miércoles, 7 de julio de 2010

Las sexys aventuras de Edward y Bella


Disclaimer: Todos los personajes pertenecen de Stephenie Meyer. La historia pertenece a gorgeousdisaster, yo sólo me adjudico la presente traducción.

Una colección de Sexy Aventuras de Edward y Bella! Edward: Vampiro, Bella: Humana.

By: gorgeousdisaster
Traductora: Sol
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La Primera Vez

Bella cerró de golpe la puerta detrás de ella, con la ira y el cansancio tomando el control. Su vehículo se había averiado cerca de un kilómetro de distancia de la casa de Edward, en medio de una tormenta. Edward estaba cazando y no estaría aquí hasta dentro de una hora o más, lo que le dio oportunidad de quitarse la ropa mojada y tratar de arreglar el desastre conocido como su cabello. Caminó hasta la habitación de él, en dónde ella guardaba un par de cambios extras, maldiciendo en voz baja. Abrió la puerta del dormitorio, abriendo la cremallera de su empapado suéter y arrojándolo al suelo junto a la cama. De repente, una mano fría y pétrea cubrió su boca.

—No grites —dijo la perfecta voz aterciopelada. Bella sintió relajarse, ya que era eso lo que estaba a punto de hacer.

—Te ves bien mojada —murmuró él, haciendo que ella temblara de una manera que no tenía nada que ver con el frío. Él dejó caer su mano de su boca y movió su cabeza para que sus labios de mármol pudieran presionarse contra los labios humanos, cálidos y deliciosos de ella. Se besaron ferozmente por un minuto, Bella se olvidó de todo y nada, y tentativamente dejó a sus dedos trabajar por debajo de la camisa de Edward, sintiendo el extremadamente duro y frío pecho. Él gimió en la boca de ella y se apartó por un momento, sus ojos de topacio miraron el interior de los marrones chocolate.

Él respiraba pesadamente, cerrando los ojos y tratando de controlarse a sí mismo, por la forma en que se miraban las cosas. Bella hizo un mohín.

—¿No sería más fácil si sólo pudiéramos tener relaciones sexuales? —preguntó ella con tristeza.

—¿Y matarte por accidente? No lo creo. Te amo demasiado, Bella. No quiero desperdiciarlo sólo para tener sexo contigo mientras sigues siendo humana todavía.

—Edward —comenzó ella—, soy virgen. Te amo mucho, pero la última cosa que quiero hacer antes de convertirme en vampiro es hacer el amor contigo.

—¿No lo entiendes?, Si tenemos relaciones mientras todavía eres humana, podría ser la última cosa que hicieras, y punto.

—Sé que piensas que podrías perder el control, pero no va a suceder. No puedes hacerme daño, me amas demasiado. ¿Podemos intentarlo, por favor? —le rogó ella, con los ojos clavados en él.

Él lo deliberó por un minuto, sin quitar los ojos de ella. Luego suspiró.

—Está bien. Pero no esta noche.

Ella asintió, feliz de haber ganado. Se le arrojó y lo besó profundamente. Él respondió, y ella sabía que, si bien esa noche no era la noche, se comprometía a hacerlo pronto, para hacerlo la experiencia más erótica para cualquiera de ellos.

La siguiente semana, Bella comenzó a recopilar información. Leyó sobre distintas posiciones, roles, y prácticamente todo lo que no parecía demasiado extraño para ella, ya que no estaba segura de lo que a él le gustaba en ese aspecto.

Por supuesto, la mayoría de las cosas que leyó la hicieron ruborizarse horriblemente, pero lo hizo de todos modos. Edward empezó a sospechar cuando ella había dejado de pedir sexo.

—En tiempos como estos es cuando me gustaría poder leer tu mente —murmuró él, besándola en la frente y acercándola a él.

Bella pensó que sería un buen momento para contarle lo que había estado haciendo.

