viernes, 15 de enero de 2010

All You Need is Love


Sabor a café

Bella había pasado el día entero en casa, hablando por teléfono con Alice durante casi dos horas.

Bueno ¿¿y qué llevaba puesto?? ¿Sigue vistiendo bien? —preguntó después de que Bella le relatase la historia del hospital por décima vez. Su voz parecía verdaderamente preocupada.

—Alice, por el amor de Dios, ¡es médico! ¡¡Llevaba una bata como todos los médicos del mundo!! —le contestó, poniendo los ojos en blanco.

Y se te insinuó… Bella, ¡¡¡sería tan maravilloso que se enamorase de ti!!! —prácticamente se lo gritó.

—Alice, no digas tonterías. Además, se supone que nos va a presentar a la mujer de su vida, ¿no? —dijo resignada. Aunque no quería que su amiga sospechase que tenía pensamientos nada puros con su hermano no podía controlar su enfado cuando salía el tema novia-de-Edward y ¡sólo lo había visto una vez! No tenía ni idea de lo que ocurriría cuando pasase a formar parte de su vida, como un amigo más.

Es cierto… —Alice suspiró—. Por cierto, hemos quedado el viernes al medio día para comer. Adivina el sitio. Bueno, mejor no, jamás lo adivinarías… ¡En un McDonald’s! ¿Te lo puedes creer? Pensé que se había convertido en un hombre refinado y de gustos exquisitos. Por Dios, ¿de que le ha servido la educación europea?

Las dos se rieron de las ocurrencias de Edward. Alice tenía razón, estaba fuera de lugar que un encuentro familiar se celebrase en un sitio de comida rápida.

—Emmett estará loco de contento cuando se entere —comentó Bella—. Rose lleva años evitando pisar esos sitios.

Cierto, realmente va a ser muy divertido, no veo el momento de que sea viernes, de verdad.

Continuaron su conversación con tonterías, hasta que al rato decidieron acabar con su charla repentinamente, ya que ambas parecían haber olvidado que se trataba de una llamada internacional.

Aún así, Bella se pasó el resto de la tarde al teléfono, pero esta vez con Emmett, por temas de trabajo.

Este estaba reformando un local para convertirlo en un pub, en la misma calle donde vivía Bella, es decir, un lugar privilegiado para una discoteca, cosa que había aprovechado Emmett para darle un toque exclusivo.

Bella se había comprometido con llevar todo el asunto de la publicidad para el día de la inauguración, que sería dentro de unas semanas. Le encantaba la idea que su amigo tenía para aquel sitio, se habían pasado días y noches hablando del proyecto entre todos, decidiendo cuales serían las características del lugar. Se llamaría Funclub NY, en honor a un antiguo pub que estaba en Port Angeles, al que iban los fines de semana cuando eran adolescentes.

Tendría escenario para posibles conciertos y la música sería, ante todo, alternativa. Nada de “pachangeo”, como Alice y Rose decían, solo música indie. Emmett soñaba con poder poner a grupos como The Strokes o Interpol todo el tiempo, pero los demás eran conscientes de que iba a tener que ceder un poco y aceptar más estilos musicales si quería que aquel sitio tuviese éxito.

Bella ya había pasado por el local para dar algunas ideas con la decoración, intentando volcar toda la creatividad que tenía en sus paredes. Emmett estaba muy satisfecho con lo que iba consiguiendo poco a poco, ya tenía casi todo a punto, había contratado varios camareros y la cabina del Dj disponía ya de toda la música que él había considerado como imprescindible. Solo faltaba que le concediesen la licencia para vender bebidas alcohólicas, que según su representante sería en unos días, y terminar de ultimar detalles.

Los cinco amigos estaban muy emocionados con la apertura, habían ayudado al grandullón a hacer realidad su mayor ilusión, y ahora todos juraban haber soñado alguna vez con abrir un pub. Se habían pasado muchas horas en aquel local, intentando darle forma y color a lo que al principio solo era una idea.

