una carcajada.

—¡Menos mal que pude escaquearme! —suspiró, aliviado—. Bueno hermanita, te dejo, que Rosalie me va a morder si llego tarde…

—Suerte —le deseé, consciente del carácter de mi hermana.

Tras un breve abrazo, volvimos a nuestras respectivas carreras, cada uno con diferentes preocupaciones.

En pocos minutos llegué a nuestra preciosa casa, situada a las afueras, en el interior del bosque que rodeaba a Forks. Iba a entrar cuando escuché ruido en la parte trasera: agua que caía sobre el suelo, una melodía tatareada, pelo ondeando por el viento. Sin mucho trabajo, deduje que Esme estaba trabajando en el jardín de atrás, por lo que decidí hacerle una visita. No había nada como pasar un rato con ella para conseguir la paz espiritual.

Al escucharme andar hacia ella levantó la cabeza, la cual la tenía hundida entre la veintena de especies florales que había plantado en un enorme tiesto. Me senté en uno de los columpios-sillones que estaban repartidos por allí, subiendo las piernas y abrazándome a ellas.

—Hola cariño, ¿qué tal en el cine? —me preguntó amorosamente.

—No ha estado mal —dije yo simplemente, con la barbilla apoyada en las rodillas—. Una película más sobre unos jóvenes atractivos luchando por su amor contra el mundo.

Ella sonrió y se quitó los guantes protectores que usaba para tratar a las plantas. No es que le preocupase mancharse de tierra, Esme podía parecer muy sofisticada, pero en el fondo era una mujer de campo a la que no le importaba mancharse. Lo que realmente le preocupaba era que el frío de su piel pudiese causar algún daño a sus queridas flores, era maternal hasta con ellas.

—¿Merece la pena que vayamos a verla Carlisle y yo? —quiso saber, sentándose a mi lado y pasando uno de sus delgados brazos por mis hombros, arrimándome así más a ella.

Bajé las piernas y suspiré.

—Bueno, él es guapo —comenté, guiñándole un ojo.

Esme rió. Era la única con la que podía hacer un comentario de esos sin que se formase la Tercera Guerra Mundial. La quería con todo mi corazón, aunque este no estuviese en su mejor momento.

—¿Más que mi Carlisle?

Lo dudé durante unos instantes, la belleza vampírica no es algo para tomar a la ligera.

—Supongo que a Carlisle no le veo objetivamente. Es decir, es guapo, por supuesto… Pero ahí me quedo. Es como si yo te pregunto que qué piensas acerca del físico de Jasper o de Emmett.

Esme soltó de nuevo su risa cantarina, y me apretó con más fuerza.

—Entiendo, tiene lógica lo que dices —calló durante unos segundos para después añadir—: Entonces, piensas que ese chico es atractivo.

Era una afirmación en toda regla, y me estaba empezando a entrar miedo. No quería que nadie se enterara de mi pequeña obsesión.

—Que sea inmortal no significa que no tenga hormonas, Esme. Deberías saberlo —bromeé.

—¿Por qué no intentas conocerlo? —preguntó de golpe ella, y me quedé en blanco.

—¿C-conocerlo?

—¡Vamos, cariño! Es la primera vez en setenta años que te escucho decir que un chico es guapo —sonrió—. ¿Qué problema hay en coger un avión, presentarte donde sea que resida y buscarlo? No tardarías ni un día en dar con él.

Me sumí en un silencio mientras mi mente trabajaba a toda máquina. Tenía razón, con la ayuda de mis sentidos podría encontrar a cualquier persona en poco tiempo. Y si la persona era famosa en cuestión, tardaría menos aún. Sin embargo, encontraba varios fallos en el plan de Esme.

—¡Pero es humano! No puedo arriesgar a nadie de ese modo…

Esme resopló, gesto que me sorprendió; siempre era muy correcta, jamás hacía un mal gesto o algo que fuera poco educado.

—Llevas conviviendo entre humanos casi un siglo y jamás ha pasado nada. ¿Por qué tenía que ocurrir ahora? ¡Ni siquiera has probado la sangre humana! Bella, mi niña, no pongas excusas en las que ni tu misma crees —añadió, con una mirada divertida.

Me había desbancado totalmente. Esme 1 Bella 0.

—No voy a ir a Londres, no soy una acosadora —murmuré para mí misma.

Esme soltó una carcajada.

—¿Así que Londres, eh? Te veo muy informada… —y aún riendo, me dio unas palmaditas en la pierna derecha y se levantó, dirigiéndose hacia el interior de la casa.

.

Pasé el resto de la tarde leyendo, tumbada en el sofá de mi habitación. Realmente no entendía muy bien por qué me tendía, para mí era igual de cómodo leer de pie, a la pata coja o bocabajo. Una de las ventajas de ser vampiro, qué se le va a hacer. Sin embargo, me gustaba hacer cosas normales, actuar igual que como lo habría hecho durante mi vida humana, por lo que decidí comprar aquel bonito sofá color caramelo para todas aquellas horas de lectura.

Una hora y media después, o tras pasar trescientas cincuenta y cuatro páginas de aquél libro anticuado de filosofía, Alice entró en mi habitación, acabando con toda la tranquilidad que reinaba en ella.

—¿Te pasa algo Bella? —preguntó, sentándose a mi lado.