—¿Investigando? —preguntó él, con total incredulidad. Luego empezó a reírse.

Ella lo besó y pasó sus dedos a través del cabello color bronce. Él le devolvió el beso y le acarició la mejilla con un dedo, luego retrocedió.

—¿En qué piensas, amor? —le preguntó él, ella vaciló.

—¿Me… me dejarías hacer algo contigo? —balbuceó ella, enrojeciendo sin mirarlo.

—Si te hace feliz —dijo él, sonriéndole con su sonrisa torcida, completamente inconsciente de lo que ella quería decir con eso.

Ella pasó sus manos por el estómago de él, y se detuvo en el comienzo de su pantalón, mirándolo con una tímida expresión en el rostro. De pronto cayó en la cuenta.

—Oh. Bueno. Sólo si lo deseas, Bella, si te hace feliz…

—Estoy contando también el hacerte feliz —dijo ella haciendo pucheros, con sus manos en la cremallera.

—Tú me haces feliz, no importa lo que hagas —dijo Edward suavemente, acariciándole la mejilla. Ella le sonrió y le desabrochó la cremallera.

Edward la miró detenidamente. Cualquier señal de duda o molestia y le haría parar, y ella lo sabía. Así que muy deliberadamente bajo sus pantalones y bóxers, hasta que su gran polla saltó hacia adelante. Ella la estudió por un minuto mientras él la veía nervioso, a la espera de la evaluación.

Tenía unos buenos 20 cm (*1) de largo y era grueso también. Ella envolvió tentativamente la mano a su alrededor, esperando que fuera frío, pero era bastante caliente. Más tarde, ella le preguntaría a Edward cómo se las arreglaba para permanecer erecto si no tenían sangre, y él le explicaría que una pequeña porción que bebían de los animales contribuía a ello. Ella le sonrió al ver su expresión.

—Es perfecto — le dijo ella. Él le devolvió la sonrisa y pasó su mano por el cabello de ella.

Ella lo bombeó lentamente con su puño cerrado, comprobando, con Edward dejando escapar un pequeño gruñido. Ella humedeció la punta de la misma forma experimental. Parecía tener tan buen sabor a como olía. Él dejo salir un pequeño estremecimiento cuando la lengua de ella hizo el primer contacto con su polla. Ella se sintió bonita viéndolo agarrar dos puñados de colchón con sus manos y escuchando el sonido de las aguas rompiendo en su interior. Ella trató de no reír y en vez de eso envolvió sus labios alrededor de la cabeza de su miembro y lo chupó, arremolinando su lengua alrededor y tratando de recordar exactamente lo que decía el sitio web sobre sexo oral.

No coloque todo el pene en la boca de una…

No hay preocupaciones. No había forma de que Edward se viniera en su boca, aunque fuera la mejor mamadora del mundo.

Utilice una mano para bombear y agarré el miembro e inserte unos pocos centímetros en su boca, bombear, chupar y lamer…

Bueno… ella trató con eso. Él parecía disfrutarlo, así que siguió. Todo lo que ella podía ver y escuchar eran sus labios y lengua, chupando y lamiendo su dura erección. Los sonidos que hacía la hacían sonrojar, y podía sentir su húmedo sexo entre sus piernas.

El engullir es enteramente su decisión. Sólo si se siente cómoda…

—Bella, me voy a venir —gimió Edward, con su voz suave de terciopelo afectada.

Ella sabía que esta era su primera vez dando sexo oral, pero ella amaba a Edward demasiado, parecía más íntimo tragar su…

—Maldita sea, Bella… —gimió Edward. Ella sintió algo caliente, resbaladizo y húmedo golpear la parte trasera de su garganta y trató de tragar lo más rápido posible. Ella descubrió que no le importaba el sabor. El sitio web había advertido que la eyaculación masculina tenía un sabor muy amargo y por lo general desagradable, pero tal vez el semen de vampiro era diferente, reflexionó ella. O tal vez era sólo Edward en general. Ella besó la punta de su miembro antes de colocarlo de nuevo dentro de los bóxers y deslizarse hacia él, tocando su mejilla con su mano mientras esperaba que él se recuperara, sonrojándose y no haciendo contacto visual. Después de un minuto de respirar profundo, lo que era irónico porque los vampiros no respiran, él se quito la mano de su mejilla y la obligó a mirarlo a los ojos.