Bella miró el cartel que había hecho, el cual tenía un diseño muy al estilo que intentaba representar Funclub NY, es decir, muy indie.(Para que os hagáis una idea voy a dejar en mi perfil un link con un cartel en el que se usa el estilo al que me refiero, de un festival que hay aquí en Sevilla) Estaba muy satisfecha con su trabajo, no había dejado que nadie lo viese, quería que fuese una sorpresa, que cuando fuesen por la calle y se lo encontrasen en una farola o en una valla publicitaria se quedaran con la boca abierta, lo arrancaran y fuesen a su casa a preguntarle que si había sido ella. Sabía perfectamente que esa sería la reacción de todos sus amigos.

Para imprimir los carteles necesitaba su gama de colores pantone, por lo que se puso a buscarla ansiosamente. Le gustaba tener todo bajo control, por lo que cuando se dio cuenta de que no aparecía empezó a ponerse más nerviosa. “¡Mierda! ¡Me la dejé en la oficina! Joder, y yo que pensaba que no iba a volver a pisarla en semanas…” pensó mientras cogía el móvil y le escribía un mensaje de texto a su amigo oso.

Emmy, hasta mañana no podré mandar a la imprenta los carteles del local por un pequeño fallo técnico. Resulta que me olvidé en el trabajo el muestrario de color, mañana iré a la oficina a por él. No te preocupes, todavía hay tiempo suficiente para que la gente se entere de que el Gran Emmett abre un club, sino, siempre podemos secuestrar personas para que parezca ambientado. Te quiero, Bella.

Lo envió, se metió el móvil en un bolsillo del pantalón y se dirigió hacia la cocina con las muletas, las cuales había rescatado al despertarse ese mismo día del fondo de su pequeño desván.

Tenía mucha hambre, pero no había apenas comida en su casa. Esa misma mañana había intentado ir al Wal-mart que había justo en frente de su bloque a comprar algo de comer, pero le había sido imposible al estar el ascensor todo el rato ocupado por unos fornidos hombres de piel morena que lo cargaban y descargaban continuamente, en su mismo piso.

Por lo visto tendría nuevos vecinos, aunque no los había visto en toda la mañana. Decidió preguntarle a uno de los hombres, avergonzada de parecer una de esas típicas vecinas cotillas. Se quedó con la boca abierta cuando se dio cuenta de lo que estaban sacando del ascensor: un majestuoso piano de cola, negro y desmontado. Pensó en todo el ruido que haría aquello y puso los ojos en blanco. Ya hablaría con el dueño o la dueña de aquel piano.

—Perdone, veo que están haciendo una mudanza. ¿Me podría decir quién se instalará?

Los hombres se giraron sorprendidos, y uno de ellos alzó la ceja, no se esperaba a aquella mujer, que había salido de la nada y que ahora les estaba hablando.

—Pues, sinceramente señora, no tengo ni la menor idea del nombre de la familia que vivirá aquí. Pero creo que en unos días lo podrá averiguar usted, creo que a finales de esta semana ya estarán totalmente instalados.

Bella le dio las gracias y entró cojeando en su casa. Pasó la tarde muy aburrida, haciendo zapping y comiéndose un paquete de galletas que había encontrado al fondo de un cajón de la cocina. Había decidido no mirar la fecha de caducidad, tenía demasiada hambre como para preocuparse por esas cosas.

Cuando decidió que era hora de que aquellos pobres obreros se hubiesen ido ya a su casa, volvió a ir hacia la puerta, la abrió y justo cuando iba a salir se dio cuenta de que no llevaba la cartera. Antes de irse, se acordó de George y decidió meterlo en su enorme jaula, no le gustaba dejarlo suelto por la casa cuando ella no estaba para poder vigilarlo. Vio que no estaba por ningún lado, y empezó a llamarlo. Después cayó en la cuenta de que la puerta seguía abierta, y encontró la respuesta a sus preguntas.