—No Alice, todo va bien —contesté yo, componiendo mi mejor sonrisa.

Ella dudó.

—¿Por qué veo que coges un avión con destino Londres? —quiso saber, con la voz tranquila, aunque parecía nerviosa.

La miré sorprendida. Seguramente la charla con Esme y la reflexión a la que me había sometido después habría condicionado mi futuro.

—¿Qué más ves?

Alice frunció el ceño.

—Nada. Es como… Como si no hubieras tomado aún la decisión —aclaró, desenfocando la vista—. Estás en el avión; bajas; después todo se difumina y no veo nada con claridad. También te veo aquí, viendo una película en el ordenador…

Sin lugar a dudas, todo lo que había dicho tenía sentido. Si finalmente no iba a Londres, lo que haría sería ponerme una película suya y contentarme con verlo a través de la pantalla.

Alice se fue al darse cuenta de que no me iba a sonsacar ningún tipo de información; me conocía demasiado bien como para tan siquiera intentarlo.

Al volver a quedarme sola en mi cuarto, estuve pensando. Mi existencia no tenía mucho sentido hasta aquel momento. Me limitaba a ir a un curso de diseño gráfico que se impartía en Port Angeles, ya que no quería separarme de mi familia para ir a la Universidad. Sólo había ido a esta en las ocasiones que establecíamos la residencia familiar cerca del campus universitario. Y esta no era una de esas veces, por lo que me conformaba con hacer un curso que me parecía interesante.

Llevábamos en Forks cerca de tres años; había asistido incluso a los dos últimos cursos del instituto, por lo que la gente del pueblo ya nos conocía. Eso sólo podía significar que dentro de poco deberíamos mudarnos, cosa que sentía al igual que el resto de mi familia, nos gustaba aquel lugar.

Odiaba no tener una pareja con quien pasar los días y las noches. Todo se me hacía eterno, era una cuesta arriba que no cesaba. Tenía la suerte de pertenecer a un núcleo familiar al menos, no sabía que habría sido de mí si hubiera estado sola todos esos años. Posiblemente me habría vuelto loca, aunque no sabía si eso era posible para los vampiros.

Nadie más me interrumpió esa noche, lo cual fue toda una novedad. Vivir con otras seis personas que no duermen y cuyo entretenimiento principal es hacerme rabiar –al menos el de Emmett era ese- no resultaba fácil, pero los quería con toda mi alma, si es que realmente la tenía.

Una bombilla se encendió en el interior de mi cerebro. Estaba comportándome como una auténtica imbécil. Por el amor de Dios, tenía más de noventa años… ¿Cómo podía haberme obsesionado por un chico de 23 que ni conocía? Era asqueroso.

Debía replantearme la situación de nuevo, tenía que acabar con esa locura. Decidí olvidarme inmediatamente de él; tenía que entender que no podía mezclar la realidad con la fantasía. Jamás iba a ser alguien importante en mi vida, debía dejarlo ir, olvidarme de él.

No merecía la pena seguir perdiendo mi tiempo imaginando posibles conversaciones que tendríamos si me lo encontrara por la calle. Al igual que tampoco la merecía el hecho de haber perdido toda mi cultura musical labrada durante un siglo debido a que ahora sólo escuchaba sus canciones, porque sí, el muy malvado usaba su masculina y desgarradora voz para seguir torturándome fuera de la gran pantalla.

Basta, me dije a mí misma. Basta ya, Isabella Marie Cullen… Y conseguí alejar todo pensamiento acerca de aquél inglés tan atractivo después de ponerme una suave música jazz de fondo, la cual escuché durante todo lo que duró aquella larga madrugada.

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eaea chicas nueva historia me ha encantado en lo personal ya que es algo diferente como es constumbre en Lau asi que espero que les guste y le dejen muchos comentarios!!!

7 comentarios:

Ruby dijo...

woooooawww
me encanta

Anónimo dijo...

me encantan tus historias espero que sigas escribiendo, mi historia favorita es libros escritos para chicas

Anónimo dijo...

genial, como todas tus historias, sigue asi.
y gracias a vosotras por publicar sus fics.
Un saludo desde España

Valentina dijo...

esta mui bueno si ... pero en verdad deberia averse llamado Edward por lo menos, no Robert ...
siempre es Bella y Edward no Bella y Robert ..o Robert y Kristen ..

Aunque esta mui bueno ;)

diana dijo...

mmm... bastante interesante eh me gusta

Anónimo dijo...

¡¡Woww!! Acabo de empezar a leer esta historia y está súper-mega-ultra-hermosa. No puedo esperar a leer lo de más o a leer toda la historia. Ojalá y terminen esta bella historia pronto ---sin apurar--- bueno adiós, besitos a todos.

Anónimo dijo...

mmmmmmmmm... esta ahy pero me parece muy fome al poner una relacion de algo fantastico como bella y edward y cambiarlo a algo como robert y bella
como que se rompe la magia la forma de como vemos a edward que es gentil y entiende y ayuda a bella por que el es vampiro antiguo y como se siente bellla ante ello y la relación que florece y la atracción y como ella se siente sucumbida por su belleza y todo eso ... bueno.... espero que mis comentarios no te molesten ni nada solo doy una ayuda , enpujon o algo de realidad sobre lo que has escrito ... sigue escribiendo vas bien o en el camino XD ...Vamos ... BESOS

TAMARA xD