—Mi turno —dijo él, dándole la sonrisa torcida que tanto le gustaba.

¿Su turno…? Oh no. Y antes de que pudiera decir 'Maldita sea, Edward' él estaba abajo en su entrepierna bajándole las bragas y exhalando su fresco aliento contra su piel. Ella se retorció.

Él colocó una mano sobre cada uno de sus muslos, sujetándolos abajo, de modo que no sería capaz de moverse. Ella vio la lengua de él salir y lamer de manera tentadora el interior de su muslo. Ella dejó escapar un suspiro de felicidad, y tomando eso como buena señal, Edward comenzó a lamer su coño.

Edward era bueno en todo. Y esta vez no fue la excepción. Ella no podía evitar gemir cada vez que él lamía su clítoris y ella lo podía sentir cerca.

—Edward… —gimió ella. Estaba sudando y respirando pesadamente, y los labios de ella temblaban cuando dijo su nombre. Él dejó lo que estaba haciendo por un segundo.

—Quiero que te vengas para mí, Bella —le dijo él, volviendo a su coño y chupando su clítoris. Él no había hecho esto antes. Su fría lengua hacía contacto con su sensible botón, y ella sintió correrse después de sólo unos segundos, como si las palabras de él hubieran obligado a ella a tener un orgasmo. Ella gimió su nombre y sintió que sus dedos de los pies se doblaban, y la sensación más gloriosa extendiéndose por todo su cuerpo. Sin que ella se diera cuenta, Edward le había vuelto a poner sus bragas y estaba acostado a su lado, acariciando su mejilla y besando su cabello, mientras ella luchaba por volver a la realidad. Eso había sido alucinante.

Le llevó cinco minutos recuperarse. Ella besó a Edward tan profundamente y con pasión que él tuvo que recuperar el aliento cuando ella se apartó.

—¿Por qué eres tan bueno en todo? —le preguntó ella, los dedos de ella entrelazándose en los fríos de él.

Él le regaló esa sonrisa torcida que tanto le gustaba.

—No eres la única que ha investigado —le dijo él, besándole el cuello. Ella acurrucó su cabeza contra su pecho frío de mármol y suspiró feliz. Él dejó caer su brazo por la cintura en una forma protectora, y ella sintió su frío aliento cerca de su oído.

Sin ninguna advertencia, Bella sintió la necesidad de tener sexo con Edward. Ella lo deseaba tanto.

Se preguntó si debería tratar de convencerlo, o simplemente brincarle. Tal vez saltarle era la mejor solución, entonces él no sería capaz de deslumbrarla para que lo hicieran otra noche…

—Sé lo que estás pensando —dijo Edward, haciéndola saltar.

Ella estaba horrorizada. Él no podía leer su mente, ¿verdad? No. Entonces, ¿cómo lo supo? ¿Por qué no sonaba molesto de que ella estuviera planeando la mejor manera de hacer que él se acostara con ella? ¿Qué debería decir?

—¿Lo sabes? —preguntó ella, mortificada.

—Sí. Estás pensando en lo mucho que quieres dormir. Apuesto a que estás cansada —dijo él, sonriéndole.

Está era su oportunidad. Se escurrió del brazo que él tenía alrededor de su cintura y se sentó a horcajadas sobre él.

—En realidad, no estoy cansada en absoluto —dijo ella, tratando de ser atrevida y sexy.

—Bella —advirtió Edward. Ella lo miró sin parpadear.