Cuando salió al pasillo y vio a su mascota allí, junto a aquel niño tan mono, respiró tranquila. George había sido uno de los excéntricos regalos de Emmett, le había cogido mucho cariño y no soportaría la idea de perderlo.

Después de tranquilizarse, se puso a observar atentamente a aquella personita, de aspecto tan adorable. No tendría más de cuatro años, llevaba su pelo marrón algo largo, con un flequillo que le caía levemente por encima de los ojos. Tenía la piel muy pálida, pero sus mejillas estaban sonrojadas, dándole un aspecto muy tierno. Sus ojos eran de un verde asombroso, que le resultaba extrañamente familiar. Parecía uno de esos niños que protagonizaban los anuncios que ella misma diseñaba para marcas como Benetton o Mayoral.

Intentó entablar conversación con él, que no dejaba de mirarle como con asombro. Bella no sabía a qué se debía esto, pero decidió dejarlo pasar. Le hizo gracia que pensara que su George era una rata, sin duda había sido un comentario muy Emmett.

Una vez que se hubo despedido de él, volvió a meterse en su casa, olvidando por completo que tenía que ir a comprar. Aquel niño llamado Seth la había fascinado. Bella era feliz con críos alrededor, y ahora tenía la suerte de vivir enfrente de uno que parecía inteligente e interesante.

Decidió hacer algo para ganarse su confianza, y después de pensarlo un rato se decidió por algo sencillo, para tantear el terreno: un pastel de galletas, chocolate y Lacasitos, su especialidad. Estuvo trabajando en la cocina una hora, haciendo una tarta grande para su vecinito, “y otra más pequeña para tener algo que cenar”, pensó sarcásticamente.

Cuando hubo acabado, lo envolvió en un papel especial para comida, después fue a por un bolígrafo y un papel en el que escribió una nota.

Seth:

George me sugerido que podría gustarte el chocolate, por lo que hemos decidido hacerte una tarta como bienvenida a tu nueva casa. (Tranquilo, no ha metido sus patitas en el pastel, te lo puedes comer sin miedo a que haya pelos).

Esperamos de todo corazón que te guste, y si es así, cada vez que quieras más, solo tienes que decírnoslo.

Ven a vernos pronto,

Tu vecina. Y la rata-que-no-es-una-rata, claro.

La cogió, junto con lo que había preparado y fue hasta su casa, una vez allí escuchó voces en el interior. Pensó en llamar al timbre, pero se miró y vio que estaba llena de cacao y trozos de galletas. No quería conocer a los padres de Seth así, por lo que dejó todo en el suelo, junto a la puerta y volvió a su cocina, comió una diminuta porción de pastel que le sirvió para sentenciar que era magnífico y fue a darse una ducha. Estaba exhausta, por lo que nada más tocar la cama se quedó dormida sin tener tiempo siquiera para pensar.

Bella se despertó sobre las nueve de la mañana, sobresaltada por el sonido de su móvil. Dejó que sonara, no tenía ganas de hablar con nadie, si era importante volverían a llamar. Lentamente se fue levantando de la cama, gruñendo sin parar. Era su primer día de la baja que se había cogido y pensaba levantarse lo más tarde posible, ya que podía ir a la oficina a cualquier hora. Sin embargo ahora que estaba despierta no tenía ninguna excusa para retrasarlo más, por lo que se dirigió a su armario del cual cogió unos vaqueros de talle bajo junto con una camiseta negra y una rebeca azul eléctrico y se vistió rápidamente, buscando con la vista unos zapatos cómodos para su tobillo torcido. Encontró unas botas cortas de tela azul y sin tacón, muy cómodas. Se las calzó y fue a desayunar, pero se dio cuenta que solo tenía lo preparado por la noche, y no se sentía con ganas de comer lo mismo que cenó, por lo que refunfuñando cogió un bolso negro y sus muletas. Antes de entrar en el ascensor miró de reojo la casa de Seth. No había indicios de que nadie fuese a salir, por lo que se metió en él y se dedicó a peinarse, cosa que había olvidado por completo, mirándose en el espejo, mientras llegaba a la planta baja.

Cogió un taxi, ya que no estaba ni en condiciones de conducir, ni de andar. Una vez dentro de este, se puso los cascos de su amado iPod Touch mientras veía pasar los edificios por la ventanilla. Cuando vio su oficina, pagó al taxista y se dispuso a salir torpemente ayudada por las muletas. Ingresó en el alto edificio cantando The Next Time Aroud, de Little Joy, sabiendo que la gente se giraba para mirarla. Bella era una persona muy tímida, pero cuando se trataba de la música le daba igual todo. Mientras cerrase los ojos, podría subirse a una mesa delante de todos sus compañeros a cantar y hacer como la que bailaba. Alegremente entró en su despacho, y rápidamente encontró lo que venía a buscar. Decidió hacerle una visita a Mike, hacia casi dos días que no lo veía y sabía que estaba preocupado por ella. Cuando llegó a la mesa en la que trabajaba lo vio muy concentrado en el tratamiento de unas fotografías.

—¡Mike! —llamó mientras le daba un beso en la cabeza. El chico se giró sorprendido y le dedicó una de sus mejores sonrisas.

—¡Bella, ¡Por fin te dignas a salir de tu casa! —dijo cogiéndola para sentarla en su regazo. Bella inmediatamente sintió vergüenza, aunque Mike sabía que le molestaba, siempre intentaba exhibir su amor delante de todos—. Lo siento mucho cariño, pero justamente hoy estoy muy ocupado. Estamos ultimando la parte impresa de la campaña de telefonía. La de medios visuales está acabada completamente, y ha quedado perfecta. Te puedo enviar una copia cuando quieras —sonrió, besándola.

—Sí, eso estaría genial Mike —le respondió secamente Bella, mientras lo apartaba y se ponía de pie con dificultad—. No te molesto más. Venía a por la guía pantone, que la olvidé y me hace falta para los carteles del club de Emmett. Por cierto, lo del viernes noche sigue en pie, Alice estará también, así que seremos todos como siempre.

—¡Fantástico! No veo el momento —sonrió Mike, mientras volvía la vista a la pantalla.

—Genial, pásame a recoger sobre la hora de siempre. Hasta luego Mike —se despidió alborotándole el rubio cabello.

Cuando estuvo fuera del edificio fue a buscar otro taxi, pero la barriga le sonó estruendosamente. “Mierda, no he desayunado… A esta hora estará todo lleno” Suspiró indignada. Se dirigió a la cafetería más próxima a su trabajo, La boulangerie, y comprobó que tenía toda la razón, no había ni una silla libre. Volvió a salir al frío de Manhattan y se decidió por un Starbucks que había unos metros a la derecha.

Costosamente, logró llegar y abrir la puerta, sintiendo el calor que desprendía aquel lugar. Le encantaban los Starbucks, sobre todo por aquella musiquita jazz que ponían de fondo, que hacía que fuese un lugar tan particular. Se dirigió a la barra para hacer su pedido, ya conocía al camarero que trabajaba ahí desde hacía por lo menos un año y medio, por lo que le sirvió con una sonrisa, sin ni siquiera preguntar lo que quería tomar.

—Gracias Eric —Bella cogió su humeante chocolate con una mano y debajo del brazo se puso la bolsita que contenía su Muffin. Se giró para encontrar un lugar donde sentarse y casi se le cae al suelo la bebida cuando sus ojos se encontraron con aquello.

Un sonriente Edward Cullen, recostado en la silla en la que estaba le señalaba que se acercase. Bella tardó cuatro segundos en reaccionar. “Dios mío, ¡lo del desayuno era verdad!” Se horrorizó al momento; por una parte ansiaba estar con él, pero por otra, no quería parecer retrasada mental cada vez que le preguntase algo y ella simplemente se limitase a mirarlo con la boca abierta. Negó con la cabeza y se dirigió hacia donde estaba él, que caballerosamente se levantó y la ayudó a sentarse.