—Deseo esto. Esta noche. Ahora —dijo ella seriamente. Por un momento ninguno de los dos pestañeó. Luego, en el rostro de Edward se dibujó una sonrisa.

—Está bien. Recuerda que tú lo pediste —le dijo él, dándole la vuelta, de modo que ahora ella estaba acostada en la cama y él estaba sobre ella.

Él la besó profundamente mientras le quitaba la camisa. Él rápida y eficazmente desabotonó su blusa, arrojándola a un lado, todo el tiempo sus labios nunca abandonar los de ella. Bella rompió el beso por un minuto, para rápidamente sacarle a él su camiseta de algodón, luego volvió a fundir su cuerpo con el de él, por lo que se besaban piel contra piel. Ella dejó escapar un pequeño gemido ante el contacto de su gélido pecho en su carne caliente, sus pezones se endurecieron a través del sostén al instante. Él deslizó sus manos sobre los suaves pechos de ella, apretándolos con sus frías manos por encima del sostén. Ella dejó escapar un pequeño quejido cuando el desabrochó su sujetador sin esfuerzo y tiró de el mismo hacia abajo por sus brazos. Ella quería protestar ya que él mantenía alejada su boca de ella. Él vio su puchero y se inclinó en su oído.

—Confía en mí, Bella, te gustará más esto —susurró él, chupando el lóbulo de la oreja de ella por un breve segundo. Ella se estremeció ante eso y él besó dejando un camino por su cuello, deteniéndose brevemente para escuchar su corazón palpitante, y tentativamente lamió un pezón. Bella gimió y se aferró a su edredón con las manos. Él comenzó a lamer y tentar su pecho con su boca, mientras su mano presionaba el otro. Bella se excitaba cada vez más, y a juzgar por el bulto en los pantalones de Edward, él también.

Ella no podía soportarlo más.

—Edward —gimió ella, mientras él la miraba, su rostro angelical sólo a ella—. Por favor.

Él entendió lo a que se refería de inmediato. Se movió de tal manera que su rostro quedara a la altura de ella, y la besó apasionadamente, ella pensaba que su corazón podría estallar. Ella alcanzó la cremallera del pantalón de él y la desabrochó. Él los arrancó y jaló las bragas de ella por sus piernas y las sacó de su cuerpo, depositándolas en el suelo. Ella estaba completamente desnuda ahora, y dolorosamente consciente de ello. Los ojos topacio impresionante de él se bebieron el cuerpo de ella, al tiempo que ella se sonrojaba profusamente.

—Eres tan hermosa —susurró Edward, bajándose los bóxers sin apartar la vista.

Bella no pudo evitar derretirse en un montón de cosa pegajosa ante esas palabras. Este ángel pensaba que ELLA era hermosa. Cada pensamiento en la mente de ella consistía en Edward y en lo mucho que lo amaba.

—Por favor, hazme el amor, Edward Cullen —dijo ella en voz baja, sin quitar sus ojos de la cara de él.

Él asintió con la cabeza, y se posicionó en su entrada, con los ojos todavía fijos en ella.

—Te amo tanto, Bella. Siempre te amaré. Para siempre —le dijo él, empujando con lentitud. Se sentía como el cielo y el infierno en el mismo y exacto momento. Él gimió con su voz aterciopelada de ángel.

—Yo también te amo, Edward —respondió Bella, envolviendo sus brazos alrededor del cuello de él, y apretando sus labios con fiereza contra los de él. Él se sintió a sí mismo toparse con la barrera de ella y vaciló. Bella le instó mordiéndole el labio. Él la rompió, sin moverse ni un centímetro hasta que Bella se lo dijera.

Ella trató de esconder su dolor, realmente trató. Sin embargo, un pequeño grito se le escapó, y una lágrima corrió por su mejilla. Sin necesidad de que le dijeran nada, Edward se asustó.