—¿Cómo está mi patosa preferida? —le saludó, divertido.

—Muy bien, gracias. Para tu información, no he vuelto a caerme, y espero que siga así durante un tiempo. Así no tendrás que aguantar a una pesada más en consulta —le susurró, no muy segura de si había escuchado esto último, pero cuando empezó a reírse supuso que sí.

—Bella, no eres ninguna pesada. Es cierto que las hay, pero no creo que sea tu caso. ¿Te puedes creer que ese mismo día una mujer de cincuenta años viniese cinco veces a mi consulta alegando en cada ocasión fracturas diferentes?- Hizo una mueca de desagrado. Bella se rió, estaba muy cómico con esa cara de exasperación.

—La señora Stewart, ¿no? —recordó rápidamente, y al ver que Edward la miraba con cara rara añadió—: Verás, es que escuché la conversación que tuvo la recepcionista contigo. Aunque en ese momento todavía pensaba que eras tu padre. Le preguntaste que si yo era esa señora, y ella te dijo que no, que era Isabella Swan.

Edward sonrió, satisfecho.

—Veo que tienes buena memoria

—Lo intento, lo intento —se rió Bella. Aquello resultaba mucho más fácil de lo que había creído. Él estaba radiante, con unos simples vaqueros oscuros, un jersey verde de cuello en forma de pico que quedaba perfecto con sus ojos y una camiseta blanca asomando bajo este. Intentó borrar esa imagen de su mente pasando la vista alrededor del establecimiento. De pronto le surgió una duda—. Por cierto Edward, ¿cómo has sabido que vendría a este Starbucks? ¡Si ni lo tenía planeado!

Su acompañante le sonrió, mostrando sus encantadores hoyuelos, que compartía con su melliza.

—Bueno Bella, realmente no quieres saber esto —se pasó nerviosamente la mano por el pelo. Bella soltó una risita, recordaba perfectamente esa manía—. Resulta que soy un perfecto acosador. Le pregunté a Alice que cuando era tu descanso, que dónde trabajabas, etcétera. Me dijo lo que sabía, incluyendo tus cafeterías favoritas por supuesto, pero añadió que no irías a trabajar porque habías pedido unos días de vacaciones, por lo del tobillo. Aún así no me iba a rendir tan fácilmente. Ayer quería venir, pero no tuve tiempo, y con lo que me había dicho Alice, supuse que no vendrías. Sin embargo, por la noche Emmett le dijo a Alice, que luego me dijo a mí, que hoy tenías que venir a por algo en el trabajo. Así que aquí estoy —completó, avergonzado—. Pasé antes por La Boulangerie pero estaba llenísima y sabía que no estarías cómoda, por lo que decidí venir aquí. Si no aparecías, por lo menos habría tomado un buen café.

Terminó su discurso y Bella lo miró asombrada. Se había tomado muchas molestias para conseguir aquel tiempo con ella, no se lo esperaba para nada.

—Vaya Edward, sí que voy a pensar que eres un acosador —dijo al rato, poniendo cara de horrorizada, esperando que entendiese que solo estaba bromeando Al ver que el chico la miraba con preocupación, soltó una carcajada—. ¡Estaba de broma Eddie! ¿Sigues odiando que te llamen así?

—Para serte sincero, no me gusta demasiado. Pero prefiero que lo digas tú a Emmett. Por Dios, ¿sigue siendo tan bruto? Recuerdo cuando me dejó inconsciente de un solo golpe.

Ambos se rieron ante el recuerdo, aunque cuando se produjo fue bastante desagradable.

—No ha cambiado ni un ápice. En serio, todos hemos madurado, pero él sigue igual, no sé cómo lo hace. Se ha metido en muchos líos, la mayoría muy divertidos. Se podría decir que gracias a Rose sigue vivo, no haría nada sin ella —le encantaba hablar de sus amigos, podría pasarse horas y horas sin cansarse. Era lo mejor que tenía, y estaba orgullosa de poder pertenecer a sus vidas tanto como ellos pertenecían a la suya.

—Veo que seguís como si estuvieseis unidos con pegamento —Bella notó tristeza en aquella media sonrisa—. Cuéntame más cosas de vuestra maravillosa vida, mis hermanos solo me cuentan las tonterías de turno, tú eres más descriptiva, me gustan más tus explicaciones.

Bella notó como las mejillas le ardían. No era posible que aquel hombre hablase tan bien de ella, tenía que ser un sueño.

—Veamos… Alice sigue igual, las mismas ambiciones, los mismos sueños. Da igual que los cumpla, va a seguir luchando por ellos. Es la directora de Vogue NY, pero realmente no entiendo lo que hace. Se mete en medio de todo, siempre quiere acabar el trabajo de cada departamento ella. Es genial, ha conseguido que la revista se venda mucho más con ella a la cabeza. Tiene ideas buenísimas, aunque siempre muy descabelladas, además trabaja de modista a tiempo parcial, en su propia tienda. Va por encargos, tú le pides tal, y en base a esa idea te hace el diseño del siglo. Todo esto ha hecho que sea terriblemente famosa, ir con ella por la calle es abrumador, pero parece no molestarle, ya sabes cómo es.

Edward la miraba con adoración, cosa que hizo que se sonrojara aún más.

—En cuanto a Jasper, acabó Psicología y consiguió abrir su propia consulta, que está muy cerca de mi casa y del trabajo de Alice. Bueno, en realidad todos vivimos excesivamente cerca, parece que no podemos estar separados —rió, eso era exactamente lo que pasaba. Edward asintió, en señal de que seguía la historia—. Es muy buen profesional, cuenta con clientes muy gordos que hacen buenas recomendaciones, ya sabes cómo funciona ese mundillo. Y por lo demás, ya sabes, seguirá a Alice en todo lo que haga, da igual que sea tirarse desde un avión, o decida hacer puenting. Es un amor que va a más cada día, es precioso ver cómo se quieren, de verdad.

Se quedó callada unos segundos, recordando las miradas tan íntimas que había entre ellos dos. Suspiró y prosiguió con el resumen de la vida de sus amigos.

—Rosalie está genial, cada vez más guapa y radiante. Es abogada familiar, y también se ha hecho bastante famosa por casos que ha resuelto. Sus opositores la llaman “la rubia feminista”, casi se muere cuando se enteró. Le ha costado mucho, no, muchísimo llegar hasta donde está, y es que todo el mundo pensaba que era una niña rica de papá, que no sabía lo que hacía. Emmett la ha estado apoyando en cada momento, pero ahora sabe defenderse sola. Deberías ver la pasión que le pone a su trabajo, es maravillosa cuando entra en acción. Y por último, Emmett. Es el más complicado sin duda. No sabía qué quería hacer con su vida, y aunque estudió Periodismo, decía que él no podía estar sentado en una silla todo el rato, escribiendo noticias tontas. Él lo que quería era ir a sitios en conflictos, ser corresponsal en algún lugar emocionante, pero no soportaba la idea de alejarse de su Rose, por lo que decidió abrir un club.

Edward abrió más los ojos, asombrado y ella rió.

—Sí, lo que oyes. Todos hemos ayudado a remodelarlo, y créeme, ha quedado increíble. Pronto será la inauguración, que por cierto, espero que no te la pierdas —le guiñó un ojo amistosamente. Después carraspeó y siguió—. Es un sitio muy underground, muy Emmett la verdad. Y nada más, ese es el resumen más eficaz que puedo darte.

Edward levantó una ceja mientras bebía de su café.

—¿Cómo que ya está? ¡Pero si falta la parte más importante!