—¿Te hice daño? ¿Debería parar? Oh Dios, lo siento mucho, nunca debía haber accedido a esto —dijo Edward, afligido. En ese momento, él era mucho más que el muchacho de diecisiete años que aparentaba ser.

—¡No! No te muevas. Está desapareciendo, se está comenzando a sentir bien —le dijo ella rápidamente. Él se veía como que no le había creído, pero se quedó allí. Mientras ella se estaba ajustando a su longitud, él besó su lágrima haciéndola desaparecer.

—Puedes moverte ahora —le dijo Bella, recorriendo con sus dedos el cabello de él. Edward comenzó a deslizarse fuera y dentro de ella con lentitud, de nuevo con el mismo ritmo exasperante. Ella clavó las uñas en la espalda de él, y arrastró sus labios al oído de este.

—Más rápido —susurró ella, ahora ya acostumbrada a tener a Edward dentro de ella. Ella no quería que se fuera. Ella trató de envolver con sus piernas en torno a él un poco, para tratar de tenerlo lo más profundo posible adentro de ella.

—Jesús, Bella, no tienes idea de lo bien que se siente —gimió Edward, metiéndose y saliendo de ella ahora con una velocidad considerable. Él la agarró por las caderas fuertemente con sus manos, seguramente causarían moretones, pero eso a Bella no le importaba. Esto se sentía muy bien. El dolor inicial definitivamente había valido la pena.

—Mierda —susurró Edward, sus arremetidas se hacían más apremiantes—. Creo que me voy a venir.

—Córrete para mí, Edward —gimió Bella en su oído, cerca de su propio orgasmo.

—Joder, Bella —gimió él, explotando dentro de ella. Eso lo hizo. Bella llegó justo después de él, clavando sus dedos en la espalda de él, sin rasguñar. Ella gimió su nombre, y trató de concentrarse mientras él hacía sus últimos empujes. Los dedos de los pies de ella se encogieron y su boca se abrió en un grito silencioso, pero no salió ningún sonido. A medida que volvía a bajar desde su orgasmo más placentero, Edward acariciaba su mejilla con su gélida mano.

—¿Estás bien, amor? —preguntó él con ansiedad, deslizándose fuera de ella. Bella suspiró cuando él la abandonó.

—Estoy mucho mejor que bien. Eso fue simplemente increíble —le aseguró Bella, besándolo. Se separaron y ella sonrió, apoyando su cabeza sobre el pecho de él.

—Cuando te corriste, parecías una perfecta diosa —murmuró Edward, jugando con el cabello de ella. Bella se ruborizó ante esas palabras.

Se quedaron inmóviles por un rato. Bella intentando suprimir sus bostezos, pero Edward parecía saber que estaba cansada.

—Duérmete —le dijo—. Sabes que estaré aquí todo el tiempo.

—Está bien —aceptó ella de mala gana, mientras cerraba los ojos y se deslizaba en el País de los Sueños, mientras Edward le tarareaba su canción de cuna con suavidad.

3 comentarios:

diana dijo...

me encanta me encatooooooooooooooooooooooo sisisisiisis

Sol (Traductora) dijo...

Uff, me dejo comentario a mí misma, jejeje, pero este fic me pareció genial, no por nada me pongo a traducirlo, jejeje.

Checaré diario para ver que les parece a las chicas :D, espero de buen resultado :D

Sigo diciendo que es genial tenerlo colgado aquí, me súper encanta :D

Aunque ahora pienso que hay demasiados "él" y "ella" pero luego editaré en mi cuenta ff.net :D

Besos Claire y a Sky también, aunque no he tenido la oportunidad de charlar con ella.

Atte.: la rara traductora que aquí leen

~Sol

Claire dijo...

Si comento la traductora del fic ,...riene que comentar la que publica el fic jajaja

es Broma..perop fuera de chiste a mi me ha encantado por eso decidi publicarlo aww lo amo jajaja