—Mmmmh, ¡ah, claro! No sé si lo sabías, pero las dos parejas están comprometidas ya. Fue muy bonito, fuimos a una cena en un barco, ¡imagínate la cara de Alice cuando Jasper se arrodilló ante ella! Justo cuando acabamos de celebrarlo, le tocó el turno a Emmett. Rose se puso a llorar, y los que estaban alrededor se pusieron a aplaudir. Al final nos invitaron a la cena incluso —Bella rió, aquella noche había sido maravillosa, aunque a ella nadie se le hubiese declarado. Mike había estado allí, y pudo notar cómo se tensaba a su lado, seguramente preguntándose si Bella estaba desilusionada por el hecho de que él no se comprometiese con ella.

- No, tonta Bella. No preguntaba por eso. ¡Me refería a ti! ¿Qué es de tu vida? —le preguntó acariciándole la mano que tenía posada en la mesa, haciendo que la chica se estremeciese.

—¿Yo? P-pues, no sé, mi vida no es interesante, seguramente te aburriría —susurró mirando para otro lado.

—Bella, según me han dicho trabajas en una empresa de publicidad. Eso no es nada aburrido. Además, jamás me has parecido alguien que aburra, justo todo lo contrario, así que, si no te importa, comienza —dijo Edward, y se echó para atrás en la silla, cruzando los brazos sobre su levemente musculoso pecho.

—Está bien, está bien… Terminé la carrera, y empecé de prácticas en Icantheachyouhowdoit rápidamente, no sé como tuve tanta suerte. Por aquel entonces teníamos un cliente que nunca estaba satisfecho, y un día que estaba sirviendo el café en la sala, escuché lo que pedía, y no me pareció tan difícil de satisfacer, la verdad. Pregunté si por favor podía hablar y expliqué lo que se me había ocurrido. El cliente quedó contento, pero algunos de mis compañeros no, les molestaba que la becaria hiciese algo mejor que ellos. Sin embargo el jefe, el señor Uley, me dio una oportunidad y desde entonces no se ha arrepentido, cosa de la que me alegro bastante, para serte sincera. Tengo un piso precioso e incluso una mascota, regalo de Emmett. Mi vida social se reduce a mis cinco amigos y a Mike. En el trabajo tengo varios conocidos, pero nada serio. Por lo demás, sigo patosa y tímida, aunque ahora me atrevo a ir a las discotecas —se rieron los dos—. Tiene mucho que ver el hecho de que haya vivido cuatro años con Alice y Rosalie, las cuales me arrastraban cada fin de semana a un lugar distinto. Y poco más, mis padres siguen bien, se han trasladado a Nueva Jersey para poder estar más cerca de mí; además, viven a unas calles de tus padres, por lo que no están solos. Hacen sus salidas de viejos y eso, no han cambiado nada.

—¿Y tú no estás prometida? Seguro que el tal Mike no ha perdido el tiempo —comentó Edward intentando sonar divertido, pero todo lo que consiguió fue que Bella notase el sarcasmo que estaba intentando esconder.

—Eh… Pues no, no estoy prometida ni quiero estarlo. Ya sabes lo que pienso del matrimonio Edward, además, no creo que sea el momento adecuado. Mike es mi pareja desde hace un año y pico, pero eso no significa que yo esté preparada para ese paso, además él lo sabe perfectamente. Estuvo presente el día de las declaraciones de Jasper y Emmett, por lo que tuve que explicarle que yo no estaba en ese punto. Es más, dudo que jamás lo esté.

Bella odiaba ese tema de conversación, no era necesario que todo el mundo se enterase que jamás había estado enamorada de verdad. Y menos le gustaba hablarlo con gente que sí había conocido el amor, como en el caso de sus amigas o del mismo Edward.

Este parecía conforme con la respuesta de la joven, y la miró con sus profundos ojos, haciendo que volviese a temblar. No podía perder el control de esa forma, estaba segura de que no era sano.

—Y tú Edward? ¿Qué hay de tu vida? —preguntó, jugando con lo que quedaba de su muffin.

—Mi vida ha sido un asco Bella, es eso lo que quería hablar con vosotros. Me arrepiento de muchas cosas que… —se calló de pronto, cuando empezó a sonar un aparato que llevaba enganchado al pantalón. Leyó lo que ponía y se enderezó rápidamente—. Perdón, Bella, me han mandado un mensaje al busca. Acaba de accidentarse un autobús escolar y hay varios niños heridos, tengo que ir rápidamente. Siento que haya durado tan poco esto, de verdad que me ha encantado pasar un rato contigo —le dio un beso en la mejilla y un suave abrazo, con el que Bella pudo identificar su olor, tan masculino y fresco. Notó como se le entumecía cada parte de su cuerpo, no estaba preparada para que Edward la tocase—. ¿Vendrás el viernes verdad? Necesito que vengas, hay muchas cosas que explicar— le susurró, muy cerca de su cara. Bella aspiró y se encontró con su aliento. Se agarró fuertemente a la silla en la que estaba para coger fuerzas.

—-Sí… —musitó ella—. Allí estaré.

—¡Genial! Hasta luego Bella —se despidió con una sonrisa, y se dirigió hasta la puerta. Para ir hasta el hospital tenía que pasar por delante de la gran ventana que estaba al lado de donde se habían sentado. Justo cuando estaba ahí la saludó con la mano, a través del cristal, con la mejor de sus sonrisas torcidas, y se alejó a paso rápido.

Bella admiró en secreto su anatomía trasera y notó que su corazón se aceleró. “Por favor, ¿qué ha sido eso? ¿Cómo puede ser tan asquerosamente perfecto? ¿No hay leyes divinas que lo prohíban?” Estaba enfadada consigo misma, jamás había babeado así por un hombre. Le parecía hasta absurdo, era el hermano de su mejor amiga, y además estaba locamente enamorado de una mujer misteriosa que se empeñaba en querer presentársela. ¿No era consciente del daño que le hacía? No quería estar ahí, realmente no quería estar jamás en la misma habitación con ese hombre que nublaba sus sentidos. Se sentía débil e indefensa, y no quería. Sería maravilloso si ella también tuviese el mismo efecto en él, pero sabía que eso era prácticamente imposible. Por muchas indirectas que ella creía que le había lanzado, no le cabía en la cabeza que una persona tan maravillosa como Edward Cullen se fijase en la simple Isabella Swan.

No tenía ganas de moverse de aquel sitio, pero necesitaba hacer una cosa de la que estaba segura que se se avergonzaría segundos más tarde. Se levantó, y en lugar de irse, se volvió a sentar, pero esta vez en el sitio donde había estado Edward. “Todavía huele a él” pensó distraídamente, mientras cogía el café que había delante suya. Aún quedaba, Edward no se lo había bebido entero. Inconscientemente, Bella se llevó aquel vaso de papel a la boca, ignorando que odiaba aquél líquido amargo, bebiendo por donde lo había hecho él.

Estaba segura de que era la única oportunidad de tener los labios de Edward cerca de los suyos, y no la quería desaprovechar.

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Chicas disfruten este capiu es genial me rei mucho..y no hagan lo que hace bella o bueno si haganlo jajajaja XD....respecto al otro fic que traduce Ckony lo lamentamos chicas pero apenas este en manos de Sky se que ella lo subira..hay que entenderla anda con el trabajo y Ckony tambien anda muy ocupada...besos

3 comentarios:

Anónimo dijo...

hola como estas?
me en canto el capi estubo muy bueno pobre bella ella pien sa que ed le va a presentar ala mujer de suvida jajaj pobresita!!! bueno chauuu besos cuidate es pero le erte pronto camila

Alice... dijo...

AHHHH!
Enloquezco!
Por favor..
Publica pronto que muero.
Quiero que Bella se entere de Seth..!
PORFAVOR... y de que viven en el mismo edificio...
Mmmm!
OMG!
me encana!

Anónimo dijo...

que bueno esta este capii wiii..... me encanto wow si que tienes mucho talento para esto, continua con esas grandes ideas y tambien publicando para que no me muera de las ganas cada vez que termina un capitulo
all cullen